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El desarrollo progresivo de la enfermedad II

Todas las enfermedades están íntimamente relacionadas y se manifiestan de formas fácilmente reconocibles a través de una gran variedad de síntomas que van apareciendo de forma progresiva mientras la enfermedad avanza. La interpretación de algunos síntomas inespecíficos en las primeras etapas de la enfermedad nos puede ayudar a cavar un pozo antes de tener sed, es decir: a prevenir de forma activa su aparición.

Continuación del post: El desarrollo progresivo de la enfermedad I

El principal requisito de la salud es no estar nunca cansado, es decir: tener una buena capacidad de recuperación tras el esfuerzo, sea físico o mental. Sin embargo, es muy común la necesidad de estimulantes para ponerse en marcha por la mañana o para resistir el estrés a lo largo del día. Por eso debemos estar alerta si estamos especialmente cansados.

A continuación hacemos una descripción de las diferentes manifestaciones de la enfermedad conforma se hace más profunda, enlazando con lo explicado en el post anterior.

Fatiga general

La enfermedad comienza con una sensación de cansancio físico y mental. Esta sensación se acompaña muchas veces de tensión muscular, micción frecuente, sudoración excesiva, estreñimiento…Comenzamos a perder nuestra claridad de pensamiento, nuestra percepción se hace menos activa, y nuestras reacciones son imprecisas.

En esta etapa, la merma de la vitalidad y de la energía se achacan al estrés, la edad… cuando son la expresión de una forma de comer inadecuada principalmente.

La recuperación de esta etapa es rápida. Un poco de descanso, una alimentación adecuada y algo de ejercicio, pueden ser suficientes.

Molestias y dolores

Cuando la sensación de fatiga se hace crónica, comenzamos a tener molestias ocasionales. Se pueden manifestar como dolores musculares, jaquecas, calambres… A veces tenemos dificultad para respirar, arritmias, temblores y fiebre.

En la esfera mental, podemos sufrir depresiones ocasionales, sentimiento general de inseguridad, preocupaciones excesivas…

La recuperación en esta etapa puede llevarnos de unos días a unas semanas, dependiendo de la carga tóxica que tengamos y de la capacidad de eliminación de nuestro organismo.

Enfermedades de la sangre

Al continuar el desequilibrio entre nuestra práctica dietética, la calidad de la sangre, incluyendo las células sanguíneas y el plasma, se hace inadecuada para mantener una relación armoniosa con nuestro entorno.

Aquí aparecen la acidosis, la presión sanguínea elevada o baja, la anemia, el asma, enfermedades cutáneas…

En la esfera mental, en esta etapa podemos manifestar nerviosismo, hipersensibilidad, depresión continua,  timidez… la pérdida del sentido de la dirección de nuestra vida, en una palabra.

La recuperación de estas manifestaciones es más lenta que en los casos anteriores, como es evidente. Por eso, cuanto más avanzamos en el alejamiento de la salud, el cambio en nuestros hábitos alimenticios debe ser más severo.

Desórdenes emocionales

Cuando nuestra sangre está cargada de toxinas, surgen con frecuencia desórdenes emocionales de forma expresa como mal humor, excitación, enfado, frustración y sentimiento general de desesperación. No somos capaces de afrontar los problemas de una forma objetiva.

Prevalece un sentimiento de temor general ante circunstancias desacostumbradas, y en el comportamiento diario aparecen con frecuencia expresiones defensivas u ofensivas. Los movimientos físicos se hacen también más rígidos; hay una pérdida gradual de la flexibilidad.

La recuperación de estos desórdenes lleva consigo unos cambios importantes en la forma de comer, así como un cambio de actitud mental. En este caso la ayuda de los profesionales es imprescindible.

Enfermedades de los órganos

Comienzan a surgir cambios estructurales a nivel de las células y los tejidos, mal funcionamiento de los órganos y manifestaciones de degeneración.

En esta categoría están la arteriosclerosis, la diabetes, los cálculos renales y biliares, algunos tipos de cáncer, la esclerosis múltiple, etc. Se hacen más evidentes una obstinación mental crónica, los prejuicios, la intolerancia y la rigidez general. También se pueden interpretar las circunstancias del entorno de una forma ilusoria.

La recuperación de este nivel de enfermedad requiere un periodo de tiempo largo, una práctica continua de una dieta adecuada, y un cambio en la forma de vida con una autorreflexión profunda.

