Archivos mensuales: marzo 2020

La anemia II

Hoy en día es un tópico que si no comes carne tendrás anemia. Es una idea tan extendida que incluso en la etapa pediátrica, cuando los bebés no tienen aún dientes, se les incluye la carne como alimento diario formando parte de los purés.

Continuación del post: La anemia I

Pautas alimenticias en la anemia

Además de incluir los alimentos lactofermentados citados anteriormente y de evitar los que dificultan su absorción, eliminaremos de nuestra dieta todos los comestibles que son sustancias transformadas por la industria alimentaria que son susceptibles de ser comidas.

Nos referimos al azúcar, la bollería industrial, las sopas de sobre, etc. Del mismo modo prescindiremos de los alimentos refinados como el pan, la pasta y el arroz blancos por su efecto desmineralizador, y sin lugar a dudas de la leche y todos los productos lácteos.

Incluiremos en nuestros menús una generosa proporción de cereales integrales y legumbres, y en menor cantidad tomaremos algas marinas (sobre todo nori y dulse), semillas oleaginosas y frutos secos.

Son igualmente ricos en hierro los pescados y los frutos del mar como almejas, mejillones, navajas, etcétera.

Al cocinar, aumentaremos un poco la cantidad de sal marina por su efecto calentador y por lo tanto tonificante de nuestro aparato digestivo.

Por último hay un condimento de la cocina tradicional japonesa llamado tekka que es una excelente fuente de hierro asimilable y un gran tónico general del organismo.

No podemos terminar nuestra enumeración sin recomendar llevar la zona digestiva protegida del frío, utilizando ropa de abrigo, emplastos de sal marina, sacos de semillas, parches de calor… evitando el uso continuado de la manta eléctrica.

Más sobre el hierro

Cuando en 1986 vivimos el episodio de la enfermedad de las vacas locas (encefalopatía espongiforme bovina), la gente se preguntaba agobiada: y si no como carne, ¿qué puedo comer?

El hierro es un nutriente muy abundante tanto en el reino animal como en el vegetal y los casos de anemia en los países ricos no estarían relacionados tanto con la carencia en la ingesta sino con la mala absorción.

De hecho en muchos casos vemos en la consulta pacientes con anemias crónicas muy importantes a pesar de tomar carne de forma habitual. En la práctica totalidad de los casos esos pacientes consumen elevadas cantidades de leche y derivados lácteos para “asegurarse” el aporte de calcio, como nos insiste la publicidad, estando además el azúcar y el pan blanco presentes a diario en su mesa.

Estas anemias de producen porque los alimentos refinados son altamente desmineralizadores y el calcio de los productos lácteos compite con el hierro en su absorción.

tabla vegetarianoTabla 1. Hierro asimilable en los alimentos

El gráfico precedente nos muestra cómo el hierro está presente tanto en los alimentos animales como vegetales.

Para desterrar el tópico de que la carne es rica en hierro, debemos decir que los pescados azules y los frutos del mar son más ricos que las carnes, tanto en hierro como en vitamina B12.

En el post anterior explicábamos que en los alimentos animales encontramos el hierro en forma ferrosa, que es como el cuerpo lo asimila, y en los vegetales lo encontramos en forma férrica, no asimilable. Sin embargo, en las dietas vegetarianas equilibradas el hierro férrico es fácilmente reducido a la forma ferrosa gracias a la vitamina C y por lo tanto se absorbe correctamente.

Entre los vegetales ricos en hierro destaca el alga dulse con 150 mg. de hierro por 100 gr.

Podemos concluir que no es imprescindible comer carne para prevenir la anemia si tenemos unos conocimientos mínimos sobre cómo alimentarnos.

Hacer dieta vegana para muchos es sinónimo de salud, y nada más lejos si lo único que hacemos es no comer carne, ni otros alimentos de origen animal, y en cambio tomamos alimentos refinados, dulces veganos, alcohol, fumamos, etc. Se puede hacer una alimentación vegana siempre que la dieta sea equilibrada  en cuanto a la elección de los diferentes grupos de alimentos, la proporción en la que los consumimos, así como la frecuencia con la que los tomamos. Además debemos tener la flora intestinal en buen estado como veremos en el próximo post.

