Bocaditos de salud

En este apartado quiero compartir con vosotros los fundamentos básicos que conforman y han asentado mi conocimiento. Información concebida para consumir de forma rápida, adaptada a la velocidad con la que se vive hoy en día, que espero os aporte algunas claves para que el alimento se convierta en una herramienta útil e imprescindible para cultivar vuestra salud. Se trata de desarrollar un criterio propio, entendiendo el valor energético de los alimentos más allá del nutricional, es el camino para tomar decisiones adecuadas en torno a la dieta que cada cual necesite o elija. Mi objetivo, más que daros los peces, es proporcionaros la caña con la que pescarlos.

Curiosidades: la proporción 1/7

Hoy hablamos de cómo las matemáticas están directamente relacionadas con la salud y la evolución.

Las matemáticas son un lenguaje universal que utiliza la naturaleza para expresarse a través de sus seres y se llama proporción áurea a un número muy recurrente en algunos patrones de la naturaleza. Las distintas partes del cuerpo humano guardan esa proporción entre ellas, como las falanges de los dedos o entre la longitud y la anchura de la cabeza. Nos referiremos a ello como las Matemáticas Sagradas.

Más allá de la proporción áurea, cuando observamos la relación entre la cabeza y el cuerpo en los seres humanos, es de 1/7 y, curiosamente, en la composición de la leche materna la proporción proteínas/carbohidratos es también de aproximadamente 1/7.  Vemos una sincronía entre la forma del ser humano y su alimento exclusivo en las primeras etapas de la vida.

En el caso de las vacas la proporción entre la cabeza y el tronco es de 2/5 y la proporción proteínas/carbohidratos en su leche, también se aproxima a esa proporción. Podemos deducir de esta reflexión que la leche de vaca no es alimento para seres humanos, más bien lo es para terneros.

La naturaleza es muy sabia y todo está interconectado. Todos los patrones se repiten en los seres vivos y las matemáticas sagradas nos permiten entender la salud y la evolución.

Las fresas y los pesticidas

Detrás de una fruta deliciosa se esconden numerosos productos químicos que no aparecen enumerados en el envase. Aprende más sobre las fresas.

El 95 % de las fresas españolas contiene pesticidas, según unos análisis realizados por Fytolab, un laboratorio acreditado con sede en Bélgica especializado en el análisis de pesticidas en los alimentos. El estudio analizó 23 muestras de fresas de Huelva que es donde se produce el 95 % de las fresas españolas.

Además, en 18 de las 23 muestras analizadas se encontraron unos pesticidas conocidos como disruptores endocrinos, es decir, sustancias que pueden alterar el sistema hormonal humano y que están relacionadas con enfermedades crónicas como: problemas de fertilidad, cánceres de tipo hormonal (de mama, de próstata, de testículo), daños cerebrales, obesidad o diabetes. De los 93 pesticidas detectados en las fresas, 26 son disruptores endocrinos

Estamos hablando de una fruta de consumo generalizado, incluso entre los niños. Por tanto, existe una exposición más que significativa de la población a estas sustancias. Recordemos además que niños y mujeres embarazadas son poblaciones especialmente vulnerables a los efectos de los disruptores endocrinos incluso a dosis muy bajas.

Para comer fresas de forma segura debemos comprobar siempre que sean de cultivo ecológico.

El cuerpo, templo del espíritu

Hoy compartimos una breve reflexión que te ayudará a sentirte más feliz cada día.

Un pasaje de la Biblia dice que el cuerpo es el templo del Espíritu Santo, pero no vamos a entrar en el sentido del escrito de los Corintios. Como somos materia y energía, podemos hacer una metáfora partiendo de esa frase, en la que el yo es el espíritu y el cuerpo es la casa.

Ahora la frase “el cuerpo es el templo del espíritu” en un sentido literal podría ser “el cuerpo es la casita donde vivo yo”. Interpretando la frase al pie de la letra, para vivir feliz, en plenitud, la casita debe estar limpia, ordenada y llena de luz. Pero, si tenemos los pulmones llenos de nicotina, alquitrán y flemas; el hígado empantanado por la cafeína, el alcohol y las grasas y los intestinos llenos de cadáveres en putrefacción, con toda seguridad, ¡Ahí no hay quien viva!