Desórdenes nerviosos

Cuando la enfermedad sigue avanzando y ya están dañados los órganos, la tendencia degenerativa se dirige hacia los desórdenes nerviosos, comprendiendo parálisis física y enfermedades como la esquizofrenia y la paranoia. Comienza a verse la vida como algo negativo; se manifiestan con frecuencia tendencias al suicidio y a irrealidades destructivas. En esta etapa va ser muy importante, además de los cuidados de los profesionales, la ayuda de las personas del entorno.

La recuperación en este caso es más larga; se trata de recobrar la seguridad y la confianza, así como un punto de vista positivo de la vida.

Arrogancia

Una forma inadecuada de vida practicada durante años, conduce finalmente a la etapa final de la enfermedad, que se manifiesta a través de la arrogancia, el engreimiento y el desprecio por todo, aunque algunas de las etapas anteriores no hayan sido claramente experimentadas. Algunos de los síntomas comunes son la soberbia, el egoísmo, la vanidad, el autoelogio, la altivez…

La arrogancia es la última fase de la enfermedad y a la vez la causa de todas las otras incluyendo miserias e infelicidad. La cura de la arrogancia puede llevar mucho tiempo, pero puede darse instantáneamente experimentando una estimulación emocional o espiritual inesperada, generalmente como consecuencia de una gran dificultad o de un fracaso importante.

La cura de la arrogancia conduce inmediatamente a un espíritu de humildad y modestia. Restaura también el espíritu de apreciación por la vida a través del descubrimiento de la ignorancia acerca de la vida y las personas.

Cuando acontece esa transformación, se abre un nuevo camino que lleva a la práctica automática de una forma de vida en armonía con el Orden del Universo.

Aunque cada enfermedad pertenece a uno de los niveles señalados más arriba, todas están interconectadas: son las diferentes manifestaciones que se han ramificado de una raíz común: una inadecuada forma de vivir, que incluye hábitos de vida alejados del Orden Universal que se manifiesta a través de las leyes de la vida.

El desarrollo progresivo de la enfermedad I

Cuando nos diagnostican una enfermedad, muchas veces nos dicen cómo se llama y cómo se manifiesta, y existe la tendencia a confundir los síntomas con la propia enfermedad. No es común abordar las causas que nos lleva a enfermar. En este post vamos a profundizar en por qué se produce la enfermedad, para así poder aspirar a recuperar la salud más allá del consumo de fármacos.

Salud y enfermedad son dos manifestaciones del constante equilibrio a través del cual se expresa la vida.

La salud sería un estado de armonización activa con nuestro medio ambiente, un modo de disfrutar con muchas cosas y personas, una forma de constante creatividad y progreso.

La enfermedad es una condición que aparece cuando se altera ese equilibrio que es la salud; de modo que la definiremos como el intento del organismo de defenderse de las agresiones: agentes patógenos, condiciones ambientales o toxicidad interna.

Para comprender los mecanismos de la vida, en los que la salud es su máxima expresión, debemos considerar el cuerpo humano como un sistema de flujo controlado cibernéticamente. De manera que cuando penetran en el sistema sustancias tóxicas (microorganismos, contaminantes…), nuestro organismo reacciona activando sus mecanismos de defensa con la finalidad de restablecer el equilibrio de flujo alterado. Así la enfermedad sería la expresión de los mecanismos de defensa.

La enfermedad se va a instaurar de una forma progresiva conforme el flujo tanto de materia como de energía se vea alterado.  No es una condición de aparición súbita: no pasamos de estar bien hoy a estar enfermos mañana.

A continuación describimos las diferentes etapas en las que se manifiesta la enfermedad.

El mantenimiento de la salud

La excreción

El primer mecanismo que tiene nuestro organismo para mantener la salud es la capacidad de eliminación de toxinas. Para eso tenemos las vías emuntoriales:

  • a través de los intestinos eliminamos los residuos sólidos,
  • los riñones son los encargados de eliminar los líquidos y
  • nuestros pulmones eliminan los gases de la respiración.

De modo que cuando gozamos de buena salud, eliminamos de forma normal a través de la orina, las heces, el sudor, la actividad física, la expresión, las actitudes mentales… y las mujeres, además, a través de  la menstruación, el embarazo y la lactancia.

