Archivos anuales: 2017

Los alimentos biológicos: garantía de salud IV

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Son muchas las voces que al aludir a los peligros de los aditivos alimentarios afirman que no pasa nada si se toman por debajo de la dosis permitida, conocida como Ingesta Diaria Admisible (IDA). Este tipo de manifestaciones  carecen de evidencia científica y sólo son parte de una estratagema para “tranquilizar” a la población. Si una sustancia es tóxica o cancerígena, la dosis segura en todos los casos debe ser cero.

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Potenciadores del Sabor

Son el glicerol, el sorbitol, el ácido cítrico y derivados, el ácido málico, el ácido glutámico llamado H-5801, etc.

Estas sustancias refuerzan el sabor de los alimentos provocando un aumento de la cantidad de saliva producida en la boca y/o dilatando las papilas gustativas y/o insensibilizando al cerebro a las impresiones de las papilas.

Entre sus efectos indeseables más graves están la disminución del nivel de excitabilidad de las células nerviosas cerebrales y de  la capacidad intelectual.

El E-620 (glutamato monosódico) es la llamada sal china por ser muy común su utilización tanto en el continente asiático, como en muchos restaurantes chinos. Puede ocasionar el llamado síndrome del restaurante chino, cuyos síntomas son: palpitaciones, dolor de cabeza y cuello, mareos, desmayos y náuseas.

Ese sabor intenso de los alimentos baratos de baja calidad no es más que el maquillaje que proporcionan los potenciadores del sabor, no lo olvidéis.

Colorantes

La mayoría de los colorantes de síntesis se obtienen por destilación fraccionada del petróleo.

El consumo total anual de colorantes alimenticios en EEUU es de aproximadamente 56 millones de kilos, mientras que en Francia se usan en la actualidad más de 15 millones de kilos. Aunque no tengamos datos de nuestro país, estas cifras nos dan una idea de que se usan grandes cantidades de productos químicos añadidos a los alimentos.

El E-102 es la tartrazina. Se trata de un alérgeno poderoso que puede producir reacciones alérgicas en individuos con asma. Su efecto aumenta en combinación con la aspirina.

El E-123 es el amaranto, que no tiene que ver con el grano de la planta que tiene el mismo nombre. En Rusia está prohibido porque produce malformaciones genéticas. En EEUU se considera cancerígeno y factor de esterilidad. Es utilizado, igual que el anterior, en helados, limonadas, frutas, conservas…

El aluminio se usa sobre todo como colorante de superficie en los productos de charcutería y pastelería. Produce parada en el crecimiento, lesiones en los órganos reproductores, pérdida de apetito, nauseas, úlceras gástricas…

Los colorantes son el ejemplo perfecto del aditivo inútil como lo muestra el siguiente ejemplo. Las truchas asalmonadas originales tienen la carne rosada porque comen algunos crustáceos pequeños de color rojo, pero a las criadas en las piscifactorías se les añade colorante rojo para satisfacer a los consumidores que las prefieren asalmonadas aunque hayan comido pienso.

Conservantes

Las formas tradicionales de conservación han sido el secado y el salazón, que hoy se han descartado casi por completo, aunque no tienen efectos adversos sobre la salud humana.

Los conservantes modernos tienen una acción desfavorable para la salud, actúan sobre los sistemas enzimáticos fundamentales en las células, dando lugar a las enfermedades de las fases celulares: hablamos del asma, cirrosis, lupus, tuberculosis… y todos los tipos de cáncer.

El E-230 y E-232 producen afecciones renales y hepáticas.

Vitaminas de síntesis

En Francia está prohibido añadir vitaminas de síntesis a los alimentos a excepción de la C y la E.

El abuso de vitamina C sintética tiene un efecto nefasto sobre el sistema nervioso y produce problemas gástricos. La diferencia entre las vitaminas artificiales y las naturales no está en la composición química, que es idéntica, sino en el aspecto energético.

