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Croquetas de garbanzos

Una forma de comer legumbres un poco más laboriosa que los garbanzos de siempre, pero más divertida. Útil sobre todo si tenemos niños o en personas que necesitan dar variedad a sus platos.

Ingredientes:

Lavamos bien los garbanzos y los ponemos en remojo con agua filtrada o embotellada la noche anterior. Descartamos el agua del remojo, los enjuagamos y los cocinamos en la olla a presión con agua filtrada o embotellada y sin sal.

Cuando la olla alcanza el punto de presión, bajamos el fuego al mínimo y mantenemos la cocción unos 40 minutos.  Una vez cocidos retiramos el caldo para su uso posterior como fondo de sopa, o para hervir unas verduras, etc.

Mientras se cuecen los garbanzos, cortamos la cebolla en dados muy pequeños y la saltemos en una sartén con un poco de aceite y sal marina.

Trituramos los garbanzos aplastándolos con un tenedor de forma que nos quede una pasta. Los añadimos al sofrito de la cebolla junto con una pequeña cantidad de copos de avena para que la masa sea más manejable. Sazonamos con un poco de tamari y mantenemos el fuego bajo unos cinco minutos. Dejamos enfriar un poco la masa.

Damos forma a las croquetas y las pasamos por las semillas de sésamo a modo de «pan rallado». Las podemos freír en abundante aceite y al sacarlas de la sartén las colocaremos sobre un papel absorbente, o meterlas al horno a gratinar, según el gusto.

En ambos casos las tomaremos calientes con unas gotitas de tamari por encima y acompañadas de algunas verduras escaldadas o unas zanahorias ralladas con unas hojitas de endivias.

Las causas de las alergias

Para muchos primavera equivale a brote alérgico o exacerbación de la alergia perenne. Por eso retomamos el post anterior con informaciones útiles tanto en la prevención como en la curación de las alergias de cualquier tipo.

Continiación del post:  Las alergias primaverales

Pensemos que cualquier sustancia que entre en contacto con nuestro organismo, tanto a través de la piel como de las mucosas puede producir una reacción alérgica.

La manifestación alérgica conlleva una inflamación que se produce por la liberación de histamina, sobre todo a nivel de la piel y las mucosas, y por la depresión del sistema inmune. Luego además de aislar al alérgeno potencial, debemos evaluar la condición del sistema inmunitario.

El desarrollo del sistema inmune

Durante el embarazo, puede haber una sobreestimulación antigénica a través de la alimentación de la madre, lo que provoca la hipersensibilización que muchas veces se observa en los bebés recién nacidos: la dermatitis atópica. Pero incluso después del nacimiento, el bebé es muy vulnerable ya que nace en un estadio de desarrollo muy temprano; sólo está desarrollado el 23 % del cerebro y su aparato digestivo únicamente puede digerir la leche materna.

En la vida embrionaria y en la primera infancia es cuando se crea el terreno que favorece las reacciones alérgicas. A lo largo de los nueve meses de embarazo el feto recibe los alimentos y los anticuerpos de la madre a través de la placenta. Los primeros años de vida son determinantes ya que la maduración del sistema inmune del bebé no se completa hasta que han terminado de aparecer los dientes de leche.

Para prevenir la aparición de las alergias futuras a la hora de introducir los alimentos sólidos, deberíamos contemplar la aparición de los dientes -que nos indica la maduración de los órganos digestivos- en lugar de hacerlo desde la edad como hace la pediatría clásica.

La mucosa intestinal abarca una superficie de entre 400 y 600 m2 y está formada por una capa monocelular que se reconstruye por completo cada dos días. En los niños pequeños esta mucosa es particularmente permeable por el grado incipiente de desarrollo y cuando no amamantamos, introducimos alimentos sólidos antes de tiempo y damos leches de fórmula, pasan a la sangre sustancias potencialmente alergénicas sin digerir, presentes en la luz intestinal.

Es prioritario comprender el proceso de maduración digestiva en el primer año de vida para programar la introducción de alimentos sólidos, porque la primera línea de defensa inmunitaria está en la mucosa intestinal.

