Salud

Abordo todos los aspectos que determinan la salud. Escribo sobre Macrobiótica: una auténtica Escuela del Arte de Vivir como camino hacia la salud y la longevidad. Es una práctica universal que abarca una comprensión globalizadora de la relación del ser humano con su entorno, donde la alimentación es el principal aspecto de esa relación. Desarrollo temas relacionados con la comprensión del yin y el yang y su aplicación a la forma de comer, de sentir, de pensar, de recuperarnos de la enfermedad; en definitiva de encontrar el equilibrio de nuestra condición personal.

Si comes carne, que sea ecológica II

Hoy continuamos explicando el resto de sustancia químicas que se incluyen en la alimentación animal y cómo lo que comen los animales aparece en la carne que consumimos nosotros.

Continuación del post “Si comes carne, que sea ecológica I”

Los insecticidas

El DDT se sintetiza durante la segunda guerra mundial y es eficaz como matapiojos, y también frente a la malaria y la enfermedad del sueño. Pero además es un tóxico muy potente, tanto que se ha prohibido su uso en muchos países después de ver los efectos devastadores en la salud humana.

Los insecticidas modernos se degradan difícilmente por lo que pueden permanecer en el suelo contaminándolo hasta más de 15 años después de su utilización, algo que condiciona el uso futuro de esas tierras de cultivo.

Además, actúan destruyendo enzimas indispensables para la respiración celular, es decir crean alteraciones metabólicas muy importantes a nivel mitocondrial y esos daños favorecen el desarrollo de las enfermedades degenerativas.

Son liposolubles por lo que se acumulan en todas las grasas del cuerpo, sobre todo en los tejidos nobles como el hígado, los riñones, las suprarrenales, el sistema nervioso, el aparato reproductor, etc.

Estos compuestos pasan de un ser vivo a otro según la cadena alimentaria. Por ejemplo, si alimentamos a unas gallinas con alfalfa tratada con DDT, éstas producen huevos donde se detecta esa sustancia. Si nosotros tomamos esos huevos el DDT pasa a nuestro organismo y si somos madres que estamos dando de mamar, el DDT pasaría al bebé a través de la leche materna. Este relato nos pone en guardia sobre lo que representa consumir cualquier alimento animal de producción industrial: carne, huevos, leche…

Hay otros pesticidas igualmente tóxicos como el aldrín, dieldrín, lindano, malatión… que pueden producir cáncer, provocar convulsiones en el sistema nervioso, incluso pueden producir la muerte por paro respiratorio, dan lugar a modificaciones genéticas, destruyen las vainas de mielina de los nervios, etc.

Por supuesto que existe una legislación que regula su uso, pero no siempre se cumple. En la actualidad los diferentes países aplican la legislación de modo diferente y consumimos alimentos que, muchas veces, no son de producción local o nacional.

Los Herbicidas y Fungicidas

Los más conocidos son el pentaclorofenol, los arseniatos y las dioxinas, estas últimas, como veneno superan a la estricnina y al arsénico. Estos herbicidas actúan no sólo sobre las plantas, sino también sobre los tejidos animales y producen envenenamiento general, mutaciones en los genes e incluso tumores malignos.

Lo que comen los animales

Según el efecto de concentración que se produce en la pirámide alimentaria más del 90 % de todos los residuos químicos tóxicos que se encuentran en los alimentos están presentes en los de origen animal. Recordemos que, si los 16 kilos de granos que come una vaca se convierten tan sólo en un kilo de carne, los productos químicos que contiene el pienso con el que se la alimenta se concentran proporcionalmente.

Se impone la reflexión de si comer carne, huevos y productos lácteos procedentes de la ganadería convencional, a la luz de esta información, puede llegar a ser tóxico.

Una dieta ecológica debería estar compuesta por alimentos de cultivo orgánico y con predominancia de los vegetales en todas sus formas: cereales, legumbres, verduras y frutas. Los alimentos de calidad animal serían siempre una opción secundaria ya que son muy concentrados en nutrientes, dicho en lenguaje popular, tienen mucho alimento.

Por si esto no fuera suficiente, hasta hace muy poco, a la ganadería que se criaba para la obtención de carne se le suplementaba la dieta con hormonas y antibióticos. En la actualidad la legislación prohíbe el uso de estas sustancias, pero, hecha la ley, hecha la trampa.

