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Las fases de la enfermedad en la Medicina Biológica II

La visión del doctor Reckeweg nos muestra cómo, cuándo se perturba el equilibrio interno el organismo pasa por diferentes fases con la finalidad de restablecer la salud. En las primeras etapas intenta eliminar las toxinas a través de mecanismos como la inflamación, dando lugar a los procesos agudos y, cuando estos  fallan, las toxinas se almacenan dando lugar a las enfermedades crónicas.

Continuación del post: “Las fases de la enfermedad en la medicina Biológica I”

 Proseguimos describiendo de forma breve cómo la enfermedad debuta como aguda, luego se hace crónica para finalmente hacerse degenerativa.

Las fases humorales

Fase de excreción

No se la puede considerar una fase patológica puesto que representa al estado de eliminación fisiológica de los productos de desecho que produce el organismo para su correcto funcionamiento. Lo hace a través de los órganos y tejidos (orina, heces, sudoración, menstruación, CO2, ácido láctico, etc.).

Fase de reacción

Cuando la eliminación  de toxinas es excesiva se produce una fase de reacción que puede cursar con fiebre, dolores moco, etc. Es la inflamación. En esta etapa nos encontramos con la mayoría de los desórdenes que  terminan en “itis” (otitis, conjuntivitis, amigdalitis, cistitis, etc.).

Es muy importante respetar las eliminaciones y modularlas si son muy agudas, pero no suprimirlas. A modo de ejemplo, no es igual utilizar un remedio mucolítico que un expectorante; en el primer caso suprimimos el moco, y el segundo, favorecemos su eliminación. De modo que los medicamentos supresores van a provocar que el organismo neutralice las toxinas favoreciendo su deposición en los diversos órganos y tejidos.
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Las fases de la enfermedad en la Medicina Biológica I

Hoy compartimos una visión comprensiva del desarrollo progresivo de la enfermedad, más allá de darle un nombre y una prescripción de remedios sintomáticos, sean farmacológicos o quirúrgicos.

Según el Dr. Hans-Heinrich Reckeweg (1.905-1.985),  heredero de la visión holística del Dr. W. Hufeland (1.762-1.836), la enfermedad no es sino el intento del organismo de defenderse de las toxinas tanto externas como internas. Para ello utiliza los mecanismos de excreción, reacción y deposición. Son los que se conocen como las fases humorales de la enfermedad en la Medicina Biológica y las enfermedades de ajusta en la Macrobiótica.

Cuando la enfermedad avanza observamos daños estructurales a nivel celular: tanto a nivel de la membrana, de los orgánulos celulares, como del propio núcleo de la célula. Las diferentes manifestaciones son el resultado de los daños tóxicos que el organismo intenta compensar con el fin de restablecer en lo posible el equilibrio interno. Se manifiestan como impregnación, degeneración y neoplasia. Son las llamadas fases celulares en la medicina Biológica y las verdaderas enfermedades en la Macrobiótica.
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El desarrollo progresivo de la enfermedad II

Todas las enfermedades están íntimamente relacionadas y se manifiestan de formas fácilmente reconocibles a través de una gran variedad de síntomas que van apareciendo de forma progresiva mientras la enfermedad avanza. La interpretación de algunos síntomas inespecíficos en las primeras etapas de la enfermedad nos puede ayudar a cavar un pozo antes de tener sed, es decir: a prevenir de forma activa su aparición.

Continuación del post: El desarrollo progresivo de la enfermedad I

El principal requisito de la salud es no estar nunca cansado, es decir: tener una buena capacidad de recuperación tras el esfuerzo, sea físico o mental. Sin embargo, es muy común la necesidad de estimulantes para ponerse en marcha por la mañana o para resistir el estrés a lo largo del día. Por eso debemos estar alerta si estamos especialmente cansados.

A continuación hacemos una descripción de las diferentes manifestaciones de la enfermedad conforma se hace más profunda, enlazando con lo explicado en el post anterior.

Fatiga general

La enfermedad comienza con una sensación de cansancio físico y mental. Esta sensación se acompaña muchas veces de tensión muscular, micción frecuente, sudoración excesiva, estreñimiento…Comenzamos a perder nuestra claridad de pensamiento, nuestra percepción se hace menos activa, y nuestras reacciones son imprecisas.

En esta etapa, la merma de la vitalidad y de la energía se achacan al estrés, la edad… cuando son la expresión de una forma de comer inadecuada principalmente.