La hiperpermeabilidad de la mucosa intestinal

Entre los factores que influyen en la anormal permeabilidad de la mucosa intestinal podemos destacar:

  • Carencia de ácido cis-linoleico omega 3. Este es un nutriente esencial que forma parte de la doble capa de fosfolípidos estructurales de las membranas celulares. La leche materna cubre de forma adecuada las necesidades del bebé. Sin embargo, la leche de vaca maternizada debe ser suplementada con este nutriente, pero ignoramos si el ácido linoleico que contienen las llamadas leches de fórmula convencionales es biológicamente activo o si está desnaturalizado en su forma trans.
  • La leche de vaca maternizada es suplementada con este nutriente, pero ignoramos si el ácido linoleico que contienen las llamadas leches maternizadas convencionales es biológicamente activo o si está desnaturalizado en su forma trans.
  • Exceso de grasas saturadas en la dieta. Las llamadas «grasas duras» impiden la correcta absorción del ácido linoleico. La leche de vaca es rica en grasas saturadas y aunque se desnata y se le añade omega 3 para hacerla lo más semejante a la leche materna, el resultado es bastante diferente.
  • Introducción demasiado temprana de alimentos sólidos. Mientras el bebé no tiene dientes no puede digerir alimentos sólidos por falta de maduración de los órganos digestivos, no importa que los alimentos estén triturados. Nos referimos al gluten, frutas crudas, carne, etc. Tampoco tiene capacidad para digerir la caseína de la leche de vaca.

Estas prácticas comunes en fase pediátrica hacen que desde esta etapa temprana del desarrollo aparezca el síndrome de la hiperpermeabilidad intestinal también conocido como síndrome del intestino agujereado.

El debilitamiento del sistema inmune

A continuación, enumeramos los aspectos determinantes en el debilitamiento del sistema inmune que producen la leche de vaca y la carne de cerdo:

  • El alto poder antigénico de las proteínas lácteas y en particular de la caseína, que, al no metabolizarse correctamente, «irritan» a nuestro sistema inmunitario. Este aspecto es el más importante y el más ignorado por la clase médica y está en la base de todas las manifestaciones alérgicas.
  • Las altas concentraciones de productos químico-agroalimentarios, tanto en la producción de alimentos como en su elaboración: nitratos, fosfatos, pesticidas, conservantes, antioxidantes, etc.
  • Las leches para consumo humano contienen cantidades importantes de hormonas, antibióticos y otros medicamentos suministrados a las vacas permitidos por la legislación.
  • El efecto de la manipulación de la leche para su posterior consumo como la pasteurización, uperización, esterilización, liofilización, etc. desnaturaliza un alimento que ya en sí mismo no es adecuado para el consumo humano, con lo que la situación empeora aún más.
  • El consumo de carne de cerdo. A causa del contenido en histamina y cuerpos imidazólicos, es responsable de favorecer la puesta en marcha de procesos inflamatorios y urticariantes como se ha observado en el laboratorio y en la clínica tales como: apendicitis, colecistopatías, flebitis, flujo vaginal o leucorrea (en mujeres), abscesos y flemones, así como enfermedades cutáneas del tipo: eczemas, dermatitis, forunculosis, urticaria, neurodermatitis y otras dermatosis. Muchas veces, la primera carne que damos al niño es jamón de York. No sabemos qué publicidad de los años 50 nos dejó la idea de que el jamón dulce es alimento para niños y para enfermos.

A esta lista añadiríamos el efecto de fuerte estimulación antigénica de las vacunaciones, los medicamentos, los contaminantes industriales, etc.

Teniendo en cuenta que en la actualidad el amamantamiento ha decaído de una forma espectacular y que el consumo de productos lácteos está aumentando de un modo alarmante en todas las etapas de la vida, entendemos que la incidencia de las alergias sea cada vez mayor, tanto en niños como en adultos. En la actualidad, la leche es el alimento más consumido en el hogar, cosa impensable hace dos generaciones, cuando no existían ni la refrigeración ni la industrialización de la producción láctea.

Una vez que hemos descrito los alimentos y contaminantes más perjudiciales para los alérgicos, debemos abordar qué tipo de alimentación recomendaríamos al paciente.

