¿Por qué tomar legumbres en la cena?

La capacidad para digerir las legumbres no tiene que ver, como muchos piensan, con la hora del día a la que se consumen, sino con la fuerza digestiva de cada persona. Tomarlas en la cena puede ayudarnos a no sobrecargar al medio interno con residuos ácidos, además de tonificar a nuestros riñones.

57. POR QUÉ TOMAR LEGUMBRES EN LA CENA

¿Legumbres o carne? I

arrangement of various legumes in bowls on table

Después del revuelo mediático que ha supuesto el informe de la OMS acerca del efecto cancerígeno de las carnes procesadas, la noticia se ha quedado en que hay que comer menos cantidad, pero no se ha ofrecido ninguna alternativa frente a estos alimentos. Hoy comparto información sobre las legumbres como alternativa saludable al consumo de carne.
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Si comes carne, que sea ecológica II

Hoy continuamos explicando el resto de sustancia químicas que se incluyen en la alimentación animal y cómo lo que comen los animales aparece en la carne que consumimos nosotros.

Continuación del post “Si comes carne, que sea ecológica I”

Los insecticidas

El DDT se sintetiza durante la segunda guerra mundial y es eficaz como matapiojos, y también frente a la malaria y la enfermedad del sueño. Pero además es un tóxico muy potente, tanto que se ha prohibido su uso en muchos países después de ver los efectos devastadores en la salud humana.

Los insecticidas modernos se degradan difícilmente por lo que pueden permanecer en el suelo contaminándolo hasta más de 15 años después de su utilización, algo que condiciona el uso futuro de esas tierras de cultivo.

Además, actúan destruyendo enzimas indispensables para la respiración celular, es decir crean alteraciones metabólicas muy importantes a nivel mitocondrial y esos daños favorecen el desarrollo de las enfermedades degenerativas.

Son liposolubles por lo que se acumulan en todas las grasas del cuerpo, sobre todo en los tejidos nobles como el hígado, los riñones, las suprarrenales, el sistema nervioso, el aparato reproductor, etc.

Estos compuestos pasan de un ser vivo a otro según la cadena alimentaria. Por ejemplo, si alimentamos a unas gallinas con alfalfa tratada con DDT, éstas producen huevos donde se detecta esa sustancia. Si nosotros tomamos esos huevos el DDT pasa a nuestro organismo y si somos madres que estamos dando de mamar, el DDT pasaría al bebé a través de la leche materna. Este relato nos pone en guardia sobre lo que representa consumir cualquier alimento animal de producción industrial: carne, huevos, leche…

Hay otros pesticidas igualmente tóxicos como el aldrín, dieldrín, lindano, malatión… que pueden producir cáncer, provocar convulsiones en el sistema nervioso, incluso pueden producir la muerte por paro respiratorio, dan lugar a modificaciones genéticas, destruyen las vainas de mielina de los nervios, etc.

Por supuesto que existe una legislación que regula su uso, pero no siempre se cumple. En la actualidad los diferentes países aplican la legislación de modo diferente y consumimos alimentos que, muchas veces, no son de producción local o nacional.

Los Herbicidas y Fungicidas

Los más conocidos son el pentaclorofenol, los arseniatos y las dioxinas, estas últimas, como veneno superan a la estricnina y al arsénico. Estos herbicidas actúan no sólo sobre las plantas, sino también sobre los tejidos animales y producen envenenamiento general, mutaciones en los genes e incluso tumores malignos.

Lo que comen los animales

Según el efecto de concentración que se produce en la pirámide alimentaria más del 90 % de todos los residuos químicos tóxicos que se encuentran en los alimentos están presentes en los de origen animal. Recordemos que, si los 16 kilos de granos que come una vaca se convierten tan sólo en un kilo de carne, los productos químicos que contiene el pienso con el que se la alimenta se concentran proporcionalmente.

Se impone la reflexión de si comer carne, huevos y productos lácteos procedentes de la ganadería convencional, a la luz de esta información, puede llegar a ser tóxico.

Una dieta ecológica debería estar compuesta por alimentos de cultivo orgánico y con predominancia de los vegetales en todas sus formas: cereales, legumbres, verduras y frutas. Los alimentos de calidad animal serían siempre una opción secundaria ya que son muy concentrados en nutrientes, dicho en lenguaje popular, tienen mucho alimento.

Por si esto no fuera suficiente, hasta hace muy poco, a la ganadería que se criaba para la obtención de carne se le suplementaba la dieta con hormonas y antibióticos. En la actualidad la legislación prohíbe el uso de estas sustancias, pero, hecha la ley, hecha la trampa.

