Bocaditos de salud

En este apartado quiero compartir con vosotros los fundamentos básicos que conforman y han asentado mi conocimiento. Información concebida para consumir de forma rápida, adaptada a la velocidad con la que se vive hoy en día, que espero os aporte algunas claves para que el alimento se convierta en una herramienta útil e imprescindible para cultivar vuestra salud. Se trata de desarrollar un criterio propio, entendiendo el valor energético de los alimentos más allá del nutricional, es el camino para tomar decisiones adecuadas en torno a la dieta que cada cual necesite o elija. Mi objetivo, más que daros los peces, es proporcionaros la caña con la que pescarlos.

El propóleo

Es una mezcla resinosa que obtienen las abejas de las yemas de los árboles para cubrir las paredes de la colmena con el fin de combatir los posibles agentes infecciosos como los hongos, las bacterias y los virus que pudieran afectarla. Es una especie de masilla selladora.

Se le atribuyen propiedades curativas como fungicida, bactericida y antiviral. También es un buen cicatrizante, analgésico y regenerador de la piel.  No obstante su utilización en humanos se debe hacer con reserva ya que algunos de los productos de la colmena son muy alergénicos y podrían producir sensibilización a medio plazo.

En su uso medicinal, como es una sustancia fuertemente yang, sube las defensas y cicatriza, es decir “cura” las heridas, no importa si se trata de un acné o una sinusitis.

El propóleo puede ser un buen remedio sintomático para trastornos de este tipo, pero en cualquier caso debemos preguntarnos acerca del origen del problema.

Si tenemos por ejemplo un catarro, debemos preguntarnos acerca de su origen y mientras lo averiguamos, el propóleo puede ser un remedio natural para uso puntual.

En el caso que nos ocupa es imprescindible prescindir de los alimentos yin porque son inmunosupresores, ya que si no lo hacemos necesitaremos tomar propóleo de forma continuada.

Una vez más abogamos por la medicina causal frente a la medicina sintomática aunque ésta emplee remedios naturales, como es el caso.

Cuando viajo, me mareo

Hoy comparto con vosotros un breve escrito que da respuesta al porqué de los mareos y los vómitos durante los viajes. Modificando nuestros hábitos alimenticios los viajes pueden dejar de ser una pesadilla.

Muchas personas tienen problemas en los viajes y llegan incluso a vomitar como consecuencia del mareo. Por eso nunca se ponen en marcha sin las pastillas para hacer más soportable el trayecto. Solo algunos conocen remedios infalibles como la raíz de jengibre, la ciruela umeboshi o el bocata de tortilla.

La comprensión del comportamiento energético de los alimentos, lo que algunos llaman el yin y el yang, es esencial para entender el origen de este desorden, así como el porqué del funcionamiento de los remedios antes citados.

Los alimentos yin tienen energía ascendente y expansiva, es decir, abren el cardias, lo que comúnmente se conoce como la boca del estómago: empujan su contenido hacia arriba y se suben a la cabeza del mismo modo que lo hace el alcohol. Nos referimos al azúcar y todo lo dulce, así como a los alimentos grasientos como la mantequilla y la nata. También son yin los zumos, helados y refrescos.

Cuando consumimos alimentos de este grupo antes de viajar, la probabilidad de sufrir mareo aumenta de forma notable. De la misma manera, ocurrirá lo mismo si los alimentos yin son predominantes en nuestra dieta cotidiana.

Los alimentos yang, por el contrario, tienen energía descendente y contractiva: son las carnes, pescados, huevos y, en general, todo lo salado. Un ejemplo de la energía descendente de los alimentos yang es el ataque de gota que se manifiesta en el dedo gordo del pie, cuando abusamos de la carne. Casos como éstos explican por qué funcionan remedios populares como la ciruela umeboshi, la raíz de jengibre, una buena tortilla o un bocadillo de jamón, etc.

Para poder disfrutar del viaje sin necesidad de medicamentos debemos aprender a reconocer el aspecto funcional de los alimentos: su comportamiento en el cuerpo.

Una vez más, no nos queda más remedio que rendir tributo a Hipócrates cuando decía: “que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”.

¿Si desapareciesen las vacas?

Según el estudio Los lácteos en la dieta de los españoles, nueve de cada diez toman leche a diario. En total, 150 kilos de productos lácteos por persona al año. Estos datos le convierten en el líder indiscutible en la lista de alimentos consumidos en nuestro país. De esta manera, nadie discute que debemos tomar leche de vaca para crecer, amamantar, obtener calcio, etc.

Pero… ¿qué pasaría si todas las vacas del planeta desapareciesen de golpe? Si miramos a los pilares de la dietética clásica, donde los productos lácteos representan uno de los cuatro grandes grupos de alimentos que hay que tomar cada día, nosotros desapareceríamos detrás de ellas… ¿De veras? Obviamente, no. Los seres humanos no dependemos biológicamente de las vacas para nuestra supervivencia; considerando veraz este planteamiento, estaríamos asumiendo que somos parásitos de las vacas: ¿Exagerado no?

