Salud

Abordo todos los aspectos que determinan la salud. Escribo sobre Macrobiótica: una auténtica Escuela del Arte de Vivir como camino hacia la salud y la longevidad. Es una práctica universal que abarca una comprensión globalizadora de la relación del ser humano con su entorno, donde la alimentación es el principal aspecto de esa relación. Desarrollo temas relacionados con la comprensión del yin y el yang y su aplicación a la forma de comer, de sentir, de pensar, de recuperarnos de la enfermedad; en definitiva de encontrar el equilibrio de nuestra condición personal.

Alimentación y práctica deportiva

La finalidad del ejercicio físico es mejorar la resistencia y la fuerza, desarrollar la velocidad, aumentar la flexibilidad y mejorar la coordinación. Si nos alimentamos bien además de conseguir un cuerpo armónico y alcanzaremos también un estado de bienestar emocional.

En la actualidad hay muchísima publicidad encubierta, disfrazada de información, sobre las bondades de los suplementos para aumentar el rendimiento deportivo que muchas veces nos proporcionan un fogonazo de energía instantáneo, semejante a los fuegos artificiales, seguido de largos periodos de recuperación, agujetas, hipoglucemias y un largo etcétera.

También hay mucha literatura sobre los hidratos de carbono, donde se mete a todos en el mismo saco, tanto a los azúcares rápidos, como a los de absorción lenta, cuando su comportamiento en el organismo es diametralmente opuesto.
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Dieta normalizadora del intestino

Es época de vacaciones y en muchas ocasiones nuestro viaje se complica por una alteración del tránsito intestinal. Hoy os ofrecemos un recurso al alcance de cualquiera para una pronta recuperación de una diarrea estival.

Dependiendo de la gravedad de la diarrea comenzaremos por hacer la dieta al pie de la letra o elegiremos los diferentes menús según nuestras preferencias.

La duración de la dieta estará en función de la necesidad de cada uno, en cuanto los síntomas remitan podremos retomar la dieta normal.
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Alergia por alimentos

Es de todos conocido el enorme incremento que han experimentado las enfermedades alérgicas en las últimas décadas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hacia el 2050 aproximadamente la mitad de la población mundial padecerá por lo menos un trastorno alérgico.

Las alergias representan un conjunto de alteraciones de carácter respiratorio, cutáneo o digestivo que se producen cuando el sistema inmune responde de forma exagerada frente a la presencia de sustancias ambientales que en condiciones normales no causan esas alteraciones.

¿Qué produce las alergias?

Cualquier sustancia que entre en contacto con nuestro organismo, tanto por vía digestiva, a través de la piel o de las mucosas puede producir una reacción alérgica. La alergia se manifiesta como una inflamación producida por la liberación de histamina, sobre todo a nivel de las mucosas y está causada por un debilitamiento del sistema inmune.

Teniendo en cuenta que nuestra respuesta inmunitaria tiene que ver en gran parte con lo que sucede a nivel intestinal, cuidar nuestra alimentación es la mejor manera de mejorar nuestra respuesta inmunológica.

En muchas ocasiones, la sensibilización frente a proteínas altamente inmunogénicas presentes en los alimentos o en los productos de su digestión, en lugar de producir manifestaciones alérgicas circunscritas al tracto gastrointestinal suele provocar reacciones alérgicas como urticaria, angioedema, y anafilaxia sistémica, así como dermatitis atópica y asma; es decir, manifestaciones en la piel y en las vías respiratorias.

La primera aproximación médica en estos casos es el tratamiento de los síntomas, tanto con medicamentos químicos como con remedios biológicos. Si somos capaces de averiguar el origen podemos hacer una medicina causal y conseguir la curación definitiva de la enfermedad.

El desarrollo del sistema inmune

Las reacciones alérgicas por alérgenos alimentarios son más frecuentes en los niños y muy infrecuentes en los adultos.

Vamos a ver que es durante la vida embrionaria y en la primera infancia cuando se crea el terreno que favorece las reacciones alérgicas.

A lo largo de los nueve meses de embarazo, el feto recibe los alimentos y los anticuerpos de la madre a través de la placenta.

Ya en la vida intrauterina puede haber una sobreestimulación antigénica a través de la alimentación de la madre, provocando una hipersensibilización que muchas veces se observa en los bebés recién nacidos, en forma de dermatitis atópica.

Pero incluso después del nacimiento el bebé es muy vulnerable ya que nace en una fase de desarrollo incompleta, sólo el 23 % del cerebro está desarrollado, su aparato digestivo únicamente puede digerir la leche materna y su sistema inmune no se ha desarrollado todavía.

La lactancia materna es la forma natural de proveer defensas al bebé mientras madura su sistema inmune, y la aparición de los dientes es un indicador de la maduración de los órganos internos que va a permitir la introducción de los alimentos sólidos.

Cuando el bebé ha completado la dentición de leche su sistema inmune ya ha madurado por lo que ya no sería necesaria la leche materna.

La mucosa intestinal tiene una superficie de entre 400 y 600 m2 y está formada por una capa monocelular que se reconstruye por completo cada dos días.

