Archivos mensuales: agosto 2020

Algas, hongo shitake y colesterol

Un grupo de investigadores japoneses comprobó que las algas wakame, comúnmente consumidas en Asia impiden la reabsorción del colesterol por parte del intestino y del hígado. Paralelamente, en un estudio paralelo se demostró que las algas hiziki y el hongo shitake reducían el colesterol LDL y mejoraban el metabolismo de las grasas.

Estos dos ejemplos nos deben ayudar a mirar con respeto a los alimentos tradicionales, aunque sean de culturas lejanas a la nuestra, ya que mucho tiempo antes de que existiese la ciencia de la nutrición moderna, nuestros antepasados seleccionaron los mejores alimentos para mantenerse en salud.

El desarrollo progresivo de la enfermedad II

Todas las enfermedades están íntimamente relacionadas y se manifiestan de formas fácilmente reconocibles a través de una gran variedad de síntomas que van apareciendo de forma progresiva mientras la enfermedad avanza. La interpretación de algunos síntomas inespecíficos en las primeras etapas de la enfermedad nos puede ayudar a cavar un pozo antes de tener sed, es decir: a prevenir de forma activa su aparición.

Continuación del post: El desarrollo progresivo de la enfermedad I

El principal requisito de la salud es no estar nunca cansado, es decir: tener una buena capacidad de recuperación tras el esfuerzo, sea físico o mental. Sin embargo, es muy común la necesidad de estimulantes para ponerse en marcha por la mañana o para resistir el estrés a lo largo del día. Por eso debemos estar alerta si estamos especialmente cansados.

A continuación hacemos una descripción de las diferentes manifestaciones de la enfermedad conforma se hace más profunda, enlazando con lo explicado en el post anterior.

Fatiga general

La enfermedad comienza con una sensación de cansancio físico y mental. Esta sensación se acompaña muchas veces de tensión muscular, micción frecuente, sudoración excesiva, estreñimiento…Comenzamos a perder nuestra claridad de pensamiento, nuestra percepción se hace menos activa, y nuestras reacciones son imprecisas.

En esta etapa, la merma de la vitalidad y de la energía se achacan al estrés, la edad… cuando son la expresión de una forma de comer inadecuada principalmente.

La recuperación de esta etapa es rápida. Un poco de descanso, una alimentación adecuada y algo de ejercicio, pueden ser suficientes.

Molestias y dolores

Cuando la sensación de fatiga se hace crónica, comenzamos a tener molestias ocasionales. Se pueden manifestar como dolores musculares, jaquecas, calambres… A veces tenemos dificultad para respirar, arritmias, temblores y fiebre.

En la esfera mental, podemos sufrir depresiones ocasionales, sentimiento general de inseguridad, preocupaciones excesivas…

La recuperación en esta etapa puede llevarnos de unos días a unas semanas, dependiendo de la carga tóxica que tengamos y de la capacidad de eliminación de nuestro organismo.

Enfermedades de la sangre

Al continuar el desequilibrio entre nuestra práctica dietética, la calidad de la sangre, incluyendo las células sanguíneas y el plasma, se hace inadecuada para mantener una relación armoniosa con nuestro entorno.

Aquí aparecen la acidosis, la presión sanguínea elevada o baja, la anemia, el asma, enfermedades cutáneas…

En la esfera mental, en esta etapa podemos manifestar nerviosismo, hipersensibilidad, depresión continua,  timidez… la pérdida del sentido de la dirección de nuestra vida, en una palabra.

La recuperación de estas manifestaciones es más lenta que en los casos anteriores, como es evidente. Por eso, cuanto más avanzamos en el alejamiento de la salud, el cambio en nuestros hábitos alimenticios debe ser más severo.

Desórdenes emocionales

Cuando nuestra sangre está cargada de toxinas, surgen con frecuencia desórdenes emocionales de forma expresa como mal humor, excitación, enfado, frustración y sentimiento general de desesperación. No somos capaces de afrontar los problemas de una forma objetiva.

Prevalece un sentimiento de temor general ante circunstancias desacostumbradas, y en el comportamiento diario aparecen con frecuencia expresiones defensivas u ofensivas. Los movimientos físicos se hacen también más rígidos; hay una pérdida gradual de la flexibilidad.

La recuperación de estos desórdenes lleva consigo unos cambios importantes en la forma de comer, así como un cambio de actitud mental. En este caso la ayuda de los profesionales es imprescindible.

