Los alimentos biológicos: garantía de salud II

Pesticidas2

En la actualidad, la mayoría de la población tiene conocimiento de que se añaden productos químicos durante la elaboración de los alimentos; lo que muchos ignoran es que también en la producción tanto de alimentos vegetales, como animales, se añaden productos químicos que muchas veces no son inocuos.

Continuación del post: Los alimentos biológicos: garantía de salud I

La adición de productos químicos en la producción de alimentos no se limita únicamente a los abonos nitrogenados. Además se añaden a los cultivos pesticidas para combatir las plagas y malas hierbas, los llamados productos fitosanitarios. En el caso de la cría de los animales, veremos más adelante cómo incluso se utilizan en muchos casos hormonas y antibióticos.

Los Pesticidas

Mientras la agricultura se ha practicado de forma manual o con ayuda de animales de tiro, las superficies de cultivo eran irregulares y las limitaban los setos, los desniveles del terreno, etc. Este modo de cultivar no permitía grandes superficies ocupadas por una sola especie. Es el ejemplo de un ecosistema en equilibrio entre plantas y animales.

Sin embargo, cuando en el siglo pasado se mecaniza la agricultura aparecen amplias superficies dedicadas al cultivo de una sola especie: los monocultivos. Esta forma de producción de alimentos masiva, y por tanto antinatural, favorece la aparición de las plagas. Con ellas, la industria química empieza a diseñar los primeros pesticidas.

Bajo el nombre de pesticidas se agrupan tres grandes grupos de productos químicos: los insecticidas para combatir las plagas de insectos, los herbicidas para controlar las malas hierbas y los fungicidas para luchar contra los hongos.

Los insecticidas

El DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano) es un insecticida que se sintetiza durante la II Guerra Mundial, mostrándose además como un eficaz matapiojos, y producto para combatir la malaria y la enfermedad del sueño. Pero además es un tóxico muy potente, tanto, que se ha prohibido su uso en muchos países después de comprobar los efectos devastadores en la salud humana.

Estos productos, además, destruyen enzimas indispensables para la respiración celular, creando alteraciones metabólicas muy importantes a nivel mitocondrial; esos daños favorecen el desarrollo de las enfermedades degenerativas.

Del mismo modo, son liposolubles por lo que se acumulan en todas las grasas del cuerpo, sobre todo en los tejidos nobles como el hígado, los riñones, las glándulas suprarrenales, el sistema nervioso y el aparato reproductor.

Estos compuestos pasan de un ser vivo a otro según la cadena alimentaria. Por ejemplo, si alimentamos a unas gallinas con alfalfa tratada con DDT, los huevos que produzcan contendrán esta sustancia. De esta manera, cuando consumimos esos huevos el DDT pasa a nuestro organismo y, si somos madres y estamos dando de mamar, el DDT pasaría al bebé a través de la leche materna.

Hay otros pesticidas igualmente tóxicos como el aldrín, dieldrín, lindano, malatión, etc., que pueden producir cáncer, provocar convulsiones en el sistema nervioso, incluso provocar muerte por paro respiratorio. Además, su consumo da lugar a modificaciones genéticas, destruyen las vainas de mielina de los nervios, etc.

Por supuesto que existe una legislación que regula su uso, pero no siempre se cumple. En la actualidad los diferentes países aplican la legislación de modo diferente, y consumimos alimentos que muchas veces no son de producción nacional y de los que no tenemos trazabilidad.

Los Herbicidas y Fungicidas

Los más conocidos son el pentaclorofenol, los arseniatos y las dioxinas. Éstas últimas, como veneno superan a la estricnina y al arsénico. Estos herbicidas actúan no sólo sobre las plantas, sino también sobre los tejidos animales provocando un envenenamiento general, mutaciones en los genes e incluso tumores malignos.

Las Hormonas

En particular, las hormonas son importantes factores de crecimiento. Hasta hace poco se ha permitido la utilización de metiltiouracilo y anabolizantes, sustancias que frenan la actividad de la glándula tiroides, reducen el metabolismo basal y consecuentemente producen aumento de peso. Además, favorecen la retención de agua en los tejidos de los animales que se crían para consumo humano.

Los más mayores recordaréis que en 1980 se detectó en California que entre el 30 y el 40 por ciento de los hombres padecía ginecomastia (crecimiento de las mamas) circunstancia que se relacionó rápidamente con la inclusión de hormonas en la alimentación animal.

Aunque en nuestro país hoy en día no esté permitido el uso de hormonas en la producción animal, la carne que llega a nuestros hogares habitualmente proviene de países lejanos, al igual que las verduras y frutas. Muchos establecimientos de comida rápida que existen a lo largo de todo el país utilizan carnes importadas, de la misma manera que los animales viajan de unos países a otros para ser sacrificados, etc.

Hoy en día es muy común observar cómo al poner un filete en la sartén, éste suelta gran cantidad de agua, hecho que los mayores no hemos conocido antes. Este fenómeno nos debería hacer sospechar acerca del origen de esa carne.

Los Antibióticos

Son sustancias que impiden el desarrollo de los microorganismos a través de la alteración de su metabolismo, pero en el caso de los animales no se utilizan sólo para tratar las enfermedades como pudiéramos pensar.

En la cría de animales estabulados se observó que los que eran tratados con antibióticos prosperaban más que el resto y, consecuentemente, se autorizó su utilización para aumentar el crecimiento, como factores anti estrés y de adaptación al confinamiento.

Actualmente se añaden al forraje que come el animal: neomicina, terramicina, penicilina, cloranfenicol y otros. Es importante saber que todos los antibióticos empleados en la alimentación animal más tarde aparecen en la carne que consumimos. También es bueno conocer que su uso prolongado destruye la flora intestinal y puede producir carencias de vitaminas B y K.

Muchas resistencias a los antibióticos que crean algunas personas no tienen tanto que ver con la automedicación como se insiste a veces en los radios de comunicación, sino más bien con el hábito de comer carne a diario con su dosis de antibióticos incluida.

Continuará en el post: Los alimentos biológicos: garantía de salud III

 

Los edulcorantes artificiales aumentan el apetito

Muchas personas recurren a los edulcorantes artificiales porque tienen menos calorías que el azúcar, pensando ilusoriamente que les ayudarán a bajar peso. Sin embargo, su consumo habitual despierta el apetito y aumenta la sensación de hambre. Por eso, paradójicamente, muchas personas que toman edulcorantes artificiales, en lugar de adelgazar, engordan.
SIGUE LEYENDO