Las Hormonas

En particular, las hormonas son importantes factores de crecimiento. Hasta hace poco se ha permitido la utilización de metiltiouracilo y anabolizantes, estas sustancias frenan la actividad del tiroides, reducen el metabolismo basal y consecuentemente producen aumento de peso y retención de agua en los tejidos en los animales que se crían para consumo humano. Pensemos en el dicho: lo que se come, se cría.

En 1.980 se detectó en California que entre el 30 y el 40 % de los hombres padecían ginecomastia (crecimiento de las mamas) y se relacionó rápidamente con la inclusión de hormonas en la alimentación animal.

Aunque en nuestro país en la actualidad no esté permitido el uso de hormonas en la producción animal, la carne que llega a nuestros hogares muchas veces proviene de países lejanos, al igual que las verduras y frutas. Muchos establecimientos de comida rápida que existen a lo largo de todo el país utilizan carnes importadas…

Los Antibióticos

Son sustancias que impiden el desarrollo de los microorganismos a través de la alteración de su metabolismo, pero no se utilizan sólo para tratar las enfermedades infecciosas de los animales como pudiéramos pensar.

En la cría de animales estabulados se observó que los que eran tratados con antibióticos prosperaban más que los otros, y consecuentemente se autorizó su utilización para aumentar el crecimiento, como factores antiestrés y como factores de adaptación al confinamiento.

Durante años se han añadido al forraje que come el animal: neomicina, terramicina, penicilina, cloranfenicol… de modo que todos los antibióticos empleados en la alimentación animal aparecen en la carne que consumimos, y su uso prolongado destruye la flora intestinal y puede producir carencias de vitaminas B y K.

Por eso, muchas resistencias a los antibióticos que crean algunas personas no tienen tanto que ver con la automedicación, como con el hecho de comer carne regularmente con su dosis de antibióticos incluida.

Continúa en el post “Si comes carne, que sea ecológica III”

La hipertensión y la sal

O. funcional RESUMEN

La sal es uno de los ingredientes considerados malditos en nuestra sociedad, como el gluten, la fructosa y la lactosa; tanto que para la mayoría de las personas es la única responsable de la elevación de la presión sanguínea.

Para aquellos que el tema es menos conocido, la tensión es la presión a la que circula la sangre en las arterias, luego si hablamos con propiedad deberíamos decir presión arterial.

Se contemplan dos valores, la máxima y la mínima, para algunos el alta y la baja. Los niveles de presión máxima se corresponden con la sístole del corazón, es decir con la contracción de este órgano. Por el contrario, los valores mínimos se dan cuando el corazón se dilata en la diástole.

Si gozamos de buena salud, la presión no debe ser ni muy elevada, ni muy baja y ambos valores deben estar en equilibrio. La mínima debe ser igual a la mitad de la máxima más uno. Por ejemplo 120/70 mm. Hg, la que coloquialmente definimos como 12/7.

Elevación de la presión arterial máxima

La sal está compuesta principalmente por cloruro de sodio y gracias a este último componente tiene un poderoso efecto contractivo y endurecedor, es decir: la sal seca, contrae y endurece. Por eso este ingrediente de uso universal en la cocina va a estar implicado en los casos de endurecimiento de arterias y de elevación de la presión sistólica (la máxima) pero no más que el tabaco o los alimentos de origen animal como la carne, los huevos, el pescado, etc., aunque los tomemos sin sal, porque estos alimentos ya contienen sodio.

Del mismo modo, los embutidos, el jamón, la cecina, la mojama… aunque lleven la etiqueta de bajo en sodio son favorecedores de la hipertensión. Y no digamos las cocciones al horno, a la plancha o la parrilla que también secan, contraen y endurecen y sin embargo son consideradas por muchos como formas de cocinar sano. Tampoco es recomendable consumir pan tostado a diario por la misma razón.

Del mismo modo, no podemos dejar de citar al tabaco que es un gran endurecedor de arterias por su naturaleza yang.

Después de esta enumeración vemos que la sal es sólo un elemento más favorecedor de la hipertensión, pero ni mucho menos el único, ni el más importante.

De cualquier modo, para que la sal no tenga tanto efecto contractivo-endurecedor, es muy importante no tomarla cruda, es decir, no pondremos nunca el salero en la mesa. La sal debe ser añadida durante la cocción, para que, como decía mi madre, el alimento que estamos cocinando tome la sal. Cuando el alimento toma la sal, el sodio se incorpora químicamente al alimento y no es tan endurecedor como en la forma inorgánica.