Para que el ser viva feliz, debe poder andar por el cuerpo como si de una casa se tratase y recrearse en la luz que entra por las ventanas, en el orden del mobiliario, en la armonía de la decoración, etc.

Nos debemos querer un poco y limpiar la casita, nuestro ser nos lo agradecerá y será considerado, apacible, servicial… y feliz.

Diferencia entre alimento y «comestible»

En los años cincuenta, cuando todavía no existían los supermercados, la comida se vendía en las llamadas tiendas de «comestibles». Esa palabra ha llegado hasta nuestros días y hace que algunas personas consideren que alimento y comestible son sinónimos, de hecho, en el diccionario no se distinguen. Sin embargo, podemos afinar y ver que las diferencias son notables.

Un alimento es aquel que se produce en la naturaleza, y puede ser de origen animal como las carnes, pescados, mariscos, huevos, leche… o de origen vegetal, como los cereales, legumbres, verduras, frutos secos, frutas…

Por el contrario, un «comestible» es un producto elaborado por la industria alimentaria que no existe en la naturaleza y que es susceptible de ser comido. Nos referimos al azúcar, los refrescos químicos, las sopas de sobre, los batidos de proteínas, las barritas energéticas, leches de fórmula… es decir todo lo que está procesado y/o elaborado.

Los seres humanos estamos diseñados biológicamente para consumir exclusivamente alimentos que además deberían ser naturales, integrales y ecológicos. De hecho, hasta la llegada de la Revolución Industrial el ser humano sólo ha tenido a su alcance alimentos sin procesar.

Los verdaderos alimentos no solo nos nutren, además nos vitalizan, contrariamente a los comestibles que nos proporcionan calorías vacías y no favorecen la salud.

Los «comestibles» serían recursos para consumo ocasional y deberían ser descartados de nuestra dieta si nuestra salud no es óptima.

¿Tu despensa contiene más alimentos o más «comestibles»?

Embarazo y evolución biológica

La visión que compartimos hoy sobre la vida intrauterina nos permite aprender a contemplar los fenómenos desde una perspectiva holística, relacional e integradora del conocimiento y aprender a reverenciar a la vida.

La vida se origina en el mar y transcurre en las aguas durante aproximadamente 2.800 millones de años. En ese período aparecen los primeros seres unicelulares y a continuación se desarrollan los invertebrados, los peces y los anfibios. Estos últimos representan el paso de la vida a tierra firme.

El periodo de la vida terrestre abarca tan sólo 400 millones de años y da lugar en la escala evolutiva a la aparición de los reptiles, las aves, los mamíferos. El eslabón final es el ser humano, el animal más evolucionado.

Si observamos los fenómenos desde la perspectiva macrocosmos/microcosmos podemos entender el embarazo como una réplica de la evolución de la vida en la tierra.

En la vida intrauterina, inmediatamente después de la fecundación, somos una célula que se multiplica y da la mórula que se asemeja a un invertebrado, a continuación, el feto sigue evolucionando, dando lugar a la blástula y la gástrula y cuando el embrión ya está formado se asemeja a un renacuajo, la cría de una rana.

El parto representa la fase anfibia, es decir, el paso de nadar en el líquido amniótico que es salado, a respirar a través de los pulmones en un ambiente aéreo, la tierra firme. Los placenteros baños de los bebés en los primeros meses de vida forman parte de esa transición agua/tierra.

A continuación, según se desarrolla el niño, pasa por la fase de gateo que sería la que corresponde con la etapa evolutiva de los reptiles…  y finalmente se pone de pie y camina como etapa final de su desarrollo.

Si comparamos el tiempo que dura un embarazo, unos 280 días, con el de la evolución de la vida en la tierra, observamos que un sólo día de embarazo equivale a 10 millones de años de evolución, tanto como lo que tarda en formarse una cordillera.

Por eso, lo que la madre come, bebe, respira, siente o hace cada día mientras está gestando, va a ser determinante para la criatura que lleva en su seno. De modo que la mujer embarazada debe ser protegida por su entorno y es muy importante que viva esa etapa de la forma más equilibrada posible.

