El MMS: Suplemento mineral milagroso

Hace ya unos años que apareció una supuesta panacea médica que cura desde las almorranas hasta el cáncer, pasando por la malaria, el herpes, el asma, la diabetes, la hepatitis, los catarros y el acné. Y ahora, hasta el coronavirus. Debemos saber que se trata de un desinfectante de piscinas.

No deja de sorprendernos que MMS sean las siglas de suplemento mineral milagroso: “Miracle Mineral Suplement”.

La historia empieza cuando Jim Humble, su descubridor, un ingeniero espacial autodidacta,   estando en una prospección minera en Sudamérica comprobó cómo varios de sus hombres que enfermaron de malaria, se curaron al darles unas gotas que llevaba consigo de un potabilizador de agua.

Es un potente oxidante muy utilizado en la potabilización del agua precisamente por su poder biocida. Se vende en forma de clorito de sodio junto con un activador que suele ser ácido cítrico para que se produzca la liberación del dióxido de cloro.

Para acercarnos un poco más al producto milagroso, el clorito de sodio NaClO2, diremos que el componente activo de la lejía común es hipoclorito de sodio NaClO. Como el MMS tiene un oxígeno más es mucho más oxidante que la lejía.

El poder germicida tanto del clorito sódico como del dióxido de cloro, se basa en su carácter fuertemente oxidante. La transformación química que provoca tanto en los microrganismos como en los tejidos humanos es de tal magnitud, que la función original de las proteínas, de los lípidos, o de los ácidos nucleicos, se pierde irremediablemente.

Si para destruir los gérmenes oxida nuestro medio interno, podemos echar mano de un dicho popular que dice: es peor el remedio que la enfermedad.

Debemos entender que un biocida es lo mismo que un veneno que destruye la vida, por eso el que sea un potabilizador y desinfectante de piscinas no significa que lo debamos tomar en enfermedades infecciosas. Aunque la lejía es un buen desinfectante  de uso común, no se nos ocurre tomar un trago para combatir un resfriado.

El estreñimiento no es sólo por falta de fibra

Hoy compartimos algunos conceptos que echan por tierra la idea de que el estreñimiento es por falta de fibra en todos los casos.

El estreñimiento afecta al 30 % de la población y como veremos las causas son diversas.

En unos casos se debe a unos hábitos alimenticios poco saludables que incluyen exceso de alimentos animales y sal, junto con alimentos refinados y por tanto el resultado es una dieta baja en fibra.

Este tipo de estreñimiento que nos encontramos con frecuencia se llama  de “heces caprinas”, donde las heces suelen ser secas y duras. Es el estreñimiento típico.

Los que lo padecen se ayudan para solucionarlo aumentando la cantidad de líquido (un vaso de agua templada en ayunas), tomando algunas frutas (ciruelas pasas remojadas) o incluso una cucharada de aceite de oliva en ayunas.

Sin embargo hay muchas personas que consumen abundantes verduras y frutas, toman incluso alimentos enriquecidos en fibra, beben mucha agua… y cuanto más “se cuidan”, más estreñimiento padecen.

Este tipo de estreñimiento paradójico tiene lugar cuando hay una hipotonía de los músculos que producen los movimientos peristálticos, impidiendo el descenso normal de las heces a lo largo de los intestinos, produciendo lo que algunos llaman “pereza intestinal”.

En ambas situaciones los cereales integrales son los alimentos reguladores por excelencia ya que por su contenido en fibra ayudan en el estreñimiento típico y a la vez favorecen el peristaltismo intestinal y de ese modo nos permiten no necesitar laxantes.

Yin y yang en los cereales II

Es muy común utilizar de forma indistinta el concepto hidratos de carbono y cereales, cuando en todos los casos deberíamos distinguir si los hidratos de carbono proceden de alimentos integrales o refinados y si los cereales están forma de grano o de harina. Los dos aspectos son de gran relevancia en cuanto a nuestra salud se refiere.

Continuación del post: Yin y Yang en los cereales I

 El trigo

Tradicionalmente no se ha consumido en forma de grano sino en forma de pan, cuscús, bulgur, todo tipo de pastas y harina.

