Archivo de la etiqueta: Edulcorantes

Ni azúcar, ni sustitutos

Muchas personas, después de haber leído acerca de los efectos perjudiciales del azúcar, quieren dejarlo y buscan sustitutos. Pero igual que cuando dejamos de tomar leche de vaca, no la sustituimos por otra, con el azúcar deberíamos hacer lo mismo.

La decisión muchas veces no es fácil ya que la industria alimentaria nos ofrece alternativas supuestamente saludables como:

  • edulcorantes químicos que no engordan
  • azúcares exóticos a los que se les atribuyen múltiples bondades
  • azúcares integrales que no tienen grandes diferencias con el blanco
  • panela que aunque es un alimento tradicional, sigue siendo azúcar
  • stevia que tiene efectos adversos que no se citan
  • alcoholes extraídos de la madera de abedul tolerados por los diabéticos
  • miel de abejas que puede producir reacciones alérgicas, etc.

Aunque algunos de los productos citados tengan más vitaminas y minerales que el azúcar blanco o sus azúcares sigan una ruta metabólica que no requiere insulina, no son alternativas para utilizar a diario en ningún caso.

Debemos reconocer el sabor natural de los alimentos sin necesidad de maquillarlos. La repostería casera, aunque la elaboremos con harina integral y grasas saludables, sigue siendo repostería, es decir un comestible que está muy lejos de las frutas y verduras de sabor naturalmente dulce.

Igual que la cafeína y el alcohol, los dulces los deberíamos dejar para ocasiones especiales en lugar de engañarnos buscando sustitutos.

La mejor estrategia para dejar el azúcar es enseñar al paladar a reconocer el sabor real de los alimentos.

Los edulcorantes artificiales aumentan el apetito

Muchas personas recurren a los edulcorantes artificiales porque tienen menos calorías que el azúcar, pensando ilusoriamente que les ayudarán a bajar peso. Sin embargo, su consumo habitual despierta el apetito y aumenta la sensación de hambre. Por eso, paradójicamente, muchas personas que toman edulcorantes artificiales, en lugar de adelgazar, engordan.

Nuestras neuronas tienen asociado el sabor dulce con un alto aporte energético y, como en este caso los edulcorantes apenas contienen calorías, detectan rápidamente el engaño y desencadenan el efecto hambre.

El cerebro como sistema de compensación aumenta la necesidad de azúcar y genera la sensación de necesitar comida, hecho que nos lleva a comer más para buscar la energía que nos falta.

El escrito de hoy es un ejemplo de una ley universal que dice: todo lo que tiene cara, tiene reverso, y cuanto mayor es la cara, mayor es el reverso.

No entramos hoy en otros aspectos sobre los edulcorantes químicos, que desaconsejan su utilización por ser comestibles artificiales producidos por la industria alimentaria, pero que deben ser tenidos en cuenta en todos los casos ya que su consumo está muy extendido.

Si un alimento es tan amargo como el café y no te gusta, simplemente… ¡no lo tomes!,  pero no engañes a tu paladar añadiendo un edulcorante artificial.