La realidad es que, si desapareciesen las vacas, la salud de la población mejoraría sensiblemente; disminuirían las alergias, el cáncer de mama, la endometriosis, la pubertad precoz, la diabetes infantil, la colitis ulcerosa, etc., por citar sólo algunas de las enfermedades más prevalentes en las generaciones jóvenes directamente relacionadas con el sobreconsumo de leche y derivados.

Conclusión: la leche de vaca no es un alimento para seres humanos y sí para ser mamada por los terneros después de nacer.

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El efecto placebo

El efecto placebo es la influencia beneficiosa de un tratamiento que no produce ninguna acción farmacológica. La explicación científica de este fenómeno es que hay una estimulación de determinadas partes del cerebro que influyen en la percepción de la salud y el bienestar. En lo que se refiere a medicamentos para el dolor, se observa que, cuando se toma un placebo, se liberan endorfinas.

En la actualidad los placebos se emplean, casi exclusivamente, en ensayos clínicos controlados. En la antigüedad, sin embargo, quien curaba era el médico a través del acto médico en sí y, por tanto, los placebos eran los elementos de la curación.

Del mismo modo, los médicos antiguos, hombres de conocimiento, cuando curaban, lo hacían porque ellos mismos eran el agente terapéutico. En definitiva, remedios placebo han existido en la Medicina China Antigua, en el Corpus Hipocrático, en la Farmacopea de Galeno, etc.

Paradójicamente, en ciertas especialidades de la medicina moderna, el efecto placebo tiene cada vez más importancia. Tanto es así que, en los cuadros depresivos, el consumo de placebos aumenta un siete por ciento cada diez años.

Una muestra elocuente, sin lugar a dudas, del poder de la mente sobre el cuerpo. Para las grandes farmacéuticas se ha convertido en una obsesión hacernos creer que lo único que cura son los medicamentos que ellas producen: por qué será…

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Christoph von Hufeland

Fue un médico y filósofo que vivió en el siglo XVIII y fue el galeno más eminente de su tiempo en Alemania, además del médico personal de Goethe y del rey de Prusia. Fue amigo personal de Hahnemann e inventó el término Macrobiótica.

En su libro “Macrobiótica o el Arte de Prolongar la Vida” escribió: Cuando el ser humano sigue las leyes de la naturaleza, vive más tiempo y cuando se desvía de esas leyes, acorta su vida. El poder curativo de la naturaleza, es el principal medio del que disponemos para evitar la enfermedad. 

Afirmaba que el arte de prolongar la vida no debe confundirse con la medicina ordinaria, va mucho más allá de la aplicación de medicamentos.

Von Hufeland recomendaba una dieta sencilla basada en los cereales integrales, acompañados de verduras. Daba una importancia primordial a la masticación y advertía sobre los peligros de la carne y el azúcar. Recomendaba igualmente la lactancia materna.

No deja de ser sorprendente que a pesar de ser un médico occidental tenía clara la comprensión energética de los alimentos. Los cereales son equilibradores, la carne es excesivamente yang y el azúcar demasiado yin, de modo que para practicar el arte de prolongar la vida es imprescindible comer  equilibradamente.

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La moda de la bebida de soja

La soja es una legumbre nutricionalmente muy interesante por su contenido en proteínas, grasas insaturadas, fibra, etc. pero es tan indigesta que los asiáticos no la han consumido tal cual a lo largo de la historia como como se hace con el resto de legumbres, azukis, lentejas, etc.

Desde los tiempos más antiguos la soja se ha fermentado y son precisamente los derivados fermentados de la soja los que son saludables: hablamos del miso y el tamari. Estos alimentos contienen, además de los nutrientes de partida de la soja, los probióticos y las enzimas que se producen durante la fermentación.

Estos dos alimentos, al estar “curados” con sal durante largo tiempo, tienen un poderoso efecto regulador del medio interno, es decir: alcalinizan, revitalizan, son antioxidantes… y curiosamente no se publicitan como en el caso de la bebida de soja.

La popularización de la bebida de soja viene de la mano de propia industria láctea, que, conocedora de los problemas que acarrea el consumo de los productos lácteos, nos ofrece como alternativa una bebida vegetal blanca que recuerda a la leche. Esto unido a la idea de que lo oriental es saludable, ha puesto de moda esta bebida.

Es cierto que desde el punto de vista nutricional es un alimento aceptable, pero desde el punto de vista energético no lo es tanto: es fuertemente yin, o lo que es lo mismo, altamente enfriadora, muy indigesta e inhibidora de la vitalidad sexual y reproductora.

Por eso se puede consumir de forma ocasional si se tiene buena salud digestiva, pero en ningún caso debe ser utilizada como sustituto de la leche de vaca ya que no nos aporta ninguna ventaja.

Alimentos quemagrasas

Algunos alimentos conocidos como termogénicos pueden ayudarnos a activar nuestro metabolismo o lo que es lo mismo, a “quemar” más rápidamente lo que comemos y de ese modo favorecer la bajada de peso.

