Bocaditos de salud

En este apartado quiero compartir con vosotros los fundamentos básicos que conforman y han asentado mi conocimiento. Información concebida para consumir de forma rápida, adaptada a la velocidad con la que se vive hoy en día, que espero os aporte algunas claves para que el alimento se convierta en una herramienta útil e imprescindible para cultivar vuestra salud. Se trata de desarrollar un criterio propio, entendiendo el valor energético de los alimentos más allá del nutricional, es el camino para tomar decisiones adecuadas en torno a la dieta que cada cual necesite o elija. Mi objetivo, más que daros los peces, es proporcionaros la caña con la que pescarlos.

Embarazo y evolución biológica

La visión que compartimos hoy sobre la vida intrauterina nos permite aprender a contemplar los fenómenos desde una perspectiva holística, relacional e integradora del conocimiento y aprender a reverenciar a la vida.

La vida se origina en el mar y transcurre en las aguas durante aproximadamente 2.800 millones de años. En ese período aparecen los primeros seres unicelulares y a continuación se desarrollan los invertebrados, los peces y los anfibios. Estos últimos representan el paso de la vida a tierra firme.

El periodo de la vida terrestre abarca tan sólo 400 millones de años y da lugar en la escala evolutiva a la aparición de los reptiles, las aves, los mamíferos. El eslabón final es el ser humano, el animal más evolucionado.

Si observamos los fenómenos desde la perspectiva macrocosmos/microcosmos podemos entender el embarazo como una réplica de la evolución de la vida en la tierra.

En la vida intrauterina, inmediatamente después de la fecundación, somos una célula que se multiplica y da la mórula que se asemeja a un invertebrado, a continuación, el feto sigue evolucionando, dando lugar a la blástula y la gástrula y cuando el embrión ya está formado se asemeja a un renacuajo, la cría de una rana.

El parto representa la fase anfibia, es decir, el paso de nadar en el líquido amniótico que es salado, a respirar a través de los pulmones en un ambiente aéreo, la tierra firme. Los placenteros baños de los bebés en los primeros meses de vida forman parte de esa transición agua/tierra.

A continuación, según se desarrolla el niño, pasa por la fase de gateo que sería la que corresponde con la etapa evolutiva de los reptiles…  y finalmente se pone de pie y camina como etapa final de su desarrollo.

Si comparamos el tiempo que dura un embarazo, unos 280 días, con el de la evolución de la vida en la tierra, observamos que un sólo día de embarazo equivale a 10 millones de años de evolución, tanto como lo que tarda en formarse una cordillera.

Por eso, lo que la madre come, bebe, respira, siente o hace cada día mientras está gestando, va a ser determinante para la criatura que lleva en su seno. De modo que la mujer embarazada debe ser protegida por su entorno y es muy importante que viva esa etapa de la forma más equilibrada posible.

Los nueve meses de embarazo son determinantes en el futuro de nuestro hijo. En esa etapa se modula la información contenida en los genes de forma importante y determina la aparición o no de enfermedades congénitas.

Esta visión nos ayuda a cuidar y proteger a nuestro hijo desde antes de nacer ya que la etapa intrauterina tiene mucha más relevancia que la posterior al nacimiento.

Los colores, sabores y formas de cocción

La Medicina Oriental, holística, donde todo está relacionado, desde muy antiguo asocia el color de los alimentos, el sabor y las formas de cocción con determinados órganos del cuerpo. Algo que en occidente no se tiene en cuenta porque no se conocen las cualidades funcionales de los alimentos (su energía), sólo se contemplan la composición química y las calorías.

Así el riñón, la vejiga y el aparato reproductor armonizan con el color marrón-negro de las judías, con la oscuridad del invierno; con el sabor salado de las algas marinas, y con las cocciones prolongadas como los estofados a fuego lento y los horneados.

El hígado y la vesícula biliar resuenan con el color verde de las verduras de hoja y con la primavera; con el sabor ácido de los alimentos fermentados, y con las cocciones al vapor.

El corazón y el intestino delgado comparten energía con el color rojo de los frutos y frutas, con la luz del verano; con el sabor amargo, y con los alimentos crudos o escaldados.

El estómago, el bazo y el páncreas se activan con el color amarillo del mijo, con el ambiente cálido de los campos al final del verano; con el sabor dulce neutro de la calabaza, y con los hervidos y guisados.

Y finalmente, el pulmón y el intestino grueso se asocian con el color blanco del arroz y la nieve del invierno; con el sabor picante del nabo o del jengibre, y con las cocciones a presión y algo frito.

