Alergia por alimentos

Es de todos conocido el enorme incremento que han experimentado las enfermedades alérgicas en las últimas décadas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hacia el 2050 aproximadamente la mitad de la población mundial padecerá por lo menos un trastorno alérgico.

Las alergias representan un conjunto de alteraciones de carácter respiratorio, cutáneo o digestivo que se producen cuando el sistema inmune responde de forma exagerada frente a la presencia de sustancias ambientales que en condiciones normales no causan esas alteraciones.

¿Qué produce las alergias?

Cualquier sustancia que entre en contacto con nuestro organismo, tanto por vía digestiva, a través de la piel o de las mucosas puede producir una reacción alérgica. La alergia se manifiesta como una inflamación producida por la liberación de histamina, sobre todo a nivel de las mucosas y está causada por un debilitamiento del sistema inmune.

Teniendo en cuenta que nuestra respuesta inmunitaria tiene que ver en gran parte con lo que sucede a nivel intestinal, cuidar nuestra alimentación es la mejor manera de mejorar nuestra respuesta inmunológica.

En muchas ocasiones, la sensibilización frente a proteínas altamente inmunogénicas presentes en los alimentos o en los productos de su digestión, en lugar de producir manifestaciones alérgicas circunscritas al tracto gastrointestinal suele provocar reacciones alérgicas como urticaria, angioedema, y anafilaxia sistémica, así como dermatitis atópica y asma; es decir, manifestaciones en la piel y en las vías respiratorias.

La primera aproximación médica en estos casos es el tratamiento de los síntomas, tanto con medicamentos químicos como con remedios biológicos. Si somos capaces de averiguar el origen podemos hacer una medicina causal y conseguir la curación definitiva de la enfermedad.

El desarrollo del sistema inmune

Las reacciones alérgicas por alérgenos alimentarios son más frecuentes en los niños y muy infrecuentes en los adultos.

Vamos a ver que es durante la vida embrionaria y en la primera infancia cuando se crea el terreno que favorece las reacciones alérgicas.

A lo largo de los nueve meses de embarazo, el feto recibe los alimentos y los anticuerpos de la madre a través de la placenta.

Ya en la vida intrauterina puede haber una sobreestimulación antigénica a través de la alimentación de la madre, provocando una hipersensibilización que muchas veces se observa en los bebés recién nacidos, en forma de dermatitis atópica.

Pero incluso después del nacimiento el bebé es muy vulnerable ya que nace en una fase de desarrollo incompleta, sólo el 23 % del cerebro está desarrollado, su aparato digestivo únicamente puede digerir la leche materna y su sistema inmune no se ha desarrollado todavía.

La lactancia materna es la forma natural de proveer defensas al bebé mientras madura su sistema inmune, y la aparición de los dientes es un indicador de la maduración de los órganos internos que va a permitir la introducción de los alimentos sólidos.

Cuando el bebé ha completado la dentición de leche su sistema inmune ya ha madurado por lo que ya no sería necesaria la leche materna.

La mucosa intestinal tiene una superficie de entre 400 y 600 m2 y está formada por una capa monocelular que se reconstruye por completo cada dos días.

En los niños pequeños, esta mucosa es particularmente permeable por el grado incipiente de desarrollo y cuando no amamantamos y damos leches de fórmula, pasan a la sangre sustancias potencialmente tóxicas presentes en la luz intestinal.

Introducir alimentos sólidos cuando no hay suficiente maduración de los órganos digestivos favorece el llamado “síndrome del intestino agujereado”, es decir el aumento de la permeabilidad intestinal.

Debemos saber que la primera línea de defensa inmunitaria está en la mucosa intestinal, en segundo lugar, en el hígado y en tercer lugar en las membranas celulares de los tejidos del cuerpo.

Factores que influyen en la anormal permeabilidad de la mucosa intestinal:

  • Carencia de ácido cis-linoleico activo, es decir de ácidos grasos omega 3. Son unos nutrientes esenciales que forman parte de las membranas celulares. La leche materna es rica en omega 3 y cubre de forma adecuada las necesidades del bebé. Por el contrario, la leche de vaca maternizada debe ser suplementada, pero ignoramos si el ácido linoleico que se añade es biológicamente activo o está desnaturalizado en su forma trans.
  • El exceso de grasas saturadas en la dieta porque impiden la correcta absorción del ácido linoleico (omega 3).
  • La introducción demasiado temprana de alimentos que el bebé no puede digerir, por falta de maduración de los órganos digestivos: caseína, gluten, frutas crudas…