Las vitaminas presentes en los alimentos, es decir naturales, desvían la luz polarizada y se clasifican como dextrógiras o levógiras. Por el contrario, las vitaminas de síntesis son productos biológicamente muertos que no desvían la luz: son las formas racémicas. La absorción de las vitaminas sintéticas es mínima comparada con la absorción de las naturales, ya que nuestro organismo no las reconoce  al no ser biológicamente activas.

El peso de la publicidad y la falta de cultura alimentaria hacen que los consumidores demanden productos con un aspecto y sabor constantes, lo que favorece que la industria alimentaria nos ofrezca un amplio abanico de comestibles maquillados.

Pero somos nosotros los que tenemos la última palabra: si comenzamos a consumir alimentos orgánicos, aumentará la producción para responder a la demanda, por eso es muy importante compartir esta información que defiende la salud y el bienestar.

Llegados a este punto, debemos saber que la leyenda sin conservantes ni colorantes sólo hace alusión a que no se han utilizado químicos en la elaboración, no a que los alimentos sean bio, ya que los productos añadidos en la producción intensiva de alimentos no aparecen en la etiqueta de lo que compramos y más tarde consumimos.

Las enfermedades más prevalentes en los países ricos

Numerosos estudios médicos nos informan de que hay un grupo de enfermedades llamadas de la civilización que aumentan de forma constante y tienen una relación directa con la forma de comer actual: obesidad, diabetes, cáncer, alergias, problemas de fertilidad, alteraciones del comportamiento e inmunodeficiencia.

Pues bien, a pesar de lo explicado hasta ahora, algunos argumentan: ¡pero es que los alimentos biológicos, son más caros! Veamos qué hay de cierto es esa afirmación.

Continuará en el post: Los alimentos biológicos: garantía de salud V

Los alimentos biológicos: garantía de salud III

Vegetales

Los productos químicos que se añaden a los cultivos agrícolas para aumentar la productividad se concentran de forma importante en la carne de los animales que se alimentan con esos alimentos: alfalfa, soja, etc. De este modo, comer alimentos animales favorece la toxicidad del medio interno comparativamente con los alimentos vegetales, mucho más saludables.

Continuación del post: Los alimentos biológicos: garantía de salud II

Los alimentos animales son más perjudiciales

Según el efecto de concentración que se produce en la pirámide alimentaria, más del 90 por ciento de todos los residuos químicos tóxicos que se encuentran en los alimentos están presentes en los de origen animal. Recordemos que si los 16 kilos de granos que come una vaca, se convierten tan sólo en un kilo de carne, los productos químicos que contiene el pienso con el que se alimenta al animal se concentran proporcionalmente.

Se impone la reflexión de si comer carne, huevos y productos lácteos procedentes de la ganadería convencional, a la luz de esta información, puede llegar a ser tóxico. Debemos prestar especial atención al consumo de leche y derivados lácteos ya que, debido a su alto contenido en grasas, son auténticos almacenes de los químicos que han consumido los animales durante la cría.

Una dieta ecológica debería estar compuesta por alimentos de cultivo orgánico y con predominancia de los vegetales en todas sus formas: cereales, legumbres, verduras y frutas. Los alimentos de calidad animal serían siempre una opción secundaria, lo que llamamos con frecuencia alimentos de lujo.

La destrucción de la capa de ozono

Si contemplamos la contribución que la producción industrial de carne para consumo humano tiene en la elevación de la tasa de CO2 atmosférico, nos sorprende comprobar que es una industria más contaminante que la mayoría.

Desde el uso de combustibles fósiles empleados en la tala indiscriminada de árboles para producir grandes extensiones de monocultivos con una agricultura mecanizada, hasta la producción de granjas, transporte, procesamiento y conservación de la carne… no tiene precedentes.

La forma de comer convencional, donde el alimento animal es de consumo diario y en una proporción que muchas veces supera el 50 por ciento del volumen total ingerido, es absolutamente antiecológica.

La ingente cantidad de CO2 que se vierte a la atmósfera en la actualidad provoca un aumento de la temperatura global del planeta con unas sequías prolongadas y las consiguientes inundaciones que observamos cada vez con más frecuencia.

