Archivo de la etiqueta: Alimento para el cuerpo y el espíritu

La causa de las enfermedades

Los agentes causales de las enfermedades son tanto de origen interno como externo. Sin embargo, en occidente se les da mucha más importancia a estos últimos: nos referimos a las condiciones climáticas, las malas posturas, los contagios, etc.

Como en muchos casos estos aspectos externos no dependen de nosotros, el margen de actuación es muy reducido. De este modo, contraer determinadas enfermedades nos puede parecer normal.

La Medicina Oriental, sin embargo, contempla además de los ambientales, los agentes causales internos. Hablamos de todos aquellos que producen una alteración de nuestro medio interno, es decir, el desequilibrio de las constantes que definen la vida, como son: el grado de acidez/alcalinidad, el nivel de oxidación/reducción, la concentración de electrolitos en los fluidos corporales y la relación sodio/potasio.

Para lograr el equilibrio de estos factores internos nuestra actuación es determinante. La clave para crear las condiciones de salud descansa en una alimentación adecuada donde, el resultado de lo que comemos, debe ser alcalinizante, antioxidante, no concentrado ni diluido y con una relación sodio/potasio semejante a la de las células. De modo que una alimentación equilibrada es la principal herramienta tanto en el mantenimiento como en la recuperación de la salud.

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La metáfora del pozo

Existe la idea generalizada de que hay que ir al médico cuando ya estamos enfermos, lo que de forma involuntaria genera una tendencia a vivir despreocupadamente. De hecho, según la creencia de muchos, la mayoría de las enfermedades no tienen que ver con nuestros hábitos de vida: se considera que son hereditarias, autoinmunes, intrínsecas, endógenas… o contagiosas.

Estamos acostumbrados a escuchar la frase más vale prevenir que curar. Sin embargo, la Medicina Oficial nos diagnostica las enfermedades cuando ya las tenemos. Además, en la práctica no se trabaja en la educación para la salud, ni en la prevención de las enfermedades. No hay más que ver los menús de muchos centros sanitarios y/o escolares, o los comentarios de algunos médicos que, cuando pretendes hacerte un chequeo preventivo, te cuestionan: pero si estás bien, ¿para qué vienes?

La Medicina Oriental, antagónica a la oficial, parte de unos postulados diferentes. Para los médicos en Oriente, intentar curar una enfermedad es como ponernos a cavar un pozo cuando ya tenemos sed. Todos entendemos que lo ideal sería cavar el pozo antes de estar sedientos. De esta manera cultivaríamos la salud a través de unos buenos hábitos de vida, comiendo desde el respeto a las leyes del equilibrio interno. En realidad, es la principal forma de prevenir la aparición de las enfermedades.

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Trastorno por déficit de atención

El TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) se manifiesta como una alteración en el sistema nervioso central que produce un aumento de la actividad, impulsividad y falta de atención. Afecta cada vez a más niños, comparando con las décadas precedentes, y constituye una de las causas más frecuentes de fracaso escolar y de problemas sociales en la edad infantil. El síndrome aparece en la infancia y puede persistir y manifestarse hasta la edad adulta.

Muchos investigadores científicos sostienen que la causa exacta todavía se desconoce, y sugieren que puede existir un componente genético o que los tóxicos medioambientales pudieran influir. En cualquier caso, a los padres no se les aporta ningún recurso para ayudar a sus hijos, salvo la medicación sintomática.

Está claro que la alimentación es un componente importante en niños con  hiperactividad. De hecho, en este desorden están implicados sobre todo el azúcar y los aditivos alimentarios. Muchos alimentos consumidos en el desayuno llevan hasta un 85 por ciento de azúcar en su composición.

El Dr. Benjamín Feingold concluyó en los años 70 que, si se eliminan los dulces y los aditivos de la dieta de los niños hiperactivos, su comportamiento se normaliza. Debemos enseñar a nuestros hijos a comer alimentos biológicos, sin química y sin azúcar, como alternativa a medicamentos fuertes y peligrosos.

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¿Porqué se produce el hipo?

El hipo es una contracción involuntaria, espasmódica e intermitente de los músculos intercostales y del diafragma. En la mayoría de los casos se produce por una irritación del nervio frénico y por una distensión del estómago.

