La leche de vaca, ¿alimento para seres humanos? II

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Hoy vamos a ver una comparativa entre la composición de la leche materna y la de vaca. Las diferencias son tanto cuantitativas como cualitativas; se trata de dos alimentos completamente diferentes.

Continuación del post: La leche de vaca, ¿alimento para seres humanos? I

Los nutrientes de la leche

Cuando se empieza a desarrollar la ciencia de la nutrición, se considera que los alimentos son tan sólo una suma ordenada de nutrientes y, al comparar la leche de vaca con la de mujer se observa que la primera es más rica nutricionalmente, es decir, que tiene más alimento.

Este hecho tiene tanto peso en la sociedad que hay un momento en el pasado reciente, que todos recordamos, en el que se preconizó la alimentación infantil con biberón de leche de fórmula en lugar de la lactancia materna, porque los niños alimentados con leche de vaca crecían más.

Personalmente yo recuerdo esa época donde algunas mujeres pudientes se ponían una inyección para que se les cortase la leche, y así no se les deformase el pecho con la lactancia.

Los efectos de semejante aberración se comprobaron de forma rápida, y en la actualidad la clase médica reconoce los beneficios de la lactancia materna y la recomienda como primera opción.

Pero la idea de que la leche de vaca es un alimento muy nutritivo pesa tanto que la medicina oficial sigue insistiendo en el consumo diario de leche de vaca y derivados. ¡Imaginemos lo que pasaría si descubren el contenido en proteínas de la leche de coneja que veíamos en la tabla 2 del post anterior!

Tabla leche 3Tabla 3. Comparación entre la leche materna y la de vaca

En la tabla precedente observamos diferencias tanto cualitativas como cuantitativas en la composición de ambos alimentos. Tan sólo son semejantes en el color.

Agua: el contenido en agua de las dos es aproximadamente el mismo.

Proteínas: La leche de vaca contiene un 80 por ciento de caseína, cuatro por ciento de proteínas séricas y 16 por ciento de lactoalbúmina y gammaglobulina. Por el contrario, la leche humana la caseína representa tan sólo el 40 por ciento, siendo el 60 por ciento proteínas séricas.

Estas últimas están en el suero de la leche y son inmunoglobulinas que ayudan al sistema inmune todavía inmaduro del recién nacido, enzimas que favorecen la digestión, hormonas, etc. La leche materna es muy rica en este tipo de proteínas, particularmente el calostro y la leche de las primeras semanas tras el parto. Además la composición de la leche materna va cambiando según lo requiere la maduración del bebé.

Por eso podemos afirmar que la leche humana protege al bebé frente a las infecciones, ya que cuando nace su sistema inmune todavía no está maduro, algo que no sucede con la leche de vaca.

Hidratos de carbono: El principal azúcar en las dos es la lactosa, aunque la leche materna contiene casi el doble de este azúcar que la de vaca. Esta diferencia está condicionada por las diferentes necesidades metabólicas de los bebés y los terneros. La lactosa es un disacárido compuesto por glucosa y galactosa y el cerebro humano es el órgano que más glucosa consume en relación a su peso. Pensemos en la diferente actividad cerebral de una vaca y un humano…

Grasas: Las diferencias cualitativas son muy importantes. Es decir, aunque el contenido total de grasas es semejante en ambas, en la leche de mujer predominan las grasas insaturadas imprescindibles para el desarrollo del cerebro y en la de vaca las saturadas que repercuten negativamente en la salud cardiovascular.

Para hacernos una idea, 100 mililitros de leche entera contienen 3,7 gramos de grasas de los cuales 2,2 son saturadas y 1,5 colesterol. Este carácter aterogénico aumenta gracias a los procedimientos de conservación como son la pasteurización y la homogeneización.

Se da la circunstancia de que al pasteurizar la leche las grasas se hacen más saturadas, con lo cual las ventajas higiénico sanitarias tienen como contrapartida el aumento del riesgo cardiovascular.

Del mismo modo, la homogeneización tiene un efecto nefasto sobre la salud. Es una técnica que reduce el diámetro de los glóbulos de grasa, lo que hace la emulsión más estable, ya que las grasas se degradan más lentamente.