La recuperación de esta etapa es rápida. Un poco de descanso, una alimentación adecuada y algo de ejercicio, pueden ser suficientes.

Molestias y dolores

Cuando la sensación de fatiga se hace crónica, comenzamos a tener molestias ocasionales. Se pueden manifestar como dolores musculares, jaquecas, calambres… A veces tenemos dificultad para respirar, arritmias, temblores y fiebre.

En la esfera mental, podemos sufrir depresiones ocasionales, sentimiento general de inseguridad, preocupaciones excesivas…

La recuperación en esta etapa puede llevarnos de unos días a unas semanas, dependiendo de la carga tóxica que tengamos y de la capacidad de eliminación de nuestro organismo.

Enfermedades de la sangre

Al continuar el desequilibrio entre nuestra práctica dietética, la calidad de la sangre, incluyendo las células sanguíneas y el plasma, se hace inadecuada para mantener una relación armoniosa con nuestro entorno.

Aquí aparecen la acidosis, la presión sanguínea elevada o baja, la anemia, el asma, enfermedades cutáneas…

En la esfera mental, en esta etapa podemos manifestar nerviosismo, hipersensibilidad, depresión continua,  timidez… la pérdida del sentido de la dirección de nuestra vida, en una palabra.

La recuperación de estas manifestaciones es más lenta que en los casos anteriores, como es evidente. Por eso, cuanto más avanzamos en el alejamiento de la salud, el cambio en nuestros hábitos alimenticios debe ser más severo.

Desórdenes emocionales

Cuando nuestra sangre está cargada de toxinas, surgen con frecuencia desórdenes emocionales de forma expresa como mal humor, excitación, enfado, frustración y sentimiento general de desesperación. No somos capaces de afrontar los problemas de una forma objetiva.

Prevalece un sentimiento de temor general ante circunstancias desacostumbradas, y en el comportamiento diario aparecen con frecuencia expresiones defensivas u ofensivas. Los movimientos físicos se hacen también más rígidos; hay una pérdida gradual de la flexibilidad.

La recuperación de estos desórdenes lleva consigo unos cambios importantes en la forma de comer, así como un cambio de actitud mental. En este caso la ayuda de los profesionales es imprescindible.

Enfermedades de los órganos

Comienzan a surgir cambios estructurales a nivel de las células y los tejidos, mal funcionamiento de los órganos y manifestaciones de degeneración.

En esta categoría están la arteriosclerosis, la diabetes, los cálculos renales y biliares, algunos tipos de cáncer, la esclerosis múltiple, etc. Se hacen más evidentes una obstinación mental crónica, los prejuicios, la intolerancia y la rigidez general. También se pueden interpretar las circunstancias del entorno de una forma ilusoria.

La recuperación de este nivel de enfermedad requiere un periodo de tiempo largo, una práctica continua de una dieta adecuada, y un cambio en la forma de vida con una autorreflexión profunda.

Desórdenes nerviosos

Cuando la enfermedad sigue avanzando y ya están dañados los órganos, la tendencia degenerativa se dirige hacia los desórdenes nerviosos, comprendiendo parálisis física y enfermedades como la esquizofrenia y la paranoia. Comienza a verse la vida como algo negativo; se manifiestan con frecuencia tendencias al suicidio y a irrealidades destructivas. En esta etapa va ser muy importante, además de los cuidados de los profesionales, la ayuda de las personas del entorno.

La recuperación en este caso es más larga; se trata de recobrar la seguridad y la confianza, así como un punto de vista positivo de la vida.

Arrogancia

Una forma inadecuada de vida practicada durante años, conduce finalmente a la etapa final de la enfermedad, que se manifiesta a través de la arrogancia, el engreimiento y el desprecio por todo, aunque algunas de las etapas anteriores no hayan sido claramente experimentadas. Algunos de los síntomas comunes son la soberbia, el egoísmo, la vanidad, el autoelogio, la altivez…

La arrogancia es la última fase de la enfermedad y a la vez la causa de todas las otras incluyendo miserias e infelicidad. La cura de la arrogancia puede llevar mucho tiempo, pero puede darse instantáneamente experimentando una estimulación emocional o espiritual inesperada, generalmente como consecuencia de una gran dificultad o de un fracaso importante.

La cura de la arrogancia conduce inmediatamente a un espíritu de humildad y modestia. Restaura también el espíritu de apreciación por la vida a través del descubrimiento de la ignorancia acerca de la vida y las personas.

Cuando acontece esa transformación, se abre un nuevo camino que lleva a la práctica automática de una forma de vida en armonía con el Orden del Universo.

