Archivos mensuales: octubre 2019

Las algas y el cáncer de mama

En un experimento de Harvard School of Public Health se demostró que las algas tienen actividad antitumoral en estudios hechos con animales, “in vivo”. 

Los investigadores extrapolaron los resultados a la población japonesa que consume algas como alimento tradicional y que es un pueblo con un promedio de cáncer entre tres y nueve veces menor que en Norteamérica.

Las algas contienen fucanos que son sustancias de reconocida actividad antitumoral.  Este es sólo unos de los aspectos interesantes para considerar a las algas como unos poderosos alimentos/medicamento.

La cicatrización y la alimentación

Cuando nos hacemos una herida fruto de un traumatismo o provocada por una cirugía es importante que haya una buena cicatrización. Siempre que cura una herida, el tejido se contrae, se retrae y se seca; en este sentido, cuando hay una buena cicatrización los puntos de sutura no se abren, no hay supuración y la herida no se infecta.

Para que haya una buena cicatrización nuestro medio interno debe ser alcalino o, dicho de una forma coloquial, nuestra sangre debe estar salada.

Un sobreconsumo de alimentos yin, dulces, no favorece la cicatrización; una referencia clara la encontramos en las personas diabéticas, que tienen la sangre dulce, a las que les cuesta más curarse las heridas. En contraposición, todos sabemos lo saludable que resulta caminar por la orilla de la playa con el agua hasta las pantorrillas, y cómo contribuye este ejercicio a curar las ulceras varicosas que aparecen en las piernas.

En el lenguaje se identifica lo curado con lo salado, y no es casualidad: la sal cura.

Dependiendo del balance global de nuestra dieta, el resultado de la digestión puede ser ácido o alcalino; por eso si tenemos una herida podemos ayudar a su curación prestando atención a lo que comemos.

Si nuestra sangre debe ser salada para estar en salud, también contemplaremos que el balance de nuestra dieta sea alcalinizante. Para ello, además de consumir alimentos integrales y biológicos, dando preferencia a los cereales, podemos incluir todos los condimentos salados de la cocina oriental: el miso, el tamari, el gomasio y las ciruelas umeboshi.

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¿Hay que dar vitamina D a los niños?

Hoy en día a todas las madres se les recomienda que den a sus hijos unas gotitas de vitamina D sintética ya desde el nacimiento, argumentando que la leche materna no contiene cantidad suficiente.

¿Desde cuándo una especie evolucionada de mamíferos produce una leche no óptima para sus crías y con la carencia de un nutriente tan esencial? La leche materna es un alimento altamente específico que produce la mujer de forma natural y que contiene todos los nutrientes que necesita el bebé para su pleno desarrollo.

La vitamina D está presente, además de en la leche materna, en el germen de los cereales integrales. De hecho, éstos contienen también el resto de las vitaminas solubles en grasas como las A, E y K. Del mismo modo, se obtiene con la exposición a la luz solar: los rayos ultravioleta favorecen la síntesis de vitamina D en la piel. Precisamente por esta razón existe la costumbre universal de sacar a los bebés a la calle todos los días a pasear, sin importar que el día esté nublado.

Conviene saber que un exceso de vitamina D puede provocar calcificaciones en los tejidos blandos como las arterias o los riñones. En este sentido, la alternativa más razonable pasa por que la madre se alimente de forma correcta saliendo con su bebé a pasear cada día, en vez de suministrarle vitamina D sintética.

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La diverticulitis

Los doctores Berman y Kirsner publicaron en  American Journal of Digestive Diseases que la diverticulitis puede prevenirse y mejorar con una dieta alta en fibras. El enriquecimiento en fibra de la dieta resolvió el problema en el 85 por ciento de los casos.

Este es un ejemplo en el que al hablar de nutrientes en lugar de alimentos, puede inducir a pensar que se trata de tomar salvado o de enriquecer los alimentos en fibra. 

La fibra no se debe ingerir nunca en forma de salvado, sino formando parte de los alimentos que la contienen. De hecho, cuando se toma cruda tiene un efecto irritante de las mucosas y, en el caso que nos ocupa, sería contraproducente.

En términos de fibra, los alimentos más ricos son las legumbres, seguidos de los cereales integrales y más de lejos, las verduras y las frutas.

