Bocaditos de salud

En este apartado quiero compartir con vosotros los fundamentos básicos que conforman y han asentado mi conocimiento. Información concebida para consumir de forma rápida, adaptada a la velocidad con la que se vive hoy en día, que espero os aporte algunas claves para que el alimento se convierta en una herramienta útil e imprescindible para cultivar vuestra salud. Se trata de desarrollar un criterio propio, entendiendo el valor energético de los alimentos más allá del nutricional, es el camino para tomar decisiones adecuadas en torno a la dieta que cada cual necesite o elija. Mi objetivo, más que daros los peces, es proporcionaros la caña con la que pescarlos.

Estimula al cerebro y gana memoria

La edad es un factor que contribuye a la pérdida de memoria al igual que otras capacidades, como la vista, el oído o la flexibilidad, pero cada uno de nosotros podemos acelerar o frenar este proceso según cuales sean nuestros hábitos cotidianos.

La Universidad de Rush (EE. UU.) reveló en un estudio que las personas que leen y escriben de forma habitual sufren un deterioro de la memoria un 32 % menor que el correspondiente a su edad. Por el contrario, aquellos que no estimulan al cerebro permiten que el deterioro de la memoria sea un 48 % superior al esperado por el paso del tiempo.

Pero además de leer y hacer crucigramas tenemos una herramienta de primer orden para frenar el envejecimiento, tanto general, como cerebral: la alimentación.

Para que nuestro cerebro apenas envejezca es primordial evitar los alimentos procesados de origen animal como embutidos, salazones, quesos curados, tabaco… los que categorizamos como yang, por su efecto favorecedor de la arteriosclerosis.

Del mismo modo prescindiremos del azúcar, la leche y sus derivados, la cafeína, el alcohol y los alimentos refinados, todos ellos alimentos yin, ya que están implicados en la aparición de la anemia. Recordemos que la hemoglobina es el transportador de oxígeno a nuestras células y el cerebro es el órgano que más oxígeno consume en relación con el resto de los órganos de cuerpo. Por eso, cuando padecemos anemia la actividad cerebral disminuye de forma notoria.

Nuestra dieta debe girar en torno a los cereales integrales, las legumbres y las verduras como alimentos preferentes, siempre de calidad ecológica.

La generosidad nos hace felices

Estas fechas tan entrañables nos invitan a hacer algunas reflexiones profundas acerca del porqué de las cosas. Hoy te mostramos una sencilla herramienta para gozar y ser felices: la generosidad.

Un día una madre intentando educar a su hijo le dijo: hijo, hay que ser generoso, ya que en la vida, si das, recibes. El niño, que aún era pequeño respondió: eso es mentira mamá, porque que ayer le di un beso a mi abuela y no me dio la paga.

La idea es que amar es dar, entregarse, compartir, cooperar… por eso, cuando das, la vida te devuelve satisfacción y felicidad. La madre que era sabia, poseía el conocimiento, y ahora un trabajo científico le da la razón.

Un estudio reciente de la Universidad de Pensilvania (USA) ha demostrado que las estrategias egoístas no conducen al éxito y por lo tanto a la satisfacción. La comprobación se ha hecho tanto con personas como con animales y, curiosamente, los resultados han sido los mismos.

La generosidad es lo que da felicidad, la cooperación favorece el bienestar y nos permite evolucionar. ¡Seamos felices!

La actitud ante la enfermedad

Wilhelm Reich (1897-1957) fue médico psiquiatra y uno de los pensadores más lúcidos y revolucionarios del siglo XX. En 1937 describió a grandes rasgos cómo el psiquismo puede influir en la aparición de la enfermedad.

Este hecho ha sido comprobado por numerosos investigadores y las manifestaciones de los desequilibrios acontecen en el plano físico y en el energético simultáneamente siempre. Hay aspectos que crean el terreno que favorece la aparición de la enfermedad, como la tendencia a la pasividad, la represión habitual de las emociones, el sentimiento de fatalidad.

Si hacemos una lectura inversa, comprobamos que también hay múltiples trabajos que muestran que los pacientes luchadores y optimistas, tienen generalmente una esperanza de vida mucho mayor que los enfermos resignados, que simplemente aceptan la desgracia de la enfermedad.

O. Carl Simonton (1942-2009) fue un médico especialista en radiología y oncología conocido por sus métodos alternativos en el tratamiento del cáncer. Comprobó cómo en los pacientes optimistas la radioterapia tenía mejores resultados que en lo pesimistas. Concluyó que la actitud del enfermo es un factor mucho más importante que el grado de evolución de la enfermedad, aunque el optimismo por sí solo, no sea garantía de curación.

Basó su trabajo el campo de la Psiconeuroendocrinoinmunología y creó el Método Simonton que se centra en las interacciones entre la mente y el cuerpo: cómo las creencias, actitudes, elecciones de estilo de vida, perspectivas espirituales y psicológicas impactan nuestra fisiología y función inmunológica, y cómo pueden afectar dramáticamente a la salud.