Aunque cada enfermedad pertenece a uno de los niveles señalados más arriba, todas están interconectadas: son las diferentes manifestaciones que se han ramificado de una raíz común: una inadecuada forma de vivir, que incluye hábitos de vida alejados del Orden Universal que se manifiesta a través de las leyes de la vida.

El desarrollo progresivo de la enfermedad I

Cuando nos diagnostican una enfermedad, muchas veces nos dicen cómo se llama y cómo se manifiesta, y existe la tendencia a confundir los síntomas con la propia enfermedad. No es común abordar las causas que nos lleva a enfermar. En este post vamos a profundizar en por qué se produce la enfermedad, para así poder aspirar a recuperar la salud más allá del consumo de fármacos.

Salud y enfermedad son dos manifestaciones del constante equilibrio a través del cual se expresa la vida.

La salud sería un estado de armonización activa con nuestro medio ambiente, un modo de disfrutar con muchas cosas y personas, una forma de constante creatividad y progreso.

La enfermedad es una condición que aparece cuando se altera ese equilibrio que es la salud; de modo que la definiremos como el intento del organismo de defenderse de las agresiones: agentes patógenos, condiciones ambientales o toxicidad interna.

Para comprender los mecanismos de la vida, en los que la salud es su máxima expresión, debemos considerar el cuerpo humano como un sistema de flujo controlado cibernéticamente. De manera que cuando penetran en el sistema sustancias tóxicas (microorganismos, contaminantes…), nuestro organismo reacciona activando sus mecanismos de defensa con la finalidad de restablecer el equilibrio de flujo alterado. Así la enfermedad sería la expresión de los mecanismos de defensa.

La enfermedad se va a instaurar de una forma progresiva conforme el flujo tanto de materia como de energía se vea alterado.  No es una condición de aparición súbita: no pasamos de estar bien hoy a estar enfermos mañana.

A continuación describimos las diferentes etapas en las que se manifiesta la enfermedad.

El mantenimiento de la salud

La excreción

El primer mecanismo que tiene nuestro organismo para mantener la salud es la capacidad de eliminación de toxinas. Para eso tenemos las vías emuntoriales:

  • a través de los intestinos eliminamos los residuos sólidos,
  • los riñones son los encargados de eliminar los líquidos y
  • nuestros pulmones eliminan los gases de la respiración.

De modo que cuando gozamos de buena salud, eliminamos de forma normal a través de la orina, las heces, el sudor, la actividad física, la expresión, las actitudes mentales… y las mujeres, además, a través de  la menstruación, el embarazo y la lactancia.

Si utilizamos la frase El cuerpo es el templo del espíritu en este contexto, podemos interpretar que el cuerpo es la casita donde vive el yo. Pues bien, si el cuerpo es nuestro hogar, los mecanismos de excreción se podrían comparar con el hecho de mantener la casa limpia después de llevar al contenedor de basura todos los residuos acumulados a lo largo del día.

La inflamación

La eliminación anormal o excesiva aparece cuando comemos inadecuadamente. Al aumentar la cantidad de residuos y/o de toxinas, nuestros órganos reaccionan inflamándose y dan lugar a fiebre, tos, diarrea, exceso de orina, sudoración, temblores, estremecimientos, pesadillas, conductas anormales…. Es muy importante interpretar la inflamación como el mecanismo de reacción que tiene nuestro cuerpo para eliminar los residuos.

De hecho antes de la aparición de los medicamentos los antinflamatorios que abortan la inflamación, los remedios populares eran expectorantes emolientes, purgantes… es decir favorecedores de la expulsión de residuos. De hecho hay expresiones populares que afirman: mocos es salud, porque lo que sale, no se queda dentro.

Si los excesos continúan y los riñones no son capaces de eliminar tanta carga tóxica, aparecen los problemas en la piel. Son manifestaciones comunes las manchas, pecas, lunares, verrugas… o el acné, dermatitis, eccema, psoriasis…

Si no corregimos nuestros hábitos alimenticios y utilizamos antiinflamatorios de forma continuada, bloquemos la reacción del cuerpo de eliminar las toxinas a través de la piel con lo que la enfermedad pasa al siguiente estadío.

La deposición

Cuando la inflamación se mantiene, y nuestra capacidad de eliminación  se colapsa, entramos en una nueva etapa que la que las toxinas se depositan almacenándose en órganos cada vez más alejados de las vías de eliminación.