En los niños pequeños, esta mucosa es particularmente permeable por el grado incipiente de desarrollo y cuando no amamantamos y damos leches de fórmula, pasan a la sangre sustancias potencialmente tóxicas presentes en la luz intestinal.

Introducir alimentos sólidos cuando no hay suficiente maduración de los órganos digestivos favorece el llamado “síndrome del intestino agujereado”, es decir el aumento de la permeabilidad intestinal.

Debemos saber que la primera línea de defensa inmunitaria está en la mucosa intestinal, en segundo lugar, en el hígado y en tercer lugar en las membranas celulares de los tejidos del cuerpo.

Factores que influyen en la anormal permeabilidad de la mucosa intestinal:

  • Carencia de ácido cis-linoleico activo, es decir de ácidos grasos omega 3. Son unos nutrientes esenciales que forman parte de las membranas celulares. La leche materna es rica en omega 3 y cubre de forma adecuada las necesidades del bebé. Por el contrario, la leche de vaca maternizada debe ser suplementada, pero ignoramos si el ácido linoleico que se añade es biológicamente activo o está desnaturalizado en su forma trans.
  • El exceso de grasas saturadas en la dieta porque impiden la correcta absorción del ácido linoleico (omega 3).
  • La introducción demasiado temprana de alimentos que el bebé no puede digerir, por falta de maduración de los órganos digestivos: caseína, gluten, frutas crudas…

Factores que influyen en el debilitamiento del sistema inmune:

  • Alto poder antigénico de las proteínas lácteas y en particular de la caseína, que, al no metabolizarse correctamente, “irritan” a nuestro sistema inmunitario.
  • Alta concentración de productos químico-agroalimentarios, como nitratos, fosfatos, pesticidas, etc.
  • Alta concentración de hormonas, antibióticos y otros medicamentos suministrados a las vacas.
  • Efecto de la manipulación de la leche: pasteurización, uperización esterilización, etc.
  • Alta concentración de aditivos en forma de conservantes colorantes, antioxidantes.
  • Consumo de carne de cerdo. A causa del contenido en histamina, es responsable de favorecer la puesta en marcha de procesos inflamatorios y urticariantes, como se ha observado en el laboratorio y en clínica tales como: apendicitis, colecistopatías, flebitis, flujo vaginal o leucorrea en las mujeres, abscesos y flemones, así como enfermedades cutáneas del tipo: eczemas, dermatitis, forunculosis, urticaria, neurodermatitis y otras dermatosis.

Muchas veces, la primera carne que damos al niño es jamón de York. No sabemos qué propaganda de los años 50 nos dejó la idea de que el jamón dulce es alimento para enfermos y para niños.

A esta lista añadiríamos el efecto de fuerte estimulación antigénica de las vacunaciones, los medicamentos y de los contaminantes industriales,

Teniendo en cuenta que en la actualidad el amamantamiento ha decaído de una forma espectacular y que el consumo de productos lácteos está aumentando de una forma alarmante, entendemos que la incidencia de las alergias tanto alimenticias, respiratorias o cutáneas sea cada vez mayor.

Ahora ya podemos contemplar al alérgeno como “la gota que derrama el vaso”. De modo que, aunque el paciente tolere bien la leche o sus derivados, si es alérgico a cualquier producto: polen, níquel, ácaros, frutos secos, legumbres, pescados… es imprescindible suprimir los productos lácteos de la dieta a la vez que incluimos alimentos regeneradores de la mucosa intestinal.

La dieta antialérgica

Debemos tomar alimentos naturales sin procesar, es decir aquellos que se producen en la naturaleza, tanto en el reino animal como en el vegetal y que no han sido transformados por la industria alimentaria. Los alimentos animales no deben ser nunca más del 25 % del volumen total ingerido.

Así, excluiremos de nuestra dieta los “comestibles”: todo aquello que es elaborado, manipulado y fabricado para que pueda ser comido: embutidos, chocolate, caldos de verduras, croquetas congeladas, etc.

Debemos tomar alimentos integrales, particularmente los cereales. Cuando se refinan los cereales se pierden la mayor parte de los nutrientes esenciales como son las vitaminas, los minerales y en el caso que nos ocupa, los ácidos grasos poliinsaturadas presentes en el germen.

El trigo sin ir más lejos está reputado de ser alergénico, pero ese trigo del que se habla es la harina refinada, desprovista de todos los elementos protectores.

Debemos consumir alimentos ecológicos, porque además de tener una mayor concentración de nutrientes, están desprovistos de los peligrosos residuos de la química agroalimentaria (abonos, pesticidas…).

Las intolerancias alimenticias

El número de personas con intolerancias alimenticias aumenta cada día, tanto entre los adultos como los niños. Hoy hablaremos de las causas principales que predisponen a este desorden.

Estamos ante una intolerancia alimenticia cuando una persona al consumir ciertos alimentos presenta efectos adversos sobre su salud, principalmente en forma de malestar digestivo.

Las intolerancias se diferencian de las alergias alimentarias en que sólo afectan al metabolismo, no al sistema inmune.