Las Hormonas

En particular, las hormonas son importantes factores de crecimiento. Hasta hace poco se ha permitido la utilización de metiltiouracilo y anabolizantes, estas sustancias frenan la actividad del tiroides, reducen el metabolismo basal y consecuentemente producen aumento de peso y retención de agua en los tejidos en los animales que se crían para consumo humano. Pensemos en el dicho: lo que se come, se cría.

En 1.980 se detectó en California que entre el 30 y el 40 % de los hombres padecían ginecomastia (crecimiento de las mamas) y se relacionó rápidamente con la inclusión de hormonas en la alimentación animal.

Aunque en nuestro país en la actualidad no esté permitido el uso de hormonas en la producción animal, la carne que llega a nuestros hogares muchas veces proviene de países lejanos, al igual que las verduras y frutas. Muchos establecimientos de comida rápida que existen a lo largo de todo el país utilizan carnes importadas…

Los Antibióticos

Son sustancias que impiden el desarrollo de los microorganismos a través de la alteración de su metabolismo, pero no se utilizan sólo para tratar las enfermedades infecciosas de los animales como pudiéramos pensar.

En la cría de animales estabulados se observó que los que eran tratados con antibióticos prosperaban más que los otros, y consecuentemente se autorizó su utilización para aumentar el crecimiento, como factores antiestrés y como factores de adaptación al confinamiento.

Durante años se han añadido al forraje que come el animal: neomicina, terramicina, penicilina, cloranfenicol… de modo que todos los antibióticos empleados en la alimentación animal aparecen en la carne que consumimos, y su uso prolongado destruye la flora intestinal y puede producir carencias de vitaminas B y K.

Por eso, muchas resistencias a los antibióticos que crean algunas personas no tienen tanto que ver con la automedicación, como con el hecho de comer carne regularmente con su dosis de antibióticos incluida.

Continúa en el post “Si comes carne, que sea ecológica III”

El síndrome post vacacional

Ya hace unos años que al final del verano los medios de comunicación dedican un tiempo a hablar del síndrome post vacacional: un estado de malestar, tanto psíquico como físico, que se produce por una falta de adaptación a la vida activa en el trabajo, a la vuelta de las vacaciones.

El síndrome post vacacional es más frecuente entre los jóvenes y los síntomas van desde cansancio, somnolencia, dolores musculares, falta de capacidad de concentración, hasta irritabilidad, nerviosismo, etcétera.

Oficialmente no está reconocido como una enfermedad, pero se sabe que las personas que lo padecen pueden tener una patología silente de base. Es decir, un estado de salud pleno tendría como manifestación, la adaptabilidad. Si además en las vacaciones hemos desconectado, descansado, disfrutado y hemos cargado las pilas, lo esperado sería volver al trabajo con energías renovadas y más vitalidad… más ganas, en una palabra.
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Beber es un gran placer

El ser humano es el único animal que bebe cuando no tiene sed. Bebemos para socializar, para depurar… pero ¿cuánto y qué debemos beber?

Lo que nos mueve a beber debería ser calmar la sed, pero ¿realmente tenemos sed o hemos creado unos hábitos muchas veces no muy bien fundados respecto a las necesidades de líquidos?

Vivimos en una sociedad que bebe, y bebe mucho, yo diría demasiado. Hoy vamos a analizar el consumo de agua, refrescos y alcohol.

El agua

El agua es la base de la vida. En nuestro organismo es el elemento más importante ya que representa el 70 % de la composición corporal. Por eso, nuestra salud dependerá de las características del agua que consumamos, sin ninguna duda. La calidad y la pureza del agua condicionan las reacciones químicas del metabolismo.

Hay muchas personas, médicos incluidos, que recomiendan beber hasta dos litros de agua al día porque, según dicen, es muy buena para limpiar el cuerpo de toxinas, incluida la piel. Personalmente opinamos que este planteamiento es producto de una visión fragmentada de la vida y desconectada de lo que es la armonía en el cuerpo humano. Evidentemente el agua arrastra sustancias o partículas, pero aquí más que nunca debemos aplicar el criterio de que no es más limpio el que mucho limpia sino en que poco ensucia.
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Lo que revela el rostro

Cuando se dice que “la cara es el espejo del alma” o “que mala cara tiene fulanito”, estamos expresando que el exterior es un reflejo del interior y esa comprensión que es universal, nos la explica muy bien la visión energética del yin y el yang como veremos a continuación.

