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La Ley de Hering I

La curación es un proceso en el que tu organismo va a eliminar toxinas, a reaccionar y a ponerse en marcha para recuperar su capacidad funcional. Como consecuencia de esos ajustes, durante todo el proceso curativo se pueden producir episodios de regulación en forma de malestar o dolor que no te deben asustar: son lo que llamamos reacciones de ajuste.

La salud es un equilibrio dinámico y cuando se altera, la enfermedad se instaura de una forma progresiva. La recuperación de la salud igualmente es un proceso, no existe el remedio mágico por el que uno se cure de la noche a la mañana. Por eso definimos la curación como un camino en el que finalmente se alcanza un estado de salud plena, de equilibrio. Estar en salud es mucho más que la desaparición de los síntomas o la normalización de unas pruebas de laboratorio.
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Papilla de siete granos

Esta papilla es una variante de la anterior, que incluye unos granos que no son cereales desde el punto de vista botánico, pero que son altamente nutritivos y nos permiten una mayor variedad de ingredientes y consecuentemente de nutrientes. El endulzante que lleva aumenta la digestibilidad tanto en niños como en adultos.

Ingredientes:

  • 10 % Trigo sarraceno
  • 10 % Avena
  • 10 % Cebada
  • 10 % Centeno
  • 20 % Arroz integral redondo
  • 20 % Amaranto
  • 20 % Quinoa
  • Sal marina
  • Semillas de sésamo
  • Agua filtrada o embotellada
  • Malta de cebada (endulzante)

Modo de preparación:

Lavamos los granos en varias aguas y los escurrimos en un colador. Lo haremos con cada grano separadamente.

A continuación, los tostamos también por separado en una sartén en seco, hasta que desprendan un agradable olor y adquieran un color ligeramente dorado. Hacemos lo mismo con el sésamo.

En esta etapa, todavía es muy importante este paso ya que con el tueste dextrinamos el grano. El dextrinado es una forma de predigestión del alimento, (los almidones se transforman en maltosas), por lo que va a favorecer la tolerancia digestiva del niñ@.

Podemos tostar los granos una vez a la semana y así tenerlos listos para preparar la crema cada día o cada dos.

Ponemos a cocer una parte de la mezcla de los granos tostados con seis partes de agua filtrada o embotellada en una olla a presión. Añadimos una pizca de sal marina y el sésamo (una cucharadita de moka por ración).

Tapamos la olla y cuando alcanza el punto de presión bajamos el fuego al mínimo, intercalamos una placa difusora y mantenemos la cocción a fuego lento durante dos horas.  Dejamos reposar quince minutos.

A continuación, pasamos la mezcla por un pasapurés con el paso intermedio, hecho que ayuda al niñ@ a reconocer las texturas.

En esta etapa todavía debemos ser muy cuidadosos con la digestibilidad de lo que damos a nuestro hij@, por eso seguiremos utilizando una cucharadita de malta (sirope) de arroz de fermentación natural en cada toma con la finalidad de aportar enzimas que hagan asimilable la crema.

Podemos preparar crema para varias tomas, pero la miel de cebada la añadiremos justo antes de dársela al niñ@. Para conseguir un efecto enzimático óptimo la crema debe estar a una temperatura de entre 40 ⁰C y 50 ⁰C.

Para conseguir el efecto diastásico podemos usar indistintamente otras maltas (siropes) como la de arroz, trigo, maíz… conforme el niño vaya creciendo.

Crema de seis cereales

Este plato es adecuado tanto para bebés a partir de los 8 o 9 meses, como para aquellos adultos que quieren un desayuno nutritivo, altamente digestible y que les permita evitar el bajón de media mañana.

Ingredientes:

  • 10 % Espelta
  • 20 % Avena
  • 10 % Cebada
  • 10 % Centeno
  • 40 % Arroz integral redondo
  • 10 % Mijo
  • Sal marina
  • Agua filtrada o embotellada
  • Malta de arroz (endulzante)

Modo de preparación:

Lavamos los cereales en varias aguas y los escurrimos en un colador. Lo haremos con cada uno separadamente.

A continuación, los tostamos también por separado en una sartén en seco, hasta que desprendan un agradable olor y adquieran un color ligeramente dorado. Hacemos lo mismo con el sésamo.

En esta etapa, todavía es muy importante este paso ya que con el tueste dextrinamos el cereal. El dextrinado es una forma de predigestión del alimento, (los almidones se transforman en maltosas), por lo que va a favorecer la tolerancia digestiva del niñ@.

