Archivos mensuales: abril 2019

Los diferentes tipos de té

Todos los tés comerciales derivan de la misma planta, Camelia sinensis y sufren diferentes tipos de procesamiento lo que les da propiedades y sabores diferentes.

Vamos a describir los cuatro tipos de tés más recomendables desde el punto de vista del equilibrio nutricional.

Té de tres años: bancha y kukicha

Té bancha 

Proviene de la planta del té y es elaborado de acuerdo a la antiquísima tradición china y japonesa. Las hojas de este té permanecen en la planta durante tres años. Al recolectarlas finalizado este período se produce una pérdida de teína, conservando sólo el 0,5 por ciento, lo cual lo convierte en menos excitante que el té negro común. El té bancha se seca al sol, no como los tés comerciales que son tostados en hornos; cuando es ecológico no contiene aditivos ni colorantes.

Té kukicha 

Se elabora tostando las ramitas de la misma planta que contienen prácticamente cero por ciento de teína. De ese modo se obtiene un té  muy suave y con muchas propiedades. Ambos son conocidos como té de tres años, porque tanto las ramas como las hojas permanecen al menos tres años en la planta antes de su recolección.

Tienen propiedades comunes, pero el té kukicha al no tener prácticamente teína, pueden tomarlo incluso los niños y ancianos mientras que el té bancha es más aromático y al tener un puntito de teína puede ser algo más excitante, por lo que es más indicado para tomarlo por la mañana.

Ambos son tonificantes, aunque no excitantes, son muy ricos en minerales, particularmente en calcio y recomendables como bebida de uso regular.

Té verde: hojicha y sencha

Este té sufre una oxidación mínima durante su procesamiento. No está fermentado, a diferencia del té negro. Las hojas se recogen frescas, después se tuestan, se prensan, se enrollan, se trituran y se secan. Sería un té más joven comparado con el té de tres años. En este caso el contenido en teína le da un ligero toque excitante por lo que las personas sensibles deben moderar su consumo, así mismo no se lo daremos a los niños. Tiene propiedades antioxidantes pero hay que tomarlo con moderación.

Té hojicha  

Es una de las variedades más conocidas de té verde. Sus características peculiares vienen de que se tuesta al carbón. Es de origen japonés y es muy común tomarlo acompañando a los sushis.

Té sencha 

También se produce en Japón; se consigue exponiendo las hojas directamente al sol, evitando cualquier tipo de molienda. Este hecho le da un sabor característico y acompaña muy bien a las verduras.

Mijo en salsa verde

Hoy os presentamos otra forma de consumir el mijo, mucho menos conocido que el arroz pero muy interesante desde el punto de vista nutricional. Es ideal para fortalecer las uñas y el cabello. Vale la pena incluirlo en nuestros menús.
Ingredientes:

Lavamos el mijo en varias aguas y lo escurrimos en un colador. A continuación lavamos y troceamos muy menudita una cantidad generosa de cebolla y zanahoria. Salteamos las verduras con un poco de aceite de oliva virgen extra y sal marina en una cazuela. Mantenemos el fuego vivo durante unos minutos removiendo para que no se queme.

Una vez que la verdura se ha pochado un poco, añadimos el mijo, lo rehogamos y añadimos seis tazas de agua filtrada o embotellada. Lo dejamos cocer aproximadamente 25 minutos a fuego muy lento. Añadimos más agua y/o sal si es necesario.

Lo pasamos a un recipiente, previamente mojado en agua fría, porque este cereal tiene tendencia a «fraguar». Así es más fácil de manejar en su uso posterior, permitiendo cortarlo en lonchas, tacos, y poderlo recalentar. Opcionalmente podemos pasar la mezcla por un pasapurés para conseguir una textura homogénea.

Para la salsa verde:
Hervimos los guisantes con el laurel y los reservamos. A continuación salteamos las cebolletas con aceite y sal marina durante cinco minutos.

Ponemos en una cazuela, la menta y el perejil picaditos, añadimos los guisantes y las cebolletas y dejamos cocer diez minutos a fuego suave. Justo antes de retirar la mezcla del fuego añadimos el miso y lo pasamos todo por el pasapurés.

Desmoldamos el mijo y servimos la salsa como acompañamiento.

Cuscús con verduras

Hoy os proponemos un plato muy ligero y apetitoso con un sabor dulce no azucarado, que puede ayudar a controlar la ansiedad por la comida.

Ingredientes:

Ponemos tres boles de agua filtrada o embotellada en una cacerola, añadimos el zumo de zanahoria (se puede comprar ya hecho o hacerlo en casa). Añadimos el cuscús, la nuez moscada y la sal marina. Bajamos el fuego, intercalamos una placa difusora y dejamos cocer a fuego muy bajo 15 minutos.