Elevación de la presión arterial mínima

Lo que ignora la mayoría de la población es cuales son los alimentos que elevan la presión diastólica, la mínima. De hecho, en muchos pacientes la presión arterial está descompensada, es decir la mínima está anormalmente alta; por ejemplo 13/9.

Los alimentos de calidad vegetal en general son ricos en potasio al contrario de los de origen animal. Son los que definimos como yin: azúcar, dulces, bollos, galletas, miel, té chocolate y café, alcohol, especias, frutas de clima cálido… Estos alimentos tienen un poderoso efecto expansivo, dilatador y hacen que la diástole sea más potente.

Las dietas sanas modernas de ensalada y carne a la plancha, lo que algunos llaman lechuga y pechuga promueven el consumo de alimentos yang con formas de cocción endurecedoras (plancha y horno), acompañados de alimentos fuertemente yin crudos y zumos), con lo que ya tenemos las condiciones para que se eleven tanto la máxima como la mínima.

No es casualidad que, en los llamados países ricos, donde se ha abandonado la alimentación tradicional que incluye cereales y legumbres como base de la dieta, sea donde la hipertensión arterial tiene carácter prevalente.

Sin embargo, una dieta que incluye alimentos equilibradores, en su mayoría de calidad vegetal, requiere la adición de sal a todos los platos para conseguir el equilibrio sodio/potasio y no eleva la tensión, sino que consigue en muchos casos que el paciente pueda suspender la medicación antihipertensiva porque su tensión se normaliza.

En la ilustración observamos que los alimentos yang son ricos en sodio y los yin son ricos en potasio. Los que figuran como alimentos equilibradores tienen una relación sodio/potasio más balanceada.

La hipertensión y la edad

La hipertensión afecta a un 20 % de la población y es una de las causas de paro cardiaco, hemorragia cerebral y otras enfermedades cardiacas. Durante muchos años la medicina moderna ha asumido que la presión arterial se eleva con la edad. Sin embargo, los estudios en las sociedades tradicionales han demostrado que la elevación de la presión arterial tiene poco o nada que ver con la edad.

El Dr. Lot B. Page, de la Universidad de Tufts comprobó que precisamente la presión arterial empezó a subir cuando estos pueblos adoptaron las dietas modernas incluyendo sal refinada, carne, pescado, azúcar y alimentos procesados. Eliminando estos hábitos modernos, la hipertensión se puede revertir. El aumento en la ingesta de sal en los países desarrollados tiene que ver con el consumo de alimentos procesados, no con la sal del salero, ni con el consumo razonable de condimentos los orientales como miso, tamari, gomasio y/o umeboshi.

De modo que el problema no está en sal que se añade a los alimentos, sino en comer de forma regular alimentos preparados por la industria alimentaria.

La hipertensión o el paciente

Cuando tenemos hipertensión el corazón tiene que trabajar más, porque las arterias están endurecidas, con lo cual podemos llegar a una insuficiencia cardiaca. Además, en muchos casos de hipertensión puede aparecer un ictus cerebral, como consecuencia de la formación de trombos en los vasos sanguíneos del cerebro.

Si la arteriosclerosis se manifiesta en los ojos, podemos perder vista o quedarnos ciegos, a causa de la mala circulación. Pero si la rigidez de los vasos se manifiesta en los riñones, podemos ver afectada la función renal.

Con esta breve enumeración, comprendemos como no debemos abordar la hipertensión tratando al organismo separadamente, como harían el cardiólogo, el neurólogo, el oftalmólogo y el nefrólogo, sino de manera global, considerando al paciente como un todo.

Conclusión

Tanto para prevenir la hipertensión, como para intentar revertirla se impone hacer un cambio en la forma de comer sustituyendo los alimentos de naturaleza extrema e incluir los alimentos equilibradores. La inclusión de la sal en la dieta es imprescindible, se trata de una sustancia vital para la vida; recordemos que la vida se originó en el mar y que la sangre es una réplica del océano primitivo en el que se originó la vida.

Nota

No recomendamos a ningún hipertenso que cambie por su cuenta la dieta y deje el fármaco que le ha prescrito su médico. Este artículo no sustituye a ninguna consulta personalizada.

El equilibrio ácido base y la sal

Hoy queremos profundizar en un tema el que se habla y se escribe mucho, en ocasiones con falta de rigor. Nos referimos a la acidez y alcalinidad de los alimentos, de la dieta, del medio interno, etcétera.

Todos los alimentos naturales contienen elementos formadores de ácidos y formadores de álcalis. Según la bioquímica moderna son los minerales inorgánicos presentes en los alimentos los responsables del efecto acidificante o alcalinizante.