Uno de los alimentos que más intolerancias produce en los adultos es la leche y los derivados lácteos. Pero, hay una gran confusión cuando se habla de intolerancia a la lactosa en los adultos, ya que cuando dejamos de ser lactantes y desaparecen los dientes de leche, dejamos de producir la lactasa (enzima digestiva) de una forma progresiva, de manera que perdemos la capacidad de digerir la leche de forma natural. Luego lo normal es no tolerar la leche cuando somos adultos.

Por eso, cuando hablamos de intolerancias alimenticias nos referimos a no digerir correctamente alimentos propios de la dieta humana como el trigo, por ejemplo.

Las causas de las intolerancias alimenticias

Si una persona es intolerante a algún alimento o nutriente, es porque tiene poca fuerza digestiva y consecuentemente los alimentos le sientan mal, tiene las digestiones lentas y pesadas, los alimentos se fermentan en el tubo digestivo y le producen gases, etc.

Con frecuencia estas personas te dicen: no me baja la comida, y me ayuda mucho taparme la tripita después de comer con una manta, e incluso meterme en la cama.

Una buena fuerza digestiva es la capacidad de metabolizar los alimentos sin dificultad, algo que sucede cuando gozamos de buena salud.

El comportamiento de los alimentos más allá de los nutrientes

Los alimentos, además de tener nutrientes como lactosa, gluten, fructosa, etc., tienen la cualidad de ser enfriadores o calentadores. Este concepto es nuevo para la mayoría de los occidentales, pero es ampliamente conocido desde la antigüedad en Oriente y forma parte de la Medicina Tradicional China.

Son ejemplos de alimentos enfriadores el azúcar, dulces, bollos, galletas, miel, edulcorantes, té, chocolate, café, zumos, refrescos, helados, alcohol, especias, leche y derivados, así como las frutas.

En la actualidad el consumo de este grupo de alimentos ha aumentado de forma notable, pensemos que la leche y la fruta son dos tipos de alimentos perecederos que hasta la aparición del frigorífico no formaban parte de la dieta humana, ya que su consumo era mucho más limitado. Sin hablar de lo que representa en la actualidad el consumo de dulces, bollos y refrescos azucarados.

Hoy en día se considera saludable consumir fruta y productos lácteos a diario. Pensemos en la alimentación en la infancia en los años 50 sin frigorífico ni batidora eléctrica. Los niños de esa época no consumieron papilla de frutas a diario, ni lácteos blandos a todas horas. Tampoco en las escuelas se llevaban bolsas de “chuches” en los cumpleaños para todos los niños de la clase, y no existían los refrescos de cola, por hacer una reflexión sobre el pasado reciente.

A modo de ejemplo, en la actualidad, uno de cada cinco adultos alemanes es intolerante a la lactosa y uno de cada tres a la fructosa. Es por lo tanto muy sencillo relacionar el aumento de las personas intolerantes a alimentos y la forma moderna de comer.

Los test de intolerancias alimenticias

Como consecuencia del aumento cada día mayor de personas con intolerancias alimenticias han aparecido en el mercado numerosos test de intolerancias que te indican a qué alimentos eres intolerante para que procures evitarlos.

En principio la idea parece interesante ya que, al evitar los alimentos prohibidos, debería mejorar la digestión.

Sin embargo, la experiencia de muchas personas que se han hecho esa prueba es que aún después de evitar los alimentos a los que le ha salido intolerancia, siguen sin tener buenas digestiones. Pero lo más grave es que cuando se repiten el test años después de haber estado evitando los alimentos prohibidos, siguen siendo intolerantes a los que han evitado todo ese tiempo a otros nuevos.

Es fácil entender que cuando solamente prescindimos de aquellos alimentos a los que nos ha salido intolerancia, pero continuamos comiendo alimentos enfriadores, nuestra fuerza digestiva sigue disminuyendo progresivamente, de modo que no solucionamos el problema, más bien lo perpetuamos.

Debemos entender que los alimentos a los que se es intolerante son la consecuencia del problema, la causa es la falta de fuerza digestiva.

Muchas veces la persona mejora sensiblemente y de forma duradera cuando prescinde de los alimentos enfriadores tanto a los que es intolerante, como a los que no lo es.

En casos más complicados es necesario el asesoramiento de un profesional en nutrición energética para hacer los ajustes necesarios para la recuperación del desorden.

Las causas de las alergias

Para muchos primavera equivale a brote alérgico o exacerbación de la alergia perenne. Por eso retomamos el post anterior con informaciones útiles tanto en la prevención como en la curación de las alergias de cualquier tipo.

Continiación del post:  Las alergias primaverales

Pensemos que cualquier sustancia que entre en contacto con nuestro organismo, tanto a través de la piel como de las mucosas puede producir una reacción alérgica.

La manifestación alérgica conlleva una inflamación que se produce por la liberación de histamina, sobre todo a nivel de la piel y las mucosas, y por la depresión del sistema inmune. Luego además de aislar al alérgeno potencial, debemos evaluar la condición del sistema inmunitario.

El desarrollo del sistema inmune

Durante el embarazo, puede haber una sobreestimulación antigénica a través de la alimentación de la madre, lo que provoca la hipersensibilización que muchas veces se observa en los bebés recién nacidos: la dermatitis atópica. Pero incluso después del nacimiento, el bebé es muy vulnerable ya que nace en un estadio de desarrollo muy temprano; sólo está desarrollado el 23 % del cerebro y su aparato digestivo únicamente puede digerir la leche materna.