El casquete polar ártico se ha reducido en más de un 30 por ciento a causa del efecto invernadero. A todo este desastre contribuye de forma principal una deforestación de casi media hectárea por segundo para hacer monocultivos de soja y otras forrajeras destinadas a la alimentación del ganado.

Nuestra salud y la del planeta

Es el momento de reflexionar acerca de lo que comemos, tanto para preservar la salud  personal, como la ambiental. La comida ecológica no es ninguna moda.

Más química

A los abonos, pesticidas, antibióticos y demás sustancias químicas añadidas en la producción de los alimentos tenemos que sumar las que se utilizan en su elaboración. Nos referimos a los aditivos químicos como conservantes, emulsionantes, colorantes, etc. Algo muy a tener en cuenta a la hora de elegir qué alimentos queremos llevar a nuestra mesa.

Los aditivos se añaden durante el procesamiento que hace la industria alimentaria después de la producción tanto agrícola como ganadera: la elaboración de los alimentos.

Un aditivo es toda sustancia que, sin poseer valor nutritivo alguno, es añadida en cantidades mínimas a los alimentos con objeto de modificar caracteres organolépticos como sabor, olor, apariencia… y para facilitar o mejorar el proceso de elaboración y conservación.

La mayoría de aditivos son sustancias totalmente ajenas a nuestro metabolismo y nos someten a un gran esfuerzo de desintoxicación al que no estamos constitucionalmente adaptados.

En cuanto a los efectos adversos de los productos químicos añadidos a los alimentos, tenemos que contemplar la toxicidad de la sustancia en sí misma, la dosis en la que se añade y la combinación con los otros aditivos. Este último efecto es muy importante ya que la toxicidad combinada de dos aditivos siempre es mayor que la suma de la toxicidad de las dos sustancias por separado.

Son aditivos alimentarios los nitratos y nitritos, fosfatos, antioxidantes, emulgentes, materias aromáticas, potenciadores del sabor, colorantes, conservantes y vitaminas de síntesis. Estas sustancias alteran profundamente el metabolismo, destruyen vitaminas, son inhibidores de enzimas, se combinan con proteínas, etc.

Sustancias químicas añadidas a los alimentos durante su elaboración

Para satisfacer la demanda de los consumidores la industria alimentaria necesita utilizar más productos químicos durante la elaboración: colorantes para que las truchas sean asalmonadas, potenciadores del sabor para que los platos light sepan a lo que no tienen, etc.

Nitratos y nitritos

Estas sustancias, además de formar parte de muchos abonos minerales, se usan también como colorantes en la elaboración de los alimentos. Hecho que proporciona el color rojo a las carnes por formación de metahemoglobina, un producto de la oxidación incompleta de la hemoglobina del que hemos hablado anteriormente.

Tradicionalmente, cuando se hacían embutidos, el color rojo del chorizo lo proporcionaban los llamados pimientos choriceros: ahora nos lo aportan los nitritos.

Si hacemos una reflexión breve, los nitritos que consumimos con los embutidos se suman a los contenidos en el agua del grifo que proceden de los abonos químicos de la agricultura convencional.  Por eso es conveniente ir tomando conciencia del efecto sumatorio de la cantidad de sustancias ajenas a nuestro metabolismo que ingerimos, a veces sin darnos cuenta.

Fosfatos

Son utilizados sobre todo en la elaboración del jamón york. Producen una gran retención de agua, tanto que el rendimiento de la carne de partida para fabricar el jamón, aumenta en más del 100 por cien. Pero no solo pagamos agua a precio de jamón, sino que además los fosfatos son perjudiciales para la salud.

Confieren a la carne a la que se añaden un efecto descalcificador a causa de su poder complejante, es decir, ligan al calcio para formar fosfatos de calcio insolubles.

No deja de ser paradójico que el jamón de york muchas veces sea la primara carne que se da a los niños y que muchos la consideran comida para enfermos…

Antioxidantes

Los más utilizados son el E-220 (anhídrido sulfuroso), el E-221 (sulfito de sodio) y el E-227 (bisulfito de calcio).