Fortaleciendo el sistema inmune

Ofrecemos unas pautas generales para iniciarse en una forma de comer que permite reforzar el sistema inmunitario y mejorar la salud.

  • Excluiremos de nuestra dieta los «comestibles» también conocidos como alimentos ultraprocesados: todo aquello que es elaborado, manipulado y fabricado para que pueda ser comido, embutidos, chocolate, caldos de verduras, croquetas congeladas, etcétera.
  • Evitaremos de forma particular, la leche y los derivados lácteos en todos los casos, aunque tengamos buena tolerancia digestiva y los alérgenos que nos afectan sean ambientales o químicos.
  • Prescindiremos de la carne de cerdo y cualquier alimento elaborado que lleve carne de cerdo, como embutidos, jamón, etc.
  • Debemos tomar alimentos naturales, es decir, aquellos que se producen en la naturaleza, tanto en el reino animal como en el vegetal, lo menos transformados posible.
  • Tomaremos alimentos integrales, particularmente los cereales. Cuando se refinan los cereales se pierden la mayor parte de los nutrientes esenciales como son las vitaminas, los minerales y en el caso que nos ocupa, los ácidos grasos poliinsaturados presentes en el germen.
  • Todos los alimentos que consumamos deben ser ecológicos, porque además de tener una mayor concentración de nutrientes están desprovistos de los peligrosos residuos de la química agroalimentaria (abonos, pesticidas, etc.).
  • Los cereales integrales representarán al menos el 50 % del volumen total ingerido, las verduras y o las frutas el 25% y el resto correspondería a las legumbres y/o el pescado.

Como todas las manifestaciones alérgicas cursan con inflamación, es muy importante incluir formas de cocción largas con fuego lento y una proporción generosa de arroz integral. Seremos moderados en el consumo de líquidos y prepararemos los platos más sazonados que sosos.

Estas pautas generales pueden ser suficientes para experimentar una mejoría sustancial de las manifestaciones alérgicas.

Las alergias primaverales

La llegada de la primavera supone un aumento en el ambiente de sustancias capaces de provocar alergias, principalmente polen, polvo, humedad, parásitos de animales, como los ácaros, plumas, pelos, etc.

Estas sustancias producen una reacción inmunitaria de rechazo de forma explosiva que se pone en marcha cada vez que la persona entra en contacto con ese elemento extraño. En general, las reacciones alérgicas afectan fundamentalmente a la piel y al aparato respiratorio, y con menor intensidad al aparato digestivo.

Los síntomas que produce la alergia en el organismo son principalmente: urticaria, picor, rinitis con secreción nasal clara y estornudos, inflamación ocular con enrojecimiento, lagrimeo y escozor, y, a nivel pulmonar, dificultad en la respiración o asma por aumento de la secreción de mucosidad y constricción de las vías aéreas. Estos síntomas pueden desencadenarse solos o combinados, afectando a uno o varios órganos y ser de intensidad y duración variable.

La rinitis alérgica es la más frecuente de las reacciones alérgicas producida por alérgenos inhalables. Afecta a la mucosa nasal y se caracteriza por ataques de rinorrea con intenso escozor de la mucosa, con estornudos y obstrucción nasal. Suele acompañarse de conjuntivitis con intenso lagrimeo, escozor y enrojecimiento de la conjuntiva del ojo.

La conjuntivitis alérgica se caracteriza por picor, irritación, quemazón o sensación de cuerpo extraño (arenilla) y lagrimeo. Aparece principalmente en niños y adultos jóvenes, los cuales al menos en dos terceras partes poseen historia de rinitis alérgica, asma o eccema infantil.

El asma bronquial alérgica suele comenzar en la infancia o la adolescencia y con frecuencia coexisten en un mismo paciente otras manifestaciones como rinitis alérgica o eccema atópico.

La dermatitis o eccema atópico es una enfermedad eccematosa crónica que tiene una incidencia en individuos con predisposición a la rinitis alérgica y/o el asma bronquial.