Los orientales definen lo yin como la energía de la tierra que es ascendente y vertical. Cuando se refieren a lo yang hablan de energía del cielo, descendente y horizontal.

Es precisamente esa comprensión yin-ascendente-vertical, yang-descendente-horizontal, la que nos permite observar en el rostro el tipo de energía dominante en cada uno de nosotros.

Cuando la cara está dominada por un movimiento vertical-yin, el marco facial es estrecho, la nariz larga, los ojos redondos, los labios son carnosos y la mandíbula es estrecha o ausente; las cejas son finas y caen hacia abajo en la parte exterior.

En estos individuos la expresión es pasiva y pueden ser personas introvertidas, reservadas. Esta tipología se produce por un sobreconsumo de alimentos yin: azúcar, dulces, bollos, galletas, lácteos, frutas… En estas personas pueden aparecer arrugas horizontales en la frente y bolsas en los párpados inferiores.

Si por el contrario el marco facial es ancho, la nariz aplastada, los ojos son pequeños y rasgados, los labios finos y la mandíbula es ancha estaríamos ante una dominancia de energía yang.

Son manifestaciones de una energía yang una mandíbula amplia, unas cejas que descienden en el centro y son gruesas, una nariz chata, y una actitud activa, optimista, positiva.

Se ve con frecuencia en individuos más sociales, activos y extrovertidos. Esta tipología aparece por un sobreconsumo de alimentos yang: carne, huevos, embutidos, jamón, mariscos… todos ellos de origen animal. En este tipo puede haber surcos marcados en el entrecejo que nos indican problemas en el hígado y la vesícula biliar.

La cara debe tener un modelado medio, donde no debe haber ni flacidez ni retracciones importantes en forma de surcos o arrugas. Cuanto más extremo es el modelado del rostro, la persona puede llegar a tener más problemas de salud.

  • El esquema del gráfico nos muestra a modo de resumen las correspondencias de las diferentes partes de la cara con el resto del cuerpo:
  • Las arrugas horizontales en la frente nos hablan de estado de los intestinos.
  • Las ojeras en los párpados inferiores son la expresión del estado de los riñones.
  • Los pómulos nos revelan el funcionamiento de los pulmones.
  • El entrecejo tiene que ver con el hígado y la vesícula biliar.
  • Las sienes con el bazo.
  • La punta de la nariz con una hendidura nos habla de un soplo en el corazón.
  • La zona de alrededor de la boca refleja el estado de los órganos sexuales.

Cualquiera de las partes de la cara de las que hablamos no debería presentar, ni manchas, ni arrugas, ni rojeces… es decir la piel debería estar limpia y sonrosada, bien oxigenada.

Entendemos a la vista de lo desarrollado hasta ahora que la armonía entre las distintas partes del cuerpo nos transmite una expresión de belleza en el rostro, que es sinónimo de salud.

El equilibrio ácido base y la sal

Hoy queremos profundizar en un tema el que se habla y se escribe mucho, en ocasiones con falta de rigor. Nos referimos a la acidez y alcalinidad de los alimentos, de la dieta, del medio interno, etcétera.

Todos los alimentos naturales contienen elementos formadores de ácidos y formadores de álcalis. Según la bioquímica moderna son los minerales inorgánicos presentes en los alimentos los responsables del efecto acidificante o alcalinizante.

La tabla periódica de los elementos nos muestra los diferentes grupos en forma de columnas, desde los metales alcalinos hasta los no metales, finalizando con los halógenos y los gases nobles.

Son alimentos formadores de ácido aquellos que en su metabolismo liberan elementos no metálicos como el azufre, el fósforo, el cloro y el yodo. 

La mayor parte de las proteínas contienen azufre y fósforo. En su metabolismo se forman ácido sulfúrico y ácido fosfórico que deben ser neutralizados por el amoniaco, el calcio, el magnesio, el sodio y el potasio antes de ser eliminados por vía renal. Este es el motivo por el que los alimentos de origen animal, muy ricos en proteínas, son formadores de ácidos.