Por eso, para mantener el equilibrio interno, en la preparación de nuestros platos deberemos tener en cuenta los cinco colores, los cinco sabores y las cinco formas de cocción.

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La incontinencia urinaria no es cosa de la edad

La incontinencia urinaria no es una cuestión de edad. Puede aparecer antes de los 40 y no afecta solamente a las mujeres como nos hace creer la publicidad, aunque se produzca con más frecuencia que en los hombres.

En España afecta a 6.500.000 personas, luego no es una cuestión menor. Se manifiesta en una de cada tres mujeres frente a uno de cada cuatro varones, aunque el impacto emocional en ellos es mucho mayor.

En la actualidad afecta al 50 % de las mujeres mayores de 60 años, al 30 % de las de mediana edad y al 20 % de las jóvenes. En los hombres afecta al 25 % a partir de los 40 años y aumenta progresivamente con la edad.

Muchas veces ocurre al reír con fuerza, al estornudar, al practicar deporte, al bailar…

La medicina explica que la causa principal de este desorden es la debilidad de la musculatura de la parte baja del abdomen. Cuando falla ese conjunto de músculos llamado suelo pélvico los órganos que sostienen la vejiga y el resto de los órganos, se desplazan y pueden dar lugar a las temidas pérdidas. Consecuentemente las recomendaciones son fortalecer el suelo pélvico y aumentar el control sobre el esfínter.

Lo que no se contempla en ningún caso es el efecto nefasto que tienen algunos alimentos sobre la relajación de los esfínteres y el debilitamiento del suelo pélvico.

Un sobreconsumo de alimentos yin como azúcar, dulces, bollos galletas, productos lácteos, refrescos, zumos… favorece la laxitud de los músculos y la falta de control de esfínteres. Esta afirmación no está hecha a la ligera, está sustentada en más de 35 años de experiencia clínica contemplando la corrección de la alimentación en este tipo de desorden.

En la mayoría de los casos la vuelta a la normalidad es rápida y sencilla. Se trata de conocer el comportamiento de los alimentos más allá de su composición química y observar el resultado tras el cambio de alimentación.

Estimula al cerebro y gana memoria

La edad es un factor que contribuye a la pérdida de memoria al igual que otras capacidades, como la vista, el oído o la flexibilidad, pero cada uno de nosotros podemos acelerar o frenar este proceso según cuales sean nuestros hábitos cotidianos.

La Universidad de Rush (EE. UU.) reveló en un estudio que las personas que leen y escriben de forma habitual sufren un deterioro de la memoria un 32 % menor que el correspondiente a su edad. Por el contrario, aquellos que no estimulan al cerebro permiten que el deterioro de la memoria sea un 48 % superior al esperado por el paso del tiempo.

Pero además de leer y hacer crucigramas tenemos una herramienta de primer orden para frenar el envejecimiento, tanto general, como cerebral: la alimentación.

Para que nuestro cerebro apenas envejezca es primordial evitar los alimentos procesados de origen animal como embutidos, salazones, quesos curados, tabaco… los que categorizamos como yang, por su efecto favorecedor de la arteriosclerosis.

Del mismo modo prescindiremos del azúcar, la leche y sus derivados, la cafeína, el alcohol y los alimentos refinados, todos ellos alimentos yin, ya que están implicados en la aparición de la anemia. Recordemos que la hemoglobina es el transportador de oxígeno a nuestras células y el cerebro es el órgano que más oxígeno consume en relación con el resto de los órganos de cuerpo. Por eso, cuando padecemos anemia la actividad cerebral disminuye de forma notoria.

Nuestra dieta debe girar en torno a los cereales integrales, las legumbres y las verduras como alimentos preferentes, siempre de calidad ecológica.

La generosidad nos hace felices

Estas fechas tan entrañables nos invitan a hacer algunas reflexiones profundas acerca del porqué de las cosas. Hoy te mostramos una sencilla herramienta para gozar y ser felices: la generosidad.

Un día una madre intentando educar a su hijo le dijo: hijo, hay que ser generoso, ya que, en la vida, si das, recibes. El niño, que aún era pequeño respondió: eso es mentira mamá, porque que ayer le di un beso a mi abuela y no me dio la paga.

La idea es que amar es dar, entregarse, compartir, cooperar… por eso, cuando das, la vida te devuelve satisfacción y felicidad. La madre que era sabia poseía el conocimiento, y ahora un trabajo científico le da la razón.

Un estudio reciente de la Universidad de Pensilvania (USA) ha demostrado que las estrategias egoístas no conducen al éxito y por lo tanto a la satisfacción. La comprobación se ha hecho tanto con personas como con animales y, curiosamente, los resultados han sido los mismos.