Factores que influyen en el debilitamiento del sistema inmune:

  • Alto poder antigénico de las proteínas lácteas y en particular de la caseína, que, al no metabolizarse correctamente, “irritan” a nuestro sistema inmunitario.
  • Alta concentración de productos químico-agroalimentarios, como nitratos, fosfatos, pesticidas, etc.
  • Alta concentración de hormonas, antibióticos y otros medicamentos suministrados a las vacas.
  • Efecto de la manipulación de la leche: pasteurización, uperización esterilización, etc.
  • Alta concentración de aditivos en forma de conservantes colorantes, antioxidantes.
  • Consumo de carne de cerdo. A causa del contenido en histamina, es responsable de favorecer la puesta en marcha de procesos inflamatorios y urticariantes, como se ha observado en el laboratorio y en clínica tales como: apendicitis, colecistopatías, flebitis, flujo vaginal o leucorrea en las mujeres, abscesos y flemones, así como enfermedades cutáneas del tipo: eczemas, dermatitis, forunculosis, urticaria, neurodermatitis y otras dermatosis.

Muchas veces, la primera carne que damos al niño es jamón de York. No sabemos qué propaganda de los años 50 nos dejó la idea de que el jamón dulce es alimento para enfermos y para niños.

A esta lista añadiríamos el efecto de fuerte estimulación antigénica de las vacunaciones, los medicamentos y de los contaminantes industriales,

Teniendo en cuenta que en la actualidad el amamantamiento ha decaído de una forma espectacular y que el consumo de productos lácteos está aumentando de una forma alarmante, entendemos que la incidencia de las alergias tanto alimenticias, respiratorias o cutáneas sea cada vez mayor.

Ahora ya podemos contemplar al alérgeno como “la gota que derrama el vaso”. De modo que, aunque el paciente tolere bien la leche o sus derivados, si es alérgico a cualquier producto: polen, níquel, ácaros, frutos secos, legumbres, pescados… es imprescindible suprimir los productos lácteos de la dieta a la vez que incluimos alimentos regeneradores de la mucosa intestinal.

La dieta antialérgica

Debemos tomar alimentos naturales sin procesar, es decir aquellos que se producen en la naturaleza, tanto en el reino animal como en el vegetal y que no han sido transformados por la industria alimentaria. Los alimentos animales no deben ser nunca más del 25 % del volumen total ingerido.

Así, excluiremos de nuestra dieta los “comestibles”: todo aquello que es elaborado, manipulado y fabricado para que pueda ser comido: embutidos, chocolate, caldos de verduras, croquetas congeladas, etc.

Debemos tomar alimentos integrales, particularmente los cereales. Cuando se refinan los cereales se pierden la mayor parte de los nutrientes esenciales como son las vitaminas, los minerales y en el caso que nos ocupa, los ácidos grasos poliinsaturadas presentes en el germen.

El trigo sin ir más lejos está reputado de ser alergénico, pero ese trigo del que se habla es la harina refinada, desprovista de todos los elementos protectores.

Debemos consumir alimentos ecológicos, porque además de tener una mayor concentración de nutrientes, están desprovistos de los peligrosos residuos de la química agroalimentaria (abonos, pesticidas…).

Curiosidades: la proporción 1/7

Hoy hablamos de cómo las matemáticas están directamente relacionadas con la salud y la evolución.

Las matemáticas son un lenguaje universal que utiliza la naturaleza para expresarse a través de sus seres y se llama proporción áurea a un número muy recurrente en algunos patrones de la naturaleza. Las distintas partes del cuerpo humano guardan esa proporción entre ellas, como las falanges de los dedos o entre la longitud y la anchura de la cabeza. Nos referiremos a ello como las Matemáticas Sagradas.

Más allá de la proporción áurea, cuando observamos la relación entre la cabeza y el cuerpo en los seres humanos, es de 1/7 y, curiosamente, en la composición de la leche materna la proporción proteínas/carbohidratos es también de aproximadamente 1/7.  Vemos una sincronía entre la forma del ser humano y su alimento exclusivo en las primeras etapas de la vida.

En el caso de las vacas la proporción entre la cabeza y el tronco es de 2/5 y la proporción proteínas/carbohidratos en su leche, también se aproxima a esa proporción. Podemos deducir de esta reflexión que la leche de vaca no es alimento para seres humanos, más bien lo es para terneros.