Esta es la fase de acumulación o de deposición en la que se van a ver afectados cada vez más órganos del cuerpo.

Las primeras acumulaciones aparecen en la garganta, nariz, oídos y senos nasales, descendiendo poco a poco a los bronquios y los pulmones. Cuando las toxinas se alojan en el pecho dan lugar a las bronquitis y las neumonías. Otro lugar de acumulación en las mujeres son las mamas. Aquí se depositan los excesos de grasas y proteínas, dando lugar a los fibromas…

Conforme nos hacemos mayores, pueden aparecer acumulaciones de toxinas en la vesícula biliar o en los riñones: son los temidos cálculos. Los riñones pueden estar semi obstruidos por excesos de grasa o de sal.

Los órganos sexuales son también lugares de acumulación. En los hombres principalmente la próstata y en las mujeres los ovarios, el útero y las trompas.

Los depósitos de toxinas como los pólipos, nódulos, fibromas, adenomas, cálculos… se denominan benignos ya que en esta etapa del desarrollo de la enfermedad, todavía no se han dañado las estructuras celulares.

Retomando la comparación de mantener nuestro hogar limpio, esta fase representaría sacar las bolsas de basura al descansillo y no llevarlas al contenedor. En el rellano de la escalera se irían almacenando más y más bolsas, creando una condición insalubre.

Las fases celulares

Si los hábitos de vida erróneos continúan, las toxinas o los excesos van a alterar todas las estructuras de la célula, desde la membrana, pasando por las mitocondrias…  hasta el mismo núcleo celular. En esta fase aparecen las enfermedades degenerativas que son las principales causas de muerte en los países ricos.

Son manifestaciones de esta etapa las enfermedades cardiovasculares, muchas infecciones víricas, la cirrosis, el asma, el lupus y todas las formas de cáncer. Los daños estructurales que aparecen en las células en esta etapa son responsables de las alteraciones metabólicas que dan lugar a las enfermedades de peor pronóstico.

Esta visión que nos la aportan la Medicina Oriental y la Macrobiótica, es ampliamente corroborada por la Medicina Biológica occidental desarrollada por el Dr. Reckeweg.

Continúa en el post: El desarrollo progresivo de la enfermedad II

Verduras lactofermentadas

Hoy compartimos una forma muy sencilla de preparar las verduras que nos permite beneficiarnos del enriquecimiento en nutrientes que nos aporta la fermentación.

Ingredientes:

Pelamos la zanahoria, la lavamos y la cortamos en rodajas finas. Hacemos unos ramilletes pequeños con la coliflor y la lavamos también.

A continuación rellenamos un bote de cristal de medio litro con las verduras mezcladas.

Disolvemos una cucharadita de vinagre de umeboshi en un vaso de agua y con ella rellenamos el espacio que queda entre las verduras en el bote.

Cubrimos la boca del bote con una gasa y lo dejamos reposar una semana en un lugar oscuro para que fermente. Tendremos la precaución de colocar el bote sobre un plato porque en el proceso de fermentación es posible que se derrame algo de líquido.

Pasados esos días podemos cerrar el bote con su tapa para permitir su conservación.

La fermentación es una forma de predigestión de los alimentos en la que aumentan de forma considerable el contenido en vitaminas y enzimas. Es una forma casera, sencilla de consumir alimentos vivos.

¿Qué es la Medicina? I

Si preguntamos en la calle ¿qué es la medicina? nos dirán que es la forma de curar, pero os proponemos una definición más acertada: es la ciencia dedicada al estudio de la vida, del mantenimiento y la recuperación de la salud, de las enfermedades, su prevención, diagnóstico y tratamiento.

En una primera aproximación podemos distinguir tres formas de entender la medicina:

Medicina sintomática

Es la más practicada comúnmente. Trata de eliminar los síntomas o de cambiar la condición del paciente usando los fármacos, y hay muchas personas que sólo conocen esta forma; así, para la tos hay un antitusígeno, para la fiebre un antitérmico, para el dolor un analgésico, para la inflamación un antiinflamatorio, etcétera. Da buenos resultados en situaciones puntuales, momentáneas ya que produce un alivio inmediato de los síntomas.

Medicina causal

En este caso ya nos planteamos de dónde viene la enfermedad, cuál es el origen, no sólo cómo se llama. No se trata simplemente de eliminar los síntomas sino de profundizar en la causa del desequilibrio.
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Los alimentos: estructura y función II

A continuación hacemos una breve descripción de los alimentos atendiendo a su aspecto funcional, es decir, si calientan o enfrían, si aceleran el metabolismo o lo inhiben, si contraen o dilatan, etcétera.