Lo mismo puede decirse, aunque en mucho menor grado de los alimentos constructores de origen vegetal como los cereales y las legumbres. Las purinas resultantes de su metabolismo son diferentes a las de la carne y menos acidificantes.

Son alimentos formadores de álcali los que en su metabolismo liberan elementos metálicos como el sodio, el potasio, el calcio, el magnesio y el hierro.

En las frutas y en la mayor parte de las verduras los ácidos orgánicos que contienen están formando parte de sales ricas sobre todo en potasio y calcio. Cuando estos ácidos orgánicos se oxidan, además de producir anhídrido carbónico y agua, liberan las bases asociadas que sirven para neutralizar los ácidos fuertes procedentes del metabolismo de las proteínas. En este caso la dieta se alcaliniza básicamente a través del potasio y el calcio que son elementos químicos yin.

Por el contrario, con los condimentos macrobióticos (miso, tamari umeboshi), al liberarse las bases asociadas, la alcalinización de la dieta se produce a través del sodio y magnesio fundamentalmente, que son elementos químicos yang.

Tabla 1. Cantidad de minerales en un adulto de 70 kilos

 

Tabla 2.  Necesidades diarias

En las tablas precedentes podemos observar que, tanto en nuestro organismo, como en las necesidades diarias, predominan los elementos químicos alcalinizantes.

Cuando la acidificación del medio interno se ha producido por un sobreconsumo de alimentos refinados y azúcar es necesario alcalinizar con sal marina y alimentos ricos en sodio y magnesio como los condimentos orientales citados más arriba.

Por el contrario, si la acidificación la ha producido un consumo excesivo de alimentos de origen animal, deberemos alcalinizar con las verduras y frutas, ricas en potasio y calcio.

En la medicina natural se tiende a alcalinizar con alimentos ricos en potasio en todos los casos y se demoniza al sodio, cuando ambos son alcalinizantes solo que pertenecen a diferente periodo (fila), en la tabla periódica. Incluso hemos leído en algún libro que el sodio acidifica, cuando en la tabla periódica este elemento químico está en junto al resto de los metales alcalinos.

Una vez más la comprensión del yin y el yang es esencial para abordar con éxito la recuperación de la salud.

Los condimentos orientales: alimentos medicamento

Hoy hablamos de cuatro alimentos tradicionales orientales que cada día son más populares entre nosotros por sus cualidades reguladoras del medio interno, más allá de sus aspectos nutricionales. Se utilizan como condimento, los cuatro son salados y han contribuido a que la dieta japonesa se conozca en todo el mundo como una dieta saludable.

Miso

Es una pasta de color oscuro obtenida a partir de la soja amarilla mediante un proceso de fermentación prolongado, con adicción de sal marina. Es un alimento rico en proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y minerales. Contiene enzimas (amilasas, lipasas y proteasas) y lactobacilos que tienen la capacidad de transformar y producir nuevos elementos nutritivos en nuestro aparato digestivo, mejorando problemas de flatulencias, diarreas, etc.

Alcaliniza nuestro medio interno y limpia la sangre de impurezas, efectos nocivos del tabaco y del alcohol. Es también de gran ayuda en los problemas de piel y alergias en general. Es altamente descontaminante por lo que está indicado su consumo en todas las enfermedades crónicas.

Para su uso, tanto en sopas como en salsas, debemos diluirlo en un líquido caliente sin que llegue a hervir, pero es conveniente cocinarlo un poco. Tomaremos una cucharadita de café por cada taza de sopa y/o ración.

Las variedades de miso más aconsejadas son mugi miso (soja y cebada), genmai miso (soja y arroz) y hatcho miso (solo soja). Siempre deben ser de calidad bio y sin pasteurizar, solo de ese modo evitamos la soja transgénica y nos beneficiamos de su efecto probiótico.

Su consumo está indicado incluso en los tipos de cáncer donde se dice que la soja está contraindicada por su efecto estrogénico. La fermentación con la sal durante al menos 24 meses da como resultado un producto “curado” que además se consume como condimento, no como alimento. En cualquier caso, es de gran ayuda durante la quimioterapia y la radioterapia.

Tamari

Es conocido popularmente como salsa de soja, se obtiene por fermentación aerobia de la soja con sal marina, a diferencia del miso en el que la fermentación es anaerobia.

En el mercado existe además una variante conocida como shoyu: es una salsa de soja que lleva trigo en su composición.