La generosidad es lo que da felicidad, la cooperación favorece el bienestar y nos permite evolucionar. ¡Seamos felices!

La actitud ante la enfermedad

Wilhelm Reich (1897-1957) fue médico psiquiatra y uno de los pensadores más lúcidos y revolucionarios del siglo XX. En 1937 describió a grandes rasgos cómo el psiquismo puede influir en la aparición de la enfermedad.

Este hecho ha sido comprobado por numerosos investigadores y las manifestaciones de los desequilibrios acontecen en el plano físico y en el energético simultáneamente siempre. Hay aspectos que crean el terreno que favorece la aparición de la enfermedad, como la tendencia a la pasividad, la represión habitual de las emociones, el sentimiento de fatalidad.

Si hacemos una lectura inversa, comprobamos que también hay múltiples trabajos que muestran que los pacientes luchadores y optimistas, tienen generalmente una esperanza de vida mucho mayor que los enfermos resignados, que simplemente aceptan la desgracia de la enfermedad.

O. Carl Simonton (1942-2009) fue un médico especialista en radiología y oncología conocido por sus métodos alternativos en el tratamiento del cáncer. Comprobó cómo en los pacientes optimistas la radioterapia tenía mejores resultados que en lo pesimistas. Concluyó que la actitud del enfermo es un factor mucho más importante que el grado de evolución de la enfermedad, aunque el optimismo por sí solo no sea garantía de curación.

Basó su trabajo el campo de la Psiconeuroendocrinoinmunología y creó el Método Simonton que se centra en las interacciones entre la mente y el cuerpo: cómo las creencias, actitudes, elecciones de estilo de vida, perspectivas espirituales y psicológicas impactan nuestra fisiología y función inmunológica, y cómo pueden afectar dramáticamente a la salud.

De modo que la actitud ante la enfermedad es una poderosa herramienta en la recuperación de la salud y está al alcance de cada uno de nosotros.

Acerca de la paz y la guerra

La expresión “somos lo que comemos” tiene muchos significados. Hoy hablamos sobre la influencia de la alimentación en el comportamiento.

En diferentes lenguas lejanas podemos ver los significados de algunas palabras cono son la guerra y la paz.

En China el término para paz, Wa, combina los ideogramas “grano” y “boca”.

En la India, el término védico para la guerra significa “guerra de vacas”.

Los antiguos orientales sabían intuitivamente que una alimentación compuesta por cereales integrales favorecía una sociedad pacífica y saludable, mientras un consumo excesivo de alimentos animales producía desórdenes personales y sociales.

En occidente, la epopeya “El Paraíso Perdido” John Milton atribuía un pasado feliz y en paz a una forma de vida sustentada por los cereales y las verduras.

En “La República” de Platón, Sócrates afirmaba que una dieta de calidad vegetal era la esencia de la paz.

No deja de ser sorprendente que los estudios antropológicos, sociológicos e históricos modernos estén confirmando la sabiduría del pasado.

En un simposio sobre antropología y violencia social la antropóloga Margaret Mead propuso unos cambios radicales en la dieta para prevenir las guerras actuales. Se trataría de no usar animales como fuente de alimento, de modo que, respetando la vida animal, por extrapolación se respetase la vida humana.

El profesor Quincy Wright, después de estudiar 600 culturas primitivas concluyó que la lucha armada es más prevalente en las sociedades donde los alimentos animales son dominantes en la dieta que en las más vegetarianas.

Clasificó las sociedades modernas según la cantidad de guerras en las que han participado en los últimos cinco siglos, comprobando cómo los países accidentales, con Inglaterra a la cabeza, cuya alimentación es predominantemente carnívora participaron en más guerras que los países orientales como China y Japón de tradición más vegetariana.

La lista de estudios es interminable, en el Líbano, Alemania, Rusia, etcétera.

Si estudiamos zoología podemos observar que los animales carnívoros tienen una conducta agresiva, frente a los herbívoros en los que predomina un comportamiento defensivo.

Como los seres humanos somos omnívoros, es decir, podemos consumir alimentos tanto de calidad animal como vegetal, debemos valorar si los alimentos animales deben ser la base o el complemento de la dieta.

La luna llena influye en el sueño

La Universidad de Basilea ha demostrado que la luna llena afecta a la calidad del sueño. Se ha observado que durante la luna llena tardamos más en conciliar el sueño y dormimos menos tiempo. Así mismo la calidad del sueño es peor. Los estudios han mostrado que, durante la luna llena, la actividad cerebral en las áreas relacionadas con el sueño profundo disminuye en un 30 por ciento.