Son ingredientes que no pueden faltar en nuestra dieta cuando queremos aumentar nuestro gasto energético. Los tomaremos como acompañamiento, en ningún caso como plato principal.

Las algas marinas

Son las verduras del mar y además de tener un poderoso efecto saciante gracias a su contenido en fibra, son muy ricas en minerales y oligoelementos. Una parte muy importante del yodo que contienen no es biodisponible por lo que su consumo como guarnición no conlleva ningún riesgo para la salud.

La mostaza

Es un condimento que tiene efecto vasodilatador y por lo tanto aumenta la temperatura corporal, hecho que activa el metabolismo. Además realza el sabor de los platos por lo que la podemos incluir en nuestros menús.

El jengibre

Aumenta la temperatura corporal hasta en un veinte por ciento y también previene la formación de gases, es por tanto un gran aliado como acompañamiento en las dietas para perder peso.

Se trata de añadir, color, textura y sabor a nuestros platos a la vez que quemamos grasas.

La maca andina

La Maca es una planta de la familia de las coles y de la mostaza que se cultiva como alimento en la cordillera andina desde la antigüedad. La parte utilizada es la raíz, de la que se dice que  tiene propiedades medicinales. Algunos llaman a la Maca el Ginseng peruano.

Se le atribuyen propiedades como la mejora de la vitalidad sexual y la fertilidad, así como el aumento de la energía general del cuerpo y el fortalecimiento  del estado de ánimo…

Cuando contemplamos los vegetales desde el punto de vista energético observamos que las verduras de raíz fortalecen, las redondas centran y las de hoja relajan.

Como la Maca es una verdura de raíz tendría un efecto fortalecedor al igual que el ginseng, el kuzu, el jengibre… y puede ser utilizada como complemento de la dieta cuando sea necesario crear una condición yang.

Para ver unos buenos resultados además de tomarla como complemento, es imprescindible hacer una dieta equilibrada con alimentos biológicos y teniendo en cuenta el balance energético yin/yang. 

Muchas de las propiedades casi milagrosas que podemos leer en diferentes medios atribuidas a este producto, son tan sólo publicidad encubierta en forma de información.

Limitaciones del método científico

Colbin, Campbell y Chen Junshi, directores del estudio de salud de China en los años 80, ya dijeron que la mayor parte de las enfermedades humanas son resultado de la exposición a numerosos factores, durante largos periodos de tiempo. Explicaron la relación entre el consumo de alimentos ricos en grasas y las enfermedades cardiovasculares, etc.

Pero el enfoque analítico de la medicina moderna, de aislar un nutriente y buscar un mecanismo específico de causa efecto, debe ser equilibrado por una propuesta de síntesis globalizadora donde se considere el equilibrio de la dieta en su totalidad, en relación con los hábitos de vida y los factores ambientales.

Hoy hay que prestar más atención a la calidad de lo que comemos, es decir, si los alimentos son integrales o no, si son biológicos, si se consumen diariamente, en la estación en la que se producen o todo el año, etc. 

Sin duda, además de los estudios científicos y los factores enumerados, habría que incluir también las tradiciones culturales, el desarrollo espiritual, la intuición y la introspección. Tenemos que tener en la mente la gran visión: La Macrobiótica.

Es una disciplina que contempla la alimentación en función del sexo, la edad, la actividad, el estado físico/psicológico de la persona y tiene en cuenta la frecuencia de consumo, la proporción entre los distintos grupos de alimentos y las formas de preparación  de los mismos, etc. Sólo esta aproximación global, holística nos puede proporcionar herramientas válidas para utilizar la alimentación como una poderosa medicina. 

Médicos por una medicina responsable

Hace más de 30 años, el Comité de Médicos para una Medicina Responsable en EE. UU. compuesto por más de 3.000 miembros, propuso cuatro nuevos grupos de alimentos: cereales integrales, legumbres y derivados, verduras frescas y frutas. Esta opción sustituiría a los cuatro grandes grupos básicos de la alimentación moderna que son: la carne, pescado y aves de corral, los productos lácteos, los cereales refinados y las verduras y frutas.

En el estudio, la carne, los productos lácteos y otros alimentos animales se contemplaban sólo como opcionales ya que los doctores afirmaban que su consumo está directamente asociado al aumento de riesgo de cáncer, enfermedades cardiacas, obesidad, diabetes y osteoporosis entre otras enfermedades. A día de hoy, sus recomendaciones no se tienen muy en cuenta, ni en EE. UU. ni en el resto de los países ricos. 

La prevención de las llamadas enfermedades de la civilización pasa por cultivar la salud, sabiendo qué es lo que más nos conviene comer, más que por hacerse chequeos de forma periódica. 

Empezar a cuidarnos cuando nos han diagnosticado la enfermedad es tanto como ponernos a cavar un pozo cuando ya tenemos sed. La salud es nuestro bien más preciado y nos concierne a nosotros mismos, por lo tanto, debemos dar prioridad a todos los hábitos de vida saludables.