En la vida embrionaria y en la primera infancia es cuando se crea el terreno que favorece las reacciones alérgicas. A lo largo de los nueve meses de embarazo el feto recibe los alimentos y los anticuerpos de la madre a través de la placenta. Los primeros años de vida son determinantes ya que la maduración del sistema inmune del bebé no se completa hasta que han terminado de aparecer los dientes de leche.

Para prevenir la aparición de las alergias futuras a la hora de introducir los alimentos sólidos, deberíamos contemplar la aparición de los dientes -que nos indica la maduración de los órganos digestivos- en lugar de hacerlo desde la edad como hace la pediatría clásica.

La mucosa intestinal abarca una superficie de entre 400 y 600 m2 y está formada por una capa monocelular que se reconstruye por completo cada dos días. En los niños pequeños esta mucosa es particularmente permeable por el grado incipiente de desarrollo y cuando no amamantamos, introducimos alimentos sólidos antes de tiempo y damos leches de fórmula, pasan a la sangre sustancias potencialmente alergénicas sin digerir, presentes en la luz intestinal.

Es prioritario comprender el proceso de maduración digestiva en el primer año de vida para programar la introducción de alimentos sólidos, porque la primera línea de defensa inmunitaria está en la mucosa intestinal.

La hiperpermeabilidad de la mucosa intestinal

Entre los factores que influyen en la anormal permeabilidad de la mucosa intestinal podemos destacar:

  • Carencia de ácido cis-linoleico omega 3. Este es un nutriente esencial que forma parte de la doble capa de fosfolípidos estructurales de las membranas celulares. La leche materna cubre de forma adecuada las necesidades del bebé. Sin embargo, la leche de vaca maternizada debe ser suplementada con este nutriente, pero ignoramos si el ácido linoleico que contienen las llamadas leches de fórmula convencionales es biológicamente activo o si está desnaturalizado en su forma trans.
  • La leche de vaca maternizada es suplementada con este nutriente, pero ignoramos si el ácido linoleico que contienen las llamadas leches maternizadas convencionales es biológicamente activo o si está desnaturalizado en su forma trans.
  • Exceso de grasas saturadas en la dieta. Las llamadas «grasas duras» impiden la correcta absorción del ácido linoleico. La leche de vaca es rica en grasas saturadas y aunque se desnata y se le añade omega 3 para hacerla lo más semejante a la leche materna, el resultado es bastante diferente.
  • Introducción demasiado temprana de alimentos sólidos. Mientras el bebé no tiene dientes no puede digerir alimentos sólidos por falta de maduración de los órganos digestivos, no importa que los alimentos estén triturados. Nos referimos al gluten, frutas crudas, carne, etc. Tampoco tiene capacidad para digerir la caseína de la leche de vaca.

Estas prácticas comunes en fase pediátrica hacen que desde esta etapa temprana del desarrollo aparezca el síndrome de la hiperpermeabilidad intestinal también conocido como síndrome del intestino agujereado.

El debilitamiento del sistema inmune

A continuación, enumeramos los aspectos determinantes en el debilitamiento del sistema inmune que producen la leche de vaca y la carne de cerdo:

  • El alto poder antigénico de las proteínas lácteas y en particular de la caseína, que, al no metabolizarse correctamente, «irritan» a nuestro sistema inmunitario. Este aspecto es el más importante y el más ignorado por la clase médica y está en la base de todas las manifestaciones alérgicas.
  • Las altas concentraciones de productos químico-agroalimentarios, tanto en la producción de alimentos como en su elaboración: nitratos, fosfatos, pesticidas, conservantes, antioxidantes, etc.
  • Las leches para consumo humano contienen cantidades importantes de hormonas, antibióticos y otros medicamentos suministrados a las vacas permitidos por la legislación.
  • El efecto de la manipulación de la leche para su posterior consumo como la pasteurización, uperización, esterilización, liofilización, etc. desnaturaliza un alimento que ya en sí mismo no es adecuado para el consumo humano, con lo que la situación empeora aún más.
  • El consumo de carne de cerdo. A causa del contenido en histamina y cuerpos imidazólicos, es responsable de favorecer la puesta en marcha de procesos inflamatorios y urticariantes como se ha observado en el laboratorio y en la clínica tales como: apendicitis, colecistopatías, flebitis, flujo vaginal o leucorrea (en mujeres), abscesos y flemones, así como enfermedades cutáneas del tipo: eczemas, dermatitis, forunculosis, urticaria, neurodermatitis y otras dermatosis. Muchas veces, la primera carne que damos al niño es jamón de York. No sabemos qué publicidad de los años 50 nos dejó la idea de que el jamón dulce es alimento para niños y para enfermos.

A esta lista añadiríamos el efecto de fuerte estimulación antigénica de las vacunaciones, los medicamentos, los contaminantes industriales, etc.

Teniendo en cuenta que en la actualidad el amamantamiento ha decaído de una forma espectacular y que el consumo de productos lácteos está aumentando de un modo alarmante en todas las etapas de la vida, entendemos que la incidencia de las alergias sea cada vez mayor, tanto en niños como en adultos. En la actualidad, la leche es el alimento más consumido en el hogar, cosa impensable hace dos generaciones, cuando no existían ni la refrigeración ni la industrialización de la producción láctea.