Existen muchas variedades de trigo, como el kamut, la espelta, el trigo duro, etc. Algunas han sufrido múltiples manipuladas genéticas y han dado como resultado trigos peor tolerados, más alergénicos, tanto que en la actualidad se considera al trigo en general como un cereal no saludable.

Podemos encontrar escritos que acusan al trigo de ser responsable de las enfermedades cardiovasculares… pero siempre que se cita al trigo se está hablando de pan blanco y pastas procedentes de harinas refinadas, todos ellos alimentos muy próximos al azúcar. Es el cereal más rico en gluten.
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Yin y Yang en los cereales I

Los cereales integrales según su forma de presentación son más yang o más yin, descubre cómo no se comportan del mismo modo en nuestro organismo los granos enteros que las harinas.

En los cereales en grano la energía que contienen está preservada de forma absoluta, nos referimos a la capacidad de germinación. Son a la vez el fruto y la semilla de la planta, una fuente excelente no solo de nutrientes sino de energía vital.

Las sucesivas transformaciones que sufren los granos los van desvitalizando, haciendo que se pierda la capacidad de germinación del grano, que desaparezcan sustancias esenciales y que se oxiden sus nutrientes.

Así tenemos los granos pelados o refinados a los que se les desprovee de la cáscara y del germen con la consiguiente pérdida de fibra, vitaminas y minerales.

En otros casos, los granos no se refinan, pero se transforman en copos, sémolas, todos los tipos de pastas y finalmente en harinas.

De modo que los granos enteros son la forma de presentación más yang de los cereales y las harinas la más yin.
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El propóleo

Es una mezcla resinosa que obtienen las abejas de las yemas de los árboles para cubrir las paredes de la colmena con el fin de combatir los posibles agentes infecciosos como los hongos, las bacterias y los virus que pudieran afectarla. Es una especie de masilla selladora.

Se le atribuyen propiedades curativas como fungicida, bactericida y antiviral. También es un buen cicatrizante, analgésico y regenerador de la piel.  No obstante su utilización en humanos se debe hacer con reserva ya que algunos de los productos de la colmena son muy alergénicos y podrían producir sensibilización a medio plazo.

En su uso medicinal, como es una sustancia fuertemente yang, sube las defensas y cicatriza, es decir “cura” las heridas, no importa si se trata de un acné o una sinusitis.

El propóleo puede ser un buen remedio sintomático para trastornos de este tipo, pero en cualquier caso debemos preguntarnos acerca del origen del problema.

Si tenemos por ejemplo un catarro, debemos preguntarnos acerca de su origen y mientras lo averiguamos, el propóleo puede ser un remedio natural para uso puntual.

En el caso que nos ocupa es imprescindible prescindir de los alimentos yin porque son inmunosupresores, ya que si no lo hacemos necesitaremos tomar propóleo de forma continuada.

Una vez más abogamos por la medicina causal frente a la medicina sintomática aunque ésta emplee remedios naturales, como es el caso.

La relación sodio/potasio en los alimentos II

La materia y la energía son las dos caras de la moneda que conforman la vida y los alimentos son parte de ese todo, ya que proceden los animales o de las plantas que son seres vivos. Por eso debemos contemplarlos desde la materia que viene dada por su composición química y la energía que nos muestra su comportamiento en el cuerpo. Ese aspecto funcional es lo que conocemos como el Yin y el Yang.

Continuación del post: La relación sodio/potasio en los alimentos I

La visión occidental de los alimentos tiene en cuenta exclusivamente la composición química de éstos y nos lleva a pensar que podemos crear un equilibrio a nivel celular consumiendo alimentos muy concentrados en sodio acompañados de otros muy ricos en potasio, como por ejemplo melón con jamón.

Nada más lejos de la realidad, para mantener unas condiciones de equilibrio interno, la clave está precisamente en elegir en primer lugar aquellos alimentos en los que la relación sodio/potasio se acerca más a la del interior de la célula, como los cereales y las legumbres. Esta afirmación está refrendada por más de 35 años de experiencia clínica utilizando la dieta como principal herramienta en la recuperación de la salud.

