Bocaditos de salud

En este apartado quiero compartir con vosotros los fundamentos básicos que conforman y han asentado mi conocimiento. Información concebida para consumir de forma rápida, adaptada a la velocidad con la que se vive hoy en día, que espero os aporte algunas claves para que el alimento se convierta en una herramienta útil e imprescindible para cultivar vuestra salud. Desarrollar un criterio propio, entendiendo el valor energético de los alimentos más allá del nutricional, es el camino para tomar decisiones adecuadas en torno a la dieta que cada cual necesite o elija. Mi objetivo, más que daros los peces, es proporcionaros la caña con la que pescarlos.

La anorexia sexual

Cuando hablamos de apetito en un sentido amplio nos referimos a un impulso instintivo e intenso que lleva a una persona a satisfacer sus necesidades o deseos.

Podemos tener apetito insaciable de novedades, de conquista, de destrucción, de alimentos o apetito sexual.

Hay un aspecto desconocido para muchos, que es el poder de la alimentación a la hora de regular la sexualidad.

Los alimentos, cuando los contemplamos desde el aspecto funcional del yin y el yang, explican de forma clara su comportamiento en el deseo sexual.

Los que llamamos yang como la carne, chorizo, jamón, embutidos… tienen energía calentadora y descendente, y favorecen las relaciones sexuales. Por eso, en el pasado, durante la cuaresma, los católicos se abstenían de comer carne como penitencia.  De hecho se habla de relaciones carnales para referirse a lo genital.

Por el contrario los alimentos yin como el azúcar, dulces, bollos, galletas, miel, refrescos, helados, chocolate, frutas, ensaladas… son de naturaleza enfriadora y ascendente, de modo que va a activar más los aspectos emocionales, mentales y espirituales. Son por tanto inhibidores del apetito sexual. Así muchos santos eran vegetarianos y en todas las religiones de uno u otro modo se restringe el consumo de cerdo, etc.

Como la salud es una cuestión de equilibrio, no se trata ni de tener un deseo irrefrenable donde el sexo nos tiranice, ni de vivir con una inhibición sexual tan importante que nos dificulte la relación amorosa. Recordemos que el sexo es el quicio sobre el que gira la puerta del amor.

Una vez más los cereales y las legumbres, acompañados de unas verduras y algo de alimento animal, son claves para tener una vivencia saludable del sexo.

La dieta paleolítica

En nuestro tiempo hay algunas corrientes que han puesto de moda la llamada dieta paleo, haciendo referencia a cómo se comía en las etapas prehistóricas.

La dieta tradicional de la humanidad, ha consistido principalmente en alimentos de calidad vegetal en vez de carne y otros alimentos animales como se ha creído popularmente.

Los últimos estudios en arqueología, antropología y anatomía comparada, desafían la noción de que el ser humano evolucionó como un animal cazador agresivo, que dependía principalmente de la carne para sobrevivir.

La nueva perspectiva describe a los primeros humanos y sus antepasados, más como vegetarianos que como carnívoros. La mesa prehistórica durante el último millón y medio de años se componía de tres veces más alimentos vegetales que animales.

Cuando nuestros antepasados salían a cazar mamut, no traían a casa un kilo de carne cada día. Sin embargo, cuando cualquier habitante del mundo industrializado sale a la compra no tiene problema para llevar a casa la cantidad de carne que desee.

Por otra parte la dieta en cada etapa de la evolución del ser humano a lo largo de la historia, ha representado una adaptación al entorno, donde la forma de producir los alimentos limitaba el consumo.

Es ahora cuando tenemos más problemas para saber elegir la dieta más conveniente para estar en salud.

El sangrado de las encías

La gingivitis es una inflamación que aparece en las encías pudiendo producir sangrado cuando nos cepillamos. La causa más común se debe a los restos de alimentos que se quedan entre los dientes, cuando nuestra higiene dental no es buena.

En muchos casos, va acompañada de una periodontitis: infección bacteriana comúnmente llamada piorrea, donde se compromete la inserción de los dientes, la encía se retrae y puede llegar a dejar al diente sin soporte óseo, pudiendo provocar la pérdida de este.

La solución que se nos brinda desde la odontología pasa por el cepillado correcto y la toma de antibióticos para combatir la infección. Dos recursos, que como muchos sabéis, no son suficientes.

Si abordamos el problema desde la visión holística, debemos corregir el terreno que favorece las inflamaciones y las infecciones. Para ello debemos contemplar es aspecto funcional yin/yang de los alimentos que determina su comportamiento en el cuerpo.

Los alimentos yin debilitan al sistema inmune y favorecen las inflamaciones. Hablamos de azúcar, leche y derivados lácteos, café, chocolate, etc. Igualmente son yin los alimentos ácidos como el vinagre y el limón.

Cuando nos sangran las encías debemos evitar ese grupo de alimentos y hacer un cambio de hábitos alimenticios importante, que pasa por la inclusión de los cereales integrales, legumbres y verduras, como alimentos de consumo diario.

Es conveniente incluir además unos poderosos alimentos/medicamento como son: el miso, el gomasio, el tamari y la ciruela umeboshi que nos ayudarán subir las defensas y a corregir la acidosis del terreno.