Una vez que hemos descrito los alimentos y contaminantes más perjudiciales para los alérgicos, debemos abordar qué tipo de alimentación recomendaríamos al paciente.

Fortaleciendo el sistema inmune

Ofrecemos unas pautas generales para iniciarse en una forma de comer que permite reforzar el sistema inmunitario y mejorar la salud.

  • Excluiremos de nuestra dieta los «comestibles» también conocidos como alimentos ultraprocesados: todo aquello que es elaborado, manipulado y fabricado para que pueda ser comido, embutidos, chocolate, caldos de verduras, croquetas congeladas, etcétera.
  • Evitaremos de forma particular, la leche y los derivados lácteos en todos los casos, aunque tengamos buena tolerancia digestiva y los alérgenos que nos afectan sean ambientales o químicos.
  • Prescindiremos de la carne de cerdo y cualquier alimento elaborado que lleve carne de cerdo, como embutidos, jamón, etc.
  • Debemos tomar alimentos naturales, es decir, aquellos que se producen en la naturaleza, tanto en el reino animal como en el vegetal, lo menos transformados posible.
  • Tomaremos alimentos integrales, particularmente los cereales. Cuando se refinan los cereales se pierden la mayor parte de los nutrientes esenciales como son las vitaminas, los minerales y en el caso que nos ocupa, los ácidos grasos poliinsaturados presentes en el germen.
  • Todos los alimentos que consumamos deben ser ecológicos, porque además de tener una mayor concentración de nutrientes están desprovistos de los peligrosos residuos de la química agroalimentaria (abonos, pesticidas, etc.).
  • Los cereales integrales representarán al menos el 50 % del volumen total ingerido, las verduras y o las frutas el 25% y el resto correspondería a las legumbres y/o el pescado.

Como todas las manifestaciones alérgicas cursan con inflamación, es muy importante incluir formas de cocción largas con fuego lento y una proporción generosa de arroz integral. Seremos moderados en el consumo de líquidos y prepararemos los platos más sazonados que sosos.

Estas pautas generales pueden ser suficientes para experimentar una mejoría sustancial de las manifestaciones alérgicas.

Las alergias primaverales

La llegada de la primavera supone un aumento en el ambiente de sustancias capaces de provocar alergias, principalmente polen, polvo, humedad, parásitos de animales, como los ácaros, plumas, pelos, etc.

Estas sustancias producen una reacción inmunitaria de rechazo de forma explosiva que se pone en marcha cada vez que la persona entra en contacto con ese elemento extraño. En general, las reacciones alérgicas afectan fundamentalmente a la piel y al aparato respiratorio, y con menor intensidad al aparato digestivo.

Los síntomas que produce la alergia en el organismo son principalmente: urticaria, picor, rinitis con secreción nasal clara y estornudos, inflamación ocular con enrojecimiento, lagrimeo y escozor, y, a nivel pulmonar, dificultad en la respiración o asma por aumento de la secreción de mucosidad y constricción de las vías aéreas. Estos síntomas pueden desencadenarse solos o combinados, afectando a uno o varios órganos y ser de intensidad y duración variable.

La rinitis alérgica es la más frecuente de las reacciones alérgicas producida por alérgenos inhalables. Afecta a la mucosa nasal y se caracteriza por ataques de rinorrea con intenso escozor de la mucosa, con estornudos y obstrucción nasal. Suele acompañarse de conjuntivitis con intenso lagrimeo, escozor y enrojecimiento de la conjuntiva del ojo.

La conjuntivitis alérgica se caracteriza por picor, irritación, quemazón o sensación de cuerpo extraño (arenilla) y lagrimeo. Aparece principalmente en niños y adultos jóvenes, los cuales al menos en dos terceras partes poseen historia de rinitis alérgica, asma o eccema infantil.

El asma bronquial alérgica suele comenzar en la infancia o la adolescencia y con frecuencia coexisten en un mismo paciente otras manifestaciones como rinitis alérgica o eccema atópico.

La dermatitis o eccema atópico es una enfermedad eccematosa crónica que tiene una incidencia en individuos con predisposición a la rinitis alérgica y/o el asma bronquial.

Pero, ahora que ya conocemos cómo se manifiestan las alergias, nos debemos preguntar el porqué: ¿dónde está el origen de esa reacción exagerada del sistema inmunitario que se comporta de forma exuberante ante sustancias inocuas como el polen de las gramíneas y/o el pelo de los animales domésticos?

Lo que muchos no saben

En la leche y los derivados lácteos existen al menos 25 proteínas altamente antigénicas para las personas, es decir que actúan como sustancias extrañas, excitando al sistema inmunitario para que reaccione produciendo grandes cantidades de anticuerpos.

Al sobrecargar al sistema inmune, lo «agotan», haciéndolo más vulnerable a las alergias y a las infecciones. Una de las más conocidas, la caseína, representa el 84 % de las proteínas lácteas, por lo que está implicada en cualquier tipo de alergias.

