¿La comida influye en las emociones?

La separación cuerpo mente es algo comúnmente aceptado en todos los ámbitos y ocurre lo mismo con el efecto nutricional de los alimentos. Vamos a ver que lo físico y lo psicológico son las dos caras de la misma moneda y los alimentos más que una suma de nutrientes.

La ciencia moderna nos presenta a los alimentos como una suma de nutrientes: hidratos de carbono, grasas, proteínas, etc. Cada uno de éstos tiene una función principal;  combustible en el caso de los hidratos de carbono, constructora en el de las proteínas o catalítica en el de las vitaminas. Según este postulado, los alimentos sólo actúan desde la química, es decir, la materia. Fruto de esta visión es el diseño de dietas en las que se cuantifican los nutrientes de los alimentos: sin gluten, bajas en grasas, hiperproteicas, etc.

Sin embargo los alimentos, además de materia, contienen energía. En este caso no nos referimos a las calorías, sino a sus características funcionales: lo que los orientales definen como yin yang.

De este modo, los alimentos yang son de origen animal, salados, calentadores, secos y duros: tienen energía descendente por lo que activan la parte inferior del cuerpo y nos hacen más impulsivos, primarios, terrenales y fogosos. Nos predisponen más a la acción que al pensamiento. Hablamos de la carne, embutidos, huevos, quesos curados, etc.

Por el contrario, los alimentos yin, son de calidad vegetal, dulces, enfriadores, húmedos y blandos: tienen energía ascendente por lo que son responsables de la activación de la parte superior del cuerpo favoreciendo nuestros aspectos más sutiles como la sensibilidad, la creatividad, la emotividad… la espiritualidad en suma. En este caso el pensamiento es dominante. Son yin la leche y derivados, las frutas, los dulces, helados refrescos, café, chocolate, etc.

Un sobreconsumo de alimentos yin es, de este modo, responsable de que nuestras emociones negativas afloren y se desborden, aumentando nuestros niveles de ansiedad, angustia, obsesión, miedo, tristeza, irritabilidad, etc.

Mis más de 30 años de experiencia clínica me permiten afirmar que podemos utilizar los alimentos para controlar nuestras emociones en vez de que éstas nos controlen a nosotros.

Recordad, mens sana in córpore sano.

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