Consideraciones sobre la carne de cerdo I

cerdo

No todas las carnes actúan de la misma manera en nuestra salud. Descubre lo que diferencia a la carne de cerdo de otras carnes.

La carne de cerdo no es una carne más, vamos a ver unas cuantas particularidades que la diferencian del resto ya que en nuestro país es una de las carnes más consumidas en la actualidad.

Alto contenido en grasa

Incluso la llamada carne magra de cerdo posee una enorme cantidad de grasa. En el cerdo la grasa no sólo se deposita en su panículo adiposo, es decir, debajo de la piel, dando lugar al tocino, sino que prácticamente todas las células de su organismo acumulan grasa intracelularmente, fenómeno que no ocurre en los demás animales. Podemos observar este hecho al poner un trozo de carne de cerdo en la plancha: vemos como se fríe en su propia grasa…

Una de las consecuencias más evidentes del elevado contenido en grasa es el sobrepeso que observamos en los grandes consumidores de carne de cerdo.

Las grasas saturadas y el colesterol

Las grasas de origen animal junto con el colesterol asociado, como el caso que nos ocupa, son responsables de la arteriosclerosis y la hipertensión. Estos factores favorecen alteraciones coronarias como el infarto de miocardio y alteraciones de la circulación periférica como las trombosis venosas por no citar más que las más evidentes.

Los mucopolisacáridos

La carne de cerdo contiene una elevada proporción de mucopolisacáridos en el tejido conjuntivo. Son unas sustancias mucilaginosas de carácter proteico, con alto contenido en azufre. Todos los que han comido alguna vez “manitas de cerdo” saben a qué nos referimos.

Los mucopolisacáridos absorben agua y junto con las grasas que contiene la carne, favorecen la formación de los típicos “michelines” y conforman una tipología opulenta.

Más importante aún que el problema estético de tener un tipo “Rubens” es la pérdida de resistencia de los cartílagos, los tendones y demás estructuras del tejido conjuntivo. Cuando se consume carne de cerdo regularmente los mucopolisacáridos se depositan no sólo en la grasa corporal, sino también en el tejido conjuntivo. Por eso los procesos de deterioro osteoarticular se ven acentuados por el consumo regular de la carne de cerdo, hablamos del reuma, la artrosis, los problemas discales, etc.

La disminución de la firmeza y resistencia de los cartílagos no solo la provoca el efecto esponja citado sino el alto contenido en azufre de esta sustancia. Hay estudios que muestran que la resistencia de los cartílagos es mayor cuando estos contienen menos azufre.

Como la mayoría de los mucopolisacáridos son de naturaleza proteica, favorecen el engrosamiento de la membrana basal de los capilares como muestra el estudio del profesor Lothar Wendt (Univ. De Frankfurt). Ese engrosamiento está en la base de la aparición y desarrollo de procesos tales como arteriosclerosis, diabetes y trastornos circulatorios.

 Lo mismo que el vino ecológico que es más saludable que el vino convencional, sigue teniendo alcohol, la carne de cerdo ecológica sigue teniendo grasa, mucopolisacáridos y exceso de azufre, es decir, sigue siendo cerdo.  Por eso para la recuperación de la salud, muchas veces no es suficiente con que los alimentos sean ecológicos.

Continúa en el post: “Consideraciones sobre la carne de cerdo II”

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