Bocaditos de salud

En este apartado quiero compartir con vosotros los fundamentos básicos que conforman y han asentado mi conocimiento. Información concebida para consumir de forma rápida, adaptada a la velocidad con la que se vive hoy en día, que espero os aporte algunas claves para que el alimento se convierta en una herramienta útil e imprescindible para cultivar vuestra salud. Se trata de desarrollar un criterio propio, entendiendo el valor energético de los alimentos más allá del nutricional, es el camino para tomar decisiones adecuadas en torno a la dieta que cada cual necesite o elija. Mi objetivo, más que daros los peces, es proporcionaros la caña con la que pescarlos.

Los edulcorantes artificiales aumentan el apetito

Muchas personas recurren a los edulcorantes artificiales porque tienen menos calorías que el azúcar, pensando ilusoriamente que les ayudarán a bajar peso. Sin embargo, su consumo habitual despierta el apetito y aumenta la sensación de hambre. Por eso, paradójicamente, muchas personas que toman edulcorantes artificiales, en lugar de adelgazar, engordan.

Nuestras neuronas tienen asociado el sabor dulce con un alto aporte energético y, como en este caso los edulcorantes apenas contienen calorías, detectan rápidamente el engaño y desencadenan el efecto hambre.

El cerebro como sistema de compensación aumenta la necesidad de azúcar y genera la sensación de necesitar comida, hecho que nos lleva a comer más para buscar la energía que nos falta.

El escrito de hoy es un ejemplo de una ley universal que dice: todo lo que tiene cara tiene reverso y, cuanto mayor es la cara mayor es el reverso.

No entramos ahora en otros aspectos sobre los edulcorantes químicos, que desaconsejan su utilización por ser comestibles artificiales producidos por la industria alimentaria, pero que deben ser tenidos en cuenta en todos los casos ya que su consumo está muy extendido.

Si un alimento es tan amargo como el café y no te gusta, simplemente… ¡no lo tomes!, pero no engañes a tu paladar añadiendo un edulcorante artificial.

La dieta y el asma

Ya hace 40 años que se hizo un estudio con pacientes asmáticos para ver la relación de la enfermedad con la dieta. El experimento consistió en evitar el azúcar, el chocolate, la leche y los derivados, así como la carne, los huevos y el pescado. La orientación de la dieta fue vegetariana y se obtuvo una mejoría del 71 por ciento en los cuatro primeros meses y del 92 por ciento al cabo de un año.

Si esto ya es sabido desde hace tanto tiempo, nos preguntamos: ¿por qué cada día hay más asmáticos?

Estudios como al que hacemos referencia pasan desapercibidos todos los días, y se insiste una y otra vez en que la contaminación de las grandes ciudades, el polen y el estrés son las principales causas del asma, y sólo después se contemplan la herencia, el ejercicio, etcétera.

En cualquier caso los agentes causales de las enfermedades de origen externo (ambientales), muchas veces no dependen de nosotros, por lo que no los podemos controlar; de modo que los medicamentos pueden llegar a ser imprescindibles. 

El principal agente causal del asma es de origen interno: la alimentación. En todos los casos ponemos a la dieta en un lugar principal en la curación de las enfermedades ya que lo que comemos depende de nosotros, es decir: podemos elegir lo que nos conviene y/o evitar lo que nos hace daño, no debemos olvidar esta premisa. 

La dieta es determinante en el asmático, pero no se contempla en ningún caso. Como los alimentos no se pueden patentar hasta el día de hoy y consecuentemente no generan beneficios a la industria farmacéutica, se apuesta por los fármacos en todos los casos.

La dieta de un asmático debe excluir todos los productos lácteos, además de ser ligeramente más seca y más salada que la que hace habitualmente; dando preferencia a los alimentos vegetales, siendo el arroz integral la base de su alimentación.

Lo que hay que saber para evitar el gluten

Muchas personas, aunque no tienen diagnóstico de celiaquía, sienten que los alimentos que tienen gluten no les sientan bien. Una forma de tener una digestión más ligera es evitar los alimentos que lo contienen en su composición y los que lo presentan en forma oculta tras su elaboración. 

El gluten está presente en muchos alimentos procesados, como helados, patés, etcétera. Son lo que llamamos «comestibles». Por eso es fundamental descartar esos productos de nuestra dieta y apostar por los verdaderos alimentos que deben ser siempre naturales, integrales y ecológicos. 