Enfermedades de los órganos

Comienzan a surgir cambios estructurales a nivel de las células y los tejidos, mal funcionamiento de los órganos y manifestaciones de degeneración.

En esta categoría están la arteriosclerosis, la diabetes, los cálculos renales y biliares, algunos tipos de cáncer, la esclerosis múltiple, etc. Se hacen más evidentes una obstinación mental crónica, los prejuicios, la intolerancia y la rigidez general. También se pueden interpretar las circunstancias del entorno de una forma ilusoria.

La recuperación de este nivel de enfermedad requiere un periodo de tiempo largo, una práctica continua de una dieta adecuada, y un cambio en la forma de vida con una autorreflexión profunda.

Desórdenes nerviosos

Cuando la enfermedad sigue avanzando y ya están dañados los órganos, la tendencia degenerativa se dirige hacia los desórdenes nerviosos, comprendiendo parálisis física y enfermedades como la esquizofrenia y la paranoia. Comienza a verse la vida como algo negativo; se manifiestan con frecuencia tendencias al suicidio y a irrealidades destructivas. En esta etapa va ser muy importante, además de los cuidados de los profesionales, la ayuda de las personas del entorno.

La recuperación en este caso es más larga; se trata de recobrar la seguridad y la confianza, así como un punto de vista positivo de la vida.

Arrogancia

Una forma inadecuada de vida practicada durante años, conduce finalmente a la etapa final de la enfermedad, que se manifiesta a través de la arrogancia, el engreimiento y el desprecio por todo, aunque algunas de las etapas anteriores no hayan sido claramente experimentadas. Algunos de los síntomas comunes son la soberbia, el egoísmo, la vanidad, el autoelogio, la altivez…

La arrogancia es la última fase de la enfermedad y a la vez la causa de todas las otras incluyendo miserias e infelicidad. La cura de la arrogancia puede llevar mucho tiempo, pero puede darse instantáneamente experimentando una estimulación emocional o espiritual inesperada, generalmente como consecuencia de una gran dificultad o de un fracaso importante.

La cura de la arrogancia conduce inmediatamente a un espíritu de humildad y modestia. Restaura también el espíritu de apreciación por la vida a través del descubrimiento de la ignorancia acerca de la vida y las personas.

Cuando acontece esa transformación, se abre un nuevo camino que lleva a la práctica automática de una forma de vida en armonía con el Orden del Universo.

Aunque cada enfermedad pertenece a uno de los niveles señalados más arriba, todas están interconectadas: son las diferentes manifestaciones que se han ramificado de una raíz común: una inadecuada forma de vivir, que incluye hábitos de vida alejados del Orden Universal que se manifiesta a través de las leyes de la vida.

El desarrollo progresivo de la enfermedad I

Cuando nos diagnostican una enfermedad, muchas veces nos dicen cómo se llama y cómo se manifiesta, y existe la tendencia a confundir los síntomas con la propia enfermedad. No es común abordar las causas que nos lleva a enfermar. En este post vamos a profundizar en por qué se produce la enfermedad, para así poder aspirar a recuperar la salud más allá del consumo de fármacos.

Salud y enfermedad son dos manifestaciones del constante equilibrio a través del cual se expresa la vida.

La salud sería un estado de armonización activa con nuestro medio ambiente, un modo de disfrutar con muchas cosas y personas, una forma de constante creatividad y progreso.

La enfermedad es una condición que aparece cuando se altera ese equilibrio que es la salud; de modo que la definiremos como el intento del organismo de defenderse de las agresiones: agentes patógenos, condiciones ambientales o toxicidad interna.

Para comprender los mecanismos de la vida, en los que la salud es su máxima expresión, debemos considerar el cuerpo humano como un sistema de flujo controlado cibernéticamente. De manera que cuando penetran en el sistema sustancias tóxicas (microorganismos, contaminantes…), nuestro organismo reacciona activando sus mecanismos de defensa con la finalidad de restablecer el equilibrio de flujo alterado. Así la enfermedad sería la expresión de los mecanismos de defensa.

La enfermedad se va a instaurar de una forma progresiva conforme el flujo tanto de materia como de energía se vea alterado.  No es una condición de aparición súbita: no pasamos de estar bien hoy a estar enfermos mañana.

A continuación describimos las diferentes etapas en las que se manifiesta la enfermedad.