Pero, ahora que ya conocemos cómo se manifiestan las alergias, nos debemos preguntar el porqué: ¿dónde está el origen de esa reacción exagerada del sistema inmunitario que se comporta de forma exuberante ante sustancias inocuas como el polen de las gramíneas y/o el pelo de los animales domésticos?

Lo que muchos no saben

En la leche y los derivados lácteos existen al menos 25 proteínas altamente antigénicas para las personas, es decir que actúan como sustancias extrañas, excitando al sistema inmunitario para que reaccione produciendo grandes cantidades de anticuerpos.

Al sobrecargar al sistema inmune, lo «agotan», haciéndolo más vulnerable a las alergias y a las infecciones. Una de las más conocidas, la caseína, representa el 84 % de las proteínas lácteas, por lo que está implicada en cualquier tipo de alergias.

La gravedad de la situación proviene de que la leche y los derivados lácteos son, con diferencia, los alimentos más consumidos en el hogar a lo largo de toda la vida.

Mi experiencia clínica de más de 35 años me permite afirmar que el alérgeno en cada tipo específico de alergia es solo «la gota que derrama el vaso», es decir, es quien provoca el desencadenamiento de la reacción alérgica, pero el causante de la hiper reactividad del sistema inmune, es el alto contenido de antígenos de la leche y los derivados lácteos.

La persona con alergia primaveral paradójicamente puede tener buena tolerancia a la leche y derivados, es decir pueden no sentarle especialmente mal y eso puede llevar a confundir la consecuencia (los ácaros, el polen, los pelos…) con la causa (la caseína).

Los factores externos que determinan las manifestaciones alérgicas son el polen, los ácaros y el resto de los alérgenos comunes.

Entre los agentes causales internos desencadenantes de las alergias están la leche y los derivados, a los que añadiremos todos los productos químicos de la industria alimentaria, los contaminantes ambientales, el plomo de las gasolinas, los medicamentos, las vacunas, etc., es decir, todas las sustancias químicas artificiales, creadas por la industria, que no existen en la naturaleza.

La importancia de la vida intrauterina

La sensibilización a las proteínas de la leche de vaca, muchas veces se hace a través de la placenta durante la gestación, es decir que ya en la vida intrauterina el feto sufre la sensibilización y cuando nace es un bebé atópico. Hay muchas madres que me dicen: yo durante el embarazo del primer hijo me sentaba en un queso y comía de otro. Son las que dan a luz un niño que desde el nacimiento tiene bronquiolitis, faringitis, laringitis, rinitis, conjuntivitis, dermatitis, gastroenteritis, etc.

Cuando en la consulta un adulto con alergias me dice que no ha tomado leche nunca porque no le sienta bien, yo le explico que ya la tomó su madre en abundancia durante el embarazo, que es un periodo que determina cualquier aspecto de la existencia humana.

Una cuestión que en muchos casos no se contempla es que los antígenos actúan por presencia, no necesariamente por dosis. Una persona puede no consumir leche, pero toma galletas, bechamel, fiambres y otros alimentos elaborados a los que se añaden proteínas de leche, o tomar sólo el chorrito de leche del café cortado… En todos los casos hay que prestar atención a la presencia de proteínas lácteas, sobre todo en los alimentos procesados.

Además, hay que tener en cuenta el factor de la predisposición o la susceptibilidad individual; es decir la tendencia a ser alérgico. Nos referimos a la genética o los antecedentes familiares… pero, si hablamos en términos de alimentación, nuestro genoma estaría condicionado por lo que han comido las siete últimas generaciones de antepasados.

Continúa en el post: Las causas de las alergias

Diferencia entre alimento y «comestible»

En los años cincuenta, cuando todavía no existían los supermercados, la comida se vendía en las llamadas tiendas de «comestibles». Esa palabra ha llegado hasta nuestros días y hace que algunas personas consideren que alimento y comestible son sinónimos, de hecho, en el diccionario no se distinguen. Sin embargo, podemos afinar y ver que las diferencias son notables.

Un alimento es aquel que se produce en la naturaleza, y puede ser de origen animal como las carnes, pescados, mariscos, huevos, leche… o de origen vegetal, como los cereales, legumbres, verduras, frutos secos, frutas…

Por el contrario, un «comestible» es un producto elaborado por la industria alimentaria que no existe en la naturaleza y que es susceptible de ser comido. Nos referimos al azúcar, los refrescos químicos, las sopas de sobre, los batidos de proteínas, las barritas energéticas, leches de fórmula… es decir todo lo que está procesado y/o elaborado.

