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El propóleo

Es una mezcla resinosa que obtienen las abejas de las yemas de los árboles para cubrir las paredes de la colmena con el fin de combatir los posibles agentes infecciosos como los hongos, las bacterias y los virus que pudieran afectarla. Es una especie de masilla selladora.

Se le atribuyen propiedades curativas como fungicida, bactericida y antiviral. También es un buen cicatrizante, analgésico y regenerador de la piel.  No obstante su utilización en humanos se debe hacer con reserva ya que algunos de los productos de la colmena son muy alergénicos y podrían producir sensibilización a medio plazo.

En su uso medicinal, como es una sustancia fuertemente yang, sube las defensas y cicatriza, es decir “cura” las heridas, no importa si se trata de un acné o una sinusitis.

El propóleo puede ser un buen remedio sintomático para trastornos de este tipo, pero en cualquier caso debemos preguntarnos acerca del origen del problema.

Si tenemos por ejemplo un catarro, debemos preguntarnos acerca de su origen y mientras lo averiguamos, el propóleo puede ser un remedio natural para uso puntual.

En el caso que nos ocupa es imprescindible prescindir de los alimentos yin porque son inmunosupresores, ya que si no lo hacemos necesitaremos tomar propóleo de forma continuada.

Una vez más abogamos por la medicina causal frente a la medicina sintomática aunque ésta emplee remedios naturales, como es el caso.

El guerrero pacífico: nuestro sistema inmune

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Hoy comparto una breve reflexión sobre la interpretación de la lucha y la determinación como cualidades para alcanzar la salud.

Los conflictos tanto entre las personas como entre los países se deberían solucionar de forma pacífica, por eso todas las guerras son una desgracia en la que no gana nadie.

Otra cosa son las cualidades guerreras constructivas que deberíamos cultivar en aras de un mundo mejor. Todos tenemos unas cualidades que nos ayudan a sentirnos vivos y a luchar por lo que creemos justo, cuando protegemos a nuestros hijos, luchamos por ellos… Tener cualidades guerreras es lo mismo que ser fuertes para afrontar las dificultades de la vida.

Todavía hoy la figura del samurái ejerce una fascinación como expresión de valentía y nobleza de carácter. Son de todos conocidas las siete virtudes del samurái: justicia, coraje, compasión, respeto, honestidad, honor y lealtad.

Las virtudes guerreras se basan más en la defensa que en el ataque y se cultivan también en las artes marciales que utilizan la autodisciplina y la fuerza mental como herramientas, no sólo en la lucha, sino en la vida diaria.

Como las leyes universales se aplican tanto al macrocosmos como al microcosmos, podemos intentar ver a nuestro sistema inmune como un guerrero pacífico que nos defiende de las agresiones externas como los microorganismos, los alérgenos, la contaminación, etc.