De modo que la actitud ante la enfermedad es una poderosa herramienta  en la recuperación de la salud y está al alcance de cada uno de nosotros.

Acerca de la paz y la guerra

La expresión “somos lo que comemos” tiene muchos significados. Hoy hablamos sobre la influencia de la alimentación en el comportamiento.

En diferentes lenguas lejanas podemos ver los significados de algunas palabras cono son la guerra y la paz.

En China el término para paz, Wa, combina los ideogramas “grano” y “boca”.

En la India, el término védico para la guerra significa “guerra de vacas”.

Los antiguos orientales sabían intuitivamente que una alimentación compuesta por cereales integrales favorecía una sociedad pacífica y saludable, mientras un consumo excesivo de alimentos animales producía desórdenes personales y sociales.

En occidente, la epopeya “El Paraíso Perdido” John Milton atribuía un pasado feliz y en paz a una forma de vida sustentada por los cereales y las verduras.

En “La República” de Platón, Sócrates afirmaba que una dieta de calidad vegetal era la esencia de la paz.

No deja de ser sorprendente que los estudios antropológicos, sociológicos e históricos modernos estén confirmando la sabiduría del pasado.

En un simposio sobre antropología y violencia social la antropóloga Margaret Mead propuso unos cambios radicales en la dieta para prevenir las guerras actuales. Se trataría de no usar animales como fuente de alimento, de modo que respetando la vida animal, por extrapolación se respetase la vida humana.

El profesor Quincy Wright, después de estudiar 600 culturas primitivas concluyó que la lucha armada es más prevalente en las sociedades donde los alimentos animales son dominantes en la dieta que en las más vegetarianas.

Clasificó las sociedades modernas según la cantidad de guerras en las que han participado en los últimos cinco siglos, comprobando cómo los países accidentales, con Inglaterra a la cabeza, cuya alimentación es predominantemente carnívora participaron en más guerras que los países orientales como China y Japón de tradición más vegetariana.

La lista de estudios es interminable, en el Líbano, Alemania, Rusia, etcétera.

Si estudiamos zoología podemos observar que los animales carnívoros tienen una conducta agresiva, frente a los herbívoros en los que predomina un comportamiento defensivo.

Como los seres humanos somos omnívoros, es decir, podemos consumir alimentos tanto de calidad animal como vegetal,  debemos valorar si los alimentos animales deben ser la base o el complemento de la dieta.

La luna llena influye en el sueño

La Universidad de Basilea ha demostrado que la luna llena afecta a la calidad del sueño. Se ha observado que durante la luna llena tardamos más en conciliar el sueño y dormimos menos tiempo. Así mismo la calidad del sueño es peor. Los estudios han mostrado que durante la luna llena, la actividad cerebral en las áreas relacionadas con el sueño profundo disminuye en un 30 por ciento.

La clave para comprender este fenómeno es que durante la luna llena la energía es más expansiva/yin y esta manifestación favorece la activación cerebral y la vigilia.  Si habitualmente tenemos tendencia al insomnio, es conveniente que durante la luna llena reduzcamos el consumo de alimentos yin como los dulces, los estimulantes, los batidos… para no pasar las noches en vela.

Para más información ver el post: “Los alimentos yin”

Siropes: de arce, de ágave, de remolacha…

Hoy hacemos una breve reseña de tres edulcorantes populares que muchas personas consumen como alternativa al azúcar, cuando en realidad no representan una alternativa saludable, sino más bien una moda.

El sirope de arce es la savia que desprenden los arces de los bosques boreales norteamericanos que posteriormente se hierve hasta obtener la consistencia de una miel. Unos 10 litros de savia producen un vaso de miel aproximadamente. Lo podríamos comparar con un zumo hervido.

Tiene la mitad de calorías que el azúcar blanco ya que su contenido en sacarosa es del 66 %. Este hecho sumado a la publicidad ha hecho que sea un producto muy popular.

El sirope de agave es sin embargo, un potente endulzante con sus luces y sus sombras, se extrae a partir de las hojas de una planta que es parecida a la del Aloe. Se trata en este caso también del zumo de una parte de la planta. Algunos lo llaman el sustituto vegano de la miel.

Endulza dos veces más que el azúcar y contiene un 70 % de fructosa y un 25 % de glucosa. Su elevado contenido en fructosa no es ninguna ventaja respecto a la sacarosa, ya que se trata igualmente de un azúcar rápido y está implicado de forma importante en la elevación de los triglicéridos en la sangre.

Por otra parte muchos de los siropes que hay en el mercado se obtienen mediante procesos químicos que no son precisamente saludables.

El sirope de remolacha es la melaza que resulta de reducir el zumo natural concentrado de la remolacha azucarera recién cosechada, después de haber eliminado la fibra. En muchos casos es un producto residual de la industria azucarera.