La naturaleza es muy sabia y todo está interconectado. Todos los patrones se repiten en los seres vivos y las matemáticas sagradas nos permiten entender la salud y la evolución.

Las intolerancias alimenticias

El número de personas con intolerancias alimenticias aumenta cada día, tanto entre los adultos como los niños. Hoy hablaremos de las causas principales que predisponen a este desorden.

Estamos ante una intolerancia alimenticia cuando una persona al consumir ciertos alimentos presenta efectos adversos sobre su salud, principalmente en forma de malestar digestivo.

Las intolerancias se diferencian de las alergias alimentarias en que sólo afectan al metabolismo, no al sistema inmune.

Uno de los alimentos que más intolerancias produce en los adultos es la leche y los derivados lácteos. Pero, hay una gran confusión cuando se habla de intolerancia a la lactosa en los adultos, ya que cuando dejamos de ser lactantes y desaparecen los dientes de leche, dejamos de producir la lactasa (enzima digestiva) de una forma progresiva, de manera que perdemos la capacidad de digerir la leche de forma natural. Luego lo normal es no tolerar la leche cuando somos adultos.

Por eso, cuando hablamos de intolerancias alimenticias nos referimos a no digerir correctamente alimentos propios de la dieta humana como el trigo, por ejemplo.

Las causas de las intolerancias alimenticias

Si una persona es intolerante a algún alimento o nutriente, es porque tiene poca fuerza digestiva y consecuentemente los alimentos le sientan mal, tiene las digestiones lentas y pesadas, los alimentos se fermentan en el tubo digestivo y le producen gases, etc.

Con frecuencia estas personas te dicen: no me baja la comida, y me ayuda mucho taparme la tripita después de comer con una manta, e incluso meterme en la cama.

Una buena fuerza digestiva es la capacidad de metabolizar los alimentos sin dificultad, algo que sucede cuando gozamos de buena salud.

El comportamiento de los alimentos más allá de los nutrientes

Los alimentos, además de tener nutrientes como lactosa, gluten, fructosa, etc., tienen la cualidad de ser enfriadores o calentadores. Este concepto es nuevo para la mayoría de los occidentales, pero es ampliamente conocido desde la antigüedad en Oriente y forma parte de la Medicina Tradicional China.

Son ejemplos de alimentos enfriadores el azúcar, dulces, bollos, galletas, miel, edulcorantes, té, chocolate, café, zumos, refrescos, helados, alcohol, especias, leche y derivados, así como las frutas.

En la actualidad el consumo de este grupo de alimentos ha aumentado de forma notable, pensemos que la leche y la fruta son dos tipos de alimentos perecederos que hasta la aparición del frigorífico no formaban parte de la dieta humana, ya que su consumo era mucho más limitado. Sin hablar de lo que representa en la actualidad el consumo de dulces, bollos y refrescos azucarados.

Hoy en día se considera saludable consumir fruta y productos lácteos a diario. Pensemos en la alimentación en la infancia en los años 50 sin frigorífico ni batidora eléctrica. Los niños de esa época no consumieron papilla de frutas a diario, ni lácteos blandos a todas horas. Tampoco en las escuelas se llevaban bolsas de “chuches” en los cumpleaños para todos los niños de la clase, y no existían los refrescos de cola, por hacer una reflexión sobre el pasado reciente.

A modo de ejemplo, en la actualidad, uno de cada cinco adultos alemanes es intolerante a la lactosa y uno de cada tres a la fructosa. Es por lo tanto muy sencillo relacionar el aumento de las personas intolerantes a alimentos y la forma moderna de comer.

Los test de intolerancias alimenticias

Como consecuencia del aumento cada día mayor de personas con intolerancias alimenticias han aparecido en el mercado numerosos test de intolerancias que te indican a qué alimentos eres intolerante para que procures evitarlos.

En principio la idea parece interesante ya que, al evitar los alimentos prohibidos, debería mejorar la digestión.

Sin embargo, la experiencia de muchas personas que se han hecho esa prueba es que aún después de evitar los alimentos a los que le ha salido intolerancia, siguen sin tener buenas digestiones. Pero lo más grave es que cuando se repiten el test años después de haber estado evitando los alimentos prohibidos, siguen siendo intolerantes a los que han evitado todo ese tiempo a otros nuevos.

