La anorexia sexual

Cuando hablamos de apetito en un sentido amplio nos referimos a un impulso instintivo e intenso que lleva a una persona a satisfacer sus necesidades o deseos.

Podemos tener apetito insaciable de novedades, de conquista, de destrucción, de alimentos o apetito sexual.

Hay un aspecto desconocido para muchos, que es el poder de la alimentación a la hora de regular la sexualidad.

Los alimentos, cuando los contemplamos desde el aspecto funcional del yin y el yang, explican de forma clara su comportamiento en el deseo sexual.

Los que llamamos yang como la carne, chorizo, jamón, embutidos… tienen energía calentadora y descendente, y favorecen las relaciones sexuales. Por eso, en el pasado, durante la cuaresma, los católicos se abstenían de comer carne como penitencia.  De hecho se habla de relaciones carnales para referirse a lo genital.

Por el contrario los alimentos yin como el azúcar, dulces, bollos, galletas, miel, refrescos, helados, chocolate, frutas, ensaladas… son de naturaleza enfriadora y ascendente, de modo que va a activar más los aspectos emocionales, mentales y espirituales. Son por tanto inhibidores del apetito sexual. Así muchos santos eran vegetarianos y en todas las religiones de uno u otro modo se restringe el consumo de cerdo, etc.

Como la salud es una cuestión de equilibrio, no se trata ni de tener un deseo irrefrenable donde el sexo nos tiranice, ni de vivir con una inhibición sexual tan importante que nos dificulte la relación amorosa. Recordemos que el sexo es el quicio sobre el que gira la puerta del amor.

Una vez más los cereales y las legumbres, acompañados de unas verduras y algo de alimento animal, son claves para tener una vivencia saludable del sexo.

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