Si utilizamos la frase El cuerpo es el templo del espíritu en este contexto, podemos interpretar que el cuerpo es la casita donde vive el yo. Pues bien, si el cuerpo es nuestro hogar, los mecanismos de excreción se podrían comparar con el hecho de mantener la casa limpia después de llevar al contenedor de basura todos los residuos acumulados a lo largo del día.

La inflamación

La eliminación anormal o excesiva aparece cuando comemos inadecuadamente. Al aumentar la cantidad de residuos y/o de toxinas, nuestros órganos reaccionan inflamándose y dan lugar a fiebre, tos, diarrea, exceso de orina, sudoración, temblores, estremecimientos, pesadillas, conductas anormales…. Es muy importante interpretar la inflamación como el mecanismo de reacción que tiene nuestro cuerpo para eliminar los residuos.

De hecho antes de la aparición de los medicamentos los antinflamatorios que abortan la inflamación, los remedios populares eran expectorantes emolientes, purgantes… es decir favorecedores de la expulsión de residuos. De hecho hay expresiones populares que afirman: mocos es salud, porque lo que sale, no se queda dentro.

Si los excesos continúan y los riñones no son capaces de eliminar tanta carga tóxica, aparecen los problemas en la piel. Son manifestaciones comunes las manchas, pecas, lunares, verrugas… o el acné, dermatitis, eccema, psoriasis…

Si no corregimos nuestros hábitos alimenticios y utilizamos antiinflamatorios de forma continuada, bloquemos la reacción del cuerpo de eliminar las toxinas a través de la piel con lo que la enfermedad pasa al siguiente estadío.

La deposición

Cuando la inflamación se mantiene, y nuestra capacidad de eliminación  se colapsa, entramos en una nueva etapa que la que las toxinas se depositan almacenándose en órganos cada vez más alejados de las vías de eliminación.

Esta es la fase de acumulación o de deposición en la que se van a ver afectados cada vez más órganos del cuerpo.

Las primeras acumulaciones aparecen en la garganta, nariz, oídos y senos nasales, descendiendo poco a poco a los bronquios y los pulmones. Cuando las toxinas se alojan en el pecho dan lugar a las bronquitis y las neumonías. Otro lugar de acumulación en las mujeres son las mamas. Aquí se depositan los excesos de grasas y proteínas, dando lugar a los fibromas…

Conforme nos hacemos mayores, pueden aparecer acumulaciones de toxinas en la vesícula biliar o en los riñones: son los temidos cálculos. Los riñones pueden estar semi obstruidos por excesos de grasa o de sal.

Los órganos sexuales son también lugares de acumulación. En los hombres principalmente la próstata y en las mujeres los ovarios, el útero y las trompas.

Los depósitos de toxinas como los pólipos, nódulos, fibromas, adenomas, cálculos… se denominan benignos ya que en esta etapa del desarrollo de la enfermedad, todavía no se han dañado las estructuras celulares.

Retomando la comparación de mantener nuestro hogar limpio, esta fase representaría sacar las bolsas de basura al descansillo y no llevarlas al contenedor. En el rellano de la escalera se irían almacenando más y más bolsas, creando una condición insalubre.

Las fases celulares

Si los hábitos de vida erróneos continúan, las toxinas o los excesos van a alterar todas las estructuras de la célula, desde la membrana, pasando por las mitocondrias…  hasta el mismo núcleo celular. En esta fase aparecen las enfermedades degenerativas que son las principales causas de muerte en los países ricos.

Son manifestaciones de esta etapa las enfermedades cardiovasculares, muchas infecciones víricas, la cirrosis, el asma, el lupus y todas las formas de cáncer. Los daños estructurales que aparecen en las células en esta etapa son responsables de las alteraciones metabólicas que dan lugar a las enfermedades de peor pronóstico.

Esta visión que nos la aportan la Medicina Oriental y la Macrobiótica, es ampliamente corroborada por la Medicina Biológica occidental desarrollada por el Dr. Reckeweg.

Continúa en el post: El desarrollo progresivo de la enfermedad II

¿Qué es la Medicina? I

Si preguntamos en la calle ¿qué es la medicina? nos dirán que es la forma de curar, pero os proponemos una definición más acertada: es la ciencia dedicada al estudio de la vida, del mantenimiento y la recuperación de la salud, de las enfermedades, su prevención, diagnóstico y tratamiento.