Podemos tostar los cereales una vez a la semana y así tenerlos listos para preparar la crema cada día o cada dos.

Ponemos a cocer una parte de la mezcla de los cereales tostados con seis partes de agua filtrada o embotellada en una olla a presión. Añadimos una pizca de sal marina y el sésamo (una cucharadita de moka por ración).

Tapamos la olla y cuando alcanza el punto de presión bajamos el fuego al mínimo, intercalamos una placa difusora y mantenemos la cocción a fuego lento durante dos horas.  Dejamos reposar quince minutos.

A continuación, pasamos la mezcla por un pasapurés con el paso intermedio, hecho que ayuda al niñ@ a reconocer las texturas.

En esta etapa todavía debemos ser muy cuidadosos con la digestibilidad de lo que damos a nuestro hij@, por eso seguiremos utilizando una cucharadita de malta (sirope) de arroz de fermentación natural en cada toma con la finalidad de aportar enzimas que hagan asimilable la crema.

Podemos preparar crema para varias tomas, pero la miel de arroz la añadiremos justo antes de dársela al niñ@. Para conseguir un efecto enzimático óptimo la crema debe estar a una temperatura de entre 40 ⁰C y 50 ⁰C.

Para conseguir el efecto diastásico podemos usar indistintamente otras maltas (siropes) como la de cebada, trigo, maíz… conforme el niño vaya creciendo.

Embarazo y evolución biológica

La visión que compartimos hoy sobre la vida intrauterina nos permite aprender a contemplar los fenómenos desde una perspectiva holística, relacional e integradora del conocimiento y aprender a reverenciar a la vida.

La vida se origina en el mar y transcurre en las aguas durante aproximadamente 2.800 millones de años. En ese período aparecen los primeros seres unicelulares y a continuación se desarrollan los invertebrados, los peces y los anfibios. Estos últimos representan el paso de la vida a tierra firme.

El periodo de la vida terrestre abarca tan sólo 400 millones de años y da lugar en la escala evolutiva a la aparición de los reptiles, las aves, los mamíferos. El eslabón final es el ser humano, el animal más evolucionado.

Si observamos los fenómenos desde la perspectiva macrocosmos/microcosmos podemos entender el embarazo como una réplica de la evolución de la vida en la tierra.

En la vida intrauterina, inmediatamente después de la fecundación, somos una célula que se multiplica y da la mórula que se asemeja a un invertebrado, a continuación, el feto sigue evolucionando, dando lugar a la blástula y la gástrula y cuando el embrión ya está formado se asemeja a un renacuajo, la cría de una rana.

El parto representa la fase anfibia, es decir, el paso de nadar en el líquido amniótico que es salado, a respirar a través de los pulmones en un ambiente aéreo, la tierra firme. Los placenteros baños de los bebés en los primeros meses de vida forman parte de esa transición agua/tierra.

A continuación, según se desarrolla el niño, pasa por la fase de gateo que sería la que corresponde con la etapa evolutiva de los reptiles…  y finalmente se pone de pie y camina como etapa final de su desarrollo.

Si comparamos el tiempo que dura un embarazo, unos 280 días, con el de la evolución de la vida en la tierra, observamos que un sólo día de embarazo equivale a 10 millones de años de evolución, tanto como lo que tarda en formarse una cordillera.

Por eso, lo que la madre come, bebe, respira, siente o hace cada día mientras está gestando, va a ser determinante para la criatura que lleva en su seno. De modo que la mujer embarazada debe ser protegida por su entorno y es muy importante que viva esa etapa de la forma más equilibrada posible.

Los nueve meses de embarazo son determinantes en el futuro de nuestro hijo. En esa etapa se modula la información contenida en los genes de forma importante y determina la aparición o no de enfermedades congénitas.

Esta visión nos ayuda a cuidar y proteger a nuestro hijo desde antes de nacer ya que la etapa intrauterina tiene mucha más relevancia que la posterior al nacimiento.

¿Tomamos demasiada sal?

Muchas personas se sienten confundidas porque a la vez que se recomienda de forma general hacer una dieta baja en sodio, aparecen en el mercado diferentes tipos de sal: la sal común, la sal marina, la sal del Himalaya, la sal yodada… a las que la publicidad atribuye diferentes cualidades. Profundicemos en el tema.

Continuación del post: Sal, salado, salud, salario

Curiosamente la sal es el único mineral inorgánico que se ha añadido a los alimentos, a lo largo de la historia, antes de cocinarlos o durante su preparación. En la actualidad, muchas veces, se añade sal a los platos cuando ya están en la mesa.