Después debemos saber que el gluten aparece de forma natural exclusivamente en los siguientes granos: trigo, espelta, kamut, triticale, escanda, avena, cebada y centeno. Aunque parecen muchos, algunos son de consumo reducido y otros desconocidos para la mayoría, siendo el trigo en todas sus variedades el más importante.

Como alternativa existen estos otros granos desprovistos naturalmente de gluten que nos permiten hacer una alimentación variada que son: trigo sarraceno, maíz, mijo, arroz, quinoa, amaranto, teff y sorgo.

De modo que hacer una dieta libre de gluten no representa grandes restricciones en la alimentación.

Las algas y el cáncer de mama

En un experimento de Harvard School of Public Health se demostró que las algas tienen actividad antitumoral en estudios hechos con animales, “in vivo”. 

Los investigadores extrapolaron los resultados a la población japonesa que consume algas como alimento tradicional y que es un pueblo con un promedio de cáncer entre tres y nueve veces menor que en Norteamérica.

Las algas contienen fucanos que son sustancias de reconocida actividad antitumoral.  Este es sólo unos de los aspectos interesantes para considerar a las algas como unos poderosos alimentos/medicamento.

La diverticulitis

Los doctores Berman y Kirsner publicaron en  American Journal of Digestive Diseases que la diverticulitis puede prevenirse y mejorar con una dieta alta en fibras. El enriquecimiento en fibra de la dieta resolvió el problema en el 85 por ciento de los casos.

Este es un ejemplo en el que al hablar de nutrientes en lugar de alimentos, puede inducir a pensar que se trata de tomar salvado o de enriquecer los alimentos en fibra. 

La fibra no se debe ingerir nunca en forma de salvado, sino formando parte de los alimentos que la contienen. De hecho, cuando se toma cruda tiene un efecto irritante de las mucosas y, en el caso que nos ocupa, sería contraproducente.

En términos de fibra, los alimentos más ricos son las legumbres, seguidos de los cereales integrales y más de lejos, las verduras y las frutas.

Para hacernos una idea, taza de legumbres tiene el doble de fibra que una de arroz integral y éste tiene veinte veces más fibra que una taza de fruta.

De modo que, una dieta básicamente vegetariana, girando en torno a los cereales integrales cocinados, acompañada de legumbres y algo de verdura y fruta, es excelente para mejorar la diverticulitis.

La macrobiótica y el cáncer de mama

Los investigadores del New England Medical Center de Boston informaron en 1981 que las mujeres vegetarianas y macrobióticas tenían menor probabilidad de padecer cáncer de mama que el resto. Descubrieron que esas mujeres procesaban los estrógenos de manera diferente al resto, eliminándolos de su cuerpo con mayor rapidez.

Hoy es sabido que los altos niveles de estrógenos están asociados al desarrollo del cáncer de mama. El estudio se hizo con dos grupos de mujeres, el de las vegetarianas/macrobióticas y el de las no vegetarianas.

Ambos grupos consumían las mismas calorías, pero las vegetarianas tomaban sólo un tercio de la cantidad de proteínas y grasas que el grupo de control.

La diferencia entre tomar proteínas vegetales y grasas insaturadas en lugar de proteínas animales y grasas saturadas da como resultado una capacidad de eliminación de los estrógenos dos o tres veces mayor.

La diferencia en el metabolismo de los estrógenos puede explicar la menor incidencia de cáncer de mama en mujeres vegetarianas y macrobióticas. De modo que la dieta pueder ser considerda un elemento de prevención del cáncer.

Estudio Framinghan del corazón

En los años 50, el estudio de Framingham sobre las enfermedades cardiovasculares reveló que la forma de conocer el riesgo de infarto se podía medir mediante el cociente colesterol total/colesterol HDL. 

Lo ideal es que la tasa esté por debajo de 4,5. La mayoría de las personas que han sufrido un infarto tenían niveles de entre 4,6 y 5,7.

El Dr. Castelli director del estudio al que hacemos referencia, observó que los vegetarianos y los macrobióticos tenían corazones y sistemas circulatorios más saludables que los atletas bien entrenados. 