En una primera aproximación podemos distinguir tres formas de entender la medicina:

Medicina sintomática

Es la más practicada comúnmente. Trata de eliminar los síntomas o de cambiar la condición del paciente usando los fármacos, y hay muchas personas que sólo conocen esta forma; así, para la tos hay un antitusígeno, para la fiebre un antitérmico, para el dolor un analgésico, para la inflamación un antiinflamatorio, etcétera. Da buenos resultados en situaciones puntuales, momentáneas ya que produce un alivio inmediato de los síntomas.

Medicina causal

En este caso ya nos planteamos de dónde viene la enfermedad, cuál es el origen, no sólo cómo se llama. No se trata simplemente de eliminar los síntomas sino de profundizar en la causa del desequilibrio.
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La Medicina Biológica y la Macrobiótica

Descubre cómo dos grandes sabios procedentes de culturas bien distintas confluyen en su visión de la medicina global, holística, sanadora del individuo, más allá de la medicina sintomática moderna.

El sentido profundo de la medicina como arte curativa nos llega tanto de oriente como de occidente. No deja de ser curioso cómo en el siglo XIX personas de culturas tan diferentes como la europea y la japonesa llegan a las mismas conclusiones tras una vida de observación de las leyes naturales. Nos referimos a C. W. Hufeland (1.762-1.836) y a G. Ohsawa  (1.893-1.966).                 


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Alteraciones hormonales femeninas IV

Es llamativo que no se contemple en ningún caso el peso específico que tienen la leche y los derivados lácteos en las alteraciones hormonales de las mujeres. Antes de la aparición de la industria láctea su consumo era mucho menor y la incidencia de las enfermedades que hoy son una plaga también, sólo tenemos que ver las estadísticas.

Continuación del post: Alteraciones hormonales femeninas III

Del mismo modo que tomamos demasiada carne, ha aumentado espectacularmente el consumo de leche y derivados lácteos. Pensemos que el consumo de leche en el hogar por persona y año está en 120 litros y a esto le tenemos que añadir 35 kilos de productos lácteos procesados. La leche es el alimento más consumido en nuestro país (España); está por encima del consumo de fruta, carne y hortalizas.

Ana Marie Colbin en su libro “El poder curativo de los alimentos” dice sabiamente que “En las mujeres la leche debe de salir de nuestro cuerpo, no debe de entrar en él”.

Los productos lácteos son alimentos de naturaleza fría y húmeda desde el punto de vista energético, es decir: son yin. Además, para empeorar la situación su consumo va acompañado de una elevada cantidad de azúcar añadido a alimentos refinados y procesados como la bollería industrial y toda una gama de “comestibles” light.

El balance metabólico de este grupo de alimentos es altamente acidificante, es decir, sustrae minerales de nuestra reserva alcalina. Del mismo modo oxida el medio interno y es responsable de alteraciones como el SPM, infertilidad, aborto espontáneo, amenorrea funcional y un largo etcétera que pueden desembocar en una menopausia precoz,  fibromas mamarios y el mismísimo cáncer de mama.

Paralelamente al aumento de consumo de estos dos grupos de alimentos han desaparecido de nuestra mesa casi por completo alimentos equilibradores como son los cereales integrales, legumbres y semillas. Este grupo de alimentos que representaban el 80 por ciento de las calorías ingeridas al comienzo de la era industrial tienen un profundo efecto regulador del medio interno.

Las hormonas femeninas hacen un “baile” armónico en el que cuando la producción de unas aumenta la de otras disminuye dentro de unos márgenes que permiten una vida fértil equilibrada. Un sobreconsumo de alimentos yang favorece la producción de menos estrógenos y más testosterona, situación que puede dar lugar a procesos de virilización, con hirsutismo y amenorrea por ejemplo.

Si por el contrario predomina el consumo de alimentos yin se van a elevar al prolactina y el resto de hormonas hipofisarias. En este caso, estaremos ante casos de hiperestrogenismo que dan lugar a múltiples desequilibrios con sus correspondientes alteraciones psicofísicas.

Si muchos cánceres de mama son hormono dependientes, sería más razonable enseñar a las mujeres a comer de forma equilibrada, que someterlas a una menopausia química con peligrosos inhibidores de la producción de estrógenos.

Muchos cuadros de alteración hormonal pueden resultar paradójicos ya que en todos los procesos vitales se puede contemplar la Ley del efecto inverso de Arndt-Shulz: “Las pequeñas excitaciones provocan sobre una célula un aumento o una disminución de sus funciones fisiológicas vitales en relación con la intensidad respectivamente débil o fuerte,  de dicha excitación“. Es decir pequeñas excitaciones aumentan funciones y fuertes excitaciones las disminuyen.