Se utiliza, al igual que el miso, como condimento, añadiendo unas gotas sobre la pasta, las verduras, etcétera, siempre antes de retirar los alimentos del fuego, al final de la cocción. Del mismo modo que no ponemos el salero en la mesa, el tamari tampoco lo debemos utilizar directamente en el plato.

En el mercado existen numerosas salsas de soja de fermentación química que no son saludables. Por eso, el tamari que vamos a consumir debe ser de fermentación natural, no pasteurizado y biológico. Los efectos terapéuticos son similares a los del miso, luego estos dos productos no deben faltar en nuestra cocina.

El tamari es un poderoso antioxidante de carácter yang frente a las vitaminas que son antioxidantes energéticamente yin.

Gomasio

Es el resultado de tostar y triturar las semillas de sésamo con sal marina. En el proceso de elaboración se liga el aceite de la semilla con la sal mediante una reacción química de quelación haciendo que la sal se “vegetalice”, de modo que al consumirla en forma de gomasio, no tiene el carácter de mineral inorgánico, ni por tanto el efecto endurecedor de la sal cruda del salero.

Lo podemos preparar en casa con la ayuda de un mortero dentado que se llama suribachi o comprarlo ya elaborado. Tomaremos una cucharadita de postre espolvoreada sobre los alimentos: arroz, pasta, mijo, etc.

Es muy rico en minerales y una excelente fuente de calcio. Contiene además grasas insaturadas de alta calidad, por eso fortalece el sistema nervioso, alivia la fatiga en general y los dolores de cabeza, ayuda a mejorar la circulación y remineraliza el organismo.

Umeboshi

La umeboshi es una variedad de ciruela fermentada lácticamente con sal marina durante un mínimo de tres años, de sabor ácido y salado a la vez. Es un alimento altamente descontaminante. Alcaliniza el medio interno al igual que el resto de los condimentos enumerados más arriba y fortalece al sistema inmune. Su consumo estimula la función digestiva y tonifica al hígado y la vesícula biliar. La ciruela umeboshi es altamente recomendable en todas las enfermedades crónicas por su efecto purificador.

Las ciruelas en forma de puré son más fáciles de utilizar en la cocina y son una forma muy común de presentación. Cuando vayamos a utilizar el puré, tomaremos una cucharadita disuelta en té o sopa, mezclada con el arroz, etc.

Una de las claves comprensivas de la utilización de esos condimentos en nuestra cocina es restablecer la calidad salina de nuestro medio interno, alcalinizando, pero equilibrando el sodio y el potasio. Del mismo modo se consigue restablecer el delicado equilibrio oxidación/reducción

Todo lo que se ha escrito acerca de las curaciones de la dieta macrobiótica, no tiene que ver con ninguna profesión de fe, sino con restablecer las condiciones de homeostasis del medio interno con la ayuda de estos cuatro paladines de la dieta.

La Ley de Hering II

La finalidad del tratamiento biológico es garantizar la eliminación de toxinas que, a la postre, son los causantes de tu malestar. Esas reacciones de “empeoramiento”, de hecho, pueden ser un indicativo del éxito del procedimiento terapéutico. Nuestro programa lo que pretende es activar los mecanismos de defensa y desintoxicación del organismo.

Continuación del post “La Ley de Hering I”

Para comprender el proceso de la curación es esencial profundizar en la comprensión del desarrollo progresivo de la enfermedad. En muchos casos al comienzo se manifiesta como aguda, después se hace crónica y finalmente degenerativa.
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La Ley de Hering I

La curación es un proceso en el que tu organismo va a eliminar toxinas, a reaccionar y a ponerse en marcha para recuperar su capacidad funcional. Como consecuencia de esos ajustes, durante todo el proceso curativo se pueden producir episodios de regulación en forma de malestar o dolor que no te deben asustar: son lo que llamamos reacciones de ajuste.

La salud es un equilibrio dinámico y cuando se altera, la enfermedad se instaura de una forma progresiva. La recuperación de la salud igualmente es un proceso, no existe el remedio mágico por el que uno se cure de la noche a la mañana. Por eso definimos la curación como un camino en el que finalmente se alcanza un estado de salud plena, de equilibrio. Estar en salud es mucho más que la desaparición de los síntomas o la normalización de unas pruebas de laboratorio.
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¿Tomamos demasiada sal?