Sin entrar en otro tipo de consideraciones, cualquier zumo dista enormemente de ser un alimento integral. Esta reflexión puede resultar chocante para algunos, pero pensemos que al descartar la pulpa del alimento de partida desaparecen la fibra y muchos nutrientes que son imprescindibles para el metabolismo de los azúcares que contiene el alimento de partida.

Por eso, si lo que buscamos es una alternativa saludable al azúcar, debemos descubrir las maltas de cereales.

Las maltas de cereales tienen el aspecto y la consistencia de la miel, pero proceden de los granos integrales, y se obtienen mediante un proceso de fermentación natural que convierte los almidones de los cereales en maltosas.

Además de ser alimentos probióticos, son ricos en nutrientes como fibra, vitaminas y minerales. El proceso de fermentación se hace con los granos integrales por lo que no hay pérdida de nutrientes.

Estamos ante un endulzante que además de ser un alimento integral y ecológico, tiene efecto probiótico y carácter reductor (antioxidante). ¿Qué más se puede pedir?

 

Harina blanca y vida corta

A principios del siglo XIX en pruebas de alimentación con animales, M. Magendie un científico francés, descubrió que la harina blanca refinada no permitía el mantenimiento de la vida. En uno de sus experimentos concluyó: “Un perro alimentado en forma indefinida con pan blanco y agua, no vive más allá de los 50 días y sin embargo, un perro alimentado con pan tosco de cebada como el que comen los soldados, vive y mantiene la salud”.

La doctora Kousmine en su libro ¡Salve su cuerpo! escribió: “El grano de trigo triturado y transformado en harina deja de estar vivo. La harina blanca es un alimento muerto que se conserva muy bien; de hecho los roedores no se alimentan de ella, el instinto les lleva a evitarla, no la tocan”.

En otra parte del libro añadió: “Los ratones criados con harina molida hace más de 6 semanas se crían mal y tampoco es posible criar pollos con harina vieja.  No ocurre lo mismo si la harina es recién en molida”.

Si echamos un vistazo a la historia, los ejércitos romanos de antaño salían de campaña llevando consigo trigo y mijo en grano, así como una muela por unidad de ejército, llamada cohorte. La molienda se efectuaba todos los días. Cada soldado recibía setecientos cincuenta gramos de cereales por día.

Si la harina integral recién molida era la base de la alimentación de un ejército que conquistó media Europa debemos reflexionar sobre de dónde venimos y hacia dónde vamos.

Las aftas bucales

Las aftas son unas llagas superficiales, pequeñas, con el borde rojo que aparecen sobre todo en la mucosa de la boca, y son muy frecuentes sobre todo en la adolescencia. Como en algunos casos son muy recurrentes, antes de utilizar enjuagues antimicrobianos, analgésicos y corticoides, nos debemos plantear cuál es su origen, para poder prevenir su aparición.

Sabemos que las inflamaciones agudas están causadas por un sobreconsumo de alimentos yin como chocolate, cítricos, café… y que algunas personas son muy sensibles a estos alimentos y por eso tienen frecuentemente la mucosa oral dañada.

Como  los alimentos que dañan a la mucosa oral también lo hacen, sin ninguna duda, al resto del aparato digestivo, este también estará ulcerado y va a dar lugar a problemas de mala absorción  principalmente.

Las algas y el estroncio 90

Los científicos del laboratorio de investigación gastrointestinal en la universidad McGill en Canadá informaron de que una sustancia contenida en las algas kombu podía reducir entre un 50 y un 80 por ciento la cantidad de estroncio radiactivo absorbido a través del intestino.

El alginato de sodio contenido en las algas, permitía que el calcio fuese normalmente absorbido a través de la pared intestinal, mientras ligaba al estroncio que era eliminado del cuerpo a través de las heces.

Este estudio se hizo para ver el modo de contrarrestar los efectos de la lluvia radiactiva y de la radiación. Por eso clasificamos las algas marinas como alimentos/medicamento, en este caso altamente descontaminantes.

La carne y la diabetes

Según los doctores Fagherazzi y Clavel-Chapelon para prevenir la diabetes no es suficiente con reducir el consumo de azúcares y alimentos refinados, y tomar cereales integrales, sino que es necesario reducir el consumo de carne.

El Centro de Investigación en Epidemiología y Salud de la Población, dependiente del gobierno francés realizó un estudio durante 14 años con más de 60.000 personas y llegó a la conclusión de que la carne, al igual que los alimentos refinados, produce un balance acidificante en la dieta y esa acidosis crea el terreno adecuado para que se desarrolle la diabetes.

Concluyeron que el balance global de la dieta para estar en salud debe ser alcalinizante.

Estudios como el citado nos permiten corroborar una vez más la necesidad de contemplar la dieta en su conjunto y no contemplar los alimentos exclusivamente de forma individual.