El mantenimiento de la salud

La excreción

El primer mecanismo que tiene nuestro organismo para mantener la salud es la capacidad de eliminación de toxinas. Para eso tenemos las vías emuntoriales:

  • a través de los intestinos eliminamos los residuos sólidos,
  • los riñones son los encargados de eliminar los líquidos y
  • nuestros pulmones eliminan los gases de la respiración.

De modo que cuando gozamos de buena salud, eliminamos de forma normal a través de la orina, las heces, el sudor, la actividad física, la expresión, las actitudes mentales… y las mujeres, además, a través de  la menstruación, el embarazo y la lactancia.

Si utilizamos la frase El cuerpo es el templo del espíritu en este contexto, podemos interpretar que el cuerpo es la casita donde vive el yo. Pues bien, si el cuerpo es nuestro hogar, los mecanismos de excreción se podrían comparar con el hecho de mantener la casa limpia después de llevar al contenedor de basura todos los residuos acumulados a lo largo del día.

La inflamación

La eliminación anormal o excesiva aparece cuando comemos inadecuadamente. Al aumentar la cantidad de residuos y/o de toxinas, nuestros órganos reaccionan inflamándose y dan lugar a fiebre, tos, diarrea, exceso de orina, sudoración, temblores, estremecimientos, pesadillas, conductas anormales…. Es muy importante interpretar la inflamación como el mecanismo de reacción que tiene nuestro cuerpo para eliminar los residuos.

De hecho antes de la aparición de los medicamentos los antinflamatorios que abortan la inflamación, los remedios populares eran expectorantes emolientes, purgantes… es decir favorecedores de la expulsión de residuos. De hecho hay expresiones populares que afirman: mocos es salud, porque lo que sale, no se queda dentro.

Si los excesos continúan y los riñones no son capaces de eliminar tanta carga tóxica, aparecen los problemas en la piel. Son manifestaciones comunes las manchas, pecas, lunares, verrugas… o el acné, dermatitis, eccema, psoriasis…

Si no corregimos nuestros hábitos alimenticios y utilizamos antiinflamatorios de forma continuada, bloquemos la reacción del cuerpo de eliminar las toxinas a través de la piel con lo que la enfermedad pasa al siguiente estadío.

La deposición

Cuando la inflamación se mantiene, y nuestra capacidad de eliminación  se colapsa, entramos en una nueva etapa que la que las toxinas se depositan almacenándose en órganos cada vez más alejados de las vías de eliminación.

Esta es la fase de acumulación o de deposición en la que se van a ver afectados cada vez más órganos del cuerpo.

Las primeras acumulaciones aparecen en la garganta, nariz, oídos y senos nasales, descendiendo poco a poco a los bronquios y los pulmones. Cuando las toxinas se alojan en el pecho dan lugar a las bronquitis y las neumonías. Otro lugar de acumulación en las mujeres son las mamas. Aquí se depositan los excesos de grasas y proteínas, dando lugar a los fibromas…

Conforme nos hacemos mayores, pueden aparecer acumulaciones de toxinas en la vesícula biliar o en los riñones: son los temidos cálculos. Los riñones pueden estar semi obstruidos por excesos de grasa o de sal.

Los órganos sexuales son también lugares de acumulación. En los hombres principalmente la próstata y en las mujeres los ovarios, el útero y las trompas.

Los depósitos de toxinas como los pólipos, nódulos, fibromas, adenomas, cálculos… se denominan benignos ya que en esta etapa del desarrollo de la enfermedad, todavía no se han dañado las estructuras celulares.

Retomando la comparación de mantener nuestro hogar limpio, esta fase representaría sacar las bolsas de basura al descansillo y no llevarlas al contenedor. En el rellano de la escalera se irían almacenando más y más bolsas, creando una condición insalubre.

Las fases celulares

Si los hábitos de vida erróneos continúan, las toxinas o los excesos van a alterar todas las estructuras de la célula, desde la membrana, pasando por las mitocondrias…  hasta el mismo núcleo celular. En esta fase aparecen las enfermedades degenerativas que son las principales causas de muerte en los países ricos.

Son manifestaciones de esta etapa las enfermedades cardiovasculares, muchas infecciones víricas, la cirrosis, el asma, el lupus y todas las formas de cáncer. Los daños estructurales que aparecen en las células en esta etapa son responsables de las alteraciones metabólicas que dan lugar a las enfermedades de peor pronóstico.