Inactivan a la vitamina B1 y por lo tanto producen avitaminosis, además de problemas digestivos. La combinación de los bisulfitos con avitaminosis B puede provocar polineuritis, despigmentación de los incisivos, calcificación renal, fibrosis e hipertrofia de las mucosas, alteraciones uterinas, etc.

Otros antioxidantes que se usan para evitar que se enrancien los aceites son el E-320 (BHA–butilhidroxianisol) y el E-321 (BHT-butilhidroxitol).

Éstos elevan las tasas de colesterol y lípidos, producen retrasos en el crecimiento del feto durante la gestación, destruyen la vitamina D y en el 10 por ciento de los animales de experimentación producen anoftalmia en sus crías (no se forman los ojos).

Emulgentes

Se usan para homogeneizar las mezclas y para dar cierta cremosidad y facilitar el que sean fáciles de untar. Son el E-401 y siguientes, también conocidos como alginatos. Estas sustancias pueden bloquear la asimilación de minerales y provocar cálculos renales como el E-477. Resulta llamativo que en muchos casos no es obligatorio que esa información aparezca en las etiquetas.

Materias Aromáticas

Son mezclas que imitan a los aromas naturales, pero son sustancias químicas que hacen que los alimentos nos ofrezcan el sabor o el olor de lo que no son o no tienen. Imitan los caracteres organolépticos de los alimentos naturales para inducirnos a su consumo.

En la actualidad la elaboración de alimentos incluye más de 500 productos químicos muchas veces combinando varios de ellos; hablamos del acetato de amilo, acetato de butilo, aldehído benzoico, mentol, vainillina. Te animo a leer una etiqueta de cualquier producto elaborado: te sorprenderás.

Los aromas químicos producen reacciones de inflamación en la mucosa bucal y son peligrosos para las personas alérgicas; de hecho, muchos no están permitidos en alimentos destinados a bebés… Una clara muestra de que no son inocuos.

Estos aromas artificiales se usan desde, para perfumar las rosas de la floristería que han perdido su perfume original, hasta productos de charcutería, confitería y pastelería.

Continuará en el post: Los alimentos biológicos: garantía de salud IV

Los alimentos biológicos: garantía de salud II

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En la actualidad, la mayoría de la población tiene conocimiento de que se añaden productos químicos durante la elaboración de los alimentos; lo que muchos ignoran es que también en la producción tanto de alimentos vegetales, como animales, se añaden productos químicos que muchas veces no son inocuos.

Continuación del post: Los alimentos biológicos: garantía de salud I

La adición de productos químicos en la producción de alimentos no se limita únicamente a los abonos nitrogenados. Además se añaden a los cultivos pesticidas para combatir las plagas y malas hierbas, los llamados productos fitosanitarios. En el caso de la cría de los animales, veremos más adelante cómo incluso se utilizan en muchos casos hormonas y antibióticos.

Los Pesticidas

Mientras la agricultura se ha practicado de forma manual o con ayuda de animales de tiro, las superficies de cultivo eran irregulares y las limitaban los setos, los desniveles del terreno, etc. Este modo de cultivar no permitía grandes superficies ocupadas por una sola especie. Es el ejemplo de un ecosistema en equilibrio entre plantas y animales.

Sin embargo, cuando en el siglo pasado se mecaniza la agricultura aparecen amplias superficies dedicadas al cultivo de una sola especie: los monocultivos. Esta forma de producción de alimentos masiva, y por tanto antinatural, favorece la aparición de las plagas. Con ellas, la industria química empieza a diseñar los primeros pesticidas.

Bajo el nombre de pesticidas se agrupan tres grandes grupos de productos químicos: los insecticidas para combatir las plagas de insectos, los herbicidas para controlar las malas hierbas y los fungicidas para luchar contra los hongos.

Los insecticidas

El DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano) es un insecticida que se sintetiza durante la II Guerra Mundial, mostrándose además como un eficaz matapiojos, y producto para combatir la malaria y la enfermedad del sueño. Pero además es un tóxico muy potente, tanto, que se ha prohibido su uso en muchos países después de comprobar los efectos devastadores en la salud humana.

