Archivos mensuales: septiembre 2017

Los edulcorantes artificiales aumentan el apetito

Muchas personas recurren a los edulcorantes artificiales porque tienen menos calorías que el azúcar, pensando ilusoriamente que les ayudarán a bajar peso. Sin embargo, su consumo habitual despierta el apetito y aumenta la sensación de hambre. Por eso, paradójicamente, muchas personas que toman edulcorantes artificiales, en lugar de adelgazar, engordan.

Nuestras neuronas tienen asociado el sabor dulce con un alto aporte energético y, como en este caso los edulcorantes apenas contienen calorías, detectan rápidamente el engaño y desencadenan el efecto hambre.

El cerebro como sistema de compensación aumenta la necesidad de azúcar y genera la sensación de necesitar comida, hecho que nos lleva a comer más para buscar la energía que nos falta.

El escrito de hoy es un ejemplo de una ley universal que dice: todo lo que tiene cara, tiene reverso, y cuanto mayor es la cara, mayor es el reverso.

No entramos hoy en otros aspectos sobre los edulcorantes químicos, que desaconsejan su utilización por ser comestibles artificiales producidos por la industria alimentaria, pero que deben ser tenidos en cuenta en todos los casos ya que su consumo está muy extendido.

Si un alimento es tan amargo como el café y no te gusta, simplemente… ¡no lo tomes!,  pero no engañes a tu paladar añadiendo un edulcorante artificial.

¿Los carbohidratos por la noche engordan?

Descubre la confusión a la que nos puede llevar el utilizar los nutrientes para referirnos a los alimentos: no todos los hidratos de carbono se comportan del mismo modo.

Cada vez hay más personas que afirman no tomar carbohidratos por la noche ya que engordan más que durante el día. El argumento esgrimido es que como después de cenar nos vamos a dormir, no gastamos energía y la glucosa se almacena en forma de grasas. De hecho hay muchas corrientes nutricionales que excluyen los hidratos de carbono en la cena.

Si los carbohidratos que tomamos provienen del pan, pasta y arroz blancos, engordan independientemente de la hora del día en la que los consumamos. Lo mismo que los que provienen de los zumos, azúcar y miel. Estos hidratos de carbono son de absorción rápida o muy rápida, de modo que si no se queman en el momento de ser comidos, se almacenan en forma de grasas.

No ocurre lo mismo si consumimos carbohidratos provenientes de los cereales integrales, legumbres y verduras, ya que éstos son de absorción lenta. Para que los almidones de los alimentos se conviertan en glucosa deben ser digeridos previamente. De ese modo la glucosa llega al torrente sanguíneo gradualmente, gota a gota, y este hecho permite que se pueda quemar antes de ser almacenada en forma de grasa.

Por otra parte los alimentos integrales, el ser ricos en fibra, tienen un efecto saciante superior al de los alimentos refinados, por lo que necesitamos comer menos cantidad. Es muy sencillo comprobar cómo se puede bajar peso cenando arroz integral, sólo hay que experimentarlo. Personalmente lo he corroborado en los más de 20.000 pacientes atendidos a lo largo de mi vida profesional.

Para evitar confusiones lo correcto es hablar de alimentos, y no de nutrientes, ya que está ampliamente comprobado que los hidratos de carbono se comportan de diferente manera dependiendo del alimento del que proceden.

Cuando viajo, me mareo

Hoy comparto con vosotros un breve escrito que da respuesta al porqué de los mareos y los vómitos durante los viajes. Modificando nuestros hábitos alimenticios los viajes pueden dejar de ser una pesadilla.

Muchas personas tienen problemas en los viajes y llegan incluso a vomitar como consecuencia del mareo. Por eso nunca se ponen en marcha sin las pastillas para hacer más soportable el trayecto. Solo algunos conocen remedios infalibles como la raíz de jengibre, la ciruela umeboshi o el bocata de tortilla.

La comprensión del comportamiento energético de los alimentos, lo que algunos llaman el yin y el yang, es esencial para entender el origen de este desorden, así como el porqué del funcionamiento de los remedios antes citados.

Los alimentos yin tienen energía ascendente y expansiva, es decir, abren el cardias, lo que comúnmente se conoce como la boca del estómago: empujan su contenido hacia arriba y se suben a la cabeza del mismo modo que lo hace el alcohol. Nos referimos al azúcar y todo lo dulce, así como a los alimentos grasientos como la mantequilla y la nata. También son yin los zumos, helados y refrescos.

Cuando consumimos alimentos de este grupo antes de viajar, la probabilidad de sufrir mareo aumenta de forma notable. De la misma manera, ocurrirá lo mismo si los alimentos yin son predominantes en nuestra dieta cotidiana.

Los alimentos yang, por el contrario, tienen energía descendente y contractiva: son las carnes, pescados, huevos y, en general, todo lo salado. Un ejemplo de la energía descendente de los alimentos yang es el ataque de gota que se manifiesta en el dedo gordo del pie, cuando abusamos de la carne. Casos como éstos explican por qué funcionan remedios populares como la ciruela umeboshi, la raíz de jengibre, una buena tortilla o un bocadillo de jamón, etc.

Para poder disfrutar del viaje sin necesidad de medicamentos debemos aprender a reconocer el aspecto funcional de los alimentos: su comportamiento en el cuerpo.

Una vez más, no nos queda más remedio que rendir tributo a Hipócrates cuando decía: “que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”.

Aprender a controlar “el gusanillo”

Muchas veces no somos capaces de bajar peso ya que nos resulta imposible comer sólo a las horas. La ansiedad por la comida puede llegar a ser tan acuciante que sucumbimos. Aprende a controlar ese desorden.

Los ataques de hambre son el gran enemigo de tu peso, por ello es bueno aprender a controlarse y no pegarse atracones.

Veamos unas sencillas reglas:

  • Acostúmbrate a hacer tres comidas principales y dos tentempiés. De este modo el estómago no permanecerá vacío mucho tiempo y los niveles de glucosa se mantendrán estables. Los bajones que te inducían a comer chocolate, por ejemplo, pasarán a la historia.
  • Lo que comas cada día debe ser integral, es decir, no refinado. Los alimentos integrales nos proporcionan la glucosa de forma gradual y no de forma rápida, como lo hacen los azúcares simples.
  • Mastica muchas veces cada bocado, con esa sencilla práctica consigues saciar el apetito con menor cantidad de comida.
  • Toma cereales integrales a diario, de ese modo aseguras unos buenos niveles de serotonina, una sustancia clave en el estado de ánimo y en el control del apetito.
  • Consume alimentos ecológicos, ya que algunos aditivos como los potenciadores del sabor (glutamato monosódico), podrían aumentar el apetito. De la misma manera, muchos aditivos alimentarios favorecen la retención de líquidos.
  • Los caldos de verduras redondas como la cebolla y la calabaza Hokkaido, que son dulces pero no azucarados, son el mejor remedio para regular la ansiedad por la comida: tómalos entre horas en lugar del picoteo habitual.