La consecuencia de este proceso es que esas moléculas de grasa, al ser tan pequeñas, atraviesan la barrera intestinal sin ser adecuadamente digeridas y esto provoca que se eleven los niveles de colesterol y grasas en la sangre.

Además, la leche por su contenido en grasa es un almacén perfecto para concentrar los residuos de los antibióticos, abonos químicos y pesticidas de la alimentación vacuna. Para tener una referencia de su contenido, diremos que un tazón de leche contiene 34 miligramos de grasa frente a una loncha de bacon que sólo tiene 3 miligramos.

Minerales: El contenido mineral de la leche de mujer es sensiblemente menor que el de vaca, como se observa en el porcentaje de cenizas de la tabla 3.

La leche de vaca contiene cuatro veces más calcio, cinco veces más fósforo, 30 veces más magnesio y 100 veces más manganeso que la humana; minerales necesarios para el desarrollo del poderoso esqueleto de un animal vacuno.

Por otra parte, observamos que la leche humana es mucho más pobre en calcio que la de vaca. El hecho de que los requerimientos de calcio de los seres humanos durante la lactancia, la etapa más importante del crecimiento, sean provistos por la leche materna de forma exclusiva, significa que la naturaleza no se equivoca, dicho de otro modo: no necesitamos tanto calcio como los terneros porque, entre otras cosas, no tenemos que desarrollar los cuernos.

¿Por qué entonces en los ámbitos nutricionales  se toma como referencia de alimento rico en calcio la leche de vaca, cuando se tendría que tomar la leche de mujer? Este dato es una muestra de los tópicos en los que se apoya la alimentación moderna, completamente alejados de la lógica y del sentido común.

Del mismo modo, tanto la relación sodio/potasio como calcio/fósforo son completamente diferentes en las dos leches y este aspecto, junto al pH, es esencial en las diferencias metabólicas de los terneros y de los seres humanos.

Aunque no aparece en la tabla precedente, la leche de vaca es además rica en hormonas de crecimiento que necesita el ternero y que afectan adversamente a la salud humana.

De igual manera, las hormonas y antibióticos que se les suministran a las vacas pasan a su leche y posteriormente a los consumidores. Por eso conviene recordar que siempre que la leche no sea biológica es un alimento altamente contaminado.

La visión holística

Una visión más amplia de los alimentos que no contempla sólo su composición química, sino los aspectos ambientales, de producción y sobre todo funcionales, nos muestra la leche como un alimento de naturaleza fría y húmeda, con una fuerte energía ascendente y expansiva. Sólo tenemos que ver cómo al hervirla se sube y se derrama. Estas características explican, entre otras, algunas  de las alteraciones que provoca su consumo en la salud: los resfriados.

Es común en nuestra cultura reconocer como agentes causales de las enfermedades los de origen externo como el frío y la humedad, pero no se contemplan estos aspectos cuando son de origen interno, es decir, producidos por los alimentos.

De modo que podemos sufrir resfriados de repetición, aunque nos abriguemos adecuadamente, si nuestra alimentación incluye alimentos enfriadores que serían la verdadera causa.

Thomas McKeown en su libro “Los orígenes de las enfermedades humanas” habla de que el factor más determinante en la aparición de las llamadas enfermedades de la civilización como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y el SIDA es el sobreconsumo de grasas saturadas provenientes de los productos lácteos. Después de conocer estos datos, podemos entender el porqué la industria alimentaria ha lanzado las diferentes modas en los productos lácteos: los semidesnatados, los desnatados y los cero grasa.

Si las vacas que producen más leche son las más desequilibradas hormonalmente, es decir, las más enfermas, debemos pensar en la cantidad de alteraciones hormonales que sufren las mujeres en la actualidad, grandes consumidoras de leche y derivados gracias al mito del calcio. Esta reflexión nos lleva a entender la sabiduría de la frase de Anne Marie Colbin en su libro “El poder curativo de los alimentos”, cuando dice: “En las mujeres, la leche no debe entrar en nuestro cuerpo, debería salir de él”.