La mayoría de las personas han comprobado, en algún momento, que el consumo de alcohol favorece el hipo, ya que el alcohol energéticamente es yin igual que los dulces, la leche, los refrescos, las frutas… En estos alimentos domina la energía ascendente, lo que favorece la irritación.

Si en nuestra alimentación predominan los alimentos yin, es más probable que se  desencadene el hipo. En los niños de menos de un año es muy común, ya que en la alimentación infantil predominan la leche y las frutas. Hecho que provoca la dilatación del estómago y la estimulación del nervio frénico.

Un remedio instantáneo para combatir el hipo consiste en masticar dos cucharaditas de gomasio bien insalivadas. El gomasio es un preparado compuesto por sésamo y sal marina que contiene energía descendente y calma la irritación.

En cualquier caso, si no se trata de un hipo puntual sino más bien recurrente, conviene eliminar los alimentos yin de la dieta e incluir los cereales y legumbres como base del menú.

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Azúcar, dulce veneno

El azúcar llega a nuestras mesas como un granulado cristalino blanco que no existe en la naturaleza. Para obtenerlo, se utilizan hidróxido de calcio y formol, y a continuación se añade CO2: este último proceso es el que favorece la cristalización. El resultado es un polvo blanco, químicamente puro, que no pertenece a la categoría de los alimentos, sino a la de los “comestibles”. Entendemos por “comestibles” todas las sustancias susceptibles de ser comidas pero que no produce la madre naturaleza; llegan a nosotros mediante el procesamiento de la industria alimentaria.

Para poder metabolizar el azúcar refinado el organismo debe utilizar sus reservas de vitaminas del grupo B, además de calcio y magnesio: por eso decimos que es un gran desmineralizador. Como todos los alimentos refinados, sólo nos proporciona calorías vacías.

El azúcar es un comestible que, además, provoca otros efectos que desaconsejan su consumo como acidez de estómago y gran adicción. Esto último  sobreviene de la asimilación rápida por el organismo que, a la postre, puede desencadenar hipoglucemias reaccionales; es lo que se conoce como ansiedad por lo dulce.

Una alternativa saludable pasa por acostumbrar al paladar a los sabores dulces naturales de los alimentos. De igual modo, existen sustitutos saludables como las mieles de cereales de fermentación natural o el azúcar integral biológico.

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¿Son saludables los constipados?

La medicina moderna, más sintomática que causal, nos ha llevado a no distinguir un catarro común de una verdadera enfermedad. Por eso al menor síntoma de resfriado se nos recomienda tomar el correspondiente antitusígeno, antitérmico o antiinflamatorio que, en realidad, no nos ayudarán gran cosa.

El cuerpo humano es un sistema de flujo de entradas y de salidas. Las entradas están representadas por la comida, la bebida y el aire que respiramos, y las salidas por su eliminación correspondiente a través de los intestinos, los riñones y los pulmones. La eliminación de toxinas, además de ser imprescindible, es saludable. Todos conocemos la expresión popular “los mocos son salud”, refiriéndose a que las flemas que eliminamos no se quedan dentro.

Hay otra que dice: “el catarro con antibiótico dura una semana y sin antibiótico ocho días”, clara muestra de que el organismo sigue eliminando a pesar del medicamento supresor.

Si las descargas de moco son excesivas y vienen acompañadas de malestar, dolor y fiebre, debemos suprimir de la dieta los alimentos mucógenos por excelencia: los productos lácteos, las harinas y las grasas. En caso necesario, usaremos remedios biológicos que favorezcan la eliminación de toxinas, como expectorantes en vez de antitusígenos.

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Hipócrates

Hipócrates de Cos fue médico en la antigua Grecia, y está considerado universalmente el padre de la medicina. Recomendaba una forma de comer basada principalmente en la cebada, el trigo y otros cereales integrales. Del mismo modo, enseñaba que una alimentación adecuada es el fundamento de la salud física y mental. A él se le atribuye la frase Que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento. Se da la circunstancia de que la palabra “dieta” proviene del griego dayta, que significa “régimen de vida”.

El juramento hipocrático data de esa época y es el que hacían los nuevos médicos al terminar su formación. Su contenido es de carácter ético, aunque en la actualidad tiene un valor más bien histórico.