Es fácil comprobar como una misma sustancia puede provocar aumento o disminución de una misma acción en función de la intensidad de la dosis, en relación inversamente proporcional. De modo que debemos ser muy rigurosos a la hora de contemplar los diferentes desequilibrios.

hormonales3Tabla 3. Relación alteraciones hormonales-alimentos

En muchos casos, cuando la alimentación es excesivamente yin hay tendencia a que los ciclos sean más largos, la menstruación se vaya atrasando hasta que finalmente desaparece. Estaríamos ante una forma de amenorrea que da como consecuencia infertilidad y aparición de la menopausia precozmente.

Cuando en la dieta son predominantes las carnes y los productos lácteos, como ocurre en la actualidad muchas niñas llegan a la pubertad a los nueve años, es decir muy tempranamente y el mismo modo tiene signos de pre menopausia hacia los 36 años. Para entender estas situaciones debemos saber que en la naturaleza, la velocidad de desarrollo es inversamente proporcional a la longevidad, de modo que las mujeres cuanto más tempranamente maduran, antes envejecen.

Del mismo modo debemos tener en cuenta todos los estudios científicos que hablan de los disruptores hormonales (sustancias químicas que se han introducido en la cadena alimenticia como productos fitosanitarios y/o conservantes), que tienen un fuerte efecto estrogénico y son los causantes de numerosos desórdenes. Volvemos a recordar la importancia de consumir alimentos biológicos a la que hemos aludido anteriormente.

Igualmente no podemos dejar de recordar el efecto nefasto del tabaco sobre el equilibrio hormonal de las mujeres. Creer que el tabaco afecta sobre todo al pulmón es no ver más que una pequeña parte del problema. El tabaco está implicado además de en la menopausia precoz, en numerosos problemas de infertilidad. Entre sus efectos negativos más destacables está su altísimo efecto oxidante.

Volviendo a la consideración de nuestro medio interno como un ecosistema interior, un exceso de frío y humedad producido por un sobre consumo de alimentos yin va a provocar que nuestras hormonas se desequilibren y se manifiesten gran número de desórdenes reproductores entre lo que estaría la menopausia precoz. Aquí el clima interno no soporta bien las inundaciones y las heladas.

En el caso contrario, un sobreconsumo de alimentos yang, gracias a su naturaleza de naturaleza caliente y seca va a favorecer igualmente la menopausia con claros síntomas de sequedad vaginal, sequedad en la piel y sofocos. Nuestro clima interior no resiste el estiaje y la sequía.

Si retomamos la extrapolación macrocosmos microcosmos, observamos que lo mismo que está aconteciendo a nivel del planeta nos pasa a los seres humanos en general y a las mujeres en particular.

La menopausia representa la pérdida de la capacidad reproductora en las mujeres pero es un hecho fisiológico y no una enfermedad. Sin embargo en la actualidad se considera que debe ir necesariamente acompañada de desórdenes como: sofocos, aumento de peso, descalcificación excesiva, sequedad de piel y mucosas y un largo etcétera. Tanto es así que acuden a nuestra consulta muchas mujeres, para prepararse para lo que va a venir… Pensemos en lo absurdo de este planteamiento si a nuestras hijas a los 10 años las llevásemos al médico para prepararse a afrontar los problemas que van a tener cuando lleguen a la pubertad.

La dieta como elemento regulador

Hay unas reglas básicas para mantener un correcto equilibrio hormonal, como son:

  • No comer regularmente alimentos que se producen en el aparato reproductor de los animales ya que contienen hormonas que van a actuar inevitablemente en nuestro sistema hormonal. Recordemos que los huevos, que son alimentos demasiado yang, tienen un tropismo sobre los ovarios y los productos lácteos cuya naturaleza es excesivamente yin, se dirigen a las mamas.
  • Prescindir de los comestibles, así como de los alimentos procesados y refinados ya que son altamente oxidantes.
  • Consumir a diario alimentos integrales para asegurarnos un buen equilibrio ácido-base que además sean biológicos para garantizar el aporte suficiente de elementos antioxidantes.
  • Daremos preferencia a los alimentos equilibradores desde el punto de vista energético: todos pertenecen al reino vegetal y están en forma de semilla. Son los cereales, las legumbres, las semillas oleaginosas y los frutos secos.

