Si comes carne, que sea ecológica III

Hoy terminamos esta serie de post haciendo unas reflexiones acerca del consumo de carne, más allá de la salud individual.

Continuación del post “Si comes carne, que sea ecológica II”

Los alimentos ecológicos y su valor nutricional

Numerosos estudios científicos confirman que los alimentos ecológicos son superiores nutricionalmente a los de producción industrial, en más de un 25 %. Nos referimos a las proteínas, vitaminas, minerales, polifenoles y antioxidantes, etc.

La carne procedente de animales alimentados con granos y forraje de producción ecológica nos aporta un 10 % más de proteínas que la convencional y contiene entre un 20 y un 40 % menos de grasa que la de animales estabulados y alimentados de forma convencional.

En las verduras, las producidas de forma orgánica contienen un 24 % más de calcio un 19 % más de magnesio y un 7 % más de hierro que las convencionales. Podríamos decir lo mismo de las vitaminas, etc.

Hay numerosos estudios que muestran que los alimentos ecológicos son más saludables, citamos algunos antiguos para dejar constancia de que ya hace mucho tiempo que se distingue a nivel mundial entre los alimentos producidos convencionalmente y los orgánicos.

Un estudio de Nueva Zelanda en 1.940 demostró que después de dos años de alimentación ecológica en el comedor escolar, mejoró la salud dental, aumentó la resistencia a las fracturas óseas y disminuyó la incidencia de los resfriados entre los escolares.

En 1.999 la Sociedad Española de Neurología afirmó que los pesticidas de uso habitual tienen efectos semejantes a las armas químicas y contribuyen al creciente incremento de las enfermedades degenerativas del sistema nervioso.

La organización The Nutritional Cáncer Therapy Trust en 2.001 dijo que la terapia nutricional del cáncer sólo es posible con alimentos ecológicos, ya que uno de sus objetivos es evitar contaminantes y toxinas.

Más recientemente, un estudio del Centro de Investigación en Epidemiología y Estadística de la Sorbona en París concluyó que el riesgo de sufrir cáncer es un 25 % menor entre los que consumen alimentos ecológicos, de forma particular el cáncer de mama postmenopáusico y en los linfomas en general.

Promover el consumo de comida ecológica podría ser una estrategia preventiva prometedora contra el cáncer según los autores del estudio.

La carne de producción industrial y la capa de ozono

Consumir alimentos ecológicos tiene unas repercusiones muy importantes no sólo a nivel personal en lo que se refiere a la salud individual, sino además a nivel social en lo que respecta a la salud del planeta.

Si contemplamos la contribución que tiene la producción industrial de carne para consumo humano en la elevación de la tasa de CO2 atmosférico, nos sorprende comprobar que es una industria más contaminante que la mayoría.

El uso de combustibles fósiles, desde la tala indiscriminada de árboles para producir grandes extensiones de monocultivos con una agricultura mecanizada, a la producción de granjas, transporte, procesamiento y conservación de la carne… no tiene precedentes.

La cantidad de CO2 que se vierte a la atmósfera en la actualidad es impresionante y este hecho produce un aumento de la temperatura global del planeta con unas sequías prolongadas y las consiguientes inundaciones que observamos cada vez con más frecuencia.

El casquete polar ártico se ha reducido en más de un 30 % a causa del efecto invernadero. A todo este desastre contribuye de forma principal una deforestación de casi media hectárea por segundo para hacer monocultivos de soja y otras forrajeras destinadas a la alimentación del ganado.

Teniendo en cuenta esta información, la forma de comer convencional donde el alimento animal es de consumo diario y en una proporción que muchas veces es más del 50 % del volumen total ingerido es absolutamente antiecológica.

El impacto ambiental de la producción de carne bio es incomparablemente menor que el de la carne convencional, ya que respeta los ciclos reproductivos de los animales, no expolia la tierra… Una explotación de carne bio sería lo más parecido a una granja tradicional como las que hemos conocido los que hemos nacido en un medio rural.

Un paso más

Si queremos contemplar la dieta como una herramienta para cultivar la salud, debemos valorar otros aspectos además de si los alimentos son ecológicos, como son: la elección del alimento, la proporción en la que se toma y la frecuencia de consumo.

No es suficiente con cambiar el vino común por el ecológico, la charcutería industrial por el jamón bio… Con eso estamos dando un paso importante en cuanto a mayor riqueza en nutrientes y de polifenoles y otras sustancias bioactivas y menor contenido en pesticidas, pero no estamos teniendo en cuenta los otros aspectos que configurarían a los alimentos como poderosas medicinas.

Es fácil de entender que pese a que un vino sea de producción ecológica no debemos beber en exceso y que, aunque el café sea orgánico no podemos abusar de él. La carne los huevos y la leche, al ser alimentos de calidad animal deben ser consumidos con moderación. Una vez más echamos mano de una expresión coloquial que dice: no es igual comer arroz con pollo, que pollo con arroz.

Salud para todos.

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