
Hoy profundizamos en un fenómeno relativamente reciente: cada vez más parejas jóvenes tienen dificultades para concebir de forma espontánea. Como consecuencia, el recurso a técnicas de reproducción asistida, como la inseminación artificial o la fecundación in vitro, se ha convertido en una realidad cada vez más frecuente.
España es actualmente uno de los países europeos con mayor utilización de tratamientos de reproducción asistida. Se estima que los problemas de fertilidad afectan aproximadamente al 17 % de las parejas, lo que supone que cerca de un millón de personas necesitan ayuda médica para poder tener hijos.
Las causas
Según los expertos, cuatro factores principales pueden interferir en la capacidad reproductiva femenina: el exceso de peso, el tabaquismo, determinadas prácticas anticonceptivas y la edad.
Sin embargo, muchas de las mujeres que no logran quedarse embarazadas de manera espontánea no son obesas, no fuman y buscan activamente la concepción. En estos casos, la explicación suele centrarse en una única variable: la edad.
Los datos demográficos muestran que la edad media de la maternidad se ha retrasado de forma considerable. En España, las mujeres tienen su primer hijo alrededor de los 32 años y menos del 30 % de los nacimientos corresponden a madres menores de 30 años.
Desde el punto de vista médico, se considera que una pareja presenta problemas de fertilidad cuando, tras un año de relaciones sexuales sin protección, no se ha conseguido un embarazo.
Recuerdo que, en mi generación, la percepción era completamente distinta. Se nos enseñaba que mantener relaciones sexuales cerca de la ovulación prácticamente garantizaba un embarazo, hasta el punto de que muchas personas confiaban en métodos poco eficaces como la conocida «marcha atrás». La idea general era que el embarazo era algo casi inevitable cuando no existían medidas anticonceptivas.
¿La edad es realmente el problema?
Volviendo a la cuestión de la edad, algunos estudios estadísticos indican que alrededor del 7 % de las parejas experimentan infertilidad a los 30 años, porcentaje que aumenta al 11 % a los 35 años.
Sin embargo, atribuir la dificultad para concebir únicamente a la edad puede resultar una simplificación excesiva. Detrás de muchos casos existen otros factores que también influyen en la fertilidad: disminución de la reserva ovárica, síndrome de ovario poliquístico, alteraciones tiroideas, menopausia precoz, endometriosis, enfermedad inflamatoria pélvica o trastornos de las trompas de Falopio, entre otros.
En otras palabras, muchas mujeres que encuentran dificultades para concebir presentan condiciones médicas concretas que afectan a su salud reproductiva, independientemente de la edad cronológica.
¿Biología o prejuicios?
Desde una perspectiva biológica, la etapa fértil de la mujer comienza con la pubertad y finaliza con la menopausia. Si la menarquía suele producirse alrededor de los 12 años y la menopausia cerca de los 50-55 años, parece razonable pensar que una mujer de 30 años debería encontrarse todavía dentro de una etapa de plena capacidad reproductiva.
Sin embargo, durante años se ha utilizado en el ámbito médico el término «primípara añeja» para referirse a mujeres que tienen su primer hijo a partir de determinadas edades, una expresión que hoy resulta claramente cuestionable y que refleja una determinada visión cultural de la maternidad.
También es frecuente escuchar que la capacidad reproductiva femenina comienza a disminuir a partir de los 30 años, mientras que la masculina se mantiene durante muchas más décadas. Esta afirmación suele apoyarse en la idea de que las mujeres nacen con una reserva limitada de ovocitos, mientras que los hombres producen espermatozoides de forma continua a lo largo de su vida.
No obstante, la realidad es más compleja. La fertilidad masculina también puede verse afectada por numerosos factores ambientales, metabólicos y de estilo de vida. De hecho, los especialistas observan cada vez con mayor frecuencia alteraciones en la calidad seminal de hombres jóvenes que forman parte de parejas con problemas de fertilidad.
Por ello, atribuir las dificultades reproductivas exclusivamente al envejecimiento femenino puede impedir un análisis más amplio y riguroso de las causas reales que están detrás de este fenómeno.
Mirando más allá de la edad
Quizá haya llegado el momento de preguntarnos si el retraso en la maternidad es la única explicación o si existen otros factores relacionados con la salud, el estilo de vida y el entorno que están afectando a la fertilidad tanto de mujeres como de hombres.
En próximos artículos analizaremos algunas de estas posibles causas y profundizaremos en el papel que podrían desempeñar la alimentación moderna y otros factores ambientales en la pérdida de la capacidad reproductiva.
Continúa en el siguiente artículo: La pérdida de la capacidad reproductora II.