Bocaditos de salud

En este apartado quiero compartir con vosotros los fundamentos básicos que conforman y han asentado mi conocimiento. Información concebida para consumir de forma rápida, adaptada a la velocidad con la que se vive hoy en día, que espero os aporte algunas claves para que el alimento se convierta en una herramienta útil e imprescindible para cultivar vuestra salud. Desarrollar un criterio propio, entendiendo el valor energético de los alimentos más allá del nutricional, es el camino para tomar decisiones adecuadas en torno a la dieta que cada cual necesite o elija. Mi objetivo, más que daros los peces, es proporcionaros la caña con la que pescarlos.

La generosidad nos hace felices

Un día, una madre intentando educar a su hijo le dijo: mira hijo, tienes que ser generoso, ya que en la vida si das, recibes. El niño, que aún era pequeño respondió: eso es mentira mamá, ¡ayer le di un beso a la abuela y no me dio la paga!

La idea que pretendía transmitir la dedicada madre es que amar es dar, entregarse, compartir, cooperar… de modo que cuando das algo, la vida te devuelve satisfacción, felicidad y fortuna. Como veremos a continuación esa madre era sabia, o lo que es lo mismo, poseía el conocimiento. Estudios recientes ratifican lo que la madre quería transmitir a su hijo.

Tanto es así que una investigación de la Universidad de Pensilvania (USA) ha demostrado que las estrategias egoístas no conducen al éxito y, por lo tanto, a la satisfacción. La constatación se ha hecho tanto con personas como con animales y curiosamente los resultados han sido los mismos.

La generosidad es lo que da felicidad, mientras que la cooperación favorece el bienestar y nos permite evolucionar. El amor es la forma más elevada de entrega y al igual que la felicidad, no se puede comprar con dinero: es una cuestión de actitud.

Los edulcorantes artificiales aumentan el apetito

Muchas personas recurren a los edulcorantes artificiales porque tienen menos calorías que el azúcar, pensando ilusoriamente que les ayudarán a bajar peso. Sin embargo, su consumo habitual despierta el apetito y aumenta la sensación de hambre. Por eso, paradójicamente, muchas personas que toman edulcorantes artificiales, en lugar de adelgazar, engordan.
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Aprender a controlar “el gusanillo”

Los ataques de hambre son el gran enemigo de tu peso, por ello es bueno aprender a controlarse y no pegarse atracones.

Veamos unas sencillas reglas:

  • Acostúmbrate a hacer tres comidas principales y dos tentempiés. De este modo el estómago no permanecerá vacío mucho tiempo y los niveles de glucosa se mantendrán estables. Los bajones que te inducían a comer chocolate, por ejemplo, pasarán a la historia.
  • Lo que comas cada día debe ser integral, es decir, no refinado. Los alimentos integrales nos proporcionan la glucosa de forma gradual y no de forma rápida, como lo hacen los azúcares simples.
  • Mastica muchas veces cada bocado, con esa sencilla práctica consigues saciar el apetito con menor cantidad de comida.
  • Toma cereales integrales a diario, de ese modo aseguras unos buenos niveles de serotonina, una sustancia clave en el estado de ánimo y en el control del apetito.
  • Consume alimentos ecológicos, ya que algunos aditivos como los potenciadores del sabor (glutamato monosódico), podrían aumentar el apetito. De la misma manera, muchos aditivos alimentarios favorecen la retención de líquidos.
  • Los caldos de verduras redondas como la cebolla y la calabaza Hokkaido, que son dulces pero no azucarados, son el mejor remedio para regular la ansiedad por la comida: tómalos entre horas en lugar del picoteo habitual.