Nuestros mayores nos han enseñado que si al cocinar te has olvidado de poner sal y la añades en la mesa, el alimento ya no toma la sal. Pero ¿qué querían decir nuestras abuelas con esa expresión? ¿Por qué tradicionalmente se añadía la sal durante la cocción? La respuesta es muy simple: cuando se añade la sal en la preparación de los alimentos, se produce una reacción química de quelación entre el sodio y los nutrientes que contienen éstos de modo que se vegetaliza. Este fenómeno hace que el efecto del sodio sea menos endurecedor que cuando tomamos la sal cruda. Recordemos que el sodio es un mineral inorgánico con un poderoso efecto contractivo y endurecedor.

La época actual

En la actualidad han cambiado las tornas y la sal ha pasado a ser un ingrediente que, a pesar de ser esencial, se evita siempre que se puede y es considerado saludable hacer una dieta baja en sodio.

Las etiquetas de muchos alimentos resaltan la frase bajo en sodio lo mismo que las botellas de agua mineral, e incluso los jamones y el bacalao que tradicionalmente se curaban con sal, como ahora les pone menos cantidad, llevan añadidos conservantes químicos pretendidamente más saludables. Paradojas de la modernidad.

Es cierto que muchas personas toman demasiada sal, pero esta no proviene del salero, ni de la contenida de forma natural en los alimentos. El origen del exceso de sal está en los alimentos procesados y elaborados por la industria alimentaria, a los que nos referimos en nuestros escritos como comestibles: los embutidos, mortadela, salsas de tomate, quesos, patatas fritas, pan, etcétera.

Estos comestibles junto con los que consumimos fuera del hogar representan el 80 % de la sal que ingerimos cada día. Debemos caer en la cuenta de que es una sal oculta. El sodio contenido naturalmente en los alimentos representaría tan sólo el 8 % y si añadimos el proveniente del salero alcanzamos el 20 %.

¿Por qué se recomienda una dieta baja en sodio?

Las principales causas de muerte en la actualidad en los países ricos son las enfermedades cardiovasculares, entre las que destaca la arteriosclerosis con la correspondiente hipertensión arterial. Como la sal tiene un poderoso efecto contractivo y endurecedor y se abusa de los alimentos procesados, entendemos de forma sencilla por qué a la sal se la ha mandado al rincón.

El sodio y el potasio

La visión de la medicina occidental, dualista, ha demonizado al sodio y ha endiosado al potasio. Tanto es así que el potasio no importa que sea súper abundante en nuestra dieta, incluso algunos dicen que cuanto más mejor. De hecho, se recomienda para evitar los calambres, para facilitar la diuresis… sin criterio alguno.

Es alarmante que no se contemple en ningún caso el efecto de los abonos químicos utilizados en la agricultura convencional que elevan el contenido en potasio de los alimentos de forma espectacular. De hecho, muchas personas que consumen alimentos de cultivo convencional tienen los niveles de potasio elevados.

Tabla 1. Equilibrio mineral de los alimentos biológicos

En la tabla precedente podemos observar el elevado contenido en potasio de los alimentos cultivados con abonos químicos.

El punto de vista de la medicina oriental que es monista, relacional, holístico, nos enseña a comprender que el sodio y el potasio deben estar en equilibrio, tanto dentro, como fuera de la célula. Luego en cada caso deberemos saber cuándo tenemos exceso de sodio o de potasio.

Y es que las enfermedades de la civilización no incluyen solamente las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, sino también un sin número desordenes inmunitarios psíquico-comportamentales que están directamente relacionados con el exceso de potasio.

La sal es imprescindible para gozar de buena salud, en pequeñas cantidades calienta el cuerpo, tonifica los órganos, aumenta la resistencia tanto en el plano físico como en el intelectual, sube las defensas… pensemos que la palabra salud comienza por sal. Luego no se trata de eliminar la sal del salero sino de evitar los alimentos industrializados.

¿Qué tipo de sal usar?

Existen tres tipos de sal según su procedencia: la sal marina, la de manantial y la sal gema. Las dos primeras se obtienen por evaporación y la tercera procede de la extracción minera de una roca llamada halita.

La sal más adecuada para un buen equilibrio mineral en nuestro organismo es la sal marina sin refinar. Contiene todos los elementos minerales y oligoelementos presentes en el mar y es por lo tanto la más rica en cuanto a su composición química.