Es fácil entender que cuando solamente prescindimos de aquellos alimentos a los que nos ha salido intolerancia, pero continuamos comiendo alimentos enfriadores, nuestra fuerza digestiva sigue disminuyendo progresivamente, de modo que no solucionamos el problema, más bien lo perpetuamos.

Debemos entender que los alimentos a los que se es intolerante son la consecuencia del problema, la causa es la falta de fuerza digestiva.

Muchas veces la persona mejora sensiblemente y de forma duradera cuando prescinde de los alimentos enfriadores tanto a los que es intolerante, como a los que no lo es.

En casos más complicados es necesario el asesoramiento de un profesional en nutrición energética para hacer los ajustes necesarios para la recuperación del desorden.

Las fresas y los pesticidas

Detrás de una fruta deliciosa se esconden numerosos productos químicos que no aparecen enumerados en el envase. Aprende más sobre las fresas.

El 95 % de las fresas españolas contiene pesticidas, según unos análisis realizados por Fytolab, un laboratorio acreditado con sede en Bélgica especializado en el análisis de pesticidas en los alimentos. El estudio analizó 23 muestras de fresas de Huelva que es donde se produce el 95 % de las fresas españolas.

Además, en 18 de las 23 muestras analizadas se encontraron unos pesticidas conocidos como disruptores endocrinos, es decir, sustancias que pueden alterar el sistema hormonal humano y que están relacionadas con enfermedades crónicas como: problemas de fertilidad, cánceres de tipo hormonal (de mama, de próstata, de testículo), daños cerebrales, obesidad o diabetes. De los 93 pesticidas detectados en las fresas, 26 son disruptores endocrinos

Estamos hablando de una fruta de consumo generalizado, incluso entre los niños. Por tanto, existe una exposición más que significativa de la población a estas sustancias. Recordemos además que niños y mujeres embarazadas son poblaciones especialmente vulnerables a los efectos de los disruptores endocrinos incluso a dosis muy bajas.

Para comer fresas de forma segura debemos comprobar siempre que sean de cultivo ecológico.

El cuerpo, templo del espíritu

Hoy compartimos una breve reflexión que te ayudará a sentirte más feliz cada día.

Un pasaje de la Biblia dice que el cuerpo es el templo del Espíritu Santo, pero no vamos a entrar en el sentido del escrito de los Corintios. Como somos materia y energía, podemos hacer una metáfora partiendo de esa frase, en la que el yo es el espíritu y el cuerpo es la casa.

Ahora la frase “el cuerpo es el templo del espíritu” en un sentido literal podría ser “el cuerpo es la casita donde vivo yo”. Interpretando la frase al pie de la letra, para vivir feliz, en plenitud, la casita debe estar limpia, ordenada y llena de luz. Pero, si tenemos los pulmones llenos de nicotina, alquitrán y flemas; el hígado empantanado por la cafeína, el alcohol y las grasas y los intestinos llenos de cadáveres en putrefacción, con toda seguridad, ¡Ahí no hay quien viva!

Para que el ser viva feliz, debe poder andar por el cuerpo como si de una casa se tratase y recrearse en la luz que entra por las ventanas, en el orden del mobiliario, en la armonía de la decoración, etc.

Nos debemos querer un poco y limpiar la casita, nuestro ser nos lo agradecerá y será considerado, apacible, servicial… y feliz.

Croquetas de garbanzos

Una forma de comer legumbres un poco más laboriosa que los garbanzos de siempre, pero más divertida. Útil sobre todo si tenemos niños o en personas que necesitan dar variedad a sus platos.

Ingredientes:

Lavamos bien los garbanzos y los ponemos en remojo con agua filtrada o embotellada la noche anterior. Descartamos el agua del remojo, los enjuagamos y los cocinamos en la olla a presión con agua filtrada o embotellada y sin sal.

Cuando la olla alcanza el punto de presión, bajamos el fuego al mínimo y mantenemos la cocción unos 40 minutos.  Una vez cocidos retiramos el caldo para su uso posterior como fondo de sopa, o para hervir unas verduras, etc.

Mientras se cuecen los garbanzos, cortamos la cebolla en dados muy pequeños y la saltemos en una sartén con un poco de aceite y sal marina.

Trituramos los garbanzos aplastándolos con un tenedor de forma que nos quede una pasta. Los añadimos al sofrito de la cebolla junto con una pequeña cantidad de copos de avena para que la masa sea más manejable. Sazonamos con un poco de tamari y mantenemos el fuego bajo unos cinco minutos. Dejamos enfriar un poco la masa.