Para completar el tratamiento, podemos utilizar una pasta dental salina, y por supuesto practicar una correcta higiene dental.

Ni azúcar, ni sustitutos

Muchas personas, después de haber leído acerca de los efectos perjudiciales del azúcar, quieren dejarlo y buscan sustitutos. Pero igual que cuando dejamos de tomar leche de vaca, no la sustituimos por otra, con el azúcar deberíamos hacer lo mismo.

La decisión muchas veces no es fácil ya que la industria alimentaria nos ofrece alternativas supuestamente saludables como:

  • edulcorantes químicos que no engordan
  • azúcares exóticos a los que se les atribuyen múltiples bondades
  • azúcares integrales que no tienen grandes diferencias con el blanco
  • panela que aunque es un alimento tradicional, sigue siendo azúcar
  • stevia que tiene efectos adversos que no se citan
  • alcoholes extraídos de la madera de abedul tolerados por los diabéticos
  • miel de abejas que puede producir reacciones alérgicas, etc.

Aunque algunos de los productos citados tengan más vitaminas y minerales que el azúcar blanco o sus azúcares sigan una ruta metabólica que no requiere insulina, no son alternativas para utilizar a diario en ningún caso.

Debemos reconocer el sabor natural de los alimentos sin necesidad de maquillarlos. La repostería casera, aunque la elaboremos con harina integral y grasas saludables, sigue siendo repostería, es decir un comestible que está muy lejos de las frutas y verduras de sabor naturalmente dulce.

Igual que la cafeína y el alcohol, los dulces los deberíamos dejar para ocasiones especiales en lugar de engañarnos buscando sustitutos.

La mejor estrategia para dejar el azúcar es enseñar al paladar a reconocer el sabor real de los alimentos.

El polen de abeja

Hoy comparto con vosotr@s una información valiosa sobre el polen, suplemento nutricional que muchas veces está sobrevalorado.

Los granos de polen son las células masculinas del aparato reproductor de las plantas que están en los estambres de las flores.

Las abejas melíferas cuando vuelan de flor en flor para alimentarse del néctar, “recogen” el polen en una especie de cestas que tienen en las patas: las corbículas. Cuando llegan a la colmena lo almacenan en los panales; es un alimento básico para las larvas de las abejas. La mayoría de los animales no pueden alimentarse del polen porque carecen de las enzimas que permiten su digestión.

Es otro alimento milagro que se publicita como saludable; su composición es variable ya que depende del tipo de planta que se haya recolectado. Se nos dice que al ser una célula reproductora contiene todos los componentes esenciales para la vida, algo incierto ya que para eso ocurra necesita al óvulo.

Se nos vende como indicada para mejorar las migrañas, la diabetes, los resfriados, etc., sin advertir que puede producir reacciones anafilácticas graves.

La doctora Amanda Jagdis, de la Universidad de la Columbia Británica, y el doctor Gordon Sussman, del Hospital de St. Michael y la Universidad de Toronto, (Canadá) afirman que “La anafilaxia asociada al consumo de polen de abeja ha sido reportada en la literatura médica, pero muchas personas no son conscientes de este peligro potencial”.

Las reacciones anafilácticas después de la ingestión de polen de abeja han sido reportadas en personas sin antecedentes de alergias, o sólo con alergias estacionales. En un estudio griego, en el que los participantes se sometieron a pruebas de la piel para medir la reacción al polen de abeja, el 73 por ciento mostró reacciones positivas a la prueba cutánea, ante uno o más tipos de extractos de polen de abejas.

El aceite de palma

El aceite de palma, en los últimos meses, está en la boca de todos. La alarma creada en torno a su efecto nocivo es de tal magnitud, que varias cadenas de supermercados van a prescindir de este tipo de aceite en sus productos de marca blanca.

Es un ingrediente que está presente exclusivamente en los alimentos procesados, escondido bajo el nombre de grasas vegetales, aceite vegetal o estearina.

Existe la idea de que las grasas vegetales son buenas y las animales malas, por eso el etiquetado grasa vegetal no nos produce inquietud, sino más bien lo contrario. Las primeras se componen de ácidos grasos insaturados, que son esenciales, y las segundas contienen elevadas cantidades de ácidos grasos saturados, que son los que favorecen los problemas cardiovasculares.

Pero en este caso, a pesar de que la palma es un vegetal, su aceite tiene una elevada cantidad de ácido palmítico que es altamente saturado. Esto por sí sólo ya nos debería disuadir de consumirlo, pero a este hecho se suman las altas temperaturas que se utilizan para refinarlo que producen sustancias potencialmente cancerígenas y las que se utilizan durante la elaboración de las galletas, pastelitos, chips, etc., que lo contienen.

Ahora se está demonizando al aceite de palma, como ya se ha hecho en el pasado con el azúcar. Pero la mejor garantía de salud es dejar de pensar en los nutrientes y redescubrir lo verdaderos alimentos, los que no llevan etiqueta: los cereales, las legumbres, las verduras y frutas, las semillas, etc., es decir: los que no están procesados por la industria alimentaria.