Sal, salado, salud, salario

La sal, en la actualidad, es un ingrediente puesto en cuestión por la mayoría de la población. Tanto es así, que muchas personas procuran evitarla y la industria alimentaria promociona los alimentos bajos en sodio como saludables. Sin embargo, no ha sido así a lo largo de la historia. La sal es imprescindible para gozar de buena salud.   

La sal en la historia

Tenemos constancia de la utilización de la sal en la dieta humana desde las épocas más remotas.

Se han documentado asentamientos humanos cerca de los yacimientos salinos en todos los continentes y en todas las civilizaciones del pasado. En algunas zonas, se inventaron las salinas, imitando a la naturaleza, para conseguir la preciada sal a través de la evaporación del agua del mar.  Pero además de su utilización en las preparaciones culinarias, la sal ha sido casi la única forma de conservación natural de los alimentos hasta hace bien poco. La forma tradicional de hervir la leche de vaca en nuestros caseríos era añadiéndole sal, costumbre que se ha perdido desde la aparición de la industria láctea con los métodos modernos de conservación.

Pero el uso de la sal no se ha limitado solamente al consumo humano. Es un hecho comprobado que algunos animales de forma instintiva lamen ciertas piedras con sabor salado y que esta operación les proporciona placer.  De hecho, los pueblos pastores tanto de vacas, como ovejas, caballos, etc. después de tener el ganado todo el verano en el monte, al llevarlos al establo para pasar el invierno, les ponen unas gruesas piedras de sal, y los animales, las lamen hasta no dejar ni un resto.

En la historia, la sal ha tenido tanto valor como el oro, de hecho, ha sido utilizada como moneda en distintas partes del mundo, lo mismo en Etiopía que en el Tíbet. A los soldados en el imperio romano se les pagaba por su trabajo un salarium en forma de sal; de ahí deriva la palabra actual salario: el dinero que se recibe a cambio del trabajo.

La sal en la vida

La vida se originó en el mar y el plasma sanguíneo es una réplica del océano primitivo en el que aparecieron los primeros seres vivos. En la evolución de la vida, desde los seres unicelulares hasta los vertebrados superiores, se desarrolla un aparato circulatorio que permite a los diferentes animales, incluidos los humanos llevar internamente el agua del mar en el que nació la vida.

Del mismo modo, el líquido amniótico en el que todos nos hemos desarrollado durante la vida intrauterina es salado, es decir, la vida está intrínsecamente ligada a la sal.

Cuando decimos que los seres humanos somos animales de sangre caliente, deberíamos añadir que esa sangre es además salada, ya que la sal en pequeñas cantidades calienta el cuerpo.

La composición química de la sal

Es a comienzos del siglo XIX, cuando la química comienza a descubrir la verdadera composición de la sal: cloruro de sodio. En esa época, el químico inglés Sir Humphry Davy descubre también el sodio y el potasio.

El sodio es importante para el adecuado funcionamiento de músculos y nervios. Asimismo, es esencial para la autorregulación del balance del agua corporal.

SalarioTabla 1. Requerimientos diarios de minerales

En la tabla precedente observamos que el sodio es el mineral que necesitamos en mayor cantidad y éste debe provenir siempre de la sal marina sin refinar, sea gruesa o fina.

La sal en el lenguaje

Debido a su significado ritual y a su gran utilidad en la conservación de alimentos, la palabra sal adquirió connotaciones de alta estima y honor en las lenguas antiguas y se mantiene hasta la actualidad.

Por ejemplo, la confesión árabe «hay sal entre nosotros», la expresión hebrea «comer la sal del palacio» y la frase persa moderna «desleal a la sal».

En inglés, el término «salt of the earth», (sal de la tierra), describe a una persona que se tiene en alta estima.

En castellano, ser una persona salada o tener salero implica gracia, ritmo en el trabajo y desenvoltura, en contraposición a ser una persona sosa que se asocia con falta de chispa, de energía… de vitalidad.

Continúa en el post: ¿Tomamos demasiada sal?

Los colores, sabores y formas de cocción

La Medicina Oriental, holística, donde todo está relacionado, desde muy antiguo asocia el color de los alimentos, el sabor y las formas de cocción con determinados órganos del cuerpo. Algo que en occidente no se tiene en cuenta porque no se conocen las cualidades funcionales de los alimentos (su energía), sólo se contemplan la composición química y las calorías.

Así el riñón, la vejiga y el aparato reproductor armonizan con el color marrón-negro de las judías, con la oscuridad del invierno; con el sabor salado de las algas marinas, y con las cocciones prolongadas como los estofados a fuego lento y los horneados.