Por tanto nuestra dieta será básicamente vegetariana, girando en torno a los cereales y legumbres cocinados, con verduras y/o frutas como acompañamiento y un consumo ocasional de algún alimento de origen animal.

Si hacemos una aproximación estándar contemplando siempre el volumen de los alimentos cocinados, diríamos que los cereales deben representar el 60 por ciento, las verduras y frutas el 25 por ciento y el alimento animal cuando sea necesario no será más de 15 por ciento del total de la dieta.

Estos aspectos generales deben ser ajustados en cada caso particular, sobre todo si hay síntomas de desequilibrios hormonales.

Alteraciones hormonales femeninas III

La salud es un equilibrio con el ambiente que nos rodea. Es la forma como nos relacionamos con nuestro entorno a través de lo que comemos, bebemos, respiramos, sentimos… A nivel celular es el equilibrio con el medio que rodea a las células: la matriz extracelular. Es lo que llamamos la homeostasis.

 Continuación del post: Alteraciones hormonales femeninas II

La salud: ni deficiencia ni exceso

Hay cuatro constantes físicoquímicas del medio interno que nos permiten definir la salud desde un punto de vista cuantitativo y son:

  • pH grado de acidez-alcalinidad
  • rH2 nivel de oxidación-reducción
  • ρ (resistividad) la concentración de electrolitos
  • Na/K la relación sodio-potasio

Estos cuatro aspectos nos definen las condiciones de homeostasis y son válidas tanto cuando nos referimos a la matriz extracelular como a las células.

Los dos primeros aspectos (pH y rH2) son esenciales para que tengan lugar las reacciones del metabolismo correctamente, ya que todas las reacciones mediadas por enzimas tienen lugar en unas condiciones muy concretas tanto en lo que se refiere al pH como al nivel de óxido-reducción del medio. Pensemos en que la producción de estrógenos, progesterona, etc., tiene lugar en unas condiciones fisicoquímicas determinadas.
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Alteraciones hormonales femeninas I

En la actualidad, una gran mayoría de mujeres de los países desarrollados sufre algún tipo de alteración hormonal. Es tan frecuente escuchar tengo hipotiroidismo, síndrome premenstrual, endometriosis, etc., que algunas personas lo consideran normal, cuando en realidad es un indicador importante de un estado de salud alterado.

Si echamos la vista un poco atrás, a la generación de nuestras madres y abuelas, observamos que no existía la plaga de endometriosis, infertilidad y ovarios poliquísticos que vemos cada día en la consulta.

Independientemente de los agentes causales externos, entre los que destacan el estrés y la contaminación ambiental, está presente en todos los casos una profunda transformación en los hábitos alimenticos de las últimas generaciones como explicamos a continuación.
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Hábitos alimenticios actuales y sus repercusiones en la salud I

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A lo largo de los últimos 80 años hemos asistido a un cambio enorme en lo que se refiere a nuestra forma de comer. A la vez que han cambiado nuestros hábitos alimenticios, han aparecido más de 200 enfermedades nuevas, llamadas de la civilización,  que afectan de modo particular a los habitantes de los países desarrollados.

Los cereales, que han sido la base de la alimentación de todas las civilizaciones que nos han precedido, han desaparecido de nuestra mesa a excepción del trigo y del arroz. Las legumbres que siempre se tomaban combinadas con ellos, también han caído en desuso.

En la actualidad, el consumo de pan es cinco veces menor que hace un siglo y los cereales del pasado, que eran integrales, han sido sustituidos por los refinados.

Mientras se dejan de lado los alimentos tradicionales, se introducen a diario las frutas, productos lácteos y huevos. La cantidad de carne que se come se multiplica por cinco y el del azúcar por 15. Las conservas y los alimentos procesados pasan a ocupar un papel muy importante en nuestra alimentación.
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En verano se me hinchan las piernas

Es común que en verano se nos hinchen las los tobillos y las piernas. Como el calor favorece la sed,  aumentamos la ingesta de líquidos durante los meses de verano y eso es saludable, pero si sobrepasamos la capacidad de eliminación de los riñones es muy fácil que tengamos edemas en los tobillos.

La Medicina Tradicional China, describe que los meridianos del riñón y la vejiga pasan por la parte interna y externa del tobillo respectivamente, hecho que nos permite comprender la relación en tre los riñones y los edemas en la parte baja de las piernas.


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