Los seres humanos estamos diseñados biológicamente para consumir exclusivamente alimentos que además deberían ser naturales, integrales y ecológicos. De hecho, hasta la llegada de la Revolución Industrial el ser humano sólo ha tenido a su alcance alimentos sin procesar.

Los verdaderos alimentos no solo nos nutren, además nos vitalizan, contrariamente a los comestibles que nos proporcionan calorías vacías y no favorecen la salud.

Los «comestibles» serían recursos para consumo ocasional y deberían ser descartados de nuestra dieta si nuestra salud no es óptima.

¿Tu despensa contiene más alimentos o más «comestibles»?

El agua del grifo: más que H2O II

Tanto si queremos mantener la salud, como recuperarla porque estamos enfermos, debemos utilizar agua «limpia» que además de estar débilmente mineralizada, tendrá un pH cercano a 7 y que no estará oxidada. Fue Louis-Claude Vincent quién definió estos parámetros en sus estudios sobre la bioelectrónica del agua en París a principios del siglo pasado.

Continuación del post: El agua del grifo: más que H2O I

Purificar el agua: una necesidad

La mayoría de las aguas contienen todo tipo de contaminantes, como gérmenes, productos químicos, restos biológicos, elementos radiactivos… y debido a su gran poder disolvente, incluso las llamadas potables contienen una gran cantidad de sustancias insalubres disueltas, por lo que es preciso purificarlas.

No consideramos suficiente usar un sistema parcial como un filtro de carbono, un descalcificador o los rayos UVA, ya que no se trata sólo de filtrar los tóxicos que están en suspensión en el agua, sino de eliminar también aquellos contaminantes que está disueltos en ella.

La ósmosis inversa

Es un método de purificación que permite separar el agua de las sustancias que contiene como sales, cloro, materias inorgánicas, plaguicidas, bacterias… El funcionamiento de la ósmosis se basa en un aumento de la presión del agua para que atraviese una membrana que retiene las impurezas.

Este sistema impide el paso de contaminantes como el arsénico, asbesto, pesticidas, herbicidas, flúor, plomo, mercurio, nitratos, benceno, tricloroetileno y un largo etcétera. Es el mejor sistema de filtración de agua en la actualidad y muchas empresas del sector han añadido a sus productos complementos como el filtro de carbón activado y las lámparas ultravioleta, de modo que los sistemas de ósmosis inversa serían los productos para purificar el agua más completos del mercado.

La ósmosis es un procedimiento físico que no requiere el uso de sustancias químicas, por lo que el agua que se desecha sólo contiene los contaminantes de origen, siendo por lo tanto un sistema respetuoso con el medio ambiente.

Uno de los inconvenientes que se le achaca a este método es que desperdicia mucha agua ya que a través de la membrana pasa menos agua purificada que la que se deshecha. Lo que ocurre es que el agua eliminada es la que está cargada de contaminantes, por lo que no es adecuada para las actividades humanas, por lo que no sería un despilfarro eliminarla.

Algunos critican que el agua que se obtiene mediante este sistema es casi pura, es decir, con muy débil mineralización, incluso afirman que es semejante a la destilada, sin embargo, las diferencias entre ambas son sustanciales como veremos más adelante.

El agua y la vida celular

La célula vive como una pila. El núcleo es el polo negativo (cátodo) de carácter reductor y el citoplasma es el polo positivo (ánodo) de carácter oxidante.  Entre el interior y el exterior de la célula existe una diferencia de potencial que se llama potencial de membrana. Esto explica que todos los procesos celulares se realizan mediante flujos eléctricos con diferencias de potencial, por lo tanto, el agua metabólica debe estar viva (debe conducir la corriente) y no muerta como el agua destilada.

La destilación

La destilación es un proceso de purificación de agua de eficacia comprobada durante mucho tiempo, en el que se hierve el agua hasta que se evapora completamente, a continuación, el vapor se condensa y se recoge en un recipiente. De esa manera se separan todos los contaminantes y se obtiene H2O pura.

