Archivos mensuales: febrero 2021

Los colores, sabores y formas de cocción

La Medicina Oriental, holística, donde todo está relacionado, desde muy antiguo asocia el color de los alimentos, el sabor y las formas de cocción con determinados órganos del cuerpo. Algo que en occidente no se tiene en cuenta porque no se conocen las cualidades funcionales de los alimentos (su energía), sólo se contemplan la composición química y las calorías.

Así el riñón, la vejiga y el aparato reproductor armonizan con el color marrón-negro de las judías, con la oscuridad del invierno; con el sabor salado de las algas marinas, y con las cocciones prolongadas como los estofados a fuego lento y los horneados.

El hígado y la vesícula biliar resuenan con el color verde de las verduras de hoja y con la primavera; con el sabor ácido de los alimentos fermentados, y con las cocciones al vapor.

El corazón y el intestino delgado comparten energía con el color rojo de los frutos y frutas, con la luz del verano; con el sabor amargo, y con los alimentos crudos o escaldados.

El estómago, el bazo y el páncreas se activan con el color amarillo del mijo, con el ambiente cálido de los campos al final del verano; con el sabor dulce neutro de la calabaza, y con los hervidos y guisados.

Y finalmente, el pulmón y el intestino grueso se asocian con el color blanco del arroz y la nieve del invierno; con el sabor picante del nabo o del jengibre, y con las cocciones a presión y algo frito.

Por eso, para mantener el equilibrio interno, en la preparación de nuestros platos deberemos tener en cuenta los cinco colores, los cinco sabores y las cinco formas de cocción.

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Los mareos

Ante una situación de desfallecimiento, aturdimiento, inestabilidad o malestar con náuseas, decimos que estamos mareados, pero en muchos casos ignoramos la causa. Si te mareas de forma frecuente descubre la importancia de una correcta alimentación.

 

El horno microondas

Después de nuestra reciente publicación sobre La importancia del tipo de fuego en la cocina no podemos dejar de hablar de la cocina con microondas.

¿Cómo funciona un horno microondas?

Las microondas son una forma de energía electromagnética, similar a las ondas de luz o de radio. Se utilizan para emitir señales telefónicas de larga distancia, programas de televisión, información de ordenadores tanto en la tierra como en el espacio…

Cada horno microondas contiene un magnetrón, es decir un tubo en el cual los electrones son afectados por campos eléctricos y magnéticos de tal forma que se produce una emisión de ondas electromagnéticas que interactúa con las moléculas del alimento.

En los modelos comerciales, el horno tiene una potencia de entrada de alrededor de 1.000 vatios de corriente alterna. Cuando las microondas generadas desde el magnetrón bombardean a los alimentos, hacen que las moléculas del agua que contienen cambien su polaridad varios millones de veces por segundo. Y es precisamente la agitación que crea esa fricción molecular la que calienta los alimentos.

De todas las moléculas que son polares, el oxígeno de la molécula del agua es la que reacciona con más facilidad. Así es como se genera el calor al cocinar en el microondas, por fricción violenta de las moléculas de agua.

La propagación de la energía con ondas electromagnéticas es una forma de radiación, por lo que al calentar los alimentos en el horno microondas los estamos radiando.

Pensemos que entre las precauciones de su utilización los fabricantes nos insisten en el cuidado de que la puerta está bien cerrada para que no haya fugas ya que una emisión de baja intensidad de ondas electromagnéticas es especialmente peligrosa si el órgano sobre el que incide es el cristalino del ojo, ya que puede producir cataratas. Es igualmente peligroso para aquellas personas que llevan marcapasos, ya que se puede provocar alteraciones en la frecuencia de estos aparatos cardíacos.

Cualquier fuga de estas ondas supone una exposición miles de veces superior a la que estamos acostumbrados en la naturaleza, luego ya podemos intuir cómo afectarán esas radiaciones a los alimentos.

La intuición de nuestros mayores

Algunas personas mayores se mostraron muy recelosas ante la aparición de un horno que calienta los alimentos de “dentro a fuera”, es decir: el calor se genera dentro del alimento por fricción molecular, no hay una fuente de calor externa (leña, carbón, gas) como ha existido desde la invención del fuego.  La cocción por microondas comienza dentro de las células y de las moléculas donde hay agua, y es ahí donde la energía se transforma en calor por fricción.

En otros casos la intuición les permitía hacer afirmaciones como la siguiente: si asar un besugo en el horno tradicional cuesta 20 minutos y el microondas lo hace en un minuto, “algo debe tener”. Esa expresión es producto de la comprensión de una ley universal que dice: “todo lo que tiene cara, tiene reverso, y cuanto mayor es la cara, mayor el reverso. Toda “ventaja” conlleva aparejada una “desventaja” de la misma magnitud. Al considerar la rapidez con la que calienta, tener en cuenta que “la velocidad mata”.