Este juramento, en su versión tradicional, en uno de sus enunciados hace alusión a la alimentación y dice lo siguiente: “Aplicaré medidas dietéticas para el beneficio del enfermo de acuerdo con mi habilidad y juicio y lo mantendré libre de daño e injusticia”.

En los últimos tiempos, como la medicina no relaciona la alimentación con las enfermedades, en ese apartado del juramento se dice: “Aplicaré medidas para el beneficio del enfermo de acuerdo con mi habilidad y juicio y lo mantendré libre de daño e injusticia”.

No deja de ser sorprendente que, en la carrera de Medicina, la asignatura de nutrición humana no esté contemplada. Algo que explica la modificación del citado juramento.

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La prevención del ictus cerebral

El ictus cerebral es la principal causa de mortalidad entre las mujeres en España. En este sentido, vale la pena saber que la fibra disminuye la probabilidad de padecer un accidente cerebrovascular. Los alimentos ricos en fibra reducen la hipertensión y el colesterol, que  son los dos principales factores de riesgo tanto si el ictus es isquémico como si es hemorrágico.

Debemos saber que los alimentos más ricos en fibra son las legumbres, seguidas por los cereales integrales y, en mucha menor proporción, las verduras y frutas. Estas últimas, contrariamente a lo que mucha gente cree, son mucho más ricas en agua que en fibra

Los alimentos integrales, además, ayudan en la función cerebral: permiten aumentar la absorción de triptófano por el cerebro. Este aminoácido contribuye a reducir el dolor y la presión sanguínea, alivia la depresión y mejora el sueño, entre otras cosas.

Comer cereales y legumbres integrales y de cultivo ecológico es la opción adecuada en todos los casos, en contraposición a la idea de que comiendo ensalada y carne a la plancha hacemos una dieta sana. ¡Ha llegado el momento de volver a incluir platos de cuchara en nuestros menús!

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Amanecer con los párpados hinchados

Muchas personas se levantan con los párpados hinchados y achacan este hecho a haber dormido muchas horas, o que han tomado demasiada sal, porque se considera que la sal retiene líquidos. También existe la creencia de que, las rodajas de pepino fresquitas colocadas a modo de compresa sobre los párpados, son eficaces en este caso.

La causa real de que nos levantemos con los párpados hinchados reside en un sobreconsumo de alimentos yin como el azúcar, dulces, bollos, galletas, cremas, natas, alimentos aceitosos, café, alcohol… Estos alimentos dilatan o inflaman los órganos digestivos, particularmente al hígado y la vesícula biliar. Además, debilitan los riñones por su carácter frío y húmedo.

La parte del rostro donde se reflejan los órganos citados es precisamente alrededor de los ojos. De ahí la expresión “la cara es el espejo del alma”. Una de las claves para levantarnos con “buena cara” consiste en cenar de forma equilibrada.

Por eso los cereales integrales deben ser el alimento principal con verduras verdes escaldadas como guarnición. Los acompañaremos de sopas ligeramente diuréticas, como la de cebolla, e introduciremos las algas en la dieta al ser alimentos armonizadores del riñón.

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La proteinomanía

Las proteínas son nutrientes que contribuyen, entre otras cosas, a la formación y desarrollo de  los diversos órganos y tejidos del cuerpo como la masa muscular. Probablemente por ello en la actualidad se observa una obsesión enfermiza tendente a que no falten las proteínas en la dieta, máxime durante el crecimiento.De la misma manera  que una dieta pobre en proteínas puede desencadenar enfermedades de deficiencia, el abuso de las mismas resulta igualmente perjudicial para la salud: en la alimentación, como en todos los órdenes de la vida, el equilibrio es el que marca el bienestar.

En la actualidad, tomamos tres o cuatro veces más proteínas de las necesarias. Esta ingesta masiva es responsable las dos principales causas de muerte en los países desarrollados: el cáncer y las enfermedades cardiovasculares. No debemos olvidar que los tumores están formados por proteínas y grasas, y que en la arteriosclerosis las proteínas se depositan en las paredes de los vasos sanguíneos.

Nuestro cuerpo necesita siete veces más hidratos de carbono que proteínas. Esta proporción de nutrientes está presente en la leche materna, que es un  alimento diseñado para cubrir las necesidades nutricionales del bebé de forma absoluta: la leche materna sólo contiene un 1,06 por ciento de proteínas.

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