El hígado y la vesícula biliar resuenan con el color verde de las verduras de hoja y con la primavera; con el sabor ácido de los alimentos fermentados, y con las cocciones al vapor.

El corazón y el intestino delgado comparten energía con el color rojo de los frutos y frutas, con la luz del verano; con el sabor amargo, y con los alimentos crudos o escaldados.

El estómago, el bazo y el páncreas se activan con el color amarillo del mijo, con el ambiente cálido de los campos al final del verano; con el sabor dulce neutro de la calabaza, y con los hervidos y guisados.

Y finalmente, el pulmón y el intestino grueso se asocian con el color blanco del arroz y la nieve del invierno; con el sabor picante del nabo o del jengibre, y con las cocciones a presión y algo frito.

Por eso, para mantener el equilibrio interno, en la preparación de nuestros platos deberemos tener en cuenta los cinco colores, los cinco sabores y las cinco formas de cocción.

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Los mareos

Ante una situación de desfallecimiento, aturdimiento, inestabilidad o malestar con náuseas, decimos que estamos mareados, pero en muchos casos ignoramos la causa. Si te mareas de forma frecuente descubre la importancia de una correcta alimentación.

 

El horno microondas

Después de nuestra reciente publicación sobre La importancia del tipo de fuego en la cocina no podemos dejar de hablar de la cocina con microondas.

¿Cómo funciona un horno microondas?

Las microondas son una forma de energía electromagnética, similar a las ondas de luz o de radio. Se utilizan para emitir señales telefónicas de larga distancia, programas de televisión, información de ordenadores tanto en la tierra como en el espacio…

Cada horno microondas contiene un magnetrón, es decir un tubo en el cual los electrones son afectados por campos eléctricos y magnéticos de tal forma que se produce una emisión de ondas electromagnéticas que interactúa con las moléculas del alimento.

En los modelos comerciales, el horno tiene una potencia de entrada de alrededor de 1.000 vatios de corriente alterna. Cuando las microondas generadas desde el magnetrón bombardean a los alimentos, hacen que las moléculas del agua que contienen cambien su polaridad varios millones de veces por segundo. Y es precisamente la agitación que crea esa fricción molecular la que calienta los alimentos.

De todas las moléculas que son polares, el oxígeno de la molécula del agua es la que reacciona con más facilidad. Así es como se genera el calor al cocinar en el microondas, por fricción violenta de las moléculas de agua.

La propagación de la energía con ondas electromagnéticas es una forma de radiación, por lo que al calentar los alimentos en el horno microondas los estamos radiando.

Pensemos que entre las precauciones de su utilización los fabricantes nos insisten en el cuidado de que la puerta está bien cerrada para que no haya fugas ya que una emisión de baja intensidad de ondas electromagnéticas es especialmente peligrosa si el órgano sobre el que incide es el cristalino del ojo, ya que puede producir cataratas. Es igualmente peligroso para aquellas personas que llevan marcapasos, ya que se puede provocar alteraciones en la frecuencia de estos aparatos cardíacos.

Cualquier fuga de estas ondas supone una exposición miles de veces superior a la que estamos acostumbrados en la naturaleza, luego ya podemos intuir cómo afectarán esas radiaciones a los alimentos.

La intuición de nuestros mayores

Algunas personas mayores se mostraron muy recelosas ante la aparición de un horno que calienta los alimentos de “dentro a fuera”, es decir: el calor se genera dentro del alimento por fricción molecular, no hay una fuente de calor externa (leña, carbón, gas) como ha existido desde la invención del fuego.  La cocción por microondas comienza dentro de las células y de las moléculas donde hay agua, y es ahí donde la energía se transforma en calor por fricción.

En otros casos la intuición les permitía hacer afirmaciones como la siguiente: si asar un besugo en el horno tradicional cuesta 20 minutos y el microondas lo hace en un minuto, “algo debe tener”. Esa expresión es producto de la comprensión de una ley universal que dice: “todo lo que tiene cara, tiene reverso, y cuanto mayor es la cara, mayor el reverso. Toda “ventaja” conlleva aparejada una “desventaja” de la misma magnitud. Al considerar la rapidez con la que calienta, tener en cuenta que “la velocidad mata”.

Estudios sobre los efectos nocivos de los hornos microondas sobre la salud

Existe una amplia literatura sobre los efectos perjudiciales de esta forma de cocinar, de los que referimos un breve resumen.