El estudio se hizo con atletas como prototipo de individuos sanos y presentaban una tasa de colesterol total/colesterol HDL de 3,4. Los estudios que se hicieron con los vegetarianos y los macrobióticos dieron valores claramente inferiores, por debajo de 2,5.

Investigaciones como ésta indican claramente la importancia de la elección de los alimentos predominantes en nuestra dieta. No son iguales las grasas de origen animal que las vegetales, ni se comportan del mismo modo los hidratos de carbono refinados que los integrales.

La osteoporosis

A partir de los 45 años comienza a haber una disminución de la densidad ósea propia de la edad: es lo que se conoce como osteopenia. Es un hecho fisiológico, ya que al disminuir la producción de estrógenos también lo hace la masa ósea.

Otra cosa bien distinta es la osteoporosis, que representa una pérdida de masa ósea superior a la esperada para la edad, y que en la actualidad tiene carácter epidémico.

Se considera que la osteoporosis es una consecuencia de la menopausia, cuando en realidad, es el resultado de haber consumido un exceso carne y azúcar, acompañados de tabaco y café con leche a los largo de toda la vida. Nos referimos a una dieta rica en proteínas animales y alimentos refinados, en la que el balance metabólico es altamente acidificante y por lo tanto desmineralizador.

Si comes de una forma equilibrada y practicas algún tipo de actividad física, al llegar la menopausia y producir menos estrógenos puedes tener una ligera osteopenia, nada más.

Para prevenir la osteoporosis, además de reducir el consumo de proteínas animales, incluidos los productos lácteos, es imprescindible dejar de fumar y tomar café. Los alimentos vegetales en general, y las algas marinas en particular, son alimentos alcalinizantes y por lo tanto imprescindibles para conservar una buena masa ósea.

Aprendiendo a reconocer los sabores

Aunque la mayoría de las personas utiliza básicamente la sal y el azúcar y en su alimentación dominan por lo tanto el sabor salado y el dulce, en realidad existen cinco sabores principales: salado, ácido, amargo, dulce y picante.

En la Medicina Tradicional China estos sabores, se asocian al funcionamiento armónico de los órganos del cuerpo:

  • El salado con el riñón, la vejiga y el aparato reproductor.
  • El ácido con el hígado y la vesícula biliar.
  • El amargo con el corazón y el intestino delgado.
  • El dulce con el estómago, el bazo y el páncreas.
  • El picante con el pulmón y el intestino grueso.

Un estado de salud, nos permite reconocer y disfrutar de los cinco sin necesidad de enmascararlos.
Tanto un deseo exagerado por un determinado sabor, como un rechazo, indican desequilibrios en los órganos internos. Son ejemplos los de aquellos que necesitan endulzarlo todo, hasta los alimentos naturalmente dulces, o los que necesitan tomar vinagretas a todas horas, los adictos al café, etcétera.
En un menú equilibrado deberían estar presentes los cinco sabores para crear armonía en nuestro medio interno.

Mostramos un ejemplo de la presencia de los cinco sabores en el plato de una dieta cerealista:

  • El dulce neutro (no azucarado) en los cereales.
  • El ácido en los alimentos lactofermentados.
  • El amargo en las semillas tostadas.
  • El picante en el jengibre.
  • El salado en el tamari.

Dieta y cálculos renales

En un estudio del Reino Unido sobre el efecto de la dieta en la formación de cálculos renales (conocidos como piedras o arenillas en el riñón), los investigadores observaron que en los sujetos vegetarianos, la prevalencia de la formación de cálculos era entre un 40 y un 60 por ciento menor que en el resto de la población.

Los descubrimientos apoyan la hipótesis de que una dieta baja en proteínas animales reduce el riesgo de formación de cálculos renales. La clave comprensiva del estudio está en el balance acidificante de las dietas altas en proteínas. Entre los grandes comedores de carne y productos lácteos nos podemos encontrar con elevadas cantidades de ácido en la sangre; ya sea carbónico, fosfórico o úrico.

Estos ácidos, al combinarse con el calcio circulante, producen las temidas piedras de carbonato, fosfato, o urato de calcio. La formación de cálculos es una forma de calcificación en los tejidos blandos  que acompaña siempre a la descalcificación de los huesos.

Una vez más vemos que es conveniente consumir menos cantidad de proteínas animales.