Para hacernos una idea, taza de legumbres tiene el doble de fibra que una de arroz integral y éste tiene veinte veces más fibra que una taza de fruta.

De modo que, una dieta básicamente vegetariana, girando en torno a los cereales integrales cocinados, acompañada de legumbres y algo de verdura y fruta, es excelente para mejorar la diverticulitis.

La causa de las enfermedades

Los agentes causales de las enfermedades son tanto de origen interno como externo. Sin embargo, en occidente se les da mucha más importancia a estos últimos: nos referimos a las condiciones climáticas, las malas posturas, los contagios, etc.

Como en muchos casos estos aspectos externos no dependen de nosotros, el margen de actuación es muy reducido. De este modo, contraer determinadas enfermedades nos puede parecer normal.

La Medicina Oriental, sin embargo, contempla además de los ambientales, los agentes causales internos. Hablamos de todos aquellos que producen una alteración de nuestro medio interno, es decir, el desequilibrio de las constantes que definen la vida, como son: el grado de acidez/alcalinidad, el nivel de oxidación/reducción, la concentración de electrolitos en los fluidos corporales y la relación sodio/potasio.

Para lograr el equilibrio de estos factores internos nuestra actuación es determinante. La clave para crear las condiciones de salud descansa en una alimentación adecuada donde, el resultado de lo que comemos, debe ser alcalinizante, antioxidante, no concentrado ni diluido y con una relación sodio/potasio semejante a la de las células. De modo que una alimentación equilibrada es la principal herramienta tanto en el mantenimiento como en la recuperación de la salud.

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La metáfora del pozo

Existe la idea generalizada de que hay que ir al médico cuando ya estamos enfermos, lo que de forma involuntaria genera una tendencia a vivir despreocupadamente. De hecho, según la creencia de muchos, la mayoría de las enfermedades no tienen que ver con nuestros hábitos de vida: se considera que son hereditarias, autoinmunes, intrínsecas, endógenas… o contagiosas.

Estamos acostumbrados a escuchar la frase más vale prevenir que curar. Sin embargo, la Medicina Oficial nos diagnostica las enfermedades cuando ya las tenemos. Además, en la práctica no se trabaja en la educación para la salud, ni en la prevención de las enfermedades. No hay más que ver los menús de muchos centros sanitarios y/o escolares, o los comentarios de algunos médicos que, cuando pretendes hacerte un chequeo preventivo, te cuestionan: pero si estás bien, ¿para qué vienes?

La Medicina Oriental, antagónica a la oficial, parte de unos postulados diferentes. Para los médicos en Oriente, intentar curar una enfermedad es como ponernos a cavar un pozo cuando ya tenemos sed. Todos entendemos que lo ideal sería cavar el pozo antes de estar sedientos. De esta manera cultivaríamos la salud a través de unos buenos hábitos de vida, comiendo desde el respeto a las leyes del equilibrio interno. En realidad, es la principal forma de prevenir la aparición de las enfermedades.

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La macrobiótica y el cáncer de mama

Los investigadores del New England Medical Center de Boston informaron en 1981 que las mujeres vegetarianas y macrobióticas tenían menor probabilidad de padecer cáncer de mama que el resto. Descubrieron que esas mujeres procesaban los estrógenos de manera diferente al resto, eliminándolos de su cuerpo con mayor rapidez.

Hoy es sabido que los altos niveles de estrógenos están asociados al desarrollo del cáncer de mama. El estudio se hizo con dos grupos de mujeres, el de las vegetarianas/macrobióticas y el de las no vegetarianas.

Ambos grupos consumían las mismas calorías, pero las vegetarianas tomaban sólo un tercio de la cantidad de proteínas y grasas que el grupo de control.

La diferencia entre tomar proteínas vegetales y grasas insaturadas en lugar de proteínas animales y grasas saturadas da como resultado una capacidad de eliminación de los estrógenos dos o tres veces mayor.

La diferencia en el metabolismo de los estrógenos puede explicar la menor incidencia de cáncer de mama en mujeres vegetarianas y macrobióticas. De modo que la dieta pueder ser considerda un elemento de prevención del cáncer.