Archivos mensuales: mayo 2022

Croquetas de garbanzos

Una forma de comer legumbres un poco más laboriosa que los garbanzos de siempre, pero más divertida. Útil sobre todo si tenemos niños o en personas que necesitan dar variedad a sus platos.

Ingredientes:

Lavamos bien los garbanzos y los ponemos en remojo con agua filtrada o embotellada la noche anterior. Descartamos el agua del remojo, los enjuagamos y los cocinamos en la olla a presión con agua filtrada o embotellada y sin sal.

Cuando la olla alcanza el punto de presión, bajamos el fuego al mínimo y mantenemos la cocción unos 40 minutos.  Una vez cocidos retiramos el caldo para su uso posterior como fondo de sopa, o para hervir unas verduras, etc.

Mientras se cuecen los garbanzos, cortamos la cebolla en dados muy pequeños y la saltemos en una sartén con un poco de aceite y sal marina.

Trituramos los garbanzos aplastándolos con un tenedor de forma que nos quede una pasta. Los añadimos al sofrito de la cebolla junto con una pequeña cantidad de copos de avena para que la masa sea más manejable. Sazonamos con un poco de tamari y mantenemos el fuego bajo unos cinco minutos. Dejamos enfriar un poco la masa.

Damos forma a las croquetas y las pasamos por las semillas de sésamo a modo de «pan rallado». Las podemos freír en abundante aceite y al sacarlas de la sartén las colocaremos sobre un papel absorbente, o meterlas al horno a gratinar, según el gusto.

En ambos casos las tomaremos calientes con unas gotitas de tamari por encima y acompañadas de algunas verduras escaldadas o unas zanahorias ralladas con unas hojitas de endivias.

Las causas de las alergias

Para muchos primavera equivale a brote alérgico o exacerbación de la alergia perenne. Por eso retomamos el post anterior con informaciones útiles tanto en la prevención como en la curación de las alergias de cualquier tipo.

Continiación del post:  Las alergias primaverales

Pensemos que cualquier sustancia que entre en contacto con nuestro organismo, tanto a través de la piel como de las mucosas puede producir una reacción alérgica.

La manifestación alérgica conlleva una inflamación que se produce por la liberación de histamina, sobre todo a nivel de la piel y las mucosas, y por la depresión del sistema inmune. Luego además de aislar al alérgeno potencial, debemos evaluar la condición del sistema inmunitario.

El desarrollo del sistema inmune

Durante el embarazo, puede haber una sobreestimulación antigénica a través de la alimentación de la madre, lo que provoca la hipersensibilización que muchas veces se observa en los bebés recién nacidos: la dermatitis atópica. Pero incluso después del nacimiento, el bebé es muy vulnerable ya que nace en un estadio de desarrollo muy temprano; sólo está desarrollado el 23 % del cerebro y su aparato digestivo únicamente puede digerir la leche materna.

En la vida embrionaria y en la primera infancia es cuando se crea el terreno que favorece las reacciones alérgicas. A lo largo de los nueve meses de embarazo el feto recibe los alimentos y los anticuerpos de la madre a través de la placenta. Los primeros años de vida son determinantes ya que la maduración del sistema inmune del bebé no se completa hasta que han terminado de aparecer los dientes de leche.

Para prevenir la aparición de las alergias futuras a la hora de introducir los alimentos sólidos, deberíamos contemplar la aparición de los dientes -que nos indica la maduración de los órganos digestivos- en lugar de hacerlo desde la edad como hace la pediatría clásica.

La mucosa intestinal abarca una superficie de entre 400 y 600 m2 y está formada por una capa monocelular que se reconstruye por completo cada dos días. En los niños pequeños esta mucosa es particularmente permeable por el grado incipiente de desarrollo y cuando no amamantamos, introducimos alimentos sólidos antes de tiempo y damos leches de fórmula, pasan a la sangre sustancias potencialmente alergénicas sin digerir, presentes en la luz intestinal.

Es prioritario comprender el proceso de maduración digestiva en el primer año de vida para programar la introducción de alimentos sólidos, porque la primera línea de defensa inmunitaria está en la mucosa intestinal.

La hiperpermeabilidad de la mucosa intestinal

Entre los factores que influyen en la anormal permeabilidad de la mucosa intestinal podemos destacar:

  • Carencia de ácido cis-linoleico omega 3. Este es un nutriente esencial que forma parte de la doble capa de fosfolípidos estructurales de las membranas celulares. La leche materna cubre de forma adecuada las necesidades del bebé. Sin embargo, la leche de vaca maternizada debe ser suplementada con este nutriente, pero ignoramos si el ácido linoleico que contienen las llamadas leches de fórmula convencionales es biológicamente activo o si está desnaturalizado en su forma trans.
  • La leche de vaca maternizada es suplementada con este nutriente, pero ignoramos si el ácido linoleico que contienen las llamadas leches maternizadas convencionales es biológicamente activo o si está desnaturalizado en su forma trans.
  • Exceso de grasas saturadas en la dieta. Las llamadas «grasas duras» impiden la correcta absorción del ácido linoleico. La leche de vaca es rica en grasas saturadas y aunque se desnata y se le añade omega 3 para hacerla lo más semejante a la leche materna, el resultado es bastante diferente.
  • Introducción demasiado temprana de alimentos sólidos. Mientras el bebé no tiene dientes no puede digerir alimentos sólidos por falta de maduración de los órganos digestivos, no importa que los alimentos estén triturados. Nos referimos al gluten, frutas crudas, carne, etc. Tampoco tiene capacidad para digerir la caseína de la leche de vaca.

