Archivos mensuales: marzo 2013

¿Tomamos demasiada sal?

Continuación del post: Salud, salado, salario”

Curiosamente es el único mineral inorgánico que se añade a los alimentos, pero tradicionalmente nunca se ha usado en la mesa sino que se ha añadido en la preparación de los alimentos antes de cocinarlos o durante la cocción. Nuestros mayores nos han enseñado, que si se te ha olvidado añadir la sal y la pones al final, el alimento ya “no toma” la sal. La explicación científica de ese comentario es que la sal durante la cocción se liga con el alimento mediante una reacción química, se “vegetaliza” y entonces no tiene los efectos endurecedores de la sal cruda.
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Salado, salud, salario…

Un poco de historia

Desde las épocas más remotas de la humanidad tenemos constancia de la utilización de la sal en la dieta humana. Se han documentado asentamientos humanos cerca de los yacimientos salinos y en otras zonas, se “inventaron” las salinas, imitando a la naturaleza, para conseguir la preciada sal a través de la evaporación del agua del mar.  La sal ha sido casi la única forma de conservación natural de los alimentos hasta hace bien poco. La forma tradicional de hervir la leche de vaca era añadiéndole sal…
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El horno microondas

HORNO

No podemos terminar esta serie de post sin hablar de la cocina de microondas. Según los últimos estudios realizados por institutos de consumo europeos independientes, los hornos de microondas pueden alterar la composición molecular de los alimentos. Por ejemplo, el ácido fólico, vitamina del grupo B, básica para la formación de la sangre e importante para la formación del sistema inmunitario y el crecimiento, desaparece en los alimentos tratados con microondas cinco veces más rápido que en los alimentos cocinados convencionalmente. La vitamina B2 disminuye mucho más rápido que con la cocción convencional; asimismo, existen pérdidas considerables en las vitaminas B1, B6 y en la C.
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La importancia del tipo de fuego en la cocina

Tipo de fuego

Muchas veces decimos que los alimentos cocinados con fuego de leña son mejores o que no hay nada comparable a un guiso hecho en una cazuela de barro.

Nuestros adversarios, es decir, las personas partidarias del progreso a ultranza, de la modernidad a cualquier precio, nos pueden decir que dónde está la comprobación científica de lo que afirmamos. Pues bien, hace más de tres décadas R. Hauschka en su obra “Nutrición” describe unas investigaciones que dan la justificación a estas preferencias. Demuestran, sin lugar a dudas, que la calidad del agua viene influenciada por el tipo de calor empleado para calentarla, así como por el tipo de recipiente empleado.
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El Yodo

El yodo es un oligoelemento que está presente en la composición de la tiroxina, que es una hormona que produce nuestro tiroides.

Para valorar el origen de una alteración hormonal hay que saber:

  • si hay una ingesta suficiente o excesiva de iodo
  • si se produce una absorción adecuada
  • si existe una actividad normal del tiroides, para que sea capaz de sintetizar las hormonas tiroideas

Es necesario que el tiroides se encuentre a su vez estimulado por la hormona tireotrófica (TSH), producida en la hipófisis. Queremos decir con esto, que el exceso o la deficiencia de yodo en la dieta no es la única causa de las alteraciones tiroideas.
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Las fases de la enfermedad en la Medicina Biológica II

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La visión del doctor Reckeweg nos muestra como cuando se perturba el equilibrio interno el organismo pasa por diferentes fases con la finalidad de restablecer la salud. En las primeras etapas intenta eliminar las toxinas a través de los mecanismos de  la inflamación, dando lugar a los procesos agudos y cuando estos  fallan las toxinas se almacenan dando lugar a las enfermedades crónicas.

Continuación del post: “Las fases de la enfermedad en la medicina Biológica I”

A continuación describimos cómo la enfermedad debuta como aguda, luego se hace crónica para finalmente hacerse degenerativa.