La tabla periódica de los elementos nos muestra los diferentes grupos en forma de columnas, desde los metales alcalinos hasta los no metales, finalizando con los halógenos y los gases nobles.

Son alimentos formadores de ácido aquellos que en su metabolismo liberan elementos no metálicos como el azufre, el fósforo, el cloro y el yodo. 

La mayor parte de las proteínas contienen azufre y fósforo. En su metabolismo se forman ácido sulfúrico y ácido fosfórico que deben ser neutralizados por el amoniaco, el calcio, el magnesio, el sodio y el potasio antes de ser eliminados por vía renal. Este es el motivo por el que los alimentos de origen animal, muy ricos en proteínas, son formadores de ácidos.

Lo mismo puede decirse, aunque en mucho menor grado de los alimentos constructores de origen vegetal como los cereales y las legumbres. Las purinas resultantes de su metabolismo son diferentes a las de la carne y menos acidificantes.

Son alimentos formadores de álcali los que en su metabolismo liberan elementos metálicos como el sodio, el potasio, el calcio, el magnesio y el hierro.

En las frutas y en la mayor parte de las verduras los ácidos orgánicos que contienen están formando parte de sales ricas sobre todo en potasio y calcio. Cuando estos ácidos orgánicos se oxidan, además de producir anhídrido carbónico y agua, liberan las bases asociadas que sirven para neutralizar los ácidos fuertes procedentes del metabolismo de las proteínas. En este caso la dieta se alcaliniza básicamente a través del potasio y el calcio que son elementos químicos yin.

Por el contrario, con los condimentos macrobióticos (miso, tamari umeboshi), al liberarse las bases asociadas, la alcalinización de la dieta se produce a través del sodio y magnesio fundamentalmente, que son elementos químicos yang.

Tabla 1. Cantidad de minerales en un adulto de 70 kilos

 

Tabla 2.  Necesidades diarias

En las tablas precedentes podemos observar que, tanto en nuestro organismo, como en las necesidades diarias, predominan los elementos químicos alcalinizantes.

Cuando la acidificación del medio interno se ha producido por un sobreconsumo de alimentos refinados y azúcar es necesario alcalinizar con sal marina y alimentos ricos en sodio y magnesio como los condimentos orientales citados más arriba.

Por el contrario, si la acidificación la ha producido un consumo excesivo de alimentos de origen animal, deberemos alcalinizar con las verduras y frutas, ricas en potasio y calcio.

En la medicina natural se tiende a alcalinizar con alimentos ricos en potasio en todos los casos y se demoniza al sodio, cuando ambos son alcalinizantes solo que pertenecen a diferente periodo (fila), en la tabla periódica. Incluso hemos leído en algún libro que el sodio acidifica, cuando en la tabla periódica este elemento químico está en junto al resto de los metales alcalinos.

Una vez más la comprensión del yin y el yang es esencial para abordar con éxito la recuperación de la salud.

Estimula al cerebro y gana memoria

La edad es un factor que contribuye a la pérdida de memoria al igual que otras capacidades, como la vista, el oído o la flexibilidad, pero cada uno de nosotros podemos acelerar o frenar este proceso según cuales sean nuestros hábitos cotidianos.

La Universidad de Rush (EE. UU.) reveló en un estudio que las personas que leen y escriben de forma habitual sufren un deterioro de la memoria un 32 % menor que el correspondiente a su edad. Por el contrario, aquellos que no estimulan al cerebro permiten que el deterioro de la memoria sea un 48 % superior al esperado por el paso del tiempo.

Pero además de leer y hacer crucigramas tenemos una herramienta de primer orden para frenar el envejecimiento, tanto general, como cerebral: la alimentación.

Para que nuestro cerebro apenas envejezca es primordial evitar los alimentos procesados de origen animal como embutidos, salazones, quesos curados, tabaco… los que categorizamos como yang, por su efecto favorecedor de la arteriosclerosis.

Del mismo modo prescindiremos del azúcar, la leche y sus derivados, la cafeína, el alcohol y los alimentos refinados, todos ellos alimentos yin, ya que están implicados en la aparición de la anemia. Recordemos que la hemoglobina es el transportador de oxígeno a nuestras células y el cerebro es el órgano que más oxígeno consume en relación con el resto de los órganos de cuerpo. Por eso, cuando padecemos anemia la actividad cerebral disminuye de forma notoria.

Nuestra dieta debe girar en torno a los cereales integrales, las legumbres y las verduras como alimentos preferentes, siempre de calidad ecológica.