Menopausia precoz: envejecimiento prematuro IV

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Perder la capacidad reproductora como consecuencia de la edad no debe ser un estigma. La mujer cuando llega a la menopausia lejos de verse como vieja o achacosa, debe entender que al terminar su vida fértil en el plano fisiológico da comienzo a una etapa donde puede canalizar su fertilidad en los planos intelectual, social, ideológico… Se trata simplemente de otra etapa de la vida.

Continuación del post: “Menopausia precoz: envejecimiento prematuro III”

 La menopausia

Representa la pérdida de la capacidad reproductora en las mujeres, pero es un hecho fisiológico y no una enfermedad. Sin embargo en la actualidad se considera que debe ir necesariamente acompañada de desórdenes varios, como sofocos, descalcificación excesiva, sequedad de piel y mucosas, etc. Tanto es así, que acuden a nuestra consulta muchas mujeres todavía jóvenes, para prevenir los desórdenes de la menopausia… Pensemos en lo absurdo de este planteamiento si a nuestras hijas a los 10 años las llevásemos al médico para prevenir los problemas que van a tener cuando tengan la primera menstruación; cuando tener la regla es igualmente un hecho fisiológico que no debe ir acompañado de ningún cuadro sintomático de malestar.

La osteoporosis

Según las corrientes de pensamiento actuales, parece ser que a la “desgracia” de tener la menopausia, se une la “desgracia” de la descalcificación. Lo cierto es que en la actualidad, podemos decir que la osteoporosis tiene carácter epidémico.

Lo que ocurre es que a partir de los 45 años, comienza a haber una merma en la densidad ósea que es propia de la edad: igual que desciende la producción de estrógenos, disminuye nuestra densidad ósea. Es lo que llamamos osteopenia que es un hecho tan fisiológico como lo es la anemia en el embarazo.

El problema de la osteoporosis reside en que después de toda una vida consumiendo carne, tabaco, café y azúcar, todos ellos acidificantes, hemos agotado nuestra reserva alcalina. Si a esta situación le añadimos el sedentarismo, el problema se agrava aún más. La llegada de la menopausia con su descenso en la producción de estrógenos, no es sino un pequeño factor se sumación que contribuye a aumentar la descalcificación.

Por todo lo dicho, la profunda pérdida de masa ósea que afecta a gran cantidad de mujeres en la actualidad, no es sólo consecuencia de la menopausia, sino el resultado de unos hábitos de vida que favorecen la descalcificación. Son precisamente esos hábitos los que acentúan los síntomas de la menopausia y favorecen su aparición precoz.

Los sofocos

Si los alimentos de naturaleza yang calientan el cuerpo, tienen energía descendente y secan, podemos comprender que  tomar carne a la plancha a diario toda la vida para mantener la línea, utilizar el horno como forma habitual de cocción y abusar de las harinas horneadas… va a provocar en la menopausia, con toda seguridad, un cuadro sintomático de muchos calores.

Cuando una mujer todavía es joven y come demasiado yang, tiene varias formas de descargar ese exceso: la menstruación (todas las mujeres conocemos la sensación de alivio cuando finalmente nos baja la regla), el parto en el que se produce una gran descarga de energía y las relaciones sexuales con placer.

Conforme las mujeres se van haciendo mayores, paren menos, dejan de menstruar y posiblemente la intensidad y la frecuencia de las relaciones sexuales disminuyen. Si continúan comiendo alimentos de naturaleza caliente y no se “desfogan” adecuadamente, sin duda alimentarán a los sofocos.

Pero no todas las mujeres que tienen sofocos son consumidoras de carne. Encontramos muchas que comen apenas fruta y yogures, o incluso que son veganas, es decir su dieta está compuesta de alimentos de naturaleza fría y tienen sofocos igualmente. Esto podría parecer paradójico, pero no lo es, si comprendemos en esencia los procesos energéticos en la naturaleza.

En el caso de las mujeres que hacen una dieta muy ligera y de predominancia vegetal, se produce una reacción paradójica, donde un exceso de frío produce calor, como cuando hacemos una reacción febril en un enfriamiento. En estos casos hablamos de “verdadero frío-falso calor”.

Si nuestra dieta está compuesta predominantemente por alimentos equilibradores desde el punto de vista energético como los cereales integrales y las legumbres y utilizamos formas de cocción adecuadas, estamos respetando la homeostasis y no provocamos los desequilibrios hormonales que dan lugar a los sofocos.

Las isoflavonas

Son unas sustancias muy controvertidas como soporte en la menopausia por su efecto regulador de los desequilibrios hormonales y por aliviar los sofocos. Están presentes en muchos vegetales además de en la soja y no aparecen en los alimentos de calidad animal.

Podemos observar que si los alimentos vegetales son yin-enfriadores, es bastante lógico que esas moléculas presentes en  la soja o la alfalfa, tengan efecto refrescante.

Mi pregunta es: ¿qué efecto conseguiremos tomando isoflavonas si diariamente consumimos hasta un 50 por ciento de alimentos de origen animal, cocinados con altas temperaturas?

En la consulta comprobamos cotidianamente como la inclusión de alimentos equilibradores como base de la alimentación, hace desaparecer los sofocos, tanto si se producen por exceso de yin como por exceso de yang.

Continuará en el post: “Menopausia precoz: envejecimiento prematuro V”

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