Estos productos, además, destruyen enzimas indispensables para la respiración celular, creando alteraciones metabólicas muy importantes a nivel mitocondrial; esos daños favorecen el desarrollo de las enfermedades degenerativas.

Del mismo modo, son liposolubles por lo que se acumulan en todas las grasas del cuerpo, sobre todo en los tejidos nobles como el hígado, los riñones, las glándulas suprarrenales, el sistema nervioso y el aparato reproductor.

Estos compuestos pasan de un ser vivo a otro según la cadena alimentaria. Por ejemplo, si alimentamos a unas gallinas con alfalfa tratada con DDT, los huevos que produzcan contendrán esta sustancia. De esta manera, cuando consumimos esos huevos el DDT pasa a nuestro organismo y, si somos madres y estamos dando de mamar, el DDT pasaría al bebé a través de la leche materna.

Hay otros pesticidas igualmente tóxicos como el aldrín, dieldrín, lindano, malatión, etc., que pueden producir cáncer, provocar convulsiones en el sistema nervioso, incluso provocar muerte por paro respiratorio. Además, su consumo da lugar a modificaciones genéticas, destruyen las vainas de mielina de los nervios, etc.

Por supuesto que existe una legislación que regula su uso, pero no siempre se cumple. En la actualidad los diferentes países aplican la legislación de modo diferente, y consumimos alimentos que muchas veces no son de producción nacional y de los que no tenemos trazabilidad.

Los Herbicidas y Fungicidas

Los más conocidos son el pentaclorofenol, los arseniatos y las dioxinas. Éstas últimas, como veneno superan a la estricnina y al arsénico. Estos herbicidas actúan no sólo sobre las plantas, sino también sobre los tejidos animales provocando un envenenamiento general, mutaciones en los genes e incluso tumores malignos.

Las Hormonas

En particular, las hormonas son importantes factores de crecimiento. Hasta hace poco se ha permitido la utilización de metiltiouracilo y anabolizantes, sustancias que frenan la actividad de la glándula tiroides, reducen el metabolismo basal y consecuentemente producen aumento de peso. Además, favorecen la retención de agua en los tejidos de los animales que se crían para consumo humano.

Los más mayores recordaréis que en 1980 se detectó en California que entre el 30 y el 40 por ciento de los hombres padecía ginecomastia (crecimiento de las mamas) circunstancia que se relacionó rápidamente con la inclusión de hormonas en la alimentación animal.

Aunque en nuestro país hoy en día no esté permitido el uso de hormonas en la producción animal, la carne que llega a nuestros hogares habitualmente proviene de países lejanos, al igual que las verduras y frutas. Muchos establecimientos de comida rápida que existen a lo largo de todo el país utilizan carnes importadas, de la misma manera que los animales viajan de unos países a otros para ser sacrificados, etc.

Hoy en día es muy común observar cómo al poner un filete en la sartén, éste suelta gran cantidad de agua, hecho que los mayores no hemos conocido antes. Este fenómeno nos debería hacer sospechar acerca del origen de esa carne.

Los Antibióticos

Son sustancias que impiden el desarrollo de los microorganismos a través de la alteración de su metabolismo, pero en el caso de los animales no se utilizan sólo para tratar las enfermedades como pudiéramos pensar.

En la cría de animales estabulados se observó que los que eran tratados con antibióticos prosperaban más que el resto y, consecuentemente, se autorizó su utilización para aumentar el crecimiento, como factores anti estrés y de adaptación al confinamiento.

Actualmente se añaden al forraje que come el animal: neomicina, terramicina, penicilina, cloranfenicol y otros. Es importante saber que todos los antibióticos empleados en la alimentación animal más tarde aparecen en la carne que consumimos. También es bueno conocer que su uso prolongado destruye la flora intestinal y puede producir carencias de vitaminas B y K.

Muchas resistencias a los antibióticos que crean algunas personas no tienen tanto que ver con la automedicación como se insiste a veces en los radios de comunicación, sino más bien con el hábito de comer carne a diario con su dosis de antibióticos incluida.

Continuará en el post: Los alimentos biológicos: garantía de salud III