Damos forma a las croquetas y las pasamos por las semillas de sésamo a modo de «pan rallado». Las podemos freír en abundante aceite y al sacarlas de la sartén las colocaremos sobre un papel absorbente, o meterlas al horno a gratinar, según el gusto.

En ambos casos las tomaremos calientes con unas gotitas de tamari por encima y acompañadas de algunas verduras escaldadas o unas zanahorias ralladas con unas hojitas de endivias.

Las causas de las alergias

Para muchos primavera equivale a brote alérgico o exacerbación de la alergia perenne. Por eso retomamos el post anterior con informaciones útiles tanto en la prevención como en la curación de las alergias de cualquier tipo.

Continiación del post:  Las alergias primaverales

Pensemos que cualquier sustancia que entre en contacto con nuestro organismo, tanto a través de la piel como de las mucosas puede producir una reacción alérgica.

La manifestación alérgica conlleva una inflamación que se produce por la liberación de histamina, sobre todo a nivel de la piel y las mucosas, y por la depresión del sistema inmune. Luego además de aislar al alérgeno potencial, debemos evaluar la condición del sistema inmunitario.

El desarrollo del sistema inmune

Durante el embarazo, puede haber una sobreestimulación antigénica a través de la alimentación de la madre, lo que provoca la hipersensibilización que muchas veces se observa en los bebés recién nacidos: la dermatitis atópica. Pero incluso después del nacimiento, el bebé es muy vulnerable ya que nace en un estadio de desarrollo muy temprano; sólo está desarrollado el 23 % del cerebro y su aparato digestivo únicamente puede digerir la leche materna.

En la vida embrionaria y en la primera infancia es cuando se crea el terreno que favorece las reacciones alérgicas. A lo largo de los nueve meses de embarazo el feto recibe los alimentos y los anticuerpos de la madre a través de la placenta. Los primeros años de vida son determinantes ya que la maduración del sistema inmune del bebé no se completa hasta que han terminado de aparecer los dientes de leche.

Para prevenir la aparición de las alergias futuras a la hora de introducir los alimentos sólidos, deberíamos contemplar la aparición de los dientes -que nos indica la maduración de los órganos digestivos- en lugar de hacerlo desde la edad como hace la pediatría clásica.

La mucosa intestinal abarca una superficie de entre 400 y 600 m2 y está formada por una capa monocelular que se reconstruye por completo cada dos días. En los niños pequeños esta mucosa es particularmente permeable por el grado incipiente de desarrollo y cuando no amamantamos, introducimos alimentos sólidos antes de tiempo y damos leches de fórmula, pasan a la sangre sustancias potencialmente alergénicas sin digerir, presentes en la luz intestinal.

Es prioritario comprender el proceso de maduración digestiva en el primer año de vida para programar la introducción de alimentos sólidos, porque la primera línea de defensa inmunitaria está en la mucosa intestinal.

La hiperpermeabilidad de la mucosa intestinal

Entre los factores que influyen en la anormal permeabilidad de la mucosa intestinal podemos destacar:

  • Carencia de ácido cis-linoleico omega 3. Este es un nutriente esencial que forma parte de la doble capa de fosfolípidos estructurales de las membranas celulares. La leche materna cubre de forma adecuada las necesidades del bebé. Sin embargo, la leche de vaca maternizada debe ser suplementada con este nutriente, pero ignoramos si el ácido linoleico que contienen las llamadas leches de fórmula convencionales es biológicamente activo o si está desnaturalizado en su forma trans.
  • La leche de vaca maternizada es suplementada con este nutriente, pero ignoramos si el ácido linoleico que contienen las llamadas leches maternizadas convencionales es biológicamente activo o si está desnaturalizado en su forma trans.
  • Exceso de grasas saturadas en la dieta. Las llamadas «grasas duras» impiden la correcta absorción del ácido linoleico. La leche de vaca es rica en grasas saturadas y aunque se desnata y se le añade omega 3 para hacerla lo más semejante a la leche materna, el resultado es bastante diferente.
  • Introducción demasiado temprana de alimentos sólidos. Mientras el bebé no tiene dientes no puede digerir alimentos sólidos por falta de maduración de los órganos digestivos, no importa que los alimentos estén triturados. Nos referimos al gluten, frutas crudas, carne, etc. Tampoco tiene capacidad para digerir la caseína de la leche de vaca.

Estas prácticas comunes en fase pediátrica hacen que desde esta etapa temprana del desarrollo aparezