Archivos mensuales: mayo 2020

El yin y el yang II

 

 

Continuación del post: El yin y el yang I

La difusión a nivel mundial de la compresión energética de todos los fenómenos se la debemos a Georges Ohsawa, fundador de la Macrobiótica. Todo existe y todo cambia de acuerdo con estos postulados que nos legó.

Difundió los conceptos yin y yang aplicados de forma práctica a cualquier manifestación del mundo conocido. Sus definiciones, en muchos casos, son opuestas a las de la visión de la Medicina China, y pueden parecer erróneas. Sin embargo no lo son, porque los conceptos que son yang estructuralmente, son yin en el plano funcional, y el nombre que se les da depende de si estamos contemplando la estructura o la función.

Enseñaba el principio único o principio último de funcionamiento del universo. El desarrolló los 7 principios y las 12 leyes que describimos a continuación.

Los 7 principios del universo infinito

  1. Todo es una diferenciación del uno
  2. Todo cambia
  3. Todos los antagonismos son complementarios
  4. No hay nada idéntico
  5. Lo que tiene cara tiene reverso
  6. Cuanto mayor es la cara, mayor es el reverso
  7. Todo lo que tiene principio, tiene final

De estos 7 principios emana una profunda comprensión acerca del funcionamiento del mundo y de las cosas que en el ocurren.

Los alimentos

El concepto del yin y el yang, que es universal, adquiere un interés especial cuando lo aplicamos a los alimentos: nos permite utilizarlos de manera precisa en el mantenimiento y la recuperación de la salud.

Yin es la expresión de la energía de la tierra, ascendente y expansiva. Es la que hace que crezcan las plantas hacia la luz, la que permite que se produzcan la diástole en el corazón, la energía expulsiva en el parto, la que está presente en las inflamaciones, etc.

yinyang2Tabla 1. Los alimentos y la energía

Los alimentos de naturaleza yin tienen efecto expansivo, son blandos, impulsores y enfriadores. Dan lugar a las fases agudas de la enfermedad (irritación e inflamación) y, cuando se comen en exceso, favorecen las infecciones, alergias, enfermedades autoinmunes e inmunodeficiencia. Nos referimos al azúcar, miel, edulcorantes, dulces, helados, leche y derivados, zumos, batidos, frutas tropicales, especias, alcohol, té, chocolate y café, entre otros.

Yang es la manifestación de la energía del cielo, descendente y contractiva. Es la que domina en la formación de las raíces de las plantas, la que permite la sístole del corazón, la que da lugar a la formación de depósitos de grasa en las arterias, etc.

Los alimentos de naturaleza yang tienen efecto contractivo, son duros, estancadores y calentadores. Facilitan los depósitos de toxinas en forma de nódulos, pólipos, miomas… y su exceso da lugar a muchos tipos de cáncer y a las enfermedades cardiovasculares. Hablamos de los huevos, quesos curados, embutidos, salazones, caza, carnes rojas, mariscos…

Los alimentos equilibradores son aquellos que crean las condiciones de la salud: regulan la homeostasis del medio interno, regulando la oxidación, la acidosis, la concentración de electrolitos y el equilibrio sodio/potasio.

Son los cereales integrales, las legumbres, el pescado blanco y azul, las verduras y frutas de clima templado, las algas marinas, las semillas oleaginosas y los frutos secos. Este grupo de alimentos debe ser predominante en nuestro menú diario.

Una alimentación adecuada supone combinar sabiamente los diferentes grupos de alimentos conociendo los efectos que producen en nuestro organismo. De modo que si somos frioleros y depresivos evitaremos los alimentos de naturaleza yin, pero si somos individuos pletóricos y tenemos una tendencia al estancamiento y a la acumulación de excesos en forma de  nódulos, pólipos, cálculos… reduciremos la cantidad de alimentos yang y aumentaremos básicamente la cantidad de verduras.

Para un correcto equilibrio es aconsejable ingerir sobre todo alimentos de energía neutra, es decir, equilibradores, tomado los de naturaleza extremo yin y extremo yang sólo de modo excepcional.

El yin y el yang I

La observación de los fenómenos nos muestra que cualquier transformación se genera a través de la interacción de dos fuerzas opuestas: el yin y el yang. Con esos términos se intentan definir los dos extremos de una polaridad que hallamos en todas las manifestaciones de la naturaleza.

Los ideogramas del yin y el yang ponen de relieve su significado básico, son los dos lados de una misma montaña, las dos caras de una moneda, una única entidad con dos aspectos unidos y opuestos al mismo tiempo.

Todas las descripciones del yin y el yang muestran una larga lista de situaciones antagónicas: así se dice que lo yin es lo frío, lo femenino, la tierra… y que lo yang es lo caliente, lo masculino, el cielo… pero en realidad, esas palabras tan solo son atributos o acepciones  del yin y el yang.

Nuestro ser está formado por una combinación de energías yin y yang en distinta proporción. Así, somos predominantemente extrovertidos o introvertidos, frioleros o calurosos, altos o bajos, mentales o físicos…
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Ensalada de algas arame con tempeh

Hoy os proponemos una ensalada hervida que además de ser más digestible que las de verduras crudas, incluye algas marinas y un derivado de la soja muy interesante: el tempeh.

Ingredientes:

  • Un bloque de tempeh
  • Dos cucharadas de algas arame secas
  • Cuatro zanahorias
  • Un manojo de rabanitos
  • Sal marina
  • Dos cucharadas soperas de tamari

Para el aliño:

  • Tres cucharadas soperas de mostaza natural
  • Tres cucharadas soperas de agua filtrada o embotellada

Cortamos el tempeh en cuadraditos y lo reservamos. Lavamos las algas y las ponemos en remojo durante10 minutos con agua filtrada o embotellada.

A continuación ponemos en una cazuela el tempeh y las algas con su agua de remojo. Hervimos durante 20 minutos a fuego suave, añadimos el tamari y mantenemos la cocción diez minutos más. Dejamos que se enfríen y retiramos el agua.

Mientras cortamos la zanahoria en tiras finas y la escaldamos durante dos o tres minutos en agua hirviendo a la que habremos añadido sal marina. Retiramos el agua de la cocción y las dejamos enfriar.

Cortamos los rabanitos en rodajas y procedemos como con las zanahorias sólo que en este caso mantenemos el fuego 30 segundos.

Una vez tengamos todos los ingredientes cocinados y fríos, los mezclamos en una ensaladera y preparamos el aliño diluyendo la mostaza con el agua en un mortero dentado (suribachi).

El aliño se vierte sobre la ensalada cinco minutos antes de servirla de modo que se liguen bien los sabores.

Christoph von Hufeland

Fue un médico y filósofo que vivió en el siglo XVIII y fue el galeno más eminente de su tiempo en Alemania, además del médico personal de Goethe y del rey de Prusia. Fue amigo personal de Hahnemann e inventó el término Macrobiótica.

En su libro “Macrobiótica o el Arte de Prolongar la Vida” escribió: Cuando el ser humano sigue las leyes de la naturaleza, vive más tiempo y cuando se desvía de esas leyes, acorta su vida. El poder curativo de la naturaleza, es el principal medio del que disponemos para evitar la enfermedad. 

Afirmaba que el arte de prolongar la vida no debe confundirse con la medicina ordinaria, va mucho más allá de la aplicación de medicamentos.

Von Hufeland recomendaba una dieta sencilla basada en los cereales integrales, acompañados de verduras. Daba una importancia primordial a la masticación y advertía sobre los peligros de la carne y el azúcar. Recomendaba igualmente la lactancia materna.

No deja de ser sorprendente que a pesar de ser un médico occidental tenía clara la comprensión energética de los alimentos. Los cereales son equilibradores, la carne es excesivamente yang y el azúcar demasiado yin, de modo que para practicar el arte de prolongar la vida es imprescindible comer  equilibradamente.

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La carencia de vitamina D

La carencia en vitamina D se reconoce hoy en día como una pandemia. En España, el 45 % de la población presenta déficit de esta vitamina.

La luz solar es la principal fuente de obtención, dado que los rayos UV favorecen la síntesis de vitamina D en la piel. Es decir, el cuerpo produce la vitamina D cuando la piel se expone directamente al sol. La mayoría de las personas satisfacen sus necesidades de vitamina D de esta manera.

Sin embargo, el modo de vida moderno permite menos tiempo al aire libre que el de épocas pasadas, y cuando salimos al exterior, muchas veces utilizamos protectores solares. Esta situación, añadida a los hábitos alimenticios actuales,  es la responsable de la carencia actual en la población.

La vitamina D también se denomina calciferol y es liposoluble, lo que significa que se disuelve en las grasas y eso permite que se almacene en los tejidos adiposos del cuerpo. Esta propiedad de la Vitamina D permite que no sea necesaria una ingesta diaria.

Muchos alimentos contienen precursores de esta vitamina. Son sustancias que se convierten en vitamina D al ser metabolizadas o procesadas por el organismo. Nos referimos al 7-dihidrocolesterol presente en los alimentos de origen animal y el ergosterol en los vegetales. Ambos necesitan la radiación solar para convertirse en vitaminas.
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Ensalada de trigo sarraceno con salsa de tahín

trigo sarraceno

Con la llegada de la primavera podemos variar las formas de consumir los alimentos utilizando cocciones más ligeras e introduciendo las ensaladas, como la de la receta de hoy.

Ingredientes:

Lavamos el trigo sarraceno en varias aguas y lo cocinamos con agua filtrada o embotellada y una pizca de sal marina durante 20 minutos, tapado y a fuego lento.

Mientras, cortamos el tofu en dados y lo salteamos en una sartén con el aceite de sésamo y un poco de sal marina un par de minutos. A continuación añadimos un poco de tamari y mantenemos el fuego unos minutos más, hasta que el tofu quede ligeramente dorado.

Si el maíz es fresco, lo hervimos el maíz unos minutos y si es en conserva lo utilizamos directamente.
En una ensaladera ponemos las zanahorias ralladas, la lechuga troceada, el maíz, el trigo sarraceno y el tofu. Lo mezclamos todo bien.

Agregamos la salsa hecha con la mezcla del tahín y el limón y lo mezclamos bien para que el aliño se reparta uniformemente. Decoramos con las semillas de sésamo y el perejil picado.

La moda de la bebida de soja

La soja es una legumbre nutricionalmente muy interesante por su contenido en proteínas, grasas insaturadas, fibra, etc. pero es tan indigesta que los asiáticos no la han consumido tal cual a lo largo de la historia como como se hace con el resto de legumbres, azukis, lentejas, etc.

Desde los tiempos más antiguos la soja se ha fermentado y son precisamente los derivados fermentados de la soja los que son saludables: hablamos del miso y el tamari. Estos alimentos contienen, además de los nutrientes de partida de la soja, los probióticos y las enzimas que se producen durante la fermentación.

Estos dos alimentos, al estar “curados” con sal durante largo tiempo, tienen un poderoso efecto regulador del medio interno, es decir: alcalinizan, revitalizan, son antioxidantes… y curiosamente no se publicitan como en el caso de la bebida de soja.

La popularización de la bebida de soja viene de la mano de propia industria láctea, que, conocedora de los problemas que acarrea el consumo de los productos lácteos, nos ofrece como alternativa una bebida vegetal blanca que recuerda a la leche. Esto unido a la idea de que lo oriental es saludable, ha puesto de moda esta bebida.

Es cierto que desde el punto de vista nutricional es un alimento aceptable, pero desde el punto de vista energético no lo es tanto: es fuertemente yin, o lo que es lo mismo, altamente enfriadora, muy indigesta e inhibidora de la vitalidad sexual y reproductora.

Por eso se puede consumir de forma ocasional si se tiene buena salud digestiva, pero en ningún caso debe ser utilizada como sustituto de la leche de vaca ya que no nos aporta ninguna ventaja.