Esta visión que nos la aportan la Medicina Oriental y la Macrobiótica, es ampliamente corroborada por la Medicina Biológica occidental desarrollada por el Dr. Reckeweg.

Continúa en el post: El desarrollo progresivo de la enfermedad II

Las agujetas

El dolor muscular que aparece después del ejercicio físico se conoce de forma coloquial como agujetas. Ese dolor es la consecuencia de unas microlesiones musculares que se producen cuando el músculo es sometido a trabajo superior al que realiza habitualmente, pero ocurre sobre todo cuando las fibras son débiles.

De hecho, el dolor y la debilidad muscular se deben principalmente a los procesos inflamatorios que se producen más que al daño producido por la rotura de las fibras.

La teoría de que el dolor se produce por una acumulación excesiva de ácido láctico, como resultado de la actividad metabólica de las células musculares tras un ejercicio intenso, hoy ya no está vigente.

Las recomendaciones de la medicina oficial, que desconoce el origen de la debilidad de las fibras musculares y el porqué de la inflamación, son tomar antiinflamatorios y analgésicos para aliviar los síntomas, acompañados de masajes, crioterapia, ultrasonidos, etc.

La causa de la debilidad muscular está directamente relacionada con los hábitos alimenticios de la persona como explicamos a continuación.

Un sobreconsumo de alimentos yin produce una mala regulación de los niveles de glucosa y favorece la inflamación de los tejidos, así como la disminución de la resistencia de estos.

Son alimentos yin los productos lácteos, los zumos, los dulces, las bebidas y barritas energéticas, etcétera.

También es contraproducente consumir grasas de mala calidad, las llamadas grasas trans. De modo que la inclusión en la dieta de abundantes azúcares rápidos procedentes de alimentos refinados, junto a proteínas animales a diario, ayuda de forma importante a la aparición de las agujetas.

Nuestras recomendaciones para prevenirlas, más allá de hacer estiramientos antes y después del ejercicio físico, pasan por hacer un cambio en la forma de comer.

Además de evitar los alimentos citados anteriormente, es de gran ayuda consumir cereales integrales a diario como aporte de hidratos de carbono complejos, sustituir las carnes por pescados que son ricos en grasas saludables, e introducir además las legumbres, las semillas y los frutos secos como alimentos de consumo regular.

El preparado té kukicha con kuzu y umeboshi es una gran ayuda en la práctica deportiva en general y en la prevención de las agujetas en particular. ¡Experiméntalo!

El MMS: Suplemento mineral milagroso

Hace ya unos años que apareció una supuesta panacea médica que cura desde las almorranas hasta el cáncer, pasando por la malaria, el herpes, el asma, la diabetes, la hepatitis, los catarros y el acné. Y ahora, hasta el coronavirus. Debemos saber que se trata de un desinfectante de piscinas.

No deja de sorprendernos que MMS sean las siglas de suplemento mineral milagroso: “Miracle Mineral Suplement”.

La historia empieza cuando Jim Humble, su descubridor, un ingeniero espacial autodidacta,   estando en una prospección minera en Sudamérica comprobó cómo varios de sus hombres que enfermaron de malaria, se curaron al darles unas gotas que llevaba consigo de un potabilizador de agua.

Es un potente oxidante muy utilizado en la potabilización del agua precisamente por su poder biocida. Se vende en forma de clorito de sodio junto con un activador que suele ser ácido cítrico para que se produzca la liberación del dióxido de cloro.

Para acercarnos un poco más al producto milagroso, el clorito de sodio NaClO2, diremos que el componente activo de la lejía común es hipoclorito de sodio NaClO. Como el MMS tiene un oxígeno más es mucho más oxidante que la lejía.

El poder germicida tanto del clorito sódico como del dióxido de cloro, se basa en su carácter fuertemente oxidante. La transformación química que provoca tanto en los microrganismos como en los tejidos humanos es de tal magnitud, que la función original de las proteínas, de los lípidos, o de los ácidos nucleicos, se pierde irremediablemente.

Si para destruir los gérmenes oxida nuestro medio interno, podemos echar mano de un dicho popular que dice: es peor el remedio que la enfermedad.

Debemos entender que un biocida es lo mismo que un veneno que destruye la vida, por eso el que sea un potabilizador y desinfectante de piscinas no significa que lo debamos tomar en enfermedades infecciosas. Aunque la lejía es un buen desinfectante  de uso común, no se nos ocurre tomar un trago para combatir un resfriado.