Bocaditos de salud

En este apartado quiero compartir con vosotros los fundamentos básicos que conforman y han asentado mi conocimiento. Información concebida para consumir de forma rápida, adaptada a la velocidad con la que se vive hoy en día, que espero os aporte algunas claves para que el alimento se convierta en una herramienta útil e imprescindible para cultivar vuestra salud. Se trata de desarrollar un criterio propio, entendiendo el valor energético de los alimentos más allá del nutricional, es el camino para tomar decisiones adecuadas en torno a la dieta que cada cual necesite o elija. Mi objetivo, más que daros los peces, es proporcionaros la caña con la que pescarlos.

La maca andina

La Maca es una planta de la familia de las coles y de la mostaza que se cultiva como alimento en la cordillera andina desde la antigüedad. La parte utilizada es la raíz, de la que se dice que  tiene propiedades medicinales. Algunos llaman a la Maca el Ginseng peruano.

Se le atribuyen propiedades como la mejora de la vitalidad sexual y la fertilidad, así como el aumento de la energía general del cuerpo y el fortalecimiento  del estado de ánimo…

Cuando contemplamos las verduras desde el punto de vista energético observamos que las verduras de raíz fortalecen, las redondas centran y la de hoja relajan.

Como la Maca es una verdura de raíz tendría efecto fortalecedor como el ginseng, el kuzu, el jengibre… y puede ser utilizada como complemento de la dieta cuando sea necesario crear una condición yang.

Para ver unos buenos resultados además de tomarla como complemento, es imprescindible hacer una dieta equilibrada con alimentos biológicos y teniendo en cuenta el balance energético yin/yang. 

Muchas de las propiedades casi milagrosas que podemos leer en diferentes medios atribuidas a este producto, son publicidad encubierta en forma de información.

Limitaciones del método científico

Colbin, Campbell y Chen Junshi, directores del estudio de salud de China en los años 80, ya dijeron que la mayor parte de las enfermedades humanas son resultado de la exposición a numerosos factores, durante largos periodos de tiempo. Explicaron la relación entre el consumo de alimentos ricos en grasas y las enfermedades cardiovasculares, etc.

Pero el enfoque analítico de la medicina moderna, de aislar un nutriente y buscar un mecanismo específico de causa efecto, debe ser equilibrado por una propuesta de síntesis globalizadora donde se considere el equilibrio de la dieta en su totalidad, en relación con los hábitos de vida y los factores ambientales.

Hoy hay que prestar más atención a la calidad de lo que comemos, es decir, si los alimentos son integrales o no, si son biológicos, si se consumen diariamente, en la estación en la que se producen o todo el año, etc. 

Sin duda, además de los estudios científicos y los factores enumerados, habría que incluir también las tradiciones culturales, el desarrollo espiritual, la intuición y la introspección. Tenemos que tener en la mente la gran visión: La Macrobiótica.

Es una disciplina que contempla la alimentación en función del sexo, la edad, la actividad, el estado físico/psicológico de la persona y tiene en cuenta la frecuencia de consumo, la proporción entre los distintos grupos de alimentos y las formas de preparación  de los mismos, etc. Sólo esta aproximación global, holística nos puede proporcionar herramientas válidas para utilizar la alimentación como una poderosa medicina. 

Médicos por una medicina responsable

Hace más de 30 años, el Comité de Médicos para una Medicina Responsable en EE. UU. compuesto por más de 3.000 miembros, propuso cuatro nuevos grupos de alimentos: cereales integrales, legumbres y derivados, verduras frescas y frutas. Esta opción sustituiría a los cuatro grandes grupos básicos de la alimentación moderna que son: la carne, pescado y aves de corral, los productos lácteos, los cereales refinados y las verduras y frutas.

En el estudio, la carne, los productos lácteos y otros alimentos animales se contemplaban sólo como opcionales ya que los doctores afirmaban que su consumo está directamente asociado al aumento de riesgo de cáncer, enfermedades cardiacas, obesidad, diabetes y osteoporosis entre otras enfermedades. A día de hoy, sus recomendaciones no se tienen muy en cuenta, ni en EE. UU. ni en el resto de los países ricos. 

La prevención de las llamadas enfermedades de la civilización pasa por cultivar la salud, sabiendo qué es lo que más nos conviene comer, más que por hacerse chequeos de forma periódica. 