Muchas personas se sienten confundidas porque a la vez que se recomienda de forma general hacer una dieta baja en sodio, aparecen en el mercado diferentes tipos de sal: la sal común, la sal marina, la sal del Himalaya, la sal yodada… a las que la publicidad atribuye diferentes cualidades. Profundicemos en el tema.

Continuación del post: Sal, salado, salud, salario

Curiosamente la sal es el único mineral inorgánico que se ha añadido a los alimentos, a lo largo de la historia, antes de cocinarlos o durante su preparación. En la actualidad, muchas veces, se añade sal a los platos cuando ya están en la mesa.

Nuestros mayores nos han enseñado que si al cocinar te has olvidado de poner sal y la añades en la mesa, el alimento ya no toma la sal. Pero ¿qué querían decir nuestras abuelas con esa expresión? ¿Por qué tradicionalmente se añadía la sal durante la cocción? La respuesta es muy simple: cuando se añade la sal en la preparación de los alimentos, se produce una reacción química de quelación entre el sodio y los nutrientes que contienen éstos de modo que se vegetaliza. Este fenómeno hace que el efecto del sodio sea menos endurecedor que cuando tomamos la sal cruda. Recordemos que el sodio es un mineral inorgánico con un poderoso efecto contractivo y endurecedor.

La época actual

En la actualidad han cambiado las tornas y la sal ha pasado a ser un ingrediente que, a pesar de ser esencial, se evita siempre que se puede y es considerado saludable hacer una dieta baja en sodio.

Las etiquetas de muchos alimentos resaltan la frase bajo en sodio lo mismo que las botellas de agua mineral, e incluso los jamones y el bacalao que tradicionalmente se curaban con sal, como ahora les pone menos cantidad, llevan añadidos conservantes químicos pretendidamente más saludables. Paradojas de la modernidad.

Es cierto que muchas personas toman demasiada sal, pero esta no proviene del salero, ni de la contenida de forma natural en los alimentos. El origen del exceso de sal está en los alimentos procesados y elaborados por la industria alimentaria, a los que nos referimos en nuestros escritos como comestibles: los embutidos, mortadela, salsas de tomate, quesos, patatas fritas, pan, etcétera.

Estos comestibles junto con los que consumimos fuera del hogar representan el 80 % de la sal que ingerimos cada día. Debemos caer en la cuenta de que es una sal oculta. El sodio contenido naturalmente en los alimentos representaría tan sólo el 8 % y si añadimos el proveniente del salero alcanzamos el 20 %.

¿Por qué se recomienda una dieta baja en sodio?

Las principales causas de muerte en la actualidad en los países ricos son las enfermedades cardiovasculares, entre las que destaca la arteriosclerosis con la correspondiente hipertensión arterial. Como la sal tiene un poderoso efecto contractivo y endurecedor y se abusa de los alimentos procesados, entendemos de forma sencilla por qué a la sal se la ha mandado al rincón.

El sodio y el potasio

La visión de la medicina occidental, dualista, ha demonizado al sodio y ha endiosado al potasio. Tanto es así que el potasio no importa que sea súper abundante en nuestra dieta, incluso algunos dicen que cuanto más mejor. De hecho, se recomienda para evitar los calambres, para facilitar la diuresis… sin criterio alguno.

Es alarmante que no se contemple en ningún caso el efecto de los abonos químicos utilizados en la agricultura convencional que elevan el contenido en potasio de los alimentos de forma espectacular. De hecho, muchas personas que consumen alimentos de cultivo convencional tienen los niveles de potasio elevados.

Tabla 1. Equilibrio mineral de los alimentos biológicos

En la tabla precedente podemos observar el elevado contenido en potasio de los alimentos cultivados con abonos químicos.

El punto de vista de la medicina oriental que es monista, relacional, holístico, nos enseña a comprender que el sodio y el potasio deben estar en equilibrio, tanto dentro, como fuera de la célula. Luego en cada caso deberemos saber cuándo tenemos exceso de sodio o de potasio.

Y es que las enfermedades de la civilización no incluyen solamente las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, sino también un sin número desordenes inmunitarios psíquico-comportamentales que están directamente relacionados con el exceso de potasio.