Continuación del post: Los alimentos: estructura y función I

Los alimentos se pueden clasificar según su función:

Alimentos Calentadores/Enfriadores

Un análisis de laboratorio no nos dice nada acerca del efecto calentador o enfriador de los alimentos, pero sí miles de años de experiencia en todos los pueblos y culturas del planeta. Todas las medicinas tradicionales tienen en cuenta estos aspectos a la hora de utilizar los alimentos con fines curativos. Debemos tener en cuenta que el frío es un agente causal en muchas patologías, tanto si es de origen externo, por ejemplo el que produce el clima, como interno, que es el que producen los alimentos enfriadores.
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Los alimentos: estructura y función I

Para utilizar los alimentos como agentes de curación contemplamos la estructura y la función de los mismos: hablamos de la composición química, que viene determinada por su origen (estructura), y de su comportamiento, que viene precisado por sus características bioenergéticas (función).

En el ámbito general hablamos de química y física, anatomía y fisiología, software y hardware, etc. Del mismo modo, en el caso de los alimentos nos referimos a estructura y función, ya que los alimentos están compuestos por materia (estructura)  que viene dada por su composición química, y energía (función), que es la que determina su comportamiento en nuestro medio interno.  Es lo que los orientales llaman el yin y el yang, perfectamente traducible a nuestro lenguaje occidental.

Tabla 1. Características de los alimentos

Para comprender el poder curativo de los alimentos debemos valorar no sólo los aspectos nutricionales, es decir, que sean naturales, integrales y biológicos. Es imprescindible además, contemplar sus aspectos funcionales como son si calientan o enfrían, si contraen o dilatan y si son balanceados en la relación sodio/potasio.

A continuación hacemos una breve descripción de los alimentos atendiendo a su origen, es decir, a su composición química. Esta clasificación nos permite saber si alcalinizan o acidifican, oxidan o reducen, desmineralizan o remineralizan, etc., aspectos todos ellos relacionados con la química y la materia.
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¿Feliz Año Nuevo?

Cuando decimos ¡Feliz Año Nuevo! muchas veces sólo estamos usando una fórmula de cortesía, sin detenernos a pensar realmente qué significa la felicidad.

Igual que en la naturaleza cuando el año se hace viejo, las hojas de los árboles caen, su savia desciende y la vida vegetal se ralentiza; nosotros, como seres vivos que somos, también nos morimos un poco. Así los días más cortos del año que acaban de pasar nos invitan al recogimiento y a la introspección que a veces se acompañan de una disminución de la vitalidad y un debilitamiento en el estado de ánimo.

El comienzo del año, es un nuevo ciclo de renacimiento, de vida. En la naturaleza comienza de nuevo a ponerse en marcha el ascenso de la energía, el campo se empieza a mover  y los días son más largos… Pues bien: renazcamos nosotros también.

Tener un Feliz Año Nuevo implica saber qué representa para nosotros la felicidad. Os invito a que os hagáis la pregunta:  ¿Qué es lo más importante para mí en la vida? ¿Cuál es mi motor? ¿Qué busco?
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Dieta vegetariana y Salud

Más allá de las corrrientes que defienden no comer carne por respeto a los animales, hoy profundizamos en un tema que despierta mucho interés: si la dieta vegetariana es saludable.

Cada día más personas que acuden a mi consulta, alumnos, seguidores de las redes… me preguntan sobre la dieta vegetariana: si es saludable, si puede tener carencias o si por el contrario tiene ventajas.

Los dietistas clásicos alertan sobre las posibles carencias nutricionales, y por otro lado muchas corrientes filosófico-espirituales afirman que una alimentación exenta de alimentos animales favorece la evolución espiritual y el tener el cuerpo «limpio», sin entrar en otras consideraciones como son las de no sacrificar animales para alimentarnos.

Ateniéndonos a la composición química de los alimentos, podemos afirmar que en el reino vegetal existen los mismos nutrientes que en el reino animal, luego sería posible alimentarse exclusivamente de alimentos de calidad vegetal, sin tener problemas de salud.

Luego en términos teóricos afirmaríamos que consumiendo sólo alimentos vegetales podemos obtener los nutrientes necesarios para estar en salud, aunque para ello deberíamos tener una información precisa sobre cómo combinar los diferentes alimentos, de modo que no se produzcan carencias, sobre todo en lo que concierne a las proteínas.
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