La cicatrización y la alimentación

Cuando nos hacemos una herida fruto de un traumatismo o provocada por una cirugía es importante que haya una buena cicatrización. Siempre que cura una herida, el tejido se contrae, se retrae y se seca; en este sentido, cuando hay una buena cicatrización los puntos de sutura no se abren, no hay supuración y la herida no se infecta.

Para que haya una buena cicatrización nuestro medio interno debe ser alcalino o, dicho de una forma coloquial, nuestra sangre debe estar salada.

Un sobreconsumo de alimentos yin, dulces, no favorece la cicatrización; una referencia clara la encontramos en las personas diabéticas, que tienen la sangre dulce, a las que les cuesta más curarse las heridas. En contraposición, todos sabemos lo saludable que resulta caminar por la orilla de la playa con el agua hasta las pantorrillas, y cómo contribuye este ejercicio a curar las ulceras varicosas que aparecen en las piernas.

En el lenguaje se identifica lo curado con lo salado, y no es casualidad: la sal cura.

Dependiendo del balance global de nuestra dieta, el resultado de la digestión puede ser ácido o alcalino; por eso si tenemos una herida podemos ayudar a su curación prestando atención a lo que comemos.

Si nuestra sangre debe ser salada para estar en salud, también contemplaremos que el balance de nuestra dieta sea alcalinizante. Para ello, además de consumir alimentos integrales y biológicos, dando preferencia a los cereales, podemos incluir todos los condimentos salados de la cocina oriental: el miso, el tamari, el gomasio y las ciruelas umeboshi.

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