Los nueve meses de embarazo son determinantes en el futuro de nuestro hijo. En esa etapa se modula la información contenida en los genes de forma importante y determina la aparición o no de enfermedades congénitas.

Esta visión nos ayuda a cuidar y proteger a nuestro hijo desde antes de nacer ya que la etapa intrauterina tiene mucha más relevancia que la posterior al nacimiento.

Los colores, sabores y formas de cocción

La Medicina Oriental, holística, donde todo está relacionado, desde muy antiguo asocia el color de los alimentos, el sabor y las formas de cocción con determinados órganos del cuerpo. Algo que en occidente no se tiene en cuenta porque no se conocen las cualidades funcionales de los alimentos (su energía), sólo se contemplan la composición química y las calorías.

Así el riñón, la vejiga y el aparato reproductor armonizan con el color marrón-negro de las judías, con la oscuridad del invierno; con el sabor salado de las algas marinas, y con las cocciones prolongadas como los estofados a fuego lento y los horneados.

El hígado y la vesícula biliar resuenan con el color verde de las verduras de hoja y con la primavera; con el sabor ácido de los alimentos fermentados, y con las cocciones al vapor.

El corazón y el intestino delgado comparten energía con el color rojo de los frutos y frutas, con la luz del verano; con el sabor amargo, y con los alimentos crudos o escaldados.

El estómago, el bazo y el páncreas se activan con el color amarillo del mijo, con el ambiente cálido de los campos al final del verano; con el sabor dulce neutro de la calabaza, y con los hervidos y guisados.

Y finalmente, el pulmón y el intestino grueso se asocian con el color blanco del arroz y la nieve del invierno; con el sabor picante del nabo o del jengibre, y con las cocciones a presión y algo frito.

Por eso, para mantener el equilibrio interno, en la preparación de nuestros platos deberemos tener en cuenta los cinco colores, los cinco sabores y las cinco formas de cocción.

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La incontinencia urinaria no es cosa de la edad

La incontinencia urinaria no es una cuestión de edad. Puede aparecer antes de los 40 y no afecta solamente a las mujeres como nos hace creer la publicidad, aunque se produzca con más frecuencia que en los hombres.

En España afecta a 6.500.000 personas, luego no es una cuestión menor. Se manifiesta en una de cada tres mujeres frente a uno de cada cuatro varones, aunque el impacto emocional en ellos es mucho mayor.

En la actualidad afecta al 50 % de las mujeres mayores de 60 años, al 30 % de las de mediana edad y al 20 % de las jóvenes. En los hombres afecta al 25 % a partir de los 40 años y aumenta progresivamente con la edad.

Muchas veces ocurre al reír con fuerza, al estornudar, al practicar deporte, al bailar…

La medicina explica que la causa principal de este desorden es la debilidad de la musculatura de la parte baja del abdomen. Cuando falla ese conjunto de músculos llamado suelo pélvico los órganos que sostienen la vejiga y el resto de los órganos, se desplazan y pueden dar lugar a las temidas pérdidas. Consecuentemente las recomendaciones son fortalecer el suelo pélvico y aumentar el control sobre el esfínter.

Lo que no se contempla en ningún caso es el efecto nefasto que tienen algunos alimentos sobre la relajación de los esfínteres y el debilitamiento del suelo pélvico.

Un sobreconsumo de alimentos yin como azúcar, dulces, bollos galletas, productos lácteos, refrescos, zumos… favorece la laxitud de los músculos y la falta de control de esfínteres. Esta afirmación no está hecha a la ligera, está sustentada en más de 35 años de experiencia clínica contemplando la corrección de la alimentación en este tipo de desorden.

En la mayoría de los casos la vuelta a la normalidad es rápida y sencilla. Se trata de conocer el comportamiento de los alimentos más allá de su composición química y observar el resultado tras el cambio de alimentación.

Estimula al cerebro y gana memoria

La edad es un factor que contribuye a la pérdida de memoria al igual que otras capacidades, como la vista, el oído o la flexibilidad, pero cada uno de nosotros podemos acelerar o frenar este proceso según cuales sean nuestros hábitos cotidianos.