Pasamos el cuscús a un molde para que tome forma o lo servimos como se ve en la foto. En ambos casos se acompaña de unas verduras hervidas al vapor y se decora con un poco de perejil picadito crudo.

Como salsa de acompañamiento podemos preparar  un poco de tahín diluido con agua  a modo de una mayonesa ligera.

Crema de arroz y mijo

Hoy os proponemos una alternativa al desayuno tradicional que tiene como ventaja evitar el bajón de media mañana, además de favorecer la concentración mental y el aumento de la resistencia. Tómalo masticando concienzudamente cada bocado y siente como te energetizas.

Ingredientes:

Lavamos el arroz en varias aguas y lo escurrimos en un colador. Procedemos del mismo modo con el mijo. Tostamos los granos por separado; para ello cada vez ponemos en  la sartén sólo la cantidad de cereal que cubre el fondo y removemos con una cuchara de madera de manera que el tueste sea uniforme.

Una vez tostados los cereales los ponemos en una olla a presión con cuatro partes de agua filtrada o embotellada por cada parte de cereal y añadimos un poco de sal marina.

Cuando la olla alcanza la presión se baja el fuego, se mantiene bajo durante dos horas y se deja reposar 15 minutos más. Puede ser interesante intercalar una placa difusora para evitar que se pegue al ser una cocción prolongada.

Al tratarse de un desayuno podemos cocer los cereales la noche anterior y pasarlos por el pasapurés por la mañana. Podemos añadir un poco de agua si la mezcla ha quedado mu espesa. Lo servimos acompañado de unas semillas de sésamo tostadas.

Alteraciones hormonales femeninas IV

Es llamativo que no se contemple en ningún caso el peso específico que tienen la leche y los derivados lácteos en las alteraciones hormonales de las mujeres. Antes de la aparición de la industria láctea su consumo era mucho menor y la incidencia de las enfermedades que hoy son una plaga también, sólo tenemos que ver las estadísticas.

Continuación del post: Alteraciones hormonales femeninas III

Del mismo modo que tomamos demasiada carne, ha aumentado espectacularmente el consumo de leche y derivados lácteos. Pensemos que el consumo de leche en el hogar por persona y año está en 120 litros y a esto le tenemos que añadir 35 kilos de productos lácteos procesados. La leche es el alimento más consumido en nuestro país (España); está por encima del consumo de fruta, carne y hortalizas.

Ana Marie Colbin en su libro “El poder curativo de los alimentos” dice sabiamente que “En las mujeres la leche debe de salir de nuestro cuerpo, no debe de entrar en él”.

Los productos lácteos son alimentos de naturaleza fría y húmeda desde el punto de vista energético, es decir: son yin. Además, para empeorar la situación su consumo va acompañado de una elevada cantidad de azúcar añadido a alimentos refinados y procesados como la bollería industrial y toda una gama de “comestibles” light.

El balance metabólico de este grupo de alimentos es altamente acidificante, es decir, sustrae minerales de nuestra reserva alcalina. Del mismo modo oxida el medio interno y es responsable de alteraciones como el SPM, infertilidad, aborto espontáneo, amenorrea funcional y un largo etcétera que pueden desembocar en una menopausia precoz,  fibromas mamarios y el mismísimo cáncer de mama.

Paralelamente al aumento de consumo de estos dos grupos de alimentos han desaparecido de nuestra mesa casi por completo alimentos equilibradores como son los cereales integrales, legumbres y semillas. Este grupo de alimentos que representaban el 80 por ciento de las calorías ingeridas al comienzo de la era industrial tienen un profundo efecto regulador del medio interno.

Las hormonas femeninas hacen un “baile” armónico en el que cuando la producción de unas aumenta la de otras disminuye dentro de unos márgenes que permiten una vida fértil equilibrada. Un sobreconsumo de alimentos yang favorece la producción de menos estrógenos y más testosterona, situación que puede dar lugar a procesos de virilización, con hirsutismo y amenorrea por ejemplo.

Si por el contrario predomina el consumo de alimentos yin se van a elevar al prolactina y el resto de hormonas hipofisarias. En este caso, estaremos ante casos de hiperestrogenismo que dan lugar a múltiples desequilibrios con sus correspondientes alteraciones psicofísicas.

Si muchos cánceres de mama son hormono dependientes, sería más razonable enseñar a las mujeres a comer de forma equilibrada, que someterlas a una menopausia química con peligrosos inhibidores de la producción de estrógenos.

Muchos cuadros de alteración hormonal pueden resultar paradójicos ya que en todos los procesos vitales se puede contemplar la Ley del efecto inverso de Arndt-Shulz: “Las pequeñas excitaciones provocan sobre una célula un aumento o una disminución de sus funciones fisiológicas vitales en relación con la intensidad respectivamente débil o fuerte,  de dicha excitación“. Es decir pequeñas excitaciones aumentan funciones y fuertes excitaciones las disminuyen.