La sal es imprescindible para gozar de buena salud, en pequeñas cantidades calienta el cuerpo, tonifica los órganos, aumenta la resistencia tanto en el plano físico como en el intelectual, sube las defensas… pensemos que la palabra salud comienza por sal. Luego no se trata de eliminar la sal del salero sino de evitar los alimentos industrializados.

¿Qué tipo de sal usar?

Existen tres tipos de sal según su procedencia: la sal marina, la de manantial y la sal gema. Las dos primeras se obtienen por evaporación y la tercera procede de la extracción minera de una roca llamada halita.

La sal más adecuada para un buen equilibrio mineral en nuestro organismo es la sal marina sin refinar. Contiene todos los elementos minerales y oligoelementos presentes en el mar y es por lo tanto la más rica en cuanto a su composición química.

El horno microondas

Después de nuestra reciente publicación sobre La importancia del tipo de fuego en la cocina no podemos dejar de hablar de la cocina con microondas.

¿Cómo funciona un horno microondas?

Las microondas son una forma de energía electromagnética, similar a las ondas de luz o de radio. Se utilizan para emitir señales telefónicas de larga distancia, programas de televisión, información de ordenadores tanto en la tierra como en el espacio…

Cada horno microondas contiene un magnetrón, es decir un tubo en el cual los electrones son afectados por campos eléctricos y magnéticos de tal forma que se produce una emisión de ondas electromagnéticas que interactúa con las moléculas del alimento.

En los modelos comerciales, el horno tiene una potencia de entrada de alrededor de 1.000 vatios de corriente alterna. Cuando las microondas generadas desde el magnetrón bombardean a los alimentos, hacen que las moléculas del agua que contienen cambien su polaridad varios millones de veces por segundo. Y es precisamente la agitación que crea esa fricción molecular la que calienta los alimentos.

De todas las moléculas que son polares, el oxígeno de la molécula del agua es la que reacciona con más facilidad. Así es como se genera el calor al cocinar en el microondas, por fricción violenta de las moléculas de agua.

La propagación de la energía con ondas electromagnéticas es una forma de radiación, por lo que al calentar los alimentos en el horno microondas los estamos radiando.

Pensemos que entre las precauciones de su utilización los fabricantes nos insisten en el cuidado de que la puerta está bien cerrada para que no haya fugas ya que una emisión de baja intensidad de ondas electromagnéticas es especialmente peligrosa si el órgano sobre el que incide es el cristalino del ojo, ya que puede producir cataratas. Es igualmente peligroso para aquellas personas que llevan marcapasos, ya que se puede provocar alteraciones en la frecuencia de estos aparatos cardíacos.

Cualquier fuga de estas ondas supone una exposición miles de veces superior a la que estamos acostumbrados en la naturaleza, luego ya podemos intuir cómo afectarán esas radiaciones a los alimentos.

La intuición de nuestros mayores

Algunas personas mayores se mostraron muy recelosas ante la aparición de un horno que calienta los alimentos de “dentro a fuera”, es decir: el calor se genera dentro del alimento por fricción molecular, no hay una fuente de calor externa (leña, carbón, gas) como ha existido desde la invención del fuego.  La cocción por microondas comienza dentro de las células y de las moléculas donde hay agua, y es ahí donde la energía se transforma en calor por fricción.

En otros casos la intuición les permitía hacer afirmaciones como la siguiente: si asar un besugo en el horno tradicional cuesta 20 minutos y el microondas lo hace en un minuto, “algo debe tener”. Esa expresión es producto de la comprensión de una ley universal que dice: “todo lo que tiene cara, tiene reverso, y cuanto mayor es la cara, mayor el reverso. Toda “ventaja” conlleva aparejada una “desventaja” de la misma magnitud. Al considerar la rapidez con la que calienta, tener en cuenta que “la velocidad mata”.

Estudios sobre los efectos nocivos de los hornos microondas sobre la salud

Existe una amplia literatura sobre los efectos perjudiciales de esta forma de cocinar, de los que referimos un breve resumen.

Efectos sobre los alimentos

Según los últimos estudios realizados por institutos de consumo europeos independientes, los hornos de microondas pueden alterar la composición molecular de los alimentos.

Existen investigaciones que informan de una degradación estructural de los alimentos que da como resultado una disminución del valor nutricional de estos de entre un 60 y un 90 %.