La moda del azúcar de coco

El azúcar de coco es un endulzante natural, que se extrae de la savia de la palmera. Al realizar un corte en la flor de la palmera cocotera, la savia que brota se recoge en unos recipientes dispuestos al efecto. Esta sustancia contiene aproximadamente un 80 por ciento de agua, un 15 por ciento de azúcar y un cinco por ciento de sales minerales. Más tarde se somete a altas temperatura para evaporar el agua, y el resultado es un producto muy similar al azúcar integral.

Aunque hay muchos artículos que alaban sus virtudes, sólo se trata de publicidad encubierta. Por ejemplo cuando se nos dice que tiene un índice glucémico bajo  y se nos “vende” como tolerado por los diabéticos, eso no significa que mejore la diabetes, ya que no deja de ser un azúcar. La fructosa, en la que es muy abundante, es un azúcar simple que está implicado en enfermedades como el hígado graso no alcohólico, la obesidad, hipertensión, etc.

Es el endulzante que tiene mayor cantidad de potasio de todos, lo que le confiere una cualidad fuertemente yin. Recordemos que el balance sodio/potasio es un requisito de salud imprescindible.

A pesar de ser más natural que el azúcar blanco por no estar refinado, el azúcar de coco no aporta ningún beneficio para la salud. Sus efectos sobre el organismo al final son casi los mismos que en el azúcar de caña. Por eso debemos distinguir entre la información veraz y las modas que crea la publicidad solapada.

Siete buenas razones para dejar de fumar

El comienzo del año es un buen momento para tomar decisiones importantes y para ponerse metas y afrontar desafíos. Este es uno de ellos.

  1. El primer paso es querer hacerlo: decídete y repite en tu interior, “quiero dejar de fumar”.
  2. Elige la mejor estrategia: hipnosis, gimnasio, cambio de ambiente… la que a ti te vaya a funcionar mejor.
  3. No te agarres al tópico “si dejo de fumar engordaré”, ésta es la primera trampa del “no quiero dejar de fumar”.
  4. Toma conciencia de la toxicidad del tabaco a todos los niveles, más allá del cáncer de pulmón.
  5. A los demás también nos afecta que fumes: padres, hermanos, pareja… y otros seres queridos; sufrimos con el daño que te haces.
  6. La expresión “a mí no me hace daño” es otra trampa del “no quiero dejar de fumar”.
  7. La nicotina es altamente adictiva, igual que cualquier otra droga; revitalízate con una alimentación biológica para superar el “mono”.

Mezclar proteínas animales y vegetales

Las proteínas representan uno de los tres grandes grupos de nutrientes junto a los hidratos de carbono y las grasas. Son imprescindibles en nuestra dieta, ya que a partir de ellas sintetizamos, además de masa muscular, enzimas, hormonas y neurotransmisores, entre otras sustancias.

Dentro de los vegetales nos aportan proteínas todos los granos: legumbres, cereales, frutos secos, semillas y, adicionalmente, las algas.

Todos los alimentos de origen animal son fuente de proteínas: carnes, pescados, huevos y productos lácteos.

En occidente, como domina la visión dualista del universo, todo se contempla como dividido o separado: la maldad y la bondad, la virtud y el pecado, la izquierda y la derecha… y en la nutrición, el caso que nos ocupa, lo animal y lo vegetal.

La respuesta a la controversia proteica sobre la superioridad de las proteínas animales sobre las vegetales la encontramos en las tradiciones milenarias de la humanidad: en todos los casos, el principal aporte de proteínas ha sido la combinación de un cereal con una legumbre u otra semilla y una pequeña cantidad de alimento animal, cuando el clima o la condición de la persona lo requiere.

Por eso podemos combinar las proteínas animales y vegetales según nuestra conveniencia, dependiendo de nuestra fuerza digestiva y estado de salud.

La stevia

Hoy hablamos de un edulcorante que muchos recomiendan como sustituto del azúcar. Descubre si las ventajas que se le atribuyen son reales o una vez más se trata de publicidad encubierta.

Es un arbusto originario de Paraguay que se ha utilizado como edulcorante natural desde hace siglos. Los indígenas aprovechaban las hojas enteras. Desde 2009 la FDA, (Food and Drug Administration – Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU),  aprobó el uso de la stevia como producto refinado sustitutivo del azúcar. Se trata de un edulcorante acalórico, es decir, no aporta ninguna caloría y tiene un poder endulzante 200 o 300 veces mayor que el azúcar. Visto así, es fantástico, ya que nos permite endulzarnos la vida sin engordar. Sin embargo, debemos recordar una ley de la naturaleza que conocemos todos: Todo lo que tiene cara tiene reverso y, cuanto mayor es la cara mayor el reverso.


En este caso, la cara sería el alto poder endulzante y la tolerancia por los diabéticos en pequeñas cantidades; y el reverso, las posibles complicaciones sobre la salud, desde náuseas, dolores musculares, rigidez y fatiga, hasta problemas de fertilidad y otras alteraciones hormonales. La stevia no tiene la categoría de alimento natural, integral y biológico, sino de comestible refinado.