Estas prácticas comunes en fase pediátrica hacen que desde esta etapa temprana del desarrollo aparezca el síndrome de la hiperpermeabilidad intestinal también conocido como síndrome del intestino agujereado.

El debilitamiento del sistema inmune

A continuación, enumeramos los aspectos determinantes en el debilitamiento del sistema inmune que producen la leche de vaca y la carne de cerdo:

  • El alto poder antigénico de las proteínas lácteas y en particular de la caseína, que, al no metabolizarse correctamente, «irritan» a nuestro sistema inmunitario. Este aspecto es el más importante y el más ignorado por la clase médica y está en la base de todas las manifestaciones alérgicas.
  • Las altas concentraciones de productos químico-agroalimentarios, tanto en la producción de alimentos como en su elaboración: nitratos, fosfatos, pesticidas, conservantes, antioxidantes, etc.
  • Las leches para consumo humano contienen cantidades importantes de hormonas, antibióticos y otros medicamentos suministrados a las vacas permitidos por la legislación.
  • El efecto de la manipulación de la leche para su posterior consumo como la pasteurización, uperización, esterilización, liofilización, etc. desnaturaliza un alimento que ya en sí mismo no es adecuado para el consumo humano, con lo que la situación empeora aún más.
  • El consumo de carne de cerdo. A causa del contenido en histamina y cuerpos imidazólicos, es responsable de favorecer la puesta en marcha de procesos inflamatorios y urticariantes como se ha observado en el laboratorio y en la clínica tales como: apendicitis, colecistopatías, flebitis, flujo vaginal o leucorrea (en mujeres), abscesos y flemones, así como enfermedades cutáneas del tipo: eczemas, dermatitis, forunculosis, urticaria, neurodermatitis y otras dermatosis. Muchas veces, la primera carne que damos al niño es jamón de York. No sabemos qué publicidad de los años 50 nos dejó la idea de que el jamón dulce es alimento para niños y para enfermos.

A esta lista añadiríamos el efecto de fuerte estimulación antigénica de las vacunaciones, los medicamentos, los contaminantes industriales, etc.

Teniendo en cuenta que en la actualidad el amamantamiento ha decaído de una forma espectacular y que el consumo de productos lácteos está aumentando de un modo alarmante en todas las etapas de la vida, entendemos que la incidencia de las alergias sea cada vez mayor, tanto en niños como en adultos. En la actualidad, la leche es el alimento más consumido en el hogar, cosa impensable hace dos generaciones, cuando no existían ni la refrigeración ni la industrialización de la producción láctea.

Una vez que hemos descrito los alimentos y contaminantes más perjudiciales para los alérgicos, debemos abordar qué tipo de alimentación recomendaríamos al paciente.

Fortaleciendo el sistema inmune

Ofrecemos unas pautas generales para iniciarse en una forma de comer que permite reforzar el sistema inmunitario y mejorar la salud.

  • Excluiremos de nuestra dieta los «comestibles» también conocidos como alimentos ultraprocesados: todo aquello que es elaborado, manipulado y fabricado para que pueda ser comido, embutidos, chocolate, caldos de verduras, croquetas congeladas, etcétera.
  • Evitaremos de forma particular, la leche y los derivados lácteos en todos los casos, aunque tengamos buena tolerancia digestiva y los alérgenos que nos afectan sean ambientales o químicos.
  • Prescindiremos de la carne de cerdo y cualquier alimento elaborado que lleve carne de cerdo, como embutidos, jamón, etc.
  • Debemos tomar alimentos naturales, es decir, aquellos que se producen en la naturaleza, tanto en el reino animal como en el vegetal, lo menos transformados posible.
  • Tomaremos alimentos integrales, particularmente los cereales. Cuando se refinan los cereales se pierden la mayor parte de los nutrientes esenciales como son las vitaminas, los minerales y en el caso que nos ocupa, los ácidos grasos poliinsaturados presentes en el germen.
  • Todos los alimentos que consumamos deben ser ecológicos, porque además de tener una mayor concentración de nutrientes están desprovistos de los peligrosos residuos de la química agroalimentaria (abonos, pesticidas, etc.).
  • Los cereales integrales representarán al menos el 50 % del volumen total ingerido, las verduras y o las frutas el 25% y el resto correspondería a las legumbres y/o el pescado.

Como todas las manifestaciones alérgicas cursan con inflamación, es muy importante incluir formas de cocción largas con fuego lento y una proporción generosa de arroz integral. Seremos moderados en el consumo de líquidos y prepararemos los platos más sazonados que sosos.

Estas pautas generales pueden ser suficientes para experimentar una mejoría sustancial de las manifestaciones alérgicas.