Continúa en el post: La anemia III

La pandemia de COVID-19

La situación de aislamiento a la que nos vemos sometidos como la única forma de luchar contra la infección por el coronavirus para algunos es angustiosa, y muchos me habéis preguntado si no se puede hacer nada más. Por eso hoy comparto unas reflexiones importantes que os ayudarán en la prevención de la infección e incluso incluso en el caso de contagio.

A finales de 2019 un nuevo tipo de Coronavirus hace su aparición en el continente asiático. El 11 de febrero de 2020 la Organización Mundial de la Salud lo denomina oficialmente SARS-CoV-2 y exactamente al mes siguiente define al brote del nuevo coronavirus como la pandemia COVID-19.
SIGUE LEYENDO

La anemia I

Hablamos de anemia cuanto tenemos menos hematíes, menos hemoglobina o el valor del hematocrito está por debajo del rango considerado normal. Según la OMS se considera anemia si la hemoglobina está por debajo de 13 g./dl. en los hombres y de 12 g./dl. en las mujeres.

Causas:

La principal causa de la anemia es la deficiencia de hierro, por eso muchas veces tener el hierro bajo se contempla como sinónimo de anemia. Se considera que el 50 por ciento de los casos de anemia son consecuencia de una ingesta baja de hierro en la dieta, y en la actualidad este desorden afecta aproximadamente a una cuarta parte de la población mundial.
SIGUE LEYENDO

Limitaciones del método científico

Colbin, Campbell y Chen Junshi, directores del estudio de salud de China en los años 80, ya dijeron que la mayor parte de las enfermedades humanas son resultado de la exposición a numerosos factores, durante largos periodos de tiempo. Explicaron la relación entre el consumo de alimentos ricos en grasas y las enfermedades cardiovasculares, etc.

Pero el enfoque analítico de la medicina moderna, de aislar un nutriente y buscar un mecanismo específico de causa efecto, debe ser equilibrado por una propuesta de síntesis globalizadora donde se considere el equilibrio de la dieta en su totalidad, en relación con los hábitos de vida y los factores ambientales.

Hoy hay que prestar más atención a la calidad de lo que comemos, es decir, si los alimentos son integrales o no, si son biológicos, si se consumen diariamente, en la estación en la que se producen o todo el año, etc. 

Sin duda, además de los estudios científicos y los factores enumerados, habría que incluir también las tradiciones culturales, el desarrollo espiritual, la intuición y la introspección. Tenemos que tener en la mente la gran visión: La Macrobiótica.

Es una disciplina que contempla la alimentación en función del sexo, la edad, la actividad, el estado físico/psicológico de la persona y tiene en cuenta la frecuencia de consumo, la proporción entre los distintos grupos de alimentos y las formas de preparación  de los mismos, etc. Sólo esta aproximación global, holística nos puede proporcionar herramientas válidas para utilizar la alimentación como una poderosa medicina. 

El hummus

Hoy os presentamos un plato muy popular a lo largo y ancho de todo Oriente Medio, que se sirve frío como acompañamiento de otros alimentos y se toma sobre una rebanada de pan.

Ingredientes:

Lavamos bien los garbanzos y los ponemos en remojo con agua filtrada o embotellada la noche anterior. Hacemos lo mismo con una tira de alga kombu rápida.

Descartamos el agua del remojo de las legumbres y las ponemos en la olla a presión con agua filtrada o embotellada en cantidad suficiente; añadimos el alga troceada con su agua de remojo.

Cuando la olla alcanza la presión, bajamos el fuego al mínimo mantenemos la cocción unos 40 minutos, hasta que estén tiernos. A continución los pasamos por el pasapurés.

Añadimos el tahín y el zumo de limón que habremos exprimido previamente junto con el puré de umeboshi. Mezclamos todos los ingredientes concienzudamente en un suribachi. Lo servimos acompañado de un poco de aceite de oliva.