Empezar a cuidarnos cuando nos han diagnosticado la enfermedad es tanto como ponernos a cavar un pozo cuando ya tenemos sed. La salud es nuestro bien más preciado y nos concierne a nosotros mismos, por lo tanto, debemos dar prioridad a todos los hábitos de vida saludables.

Los edulcorantes artificiales aumentan el apetito

Muchas personas recurren a los edulcorantes artificiales porque tienen menos calorías que el azúcar, pensando ilusoriamente que les ayudarán a bajar peso. Sin embargo, su consumo habitual despierta el apetito y aumenta la sensación de hambre. Por eso, paradójicamente, muchas personas que toman edulcorantes artificiales, en lugar de adelgazar, engordan.

Nuestras neuronas tienen asociado el sabor dulce con un alto aporte energético y, como en este caso los edulcorantes apenas contienen calorías, detectan rápidamente el engaño y desencadenan el efecto hambre.

El cerebro como sistema de compensación aumenta la necesidad de azúcar y genera la sensación de necesitar comida, hecho que nos lleva a comer más para buscar la energía que nos falta.

El escrito de hoy es un ejemplo de una ley universal que dice: todo lo que tiene cara tiene reverso y, cuanto mayor es la cara mayor es el reverso.

No entramos ahora en otros aspectos sobre los edulcorantes químicos, que desaconsejan su utilización por ser comestibles artificiales producidos por la industria alimentaria, pero que deben ser tenidos en cuenta en todos los casos ya que su consumo está muy extendido.

Si un alimento es tan amargo como el café y no te gusta, simplemente… ¡no lo tomes!, pero no engañes a tu paladar añadiendo un edulcorante artificial.

La dieta y el asma

Ya hace 40 años que se hizo un estudio con pacientes asmáticos para ver la relación de la enfermedad con la dieta. El experimento consistió en evitar el azúcar, el chocolate, la leche y los derivados, así como la carne, los huevos y el pescado. La orientación de la dieta fue vegetariana y se obtuvo una mejoría del 71 por ciento en los cuatro primeros meses y del 92 por ciento al cabo de un año.

Si esto ya es sabido desde hace tanto tiempo, nos preguntamos: ¿por qué cada día hay más asmáticos?

Estudios como al que hacemos referencia pasan desapercibidos todos los días, y se insiste una y otra vez en que la contaminación de las grandes ciudades, el polen y el estrés son las principales causas del asma, y sólo después se contemplan la herencia, el ejercicio, etcétera.

En cualquier caso los agentes causales de las enfermedades de origen externo (ambientales), muchas veces no dependen de nosotros, por lo que no los podemos controlar; de modo que los medicamentos pueden llegar a ser imprescindibles. 

El principal agente causal del asma es de origen interno: la alimentación. En todos los casos ponemos a la dieta en un lugar principal en la curación de las enfermedades ya que lo que comemos depende de nosotros, es decir: podemos elegir lo que nos conviene y/o evitar lo que nos hace daño, no debemos olvidar esta premisa. 

La dieta es determinante en el asmático, pero no se contempla en ningún caso. Como los alimentos no se pueden patentar hasta el día de hoy y consecuentemente no generan beneficios a la industria farmacéutica, se apuesta por los fármacos en todos los casos.

La dieta de un asmático debe excluir todos los productos lácteos, además de ser ligeramente más seca y más salada que la que hace habitualmente; dando preferencia a los alimentos vegetales, siendo el arroz integral la base de su alimentación.

Lo que hay que saber para evitar el gluten

Muchas personas, aunque no tienen diagnóstico de celiaquía, sienten que los alimentos que tienen gluten no les sientan bien. Una forma de tener una digestión más ligera es evitar los alimentos que lo contienen en su composición y los que lo presentan en forma oculta tras su elaboración. 

El gluten está presente en muchos alimentos procesados, como helados, patés, etcétera. Son lo que llamamos «comestibles». Por eso es fundamental descartar esos productos de nuestra dieta y apostar por los verdaderos alimentos que deben ser siempre naturales, integrales y ecológicos. 

Después debemos saber que el gluten aparece de forma natural exclusivamente en los siguientes granos: trigo, espelta, kamut, triticale, escanda, avena, cebada y centeno. Aunque parecen muchos, algunos son de consumo reducido y otros desconocidos para la mayoría, siendo el trigo en todas sus variedades el más importante.