Es fácil comprobar como una misma sustancia puede provocar aumento o disminución de una misma acción en función de la intensidad de la dosis, en relación inversamente proporcional. De modo que debemos ser muy rigurosos a la hora de contemplar los diferentes desequilibrios.

hormonales3Tabla 3. Relación alteraciones hormonales-alimentos

En muchos casos, cuando la alimentación es excesivamente yin hay tendencia a que los ciclos sean más largos, la menstruación se vaya atrasando hasta que finalmente desaparece. Estaríamos ante una forma de amenorrea que da como consecuencia infertilidad y aparición de la menopausia precozmente.

Cuando en la dieta son predominantes las carnes y los productos lácteos, como ocurre en la actualidad muchas niñas llegan a la pubertad a los nueve años, es decir muy tempranamente y el mismo modo tiene signos de pre menopausia hacia los 36 años. Para entender estas situaciones debemos saber que en la naturaleza, la velocidad de desarrollo es inversamente proporcional a la longevidad, de modo que las mujeres cuanto más tempranamente maduran, antes envejecen.

Del mismo modo debemos tener en cuenta todos los estudios científicos que hablan de los disruptores hormonales (sustancias químicas que se han introducido en la cadena alimenticia como productos fitosanitarios y/o conservantes), que tienen un fuerte efecto estrogénico y son los causantes de numerosos desórdenes. Volvemos a recordar la importancia de consumir alimentos biológicos a la que hemos aludido anteriormente.

Igualmente no podemos dejar de recordar el efecto nefasto del tabaco sobre el equilibrio hormonal de las mujeres. Creer que el tabaco afecta sobre todo al pulmón es no ver más que una pequeña parte del problema. El tabaco está implicado además de en la menopausia precoz, en numerosos problemas de infertilidad. Entre sus efectos negativos más destacables está su altísimo efecto oxidante.

Volviendo a la consideración de nuestro medio interno como un ecosistema interior, un exceso de frío y humedad producido por un sobre consumo de alimentos yin va a provocar que nuestras hormonas se desequilibren y se manifiesten gran número de desórdenes reproductores entre lo que estaría la menopausia precoz. Aquí el clima interno no soporta bien las inundaciones y las heladas.

En el caso contrario, un sobreconsumo de alimentos yang, gracias a su naturaleza de naturaleza caliente y seca va a favorecer igualmente la menopausia con claros síntomas de sequedad vaginal, sequedad en la piel y sofocos. Nuestro clima interior no resiste el estiaje y la sequía.

Si retomamos la extrapolación macrocosmos microcosmos, observamos que lo mismo que está aconteciendo a nivel del planeta nos pasa a los seres humanos en general y a las mujeres en particular.

La menopausia representa la pérdida de la capacidad reproductora en las mujeres pero es un hecho fisiológico y no una enfermedad. Sin embargo en la actualidad se considera que debe ir necesariamente acompañada de desórdenes como: sofocos, aumento de peso, descalcificación excesiva, sequedad de piel y mucosas y un largo etcétera. Tanto es así que acuden a nuestra consulta muchas mujeres, para prepararse para lo que va a venir… Pensemos en lo absurdo de este planteamiento si a nuestras hijas a los 10 años las llevásemos al médico para prepararse a afrontar los problemas que van a tener cuando lleguen a la pubertad.

La dieta como elemento regulador

Hay unas reglas básicas para mantener un correcto equilibrio hormonal, como son:

  • No comer regularmente alimentos que se producen en el aparato reproductor de los animales ya que contienen hormonas que van a actuar inevitablemente en nuestro sistema hormonal. Recordemos que los huevos, que son alimentos demasiado yang, tienen un tropismo sobre los ovarios y los productos lácteos cuya naturaleza es excesivamente yin, se dirigen a las mamas.
  • Prescindir de los comestibles, así como de los alimentos procesados y refinados ya que son altamente oxidantes.
  • Consumir a diario alimentos integrales para asegurarnos un buen equilibrio ácido-base que además sean biológicos para garantizar el aporte suficiente de elementos antioxidantes.
  • Daremos preferencia a los alimentos equilibradores desde el punto de vista energético: todos pertenecen al reino vegetal y están en forma de semilla. Son los cereales, las legumbres, las semillas oleaginosas y los frutos secos.

Por tanto nuestra dieta será básicamente vegetariana, girando en torno a los cereales y legumbres cocinados, con verduras y/o frutas como acompañamiento y un consumo ocasional de algún alimento de origen animal.

Si hacemos una aproximación estándar contemplando siempre el volumen de los alimentos cocinados, diríamos que los cereales deben representar el 60 por ciento, las verduras y frutas el 25 por ciento y el alimento animal cuando sea necesario no será más de 15 por ciento del total de la dieta.

Estos aspectos generales deben ser ajustados en cada caso particular, sobre todo si hay síntomas de desequilibrios hormonales.