Estudios sobre los efectos nocivos de los hornos microondas sobre la salud

Existe una amplia literatura sobre los efectos perjudiciales de esta forma de cocinar, de los que referimos un breve resumen.

Efectos sobre los alimentos

Según los últimos estudios realizados por institutos de consumo europeos independientes, los hornos de microondas pueden alterar la composición molecular de los alimentos.

Existen investigaciones que informan de una degradación estructural de los alimentos que da como resultado una disminución del valor nutricional de estos de entre un 60 y un 90 %.

Por ejemplo, el ácido fólico, una vitamina del grupo B básica para la formación de la sangre e importante para el desarrollo del sistema inmunitario y el crecimiento, desaparece en los alimentos tratados con microondas cinco veces más rápido que en los alimentos cocinados convencionalmente.

La riboflavina (vitamina B2) también disminuye mucho más rápido cuando se cocina en el horno microondas que con la cocción convencional; asimismo, existen pérdidas considerables en las vitaminas B1, B6 y en la C.

Del mismo modo, se altera la estructura proteínica de los alimentos. Cuando se pasteuriza la cerveza con un secador de microondas, aparece una nueva proteína en una concentración cinco veces superior a lo normal.

Por otra parte, la mioglobina, sustancia pigmentaria natural de la carne, tiende a desaparecer con la técnica de microondas.

En cuanto a los hidratos de carbono, en las patatas, se crean unas sustancias consideradas cancerígenas similares a los peróxidos. Las paredes celulares de coliflores y zanahorias aparecen completamente desagarradas, al contrario de lo que sucede con la cocina tradicional.

La radiación al provocar una destrucción y deformación de las moléculas de los alimentos y crea nuevos compuestos llamados “radiolíticos” que no existen en la naturaleza.

Si consumimos alimentos alterados, sería sensato preguntarse sobre el modo en el que esas sustancias modificadas van a afectar a nuestra propia estructura celular.

La doctora Lita Lee en su libro “Health Effects of Microwave Ovens” afirma que el horno microondas emite una radiación electromagnética que daña a los alimentos y convierte a las sustancias cocinadas en productos tóxicos peligrosos y carcinógenos.

Efectos biológicos

La exposición a la emisión de microondas también tiene un efecto negativo impredecible sobre el bienestar general de las personas.

Ya en los años 90 del siglo pasado, los doctores Hans Ulrich Hertel y Bernard H. Blanc de Instituto Federal Suizo de Tecnología y del Instituto Universitario de Bioquímica hicieron un estudio para observar la diferencia entre los valores sanguíneos de los sujetos que comían alimentos cocinados del modo tradicional y los que comieron los mismos alimentos cocinados en horno microondas.

Las diferencias fueron significativas: las personas que tomaban alimentos cocinados con microondas tenían disminuidos los valores de hemoglobina y colesterol, así como de linfocitos en relación con el grupo de control.

En otros estudios se ha detectado efectos fisiológicos negativos como pérdida de memoria, falta de capacidad de concentración, supresión del umbral emocional, enlentecimiento de los procesos intelectuales, sueño interrumpido, etc.

Reflexiones antes de utilizar el horno microondas:

El consumo continuado de alimentos cocinados en el horno microondas puede causar daño cerebral permanente como pérdida de memoria, de capacidad de concentración, inestabilidad emocional y reducción de la inteligencia.

Una alimentación basada en alimentos procesados en el horno microondas puede causar deficiencias en el sistema inmune y alterar la producción de hormonas sexuales. Del mismo modo se puede favorecer la multiplicación de las células tumorales en diferentes tipos de cáncer. Ya que se favorece la formación de radicales libres con el consiguiente aumento de los niveles de oxidación.

Podemos sufrir de desnutrición gracias a la reducción del valor nutricional que sufren los alimentos de partida, y además, nuestro organismo no puede metabolizar los productos desconocidos que se generan en los alimentos expuestos a la radiación de microondas y consecuentemente esas sustancias permanecen de forma indefinida en nuestro organismo.

Por lo tanto, si tenemos un horno microondas en nuestro hogar, debemos considerar si nos desprendemos de él o en el caso de utilizarlo, hacerlo de forma ocasional y prudente dado que los perjuicios superan con creces a los beneficios.

Escribiendo estas líneas me viene a la memoria el gran alarde publicitario que hizo uno de los mejores restaurantes de nuestro país, explicando que había modernizado la cocina poniendo todo tipo de aparatos eléctricos y de microondas para poder seguir ofreciendo un buen servicio a sus clientes y mantener la calidad de siempre, pero estando al día… ¡Sin comentario!

Igualmente invito a reflexionar a muchas parejas jóvenes que cocinan sólo en microondas, incluyendo el calentamiento de los biberones de sus hijos.