La gravedad de la situación proviene de que la leche y los derivados lácteos son, con diferencia, los alimentos más consumidos en el hogar a lo largo de toda la vida.

Mi experiencia clínica de más de 35 años me permite afirmar que el alérgeno en cada tipo específico de alergia es solo «la gota que derrama el vaso», es decir, es quien provoca el desencadenamiento de la reacción alérgica, pero el causante de la hiper reactividad del sistema inmune, es el alto contenido de antígenos de la leche y los derivados lácteos.

La persona con alergia primaveral paradójicamente puede tener buena tolerancia a la leche y derivados, es decir pueden no sentarle especialmente mal y eso puede llevar a confundir la consecuencia (los ácaros, el polen, los pelos…) con la causa (la caseína).

Los factores externos que determinan las manifestaciones alérgicas son el polen, los ácaros y el resto de los alérgenos comunes.

Entre los agentes causales internos desencadenantes de las alergias están la leche y los derivados, a los que añadiremos todos los productos químicos de la industria alimentaria, los contaminantes ambientales, el plomo de las gasolinas, los medicamentos, las vacunas, etc., es decir, todas las sustancias químicas artificiales, creadas por la industria, que no existen en la naturaleza.

La importancia de la vida intrauterina

La sensibilización a las proteínas de la leche de vaca, muchas veces se hace a través de la placenta durante la gestación, es decir que ya en la vida intrauterina el feto sufre la sensibilización y cuando nace es un bebé atópico. Hay muchas madres que me dicen: yo durante el embarazo del primer hijo me sentaba en un queso y comía de otro. Son las que dan a luz un niño que desde el nacimiento tiene bronquiolitis, faringitis, laringitis, rinitis, conjuntivitis, dermatitis, gastroenteritis, etc.

Cuando en la consulta un adulto con alergias me dice que no ha tomado leche nunca porque no le sienta bien, yo le explico que ya la tomó su madre en abundancia durante el embarazo, que es un periodo que determina cualquier aspecto de la existencia humana.

Una cuestión que en muchos casos no se contempla es que los antígenos actúan por presencia, no necesariamente por dosis. Una persona puede no consumir leche, pero toma galletas, bechamel, fiambres y otros alimentos elaborados a los que se añaden proteínas de leche, o tomar sólo el chorrito de leche del café cortado… En todos los casos hay que prestar atención a la presencia de proteínas lácteas, sobre todo en los alimentos procesados.

Además, hay que tener en cuenta el factor de la predisposición o la susceptibilidad individual; es decir la tendencia a ser alérgico. Nos referimos a la genética o los antecedentes familiares… pero, si hablamos en términos de alimentación, nuestro genoma estaría condicionado por lo que han comido las siete últimas generaciones de antepasados.

Continúa en el post: Las causas de las alergias

La pubertad precoz

Hoy escribo sobre la pubertad, que normalmente comenzaba a los quince años y en la actualidad aparece a los nueve, ocho e incluso siete años.

En la actualidad tanto los niños como las niñas alcanzan la pubertad mucho antes que en las generaciones pasadas. En las últimas tres décadas se observa estadísticamente un aumento, sobre todo en las niñas, de la aparición del vello púbico y el crecimiento de las mamas.

Como dato histórico podemos afirmar que en el siglo XIX la edad media de maduración sexual en las niñas era a los quince años, en el siglo XX a los doce años y en la actualidad a los diez años.

Un estudio publicado en la revista Pediatrics reveló que: La proporción de niñas que tuvieron desarrollo de los senos a las edades de siete y ocho años, sobre todo entre las niñas blancas, es mayor que la reportada en estudios de las niñas que nacieron hace 10 o 30 años antes.

La situación es crítica ya que los médicos hoy tienen más preguntas que respuestas y a veces les dicen a los padres que es normal que las niñas maduren antes, en vez de decirles que en la actualidad este hecho es muy frecuente, pero en ningún caso normal.
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En Navidad todos hacemos regalos

Un regalo es algo que se entrega sin pedir nada a cambio. Por lo general, se trata de algún objeto que una persona le da a otra con la intención de felicitarla, agasajarla u homenajearla.

El regalo dice mucho de lo que sentimos, de lo que amamos, vamos a reflexionar sobre su sentido más profundo.

A través del regalo expresamos nuestros verdaderos sentimientos por eso entendemos lo importante que es tomarnos un tiempo a la hora de elegir el objeto con el que vamos a agasajar a la persona querida.

No se trata de regalar algo útil o caro, sino la intención, el esfuerzo en pensar cómo agradar a la persona a la que va dirigido.

Para ayudarte en tu elección de un regalo con el que acertarás seguro pongo a tu disposición mi libro ALIMENTO PARA EL CUERPO Y EL ESPÍRITU con precio muy especial: 31,50 €. Pincha AQUÍ.

Recuerda que un regalo es una expresión de amor y no hay nada que nos haga más felices que dar y recibir amor.

¡Felices fiestas!

Si comes carne, que sea ecológica III

Hoy terminamos esta serie de post haciendo unas reflexiones acerca del consumo de carne, más allá de la salud individual.