Pensemos por un momento, qué pasaría si a las mujeres nos sometiesen a un tratamiento hormonal intensivo con la finalidad de producir leche ininterrumpidamente toda nuestra vida.

Continuará en el post: La leche de vaca, ¿alimento para seres humanos? III

La leche de vaca, ¿alimento para seres humanos? I

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En el mundo industrializado actual se considera que la leche de vaca es un alimento imprescindible para los seres humanos en todas las etapas de la vida. Es algo que no se cuestiona en ningún caso y se plantea, además, que es insustituible. Así lo afirman algunos spots televisivos.

En la evolución de la vida ya algunos insectos como las abejas producen un alimento altamente específico: la miel. Está diseñada para asegurar la supervivencia de las larvas durante el desarrollo de las futuras abejas. Posteriormente, dentro del reino animal sólo los mamíferos han desarrollado un alimento con una alta especificidad biológica para alimentar sus crías: la leche.

La leche materna es un alimento que nos brinda la naturaleza para ser mamado; es completa, está disponible en todo momento, exenta de contaminación bacteriana y va cambiando su composición según va madurando el bebé.

La composición cualitativa y cuantitativa de la leche que produce cada mamífero es diferente y está adaptada a la especie para la que se ha diseñado como una llave a una cerradura.

Es tan importante que cada animal tome la leche que la naturaleza ha diseñado para él que en el caso de la  especie humana, tanto en las culturas indígenas como en las tradiciones de las antiguas civilizaciones, nunca se ha dado leche de otro animal a los niños. Aunque hubiese animales en proximidad, siempre se optaba por una nodriza que, además de amamantar a su propio hijo, criaba a la vez al de la madre seca.
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Croquetas de mijo

croquetas mijo

Hoy os presentamos una sencilla receta ideal para mejorar el aspecto de la piel las uñas y el cabello, además de ayudar a regular los niveles de glucosa sanguíneos. ¡Atreveos con ella!

Ingredientes:

Lavamos el mijo en varias aguas y lo escurrimos en un colador. Picamos las cebollas  en dados muy pequeños y las salteamos en una cazuela con aceite y sal marina. Cuando la cebolla se haya pochado suficientemente añadimos el mijo y lo  rehogamos un poquito.

A continuación, añadimos tres boles de agua por cada bol de mijo y lo ponemos a cocer cocer durante 30 minutos a fuego muy bajo. El resultado es una masa de consistencia pastosa y de sabor dulzón.

Dejamos enfriar la masa y cuando esté templada, hacemos unas bolas con las manos mojadas en agua fría y las vamos dejando en una fuente. Después las pasamos por sésamo tostado y las metemos al horno a gratinar. Además de tomarlas como plato, se pueden guardar unos días y comer como tentempié, llevarlas a la oficina, la escuela, etc.

La soja, mito o realidad III

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Si echamos un vistazo a la historia, podemos observar de dónde venimos y eso nos puede ayudar a ver hacia dónde vamos. Para abordar cualquier fenómeno desde una perspectiva holística, es decir global, es imprescindible mirar a las tradiciones milenarias de la humanidad.

Continuación del post: La soja, mito o realidad II

Asia y el consumo de soja

Si nos adentramos en la historia de los pueblos asiáticos observamos que han cultivado la soja desde la antigüedad, pero la han utilizado como en occidente se usan otras leguminosas: para nitrificar el suelo, gracias a las micorrizas de las raíces, nunca como base de la alimentación. La rotación de cultivos es una práctica común en todos los pueblos agrícolas del planeta.

De hecho, los consumos estimados de proteínas de soja en un estudio reciente en China, son de cuatro a seis gramos al día en las mujeres y entre cinco y ocho gramos al día en los hombres. La soja que se ha consumido tradicionalmente en Asia ha sido sobre todo en forma fermentada y como condimento.

Los alimentos fermentados de la soja tienen una historia de más de 5.000 años entre los japoneses, chinos, indonesios y una gran parte de los países asiáticos.
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