Cuando destilamos el agua, su conductividad es cero, lo que quiere decir que, al no haber ningún ion en disolución, no conduce la electricidad, por eso decimos que es un agua muerta. El agua destilada es la óptima únicamente para el buen funcionamiento de las máquinas, que no son seres vivos.

El agua en los seres vivos

En la naturaleza no existe el agua destilada, incluso el agua de lluvia tiene conductividad ya que mientras va desde las nubes hasta el suelo «se carga» aunque sea débilmente, lo mismo ocurre con el agua que contienen las hortalizas y las frutas que tampoco es destilada.

Para un químico la diferencia entre el agua pura (destilada) y casi pura (osmotizada) no es sustancial, sin embargo, para un biólogo la diferencia es fundamental. Las leyes de la vida van más allá de las leyes de la química (materia) y deben contemplar la física (energía). Todos los seres vivos, incluidos los seres humanos somos materia y energía. Esta afirmación se contempla cuando estudiamos la anatomía y la fisiología en las ciencias de la salud.

Las ciencias de la salud (la biología y la medicina) no son exactas. Dicho de otra manera, en biología cuando se dice siempre, es casi siempre, y el agua osmotizada es un ejemplo al caso, donde el agua no es pura, sino casi pura.

El agua destilada pertenece a otro grupo que es el de las sustancias inertes, es decir, sin vida. Esta agua además de no favorecer el flujo energético dentro y fuera de la célula, favorece la desmineralización por su alto poder disolvente.

¿Qué sistema usar?

Hay tanta literatura en torno al tema que muchas veces nos puede confundir. No olvidemos que cada empresa defiende lo que comercializa como lo mejor y que muchas veces la publicidad está enmascarada como información veraz.

Nuestra recomendación es un buen sistema de ósmosis inversa, con filtro de carbono y de UVA. Es un sistema que requiere instalación, que supone un desembolso económico la primera vez y requiere un mantenimiento anual barato, pero los beneficios que nos reporta compensan absolutamente.

El agua depurada que obtenemos no se puede considerar una sustancia biológica, pero sería la opción más parecida al agua de manantial, libre de químicos.

A continuación, os dejo dos enlaces a unos videos donde se resume muy bien en que consiste la ósmosis inversa:

https://youtu.be/pdwp6S1lrP0

https://youtu.be/AtCE_hzaEzo

la oferta de este tipo de productos es muy alta, por eso debes elegir aquel que sea más adecuado a tus necesidades. No recomendamos ninguna marca en particular.

El agua del grifo: más que H2O I

Del mismo modo que los alimentos de cultivo convencional están cargados de productos químicos que desequilibran su naturaleza original, el agua llamada potable, por no contener gérmenes, también muchas veces lleva disueltas gran cantidad de sustancias inadecuadas para el mantenimiento de la salud.

El agua que es la base de la vida es el constituyente principal de nuestro cuerpo y representa del 65 % al 70 % de nuestro peso. Su fórmula química es H2O. Es un compuesto muy reaccional y tiene un alto poder disolvente. Las reacciones químicas del metabolismo dependen de su calidad y pureza. Por eso nuestra salud y por tanto nuestra vida están condicionadas en gran medida por la calidad del agua que tomamos.

El tipo de agua que han utilizado los seres humanos desde el albor de los tiempos ha sido la procedente de la lluvia, que posteriormente ha sido trabajada por la naturaleza mediante el filtrado a través de las diferentes capas del suelo: es el agua de manantial o de pozo. Esas aguas naturales pueden tener mayor o menor riqueza en minerales dependiendo de qué tipo de terreno haya filtrado la que venía de la lluvia.

Para comprender cuáles deben ser las características idóneas del agua que consumimos para beber y cocinar, debemos saber que esta sustancia es el vehículo de las reacciones de oxidación-reducción en nuestro cuerpo, además de ser el disolvente universal. De modo que el agua óptima debería ser lo más parecida a esa definición de la escuela que dice: «el agua es un líquido, incoloro, inodoro e insípido».
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