Como alternativa existen estos otros granos desprovistos naturalmente de gluten que nos permiten hacer una alimentación variada que son: trigo sarraceno, maíz, mijo, arroz, quinoa, amaranto, teff y sorgo.

De modo que hacer una dieta libre de gluten no representa grandes restricciones en la alimentación.

Las algas y el cáncer de mama

En un experimento de Harvard School of Public Health se demostró que las algas tienen actividad antitumoral en estudios hechos con animales, “in vivo”. 

Los investigadores extrapolaron los resultados a la población japonesa que consume algas como alimento tradicional y que es un pueblo con un promedio de cáncer entre tres y nueve veces menor que en Norteamérica.

Las algas contienen fucanos que son sustancias de reconocida actividad antitumoral.  Este es sólo unos de los aspectos interesantes para considerar a las algas como unos poderosos alimentos/medicamento.

La diverticulitis

Los doctores Berman y Kirsner publicaron en  American Journal of Digestive Diseases que la diverticulitis puede prevenirse y mejorar con una dieta alta en fibras. El enriquecimiento en fibra de la dieta resolvió el problema en el 85 por ciento de los casos.

Este es un ejemplo en el que al hablar de nutrientes en lugar de alimentos, puede inducir a pensar que se trata de tomar salvado o de enriquecer los alimentos en fibra. 

La fibra no se debe ingerir nunca en forma de salvado, sino formando parte de los alimentos que la contienen. De hecho, cuando se toma cruda tiene un efecto irritante de las mucosas y, en el caso que nos ocupa, sería contraproducente.

En términos de fibra, los alimentos más ricos son las legumbres, seguidos de los cereales integrales y más de lejos, las verduras y las frutas.

Para hacernos una idea, taza de legumbres tiene el doble de fibra que una de arroz integral y éste tiene veinte veces más fibra que una taza de fruta.

De modo que, una dieta básicamente vegetariana, girando en torno a los cereales integrales cocinados, acompañada de legumbres y algo de verdura y fruta, es excelente para mejorar la diverticulitis.

La macrobiótica y el cáncer de mama

Los investigadores del New England Medical Center de Boston informaron en 1981 que las mujeres vegetarianas y macrobióticas tenían menor probabilidad de padecer cáncer de mama que el resto. Descubrieron que esas mujeres procesaban los estrógenos de manera diferente al resto, eliminándolos de su cuerpo con mayor rapidez.

Hoy es sabido que los altos niveles de estrógenos están asociados al desarrollo del cáncer de mama. El estudio se hizo con dos grupos de mujeres, el de las vegetarianas/macrobióticas y el de las no vegetarianas.

Ambos grupos consumían las mismas calorías, pero las vegetarianas tomaban sólo un tercio de la cantidad de proteínas y grasas que el grupo de control.

La diferencia entre tomar proteínas vegetales y grasas insaturadas en lugar de proteínas animales y grasas saturadas da como resultado una capacidad de eliminación de los estrógenos dos o tres veces mayor.

La diferencia en el metabolismo de los estrógenos puede explicar la menor incidencia de cáncer de mama en mujeres vegetarianas y macrobióticas. De modo que la dieta pueder ser considerda un elemento de prevención del cáncer.

Estudio Framinghan del corazón

En los años 50, el estudio de Framingham sobre las enfermedades cardiovasculares reveló que la forma de conocer el riesgo de infarto se podía medir mediante el cociente colesterol total/colesterol HDL. 

Lo ideal es que la tasa esté por debajo de 4,5. La mayoría de las personas que han sufrido un infarto tenían niveles de entre 4,6 y 5,7.

El Dr. Castelli director del estudio al que hacemos referencia, observó que los vegetarianos y los macrobióticos tenían corazones y sistemas circulatorios más saludables que los atletas bien entrenados. 

El estudio se hizo con atletas como prototipo de individuos sanos y presentaban una tasa de colesterol total/colesterol HDL de 3,4. Los estudios que se hicieron con los vegetarianos y los macrobióticos dieron valores claramente inferiores, por debajo de 2,5.

Investigaciones como ésta indican claramente la importancia de la elección de los alimentos predominantes en nuestra dieta. No son iguales las grasas de origen animal que las vegetales, ni se comportan del mismo modo los hidratos de carbono refinados que los integrales.