Continuación del post “Si comes carne, que sea ecológica II”

Los alimentos ecológicos y su valor nutricional

Numerosos estudios científicos confirman que los alimentos ecológicos son superiores nutricionalmente a los de producción industrial, en más de un 25 %. Nos referimos a las proteínas, vitaminas, minerales, polifenoles y antioxidantes, etc.

La carne procedente de animales alimentados con granos y forraje de producción ecológica nos aporta un 10 % más de proteínas que la convencional y contiene entre un 20 y un 40 % menos de grasa que la de animales estabulados y alimentados de forma convencional.

En las verduras, las producidas de forma orgánica contienen un 24 % más de calcio un 19 % más de magnesio y un 7 % más de hierro que las convencionales. Podríamos decir lo mismo de las vitaminas, etc.

Hay numerosos estudios que muestran que los alimentos ecológicos son más saludables, citamos algunos antiguos para dejar constancia de que ya hace mucho tiempo que se distingue a nivel mundial entre los alimentos producidos convencionalmente y los orgánicos.

Un estudio de Nueva Zelanda en 1.940 demostró que después de dos años de alimentación ecológica en el comedor escolar, mejoró la salud dental, aumentó la resistencia a las fracturas óseas y disminuyó la incidencia de los resfriados entre los escolares.

En 1.999 la Sociedad Española de Neurología afirmó que los pesticidas de uso habitual tienen efectos semejantes a las armas químicas y contribuyen al creciente incremento de las enfermedades degenerativas del sistema nervioso.

La organización The Nutritional Cáncer Therapy Trust en 2.001 dijo que la terapia nutricional del cáncer sólo es posible con alimentos ecológicos, ya que uno de sus objetivos es evitar contaminantes y toxinas.

Más recientemente, un estudio del Centro de Investigación en Epidemiología y Estadística de la Sorbona en París concluyó que el riesgo de sufrir cáncer es un 25 % menor entre los que consumen alimentos ecológicos, de forma particular el cáncer de mama postmenopáusico y en los linfomas en general.

Promover el consumo de comida ecológica podría ser una estrategia preventiva prometedora contra el cáncer según los autores del estudio.

La carne de producción industrial y la capa de ozono

Consumir alimentos ecológicos tiene unas repercusiones muy importantes no sólo a nivel personal en lo que se refiere a la salud individual, sino además a nivel social en lo que respecta a la salud del planeta.

Si contemplamos la contribución que tiene la producción industrial de carne para consumo humano en la elevación de la tasa de CO2 atmosférico, nos sorprende comprobar que es una industria más contaminante que la mayoría.

El uso de combustibles fósiles, desde la tala indiscriminada de árboles para producir grandes extensiones de monocultivos con una agricultura mecanizada, a la producción de granjas, transporte, procesamiento y conservación de la carne… no tiene precedentes.

La cantidad de CO2 que se vierte a la atmósfera en la actualidad es impresionante y este hecho produce un aumento de la temperatura global del planeta con unas sequías prolongadas y las consiguientes inundaciones que observamos cada vez con más frecuencia.

El casquete polar ártico se ha reducido en más de un 30 % a causa del efecto invernadero. A todo este desastre contribuye de forma principal una deforestación de casi media hectárea por segundo para hacer monocultivos de soja y otras forrajeras destinadas a la alimentación del ganado.

Teniendo en cuenta esta información, la forma de comer convencional donde el alimento animal es de consumo diario y en una proporción que muchas veces es más del 50 % del volumen total ingerido es absolutamente antiecológica.

El impacto ambiental de la producción de carne bio es incomparablemente menor que el de la carne convencional, ya que respeta los ciclos reproductivos de los animales, no expolia la tierra… Una explotación de carne bio sería lo más parecido a una granja tradicional como las que hemos conocido los que hemos nacido en un medio rural.

Un paso más

Si queremos contemplar la dieta como una herramienta para cultivar la salud, debemos valorar otros aspectos además de si los alimentos son ecológicos, como son: la elección del alimento, la proporción en la que se toma y la frecuencia de consumo.

No es suficiente con cambiar el vino común por el ecológico, la charcutería industrial por el jamón bio… Con eso estamos dando un paso importante en cuanto a mayor riqueza en nutrientes y de polifenoles y otras sustancias bioactivas y menor contenido en pesticidas, pero no estamos teniendo en cuenta los otros aspectos que configurarían a los alimentos como poderosas medicinas.

Es fácil de entender que pese a que un vino sea de producción ecológica no debemos beber en exceso y que, aunque el café sea orgánico no podemos abusar de él. La carne los huevos y la leche, al ser alimentos de calidad animal deben ser consumidos con moderación. Una vez más echamos mano de una expresión coloquial que dice: no es igual comer arroz con pollo, que pollo con arroz.

Salud para todos.

Si comes carne, que sea ecológica II

Hoy continuamos explicando el resto de sustancia químicas que se incluyen en la alimentación animal y cómo lo que comen los animales aparece en la carne que consumimos nosotros.

Continuación del post “Si comes carne, que sea ecológica I”

Los insecticidas

El DDT se sintetiza durante la segunda guerra mundial y es eficaz como matapiojos, y también frente a la malaria y la enfermedad del sueño. Pero además es un tóxico muy potente, tanto que se ha prohibido su uso en muchos países después de ver los efectos devastadores en la salud humana.