La relación sodio/potasio en los alimentos

La relación entre estos dos elementos químicos en los alimentos nos permite abordar el concepto yin yang de la Medicina Oriental desde un punto de vista cuantitativo y por lo tanto fácilmente objetivable.

La energía yin está representada por los alimentos de calidad vegetal, ricos en potasio mientras que la calidad yang pertenece a los alimentos animales ricos en sodio.
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La relación sodio/potasio en los alimentos I

Hoy comparto con vosotros una aproximación a la comprensión yin yang de los alimentos, desde la química y la fisiología. Esta visión es de gran ayuda para contemplar los alimentos como herramientas imprescindibles en el mantenimiento y la recuperación de la salud.

El sodio

El sodio es uno de los elementos químicos más abundantes en el equilibrio celular y consecuentemente en nuestro organismo. Lo encontramos en los líquidos corporales en forma de cloruro de sodio sobre todo. Por eso la sal ha tenido tanta importancia en todas las civilizaciones.

La sal ha dado nombre a la palabra salario que viene del latín salarium que correspondía a la moneda de sal con la que se pagaba a los soldados romanos en la antigüedad.

En la Edad Media el rango social de un individuo se medía por el hecho de que su huésped lo sentaba más o menos cerca de la sal de mesa.

La función esencial del NaCl en los líquidos del organismo es mantener una adecuada presión osmótica. Es por eso que si se retira una célula viva de una solución fisiológica y se la mete en agua pura, se hincha hasta que revienta.

Las necesidades diarias de sal para una persona de 60 kilos oscilan entre 3 y 20 gramos, en función de la actividad física y el clima en el que se vive.

Los alimentos de origen animal son ricos en sodio, pero como en nuestra alimentación predominan los vegetales, la sal se ha añadido a nuestros platos desde el albor de los tiempos.
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Cuando viajo, me mareo

Hoy comparto con vosotros un breve escrito que da respuesta al porqué de los mareos y los vómitos durante los viajes. Modificando nuestros hábitos alimenticios los viajes pueden dejar de ser una pesadilla.

Muchas personas tienen problemas en los viajes y llegan incluso a vomitar como consecuencia del mareo. Por eso nunca se ponen en marcha sin las pastillas para hacer más soportable el trayecto. Solo algunos conocen remedios infalibles como la raíz de jengibre, la ciruela umeboshi o el bocata de tortilla.

La comprensión del comportamiento energético de los alimentos, lo que algunos llaman el yin y el yang, es esencial para entender el origen de este desorden, así como el porqué del funcionamiento de los remedios antes citados.

Los alimentos yin tienen energía ascendente y expansiva, es decir, abren el cardias, lo que comúnmente se conoce como la boca del estómago: empujan su contenido hacia arriba y se suben a la cabeza del mismo modo que lo hace el alcohol. Nos referimos al azúcar y todo lo dulce, así como a los alimentos grasientos como la mantequilla y la nata. También son yin los zumos, helados y refrescos.

Cuando consumimos alimentos de este grupo antes de viajar, la probabilidad de sufrir mareo aumenta de forma notable. De la misma manera, ocurrirá lo mismo si los alimentos yin son predominantes en nuestra dieta cotidiana.

Los alimentos yang, por el contrario, tienen energía descendente y contractiva: son las carnes, pescados, huevos y, en general, todo lo salado. Un ejemplo de la energía descendente de los alimentos yang es el ataque de gota que se manifiesta en el dedo gordo del pie, cuando abusamos de la carne. Casos como éstos explican por qué funcionan remedios populares como la ciruela umeboshi, la raíz de jengibre, una buena tortilla o un bocadillo de jamón, etc.

Para poder disfrutar del viaje sin necesidad de medicamentos debemos aprender a reconocer el aspecto funcional de los alimentos: su comportamiento en el cuerpo.

Una vez más, no nos queda más remedio que rendir tributo a Hipócrates cuando decía: “que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”.