Fase de excreción: No se la puede considerar una fase patológica puesto que representa al estado de eliminación fisiológica de los productos de desecho que produce el organismo para su correcto funcionamiento a través de los órganos y tejidos (orina, heces, sudoración, menstruación, CO2, ácido láctico, etc.

Fase de reacción: En esta fase nos encontramos con la mayoría de los desórdenes que  terminan en “itis” (otitis, conjuntivitis, amigdalitis, cistitis, etc.). Cuando la eliminación es excesiva se produce una fase de reacción que es la inflamación que puede cursar con fiebre, dolores moco, etc.

Es muy importante respetar las eliminaciones y modularlas si son muy agudas, pero no suprimirlas ya que el organismo va a neutralizar las toxinas depositándolas, como explicamos en la siguiente fase.

Fase de deposición: Aquí nos encontramos con toda la sintomatología típica de depósitos tóxicos orgánicos benignos (quistes, miomas, verrugas, pólipos, colesterol, bocio, depósitos de grasa, etc.). ¿Por qué ocurre esto? Si a pesar del esfuerzo orgánico por eliminar las toxinas, e incluso si después de producir una fase de reacción el organismo no es capaz de eliminarlas lo que hará es depositar esos residuos de la forma menos dañina para nosotros en algún órgano o tejido. Si nos encontramos en una fase de reacción y en vez de ayudar a nuestro organismo con dieta depurativa y tratamiento biológico, cortamos los síntomas con medicamentos químicos de supresión, nosotros mismos favorecemos la fase de deposición.

A estas tres primeras etapas se las llama fases humorales, puesto que el daño que empieza a sufrir nuestro organismo está en los humores o líquidos corporales sin producir todavía daños enzimáticos o celulares. Son fases de pronóstico favorable.

Si el cuerpo sigue sufriendo una carga tóxica de manera continuada, va a empezar a haber daño celular, como explicamos a continuación.

Fase de impregnación: En esta fase las toxinas no sólo se depositan sino que se introducen en el interior de las células produciendo daños en los sistemas enzimáticos y estructuras celulares. En esta fase se produce una alteración de las funciones de las membranas celulares. Dos ejemplos nos ayudarán a entender lo que esto quiere decir. No es lo mismo tener una bronquitis que tener asma; o no es lo mismo tener una gastritis (irritación de la mucosa gástrica por un exceso de ácidos) que tener una úlcera gástrica (lesión o herida de la mucosa estomacal).

Si continúan los daños tóxicos el daño cada vez es más profundo y se alteran los orgánulos celulares como las mitocondrias…

Fase de degeneración: En esta fase la destrucción o alteración de los orgánulos celulares a causa de la acumulación de toxinas es todavía más profunda. No solo afecta a las membranas celulares, sino a las funciones intracelulares. Aquí entrarían enfermedades como: cirrosis hepática, tuberculosis pulmonar, lupus, nefrosis, distrofia muscular, trastornos esquizoides, infarto de miocardio, etc.

Los daños tóxicos ya afectan al núcleo de la célula y conciernen a la multiplicación celular.

Fase de neoplasia: Es la última etapa a la que llega nuestro organismo. Las toxinas se han acumulado hasta tal grado que aparece la formación de nuevos tejidos. Según Reckeweg el organismo intenta condensar en los carcinomas las toxinas que no ha podido eliminar para procurar sobrevivir a esta situación desesperada. Aquí entrarían todos los carcinomas, sarcomas, leucemias, etc.

A estas tres últimas fases la homotoxicología las llama fases celulares. La razón es obvia. Estas fases son de pronóstico dudoso. Por otra parte, a la separación entre fases humorales y celulares la homotoxicología la denomina corte biológico.

Conclusión:

En vez de actuar de modo sintomático, con fármacos supresores en las manifestaciones agudas de la enfermedad, se trata de modificar nuestros hábitos alimenticios y usar remedios biológicos que favorezcan la detoxicación. De ese modo hacemos una prevención de las enfermedades crónicas.