Los insecticidas modernos se degradan difícilmente por lo que pueden permanecer en el suelo contaminándolo hasta más de 15 años después de su utilización, algo que condiciona el uso futuro de esas tierras de cultivo.

Además, actúan destruyendo enzimas indispensables para la respiración celular, es decir crean alteraciones metabólicas muy importantes a nivel mitocondrial y esos daños favorecen el desarrollo de las enfermedades degenerativas.

Son liposolubles por lo que se acumulan en todas las grasas del cuerpo, sobre todo en los tejidos nobles como el hígado, los riñones, las suprarrenales, el sistema nervioso, el aparato reproductor, etc.

Estos compuestos pasan de un ser vivo a otro según la cadena alimentaria. Por ejemplo, si alimentamos a unas gallinas con alfalfa tratada con DDT, éstas producen huevos donde se detecta esa sustancia. Si nosotros tomamos esos huevos el DDT pasa a nuestro organismo y si somos madres que estamos dando de mamar, el DDT pasaría al bebé a través de la leche materna. Este relato nos pone en guardia sobre lo que representa consumir cualquier alimento animal de producción industrial: carne, huevos, leche…

Hay otros pesticidas igualmente tóxicos como el aldrín, dieldrín, lindano, malatión… que pueden producir cáncer, provocar convulsiones en el sistema nervioso, incluso pueden producir la muerte por paro respiratorio, dan lugar a modificaciones genéticas, destruyen las vainas de mielina de los nervios, etc.

Por supuesto que existe una legislación que regula su uso, pero no siempre se cumple. En la actualidad los diferentes países aplican la legislación de modo diferente y consumimos alimentos que, muchas veces, no son de producción local o nacional.

Los Herbicidas y Fungicidas

Los más conocidos son el pentaclorofenol, los arseniatos y las dioxinas, estas últimas, como veneno superan a la estricnina y al arsénico. Estos herbicidas actúan no sólo sobre las plantas, sino también sobre los tejidos animales y producen envenenamiento general, mutaciones en los genes e incluso tumores malignos.

Lo que comen los animales

Según el efecto de concentración que se produce en la pirámide alimentaria más del 90 % de todos los residuos químicos tóxicos que se encuentran en los alimentos están presentes en los de origen animal. Recordemos que, si los 16 kilos de granos que come una vaca se convierten tan sólo en un kilo de carne, los productos químicos que contiene el pienso con el que se la alimenta se concentran proporcionalmente.

Se impone la reflexión de si comer carne, huevos y productos lácteos procedentes de la ganadería convencional, a la luz de esta información, puede llegar a ser tóxico.

Una dieta ecológica debería estar compuesta por alimentos de cultivo orgánico y con predominancia de los vegetales en todas sus formas: cereales, legumbres, verduras y frutas. Los alimentos de calidad animal serían siempre una opción secundaria ya que son muy concentrados en nutrientes, dicho en lenguaje popular, tienen mucho alimento.

Por si esto no fuera suficiente, hasta hace muy poco, a la ganadería que se criaba para la obtención de carne se le suplementaba la dieta con hormonas y antibióticos. En la actualidad la legislación prohíbe el uso de estas sustancias, pero, hecha la ley, hecha la trampa.

Las Hormonas

En particular, las hormonas son importantes factores de crecimiento. Hasta hace poco se ha permitido la utilización de metiltiouracilo y anabolizantes, estas sustancias frenan la actividad del tiroides, reducen el metabolismo basal y consecuentemente producen aumento de peso y retención de agua en los tejidos en los animales que se crían para consumo humano. Pensemos en el dicho: lo que se come, se cría.

En 1.980 se detectó en California que entre el 30 y el 40 % de los hombres padecían ginecomastia (crecimiento de las mamas) y se relacionó rápidamente con la inclusión de hormonas en la alimentación animal.

Aunque en nuestro país en la actualidad no esté permitido el uso de hormonas en la producción animal, la carne que llega a nuestros hogares muchas veces proviene de países lejanos, al igual que las verduras y frutas. Muchos establecimientos de comida rápida que existen a lo largo de todo el país utilizan carnes importadas…

Los Antibióticos

Son sustancias que impiden el desarrollo de los microorganismos a través de la alteración de su metabolismo, pero no se utilizan sólo para tratar las enfermedades infecciosas de los animales como pudiéramos pensar.

En la cría de animales estabulados se observó que los que eran tratados con antibióticos prosperaban más que los otros, y consecuentemente se autorizó su utilización para aumentar el crecimiento, como factores antiestrés y como factores de adaptación al confinamiento.

Durante años se han añadido al forraje que come el animal: neomicina, terramicina, penicilina, cloranfenicol… de modo que todos los antibióticos empleados en la alimentación animal aparecen en la carne que consumimos, y su uso prolongado destruye la flora intestinal y puede producir carencias de vitaminas B y K.

Por eso, muchas resistencias a los antibióticos que crean algunas personas no tienen tanto que ver con la automedicación, como con el hecho de comer carne regularmente con su dosis de antibióticos incluida.

Continúa en el post “Si comes carne, que sea ecológica III”