La vacunación infantil II

Continuación del post “La vacunación infantil I”


Hay que resaltar la importancia terapéutica de la fiebre y de la inflamación que lejos de ser perjudiciales, son mecanismos naturales que posee el organismo para luchar eficazmente ante una agresión. Suprimir estos mecanismos naturales mediante el uso sistemático de antitérmicos y antiinflamatorios puede aumentar el riesgo de complicaciones post vacunales. Ya hablamos sobre el interés de la fiebre en el post “La gripe estacional”.

Efectos beneficiosos de las enfermedades infecciosas benignas

Las paperas, la tosferina, el sarampión y la rubeola se han considerado durante muchas generaciones como afecciones infantiles que resultaban saludables para el desarrollo del niño y para la maduración de su Sistema Inmune. Es sabido desde muy antiguo que las enfermedades infantiles resueltas convenientemente, dan al organismo vitalidad y fortalecen la salud y las no pasadas o mal resueltas, guardan relación con la posterior aparición de enfermedades degenerativas en el adulto.

Diferencias entra la protección que da la vacuna o la enfermedad natural

Las vacunas se obtienen a partir de los mismos virus o bacterias causantes de las enfermedades, que han sido debilitados en el laboratorio para atenuar su actividad. Al introducir estos gérmenes en el organismo se pretende estimular los mecanismos de defensa, para poder reaccionar frente a los gérmenes normales con los que el niño potencialmente pueda entrar en contacto más adelante.

La vacuna pretende activar las defensas para proteger al organismo de un contagio posterior, de modo similar a cuando se contrae la enfermedad natural. En las enfermedades verdaderas el proceso es diferente; muchas veces el germen entra en nuestro organismo a través del aire inspirado, el virus presente en el aire es interceptado primero por las mucosas respiratorias y después por el sistema linfático… hasta que finalmente si consigue atravesar estas dos barreras, afecta a todo el organismo.

La vacunación vamos a ver que sigue un camino distinto. Los virus o bacterias que constituyen las vacunas son inyectados subcutáneamente (salvo en la vacuna de la polio) sin que sean interceptados por las barreras de la inmunidad inespecífica. Las vacunas no activan el sistema de defensa tan eficazmente como lo hacen los virus o las bacterias. La concentración de anticuerpos que se produce es menor y no siempre ofrecen protección eficaz.

Las enfermedades que estamos considerando una vez pasadas, (excepto el tétanos), proporcionan al individuo una inmunidad permanente, mientras que las vacunas correspondientes no aseguran una protección definitiva, por eso hay que ir revacunándose periódicamente.

Varias vacunas a la vez ¿procedimiento incierto?

El cuerpo humano dispone de los medios que le permiten no tener que atravesar dos enfermedades contagiosas a la vez. Si se da el caso de sufrir dos enfermedades a la vez, el paciente presenta primero los síntomas de una de las dos y hasta la convalecencia, no empiezan a aparecer los síntomas de la otra. Es como si el organismo tuviese la capacidad de posponer una de las dos enfermedades con el objetivo de superar mejor la doble prueba.

Este mecanismo no funciona cuando se inoculan distintas especies de virus o bacterias al mismo tiempo como en el caso de las vacunas múltiples. ¿Cómo es posible defender con absoluta seguridad que no existen riesgos en la administración de tres o cuatro vacunas a la vez?

Composición de las vacunas

Una vacuna es un fármaco biológico constituido por dos elementos principales: una sustancia antigénica (virus o bacterias atenuadas, anatoxoides o material antigénico de síntesis) y una sustancia conservante (antibióticos, antisépticos mercuriales, hidróxido de aluminio, betapropiolactona…). En la elaboración de algunas vacunas se cultiva la sustancia antigénica en tejidos animales y este procedimiento conlleva el riesgo de que se puedan producir contaminaciones por otros virus o bacterias, como ya ha ocurrido en ocasiones en que las vacunas han tenido que ser retiradas del mercado.

Reacciones postvacunales adversas

Los efectos adversos de las vacunas pueden ser neurológicos (encefalitis, meningitis, convulsiones…), renales (síndrome nefrótico), hematológicos (trombocitopenia), cutáneos (psoriasis, eccema, herpes…), alérgicos (asma, diarreas, infecciones…), reumáticos (artralgias…). Resulta llamativo que se contemplen como algo normal e inofensivo.

A quién benefician hoy las vacunaciones masivas

Las grandes empresas farmacéuticas con su enorme influencia económica son las que tienen mayor interés en una generalización indiscriminada de las campañas de vacunación. La formación dada a los profesionales de la salud en cuanto a los efectos secundarios de las vacunas ha sido muy dirigida, no hay apenas registros oficiales de los efectos post-vacunales adversos.

Propuestas para saber que hacer:

  • Obtener información alternativa a la oficial y contrastarla
  • Evitar aplicar sin más de los protocolos de rutina
  • Mantener contacto con otros profesionales, si pertenecemos al estamento sanitario
  • Asociarse con pacientes, madres, padres… si somos candidatos a ser vacunados
  • Investigar y difundir información objetiva sobre los efectos post-vacunales
  • No vacunar por protocolo del sarampión, las paperas, ni la tosferina
  • Vacunar de la rubeola en mujeres en edad de tener hijos y que no han pasado la enfermedad
  • Antes de vacunar frente al tétanos leer el libro de Françoise Joét “Tétanos el espejismo de la vacunación”, publicado por la Liga para la libertad de vacunación.
  • Vacunar de la tosferina o de la polio en casos de epidemia o cuando las medidas higiénicas sean insuficientes
  • Entre la vacunación y el embarazo debe transcurrir un tiempo prudencial de 6 meses

Si decidimos vacunar, tener en cuenta el historial médico de la persona, evitar las combinaciones simultáneas de vacunas y tener en cuenta las situaciones donde la vacunación pueda estar contraindicada.
La política de vacunación debe ser individualizada, respetuosa con las opiniones de cada uno y favorecedora de un diálogo ciencia-sociedad.
Para saber más visitad la web: “La liga para la libertad de vacunación”

 

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    4 comentarios en “La vacunación infantil II

    1. Hola Elena:
      Si aún teniendo en cuenta todo, se decide vacunar al bebé, ¿hay algo que se pueda hacer o comer, que ayude a contrarrestar los efectos adversos de las vacunas, ya sea para el bebé o la madre? Los pediatras pueden llegar a ser muy persuasivos, y el miedo a llevar la contraria a un médico es, en algunas personas, muy grande.
      Gracias

    2. He evitado vacunar a mi hija de doce años de alguna de esas vacunas propuestas en el colegio (cáncer de cuello de útero, por ejemplo); sin embargo, la próxima semana está prevista la de la meningitis. Esto ya me parecen palabras mayores, quizá porque conozco tres casos cercanos de muerte por esta razón, y aquí realmente tengo dudas, no sé bien qué hacer a pesar de las informaciones que voy leyendo.
      Saludos, Elena

      1. Hola Eva, también ha habido muertes por la vacuna del VPH, solo que al no ser cercanas no te han producido la misma inquietud. Yo como madre, cuando tuve que tomar la decisión de no vacunar a mi hijo, nunca lo hice con miedo. Tampoco lo hice sólo desde la información, sino desde una práctica diaria de comer responsablemente en lo que concierne al fortalecimiento del sistema inmune, no sólo de mi hijo, sino el de toda la familia. Te remito al post “¿El microbio o el terreno?” Un saludo.

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