Efectos sobre los alimentos

Según los últimos estudios realizados por institutos de consumo europeos independientes, los hornos de microondas pueden alterar la composición molecular de los alimentos.

Existen investigaciones que informan de una degradación estructural de los alimentos que da como resultado una disminución del valor nutricional de estos de entre un 60 y un 90 %.

Por ejemplo, el ácido fólico, una vitamina del grupo B básica para la formación de la sangre e importante para el desarrollo del sistema inmunitario y el crecimiento, desaparece en los alimentos tratados con microondas cinco veces más rápido que en los alimentos cocinados convencionalmente.

La riboflavina (vitamina B2) también disminuye mucho más rápido cuando se cocina en el horno microondas que con la cocción convencional; asimismo, existen pérdidas considerables en las vitaminas B1, B6 y en la C.

Del mismo modo, se altera la estructura proteínica de los alimentos. Cuando se pasteuriza la cerveza con un secador de microondas, aparece una nueva proteína en una concentración cinco veces superior a lo normal.

Por otra parte, la mioglobina, sustancia pigmentaria natural de la carne, tiende a desaparecer con la técnica de microondas.

En cuanto a los hidratos de carbono, en las patatas, se crean unas sustancias consideradas cancerígenas similares a los peróxidos. Las paredes celulares de coliflores y zanahorias aparecen completamente desagarradas, al contrario de lo que sucede con la cocina tradicional.

La radiación al provocar una destrucción y deformación de las moléculas de los alimentos y crea nuevos compuestos llamados “radiolíticos” que no existen en la naturaleza.

Si consumimos alimentos alterados, sería sensato preguntarse sobre el modo en el que esas sustancias modificadas van a afectar a nuestra propia estructura celular.

La doctora Lita Lee en su libro “Health Effects of Microwave Ovens” afirma que el horno microondas emite una radiación electromagnética que daña a los alimentos y convierte a las sustancias cocinadas en productos tóxicos peligrosos y carcinógenos.

Efectos biológicos

La exposición a la emisión de microondas también tiene un efecto negativo impredecible sobre el bienestar general de las personas.

Ya en los años 90 del siglo pasado, los doctores Hans Ulrich Hertel y Bernard H. Blanc de Instituto Federal Suizo de Tecnología y del Instituto Universitario de Bioquímica hicieron un estudio para observar la diferencia entre los valores sanguíneos de los sujetos que comían alimentos cocinados del modo tradicional y los que comieron los mismos alimentos cocinados en horno microondas.

Las diferencias fueron significativas: las personas que tomaban alimentos cocinados con microondas tenían disminuidos los valores de hemoglobina y colesterol, así como de linfocitos en relación con el grupo de control.

En otros estudios se ha detectado efectos fisiológicos negativos como pérdida de memoria, falta de capacidad de concentración, supresión del umbral emocional, enlentecimiento de los procesos intelectuales, sueño interrumpido, etc.

Reflexiones antes de utilizar el horno microondas:

El consumo continuado de alimentos cocinados en el horno microondas puede causar daño cerebral permanente como pérdida de memoria, de capacidad de concentración, inestabilidad emocional y reducción de la inteligencia.

Una alimentación basada en alimentos procesados en el horno microondas puede causar deficiencias en el sistema inmune y alterar la producción de hormonas sexuales. Del mismo modo se puede favorecer la multiplicación de las células tumorales en diferentes tipos de cáncer. Ya que se favorece la formación de radicales libres con el consiguiente aumento de los niveles de oxidación.

Podemos sufrir de desnutrición gracias a la reducción del valor nutricional que sufren los alimentos de partida, y además, nuestro organismo no puede metabolizar los productos desconocidos que se generan en los alimentos expuestos a la radiación de microondas y consecuentemente esas sustancias permanecen de forma indefinida en nuestro organismo.

Por lo tanto, si tenemos un horno microondas en nuestro hogar, debemos considerar si nos desprendemos de él o en el caso de utilizarlo, hacerlo de forma ocasional y prudente dado que los perjuicios superan con creces a los beneficios.

Escribiendo estas líneas me viene a la memoria el gran alarde publicitario que hizo uno de los mejores restaurantes de nuestro país, explicando que había modernizado la cocina poniendo todo tipo de aparatos eléctricos y de microondas para poder seguir ofreciendo un buen servicio a sus clientes y mantener la calidad de siempre, pero estando al día… ¡Sin comentario!

Igualmente invito a reflexionar a muchas parejas jóvenes que cocinan sólo en microondas, incluyendo el calentamiento de los biberones de sus hijos.