La Universidad de Rush (EE. UU.) reveló en un estudio que las personas que leen y escriben de forma habitual sufren un deterioro de la memoria un 32 % menor que el correspondiente a su edad. Por el contrario, aquellos que no estimulan al cerebro permiten que el deterioro de la memoria sea un 48 % superior al esperado por el paso del tiempo.

Pero además de leer y hacer crucigramas tenemos una herramienta de primer orden para frenar el envejecimiento, tanto general, como cerebral: la alimentación.

Para que nuestro cerebro apenas envejezca es primordial evitar los alimentos procesados de origen animal como embutidos, salazones, quesos curados, tabaco… los que categorizamos como yang, por su efecto favorecedor de la arteriosclerosis.

Del mismo modo prescindiremos del azúcar, la leche y sus derivados, la cafeína, el alcohol y los alimentos refinados, todos ellos alimentos yin, ya que están implicados en la aparición de la anemia. Recordemos que la hemoglobina es el transportador de oxígeno a nuestras células y el cerebro es el órgano que más oxígeno consume en relación con el resto de los órganos de cuerpo. Por eso, cuando padecemos anemia la actividad cerebral disminuye de forma notoria.

Nuestra dieta debe girar en torno a los cereales integrales, las legumbres y las verduras como alimentos preferentes, siempre de calidad ecológica.

La generosidad nos hace felices

Estas fechas tan entrañables nos invitan a hacer algunas reflexiones profundas acerca del porqué de las cosas. Hoy te mostramos una sencilla herramienta para gozar y ser felices: la generosidad.

Un día una madre intentando educar a su hijo le dijo: hijo, hay que ser generoso, ya que, en la vida, si das, recibes. El niño, que aún era pequeño respondió: eso es mentira mamá, porque que ayer le di un beso a mi abuela y no me dio la paga.

La idea es que amar es dar, entregarse, compartir, cooperar… por eso, cuando das, la vida te devuelve satisfacción y felicidad. La madre que era sabia poseía el conocimiento, y ahora un trabajo científico le da la razón.

Un estudio reciente de la Universidad de Pensilvania (USA) ha demostrado que las estrategias egoístas no conducen al éxito y por lo tanto a la satisfacción. La comprobación se ha hecho tanto con personas como con animales y, curiosamente, los resultados han sido los mismos.

La generosidad es lo que da felicidad, la cooperación favorece el bienestar y nos permite evolucionar. ¡Seamos felices!

La actitud ante la enfermedad

Wilhelm Reich (1897-1957) fue médico psiquiatra y uno de los pensadores más lúcidos y revolucionarios del siglo XX. En 1937 describió a grandes rasgos cómo el psiquismo puede influir en la aparición de la enfermedad.

Este hecho ha sido comprobado por numerosos investigadores y las manifestaciones de los desequilibrios acontecen en el plano físico y en el energético simultáneamente siempre. Hay aspectos que crean el terreno que favorece la aparición de la enfermedad, como la tendencia a la pasividad, la represión habitual de las emociones, el sentimiento de fatalidad.

Si hacemos una lectura inversa, comprobamos que también hay múltiples trabajos que muestran que los pacientes luchadores y optimistas, tienen generalmente una esperanza de vida mucho mayor que los enfermos resignados, que simplemente aceptan la desgracia de la enfermedad.

O. Carl Simonton (1942-2009) fue un médico especialista en radiología y oncología conocido por sus métodos alternativos en el tratamiento del cáncer. Comprobó cómo en los pacientes optimistas la radioterapia tenía mejores resultados que en lo pesimistas. Concluyó que la actitud del enfermo es un factor mucho más importante que el grado de evolución de la enfermedad, aunque el optimismo por sí solo no sea garantía de curación.

Basó su trabajo el campo de la Psiconeuroendocrinoinmunología y creó el Método Simonton que se centra en las interacciones entre la mente y el cuerpo: cómo las creencias, actitudes, elecciones de estilo de vida, perspectivas espirituales y psicológicas impactan nuestra fisiología y función inmunológica, y cómo pueden afectar dramáticamente a la salud.

De modo que la actitud ante la enfermedad es una poderosa herramienta en la recuperación de la salud y está al alcance de cada uno de nosotros.