Por ejemplo, el ácido fólico, una vitamina del grupo B básica para la formación de la sangre e importante para el desarrollo del sistema inmunitario y el crecimiento, desaparece en los alimentos tratados con microondas cinco veces más rápido que en los alimentos cocinados convencionalmente.

La riboflavina (vitamina B2) también disminuye mucho más rápido cuando se cocina en el horno microondas que con la cocción convencional; asimismo, existen pérdidas considerables en las vitaminas B1, B6 y en la C.

Del mismo modo, se altera la estructura proteínica de los alimentos. Cuando se pasteuriza la cerveza con un secador de microondas, aparece una nueva proteína en una concentración cinco veces superior a lo normal.

Por otra parte, la mioglobina, sustancia pigmentaria natural de la carne, tiende a desaparecer con la técnica de microondas.

En cuanto a los hidratos de carbono, en las patatas, se crean unas sustancias consideradas cancerígenas similares a los peróxidos. Las paredes celulares de coliflores y zanahorias aparecen completamente desagarradas, al contrario de lo que sucede con la cocina tradicional.

La radiación al provocar una destrucción y deformación de las moléculas de los alimentos y crea nuevos compuestos llamados “radiolíticos” que no existen en la naturaleza.

Si consumimos alimentos alterados, sería sensato preguntarse sobre el modo en el que esas sustancias modificadas van a afectar a nuestra propia estructura celular.

La doctora Lita Lee en su libro “Health Effects of Microwave Ovens” afirma que el horno microondas emite una radiación electromagnética que daña a los alimentos y convierte a las sustancias cocinadas en productos tóxicos peligrosos y carcinógenos.

Efectos biológicos

La exposición a la emisión de microondas también tiene un efecto negativo impredecible sobre el bienestar general de las personas.

Ya en los años 90 del siglo pasado, los doctores Hans Ulrich Hertel y Bernard H. Blanc de Instituto Federal Suizo de Tecnología y del Instituto Universitario de Bioquímica hicieron un estudio para observar la diferencia entre los valores sanguíneos de los sujetos que comían alimentos cocinados del modo tradicional y los que comieron los mismos alimentos cocinados en horno microondas.

Las diferencias fueron significativas: las personas que tomaban alimentos cocinados con microondas tenían disminuidos los valores de hemoglobina y colesterol, así como de linfocitos en relación con el grupo de control.

En otros estudios se ha detectado efectos fisiológicos negativos como pérdida de memoria, falta de capacidad de concentración, supresión del umbral emocional, enlentecimiento de los procesos intelectuales, sueño interrumpido, etc.

Reflexiones antes de utilizar el horno microondas:

El consumo continuado de alimentos cocinados en el horno microondas puede causar daño cerebral permanente como pérdida de memoria, de capacidad de concentración, inestabilidad emocional y reducción de la inteligencia.

Una alimentación basada en alimentos procesados en el horno microondas puede causar deficiencias en el sistema inmune y alterar la producción de hormonas sexuales. Del mismo modo se puede favorecer la multiplicación de las células tumorales en diferentes tipos de cáncer. Ya que se favorece la formación de radicales libres con el consiguiente aumento de los niveles de oxidación.

Podemos sufrir de desnutrición gracias a la reducción del valor nutricional que sufren los alimentos de partida, y además, nuestro organismo no puede metabolizar los productos desconocidos que se generan en los alimentos expuestos a la radiación de microondas y consecuentemente esas sustancias permanecen de forma indefinida en nuestro organismo.

Por lo tanto, si tenemos un horno microondas en nuestro hogar, debemos considerar si nos desprendemos de él o en el caso de utilizarlo, hacerlo de forma ocasional y prudente dado que los perjuicios superan con creces a los beneficios.

Escribiendo estas líneas me viene a la memoria el gran alarde publicitario que hizo uno de los mejores restaurantes de nuestro país, explicando que había modernizado la cocina poniendo todo tipo de aparatos eléctricos y de microondas para poder seguir ofreciendo un buen servicio a sus clientes y mantener la calidad de siempre, pero estando al día… ¡Sin comentario!

Igualmente invito a reflexionar a muchas parejas jóvenes que cocinan sólo en microondas, incluyendo el calentamiento de los biberones de sus hijos.