La clave para comprender este fenómeno es que durante la luna llena la energía es más expansiva/yin y esta manifestación favorece la activación cerebral y la vigilia.  Si habitualmente tenemos tendencia al insomnio, es conveniente que durante la luna llena reduzcamos el consumo de alimentos yin como los dulces, los estimulantes, los batidos… para no pasar las noches en vela.

Para más información ver el post: “Los alimentos yin”

Siropes: de arce, de ágave, de remolacha…

Hoy hacemos una breve reseña de tres edulcorantes populares que muchas personas consumen como alternativa al azúcar, cuando en realidad no representan una alternativa saludable, sino más bien una moda.

El sirope de arce es la savia que desprenden los arces de los bosques boreales norteamericanos que posteriormente se hierve hasta obtener la consistencia de una miel. Unos 10 litros de savia producen un vaso de miel aproximadamente. Lo podríamos comparar con un zumo hervido.

Tiene la mitad de calorías que el azúcar blanco ya que su contenido en sacarosa es del 66 %. Este hecho sumado a la publicidad ha hecho que sea un producto muy popular.

El sirope de agave es, sin embargo, un potente endulzante con sus luces y sus sombras, se extrae a partir de las hojas de una planta que es parecida a la del Aloe. Se trata en este caso también del zumo de una parte de la planta. Algunos lo llaman el sustituto vegano de la miel.

Endulza dos veces más que el azúcar y contiene un 70 % de fructosa y un 25 % de glucosa. Su elevado contenido en fructosa no es ninguna ventaja respecto a la sacarosa, ya que se trata igualmente de un azúcar rápido y está implicado de forma importante en la elevación de los triglicéridos en la sangre.

Por otra parte, muchos de los siropes que hay en el mercado se obtienen mediante procesos químicos que no son precisamente saludables.

El sirope de remolacha es la melaza que resulta de reducir el zumo natural concentrado de la remolacha azucarera recién cosechada, después de haber eliminado la fibra. En muchos casos es un producto residual de la industria azucarera.

Sin entrar en otro tipo de consideraciones, cualquier zumo dista enormemente de ser un alimento integral. Esta reflexión puede resultar chocante para algunos, pero pensemos que al descartar la pulpa del alimento de partida desaparecen la fibra y muchos nutrientes que son imprescindibles para el metabolismo de los azúcares que contiene el alimento de partida.

Por eso, si lo que buscamos es una alternativa saludable al azúcar, debemos descubrir las maltas de cereales.

Las maltas de cereales tienen el aspecto y la consistencia de la miel, pero proceden de los granos integrales, y se obtienen mediante un proceso de fermentación natural que convierte los almidones de los cereales en maltosas.

Además de ser alimentos probióticos, son ricos en nutrientes como fibra, vitaminas y minerales. El proceso de fermentación se hace con los granos integrales por lo que no hay pérdida de nutrientes.

Estamos ante un endulzante que además de ser un alimento integral y ecológico, tiene efecto probiótico y carácter reductor (antioxidante). ¿Qué más se puede pedir?

 

Harina blanca y vida corta

A principios del siglo XIX en pruebas de alimentación con animales, M. Magendie un científico francés, descubrió que la harina blanca refinada no permitía el mantenimiento de la vida. En uno de sus experimentos concluyó: “Un perro alimentado en forma indefinida con pan blanco y agua, no vive más allá de los 50 días y sin embargo, un perro alimentado con pan tosco de cebada como el que comen los soldados, vive y mantiene la salud”.

La doctora Kousmine en su libro ¡Salve su cuerpo! escribió: “El grano de trigo triturado y transformado en harina deja de estar vivo. La harina blanca es un alimento muerto que se conserva muy bien; de hecho los roedores no se alimentan de ella, el instinto les lleva a evitarla, no la tocan”.

En otra parte del libro añadió: “Los ratones criados con harina molida hace más de 6 semanas se crían mal y tampoco es posible criar pollos con harina vieja.  No ocurre lo mismo si la harina es recién en molida”.

Si echamos un vistazo a la historia, los ejércitos romanos de antaño salían de campaña llevando consigo trigo y mijo en grano, así como una muela por unidad de ejército, llamada cohorte. La molienda se efectuaba todos los días. Cada soldado recibía setecientos cincuenta gramos de cereales por día.

Si la harina integral recién molida era la base de la alimentación de un ejército que conquistó media Europa debemos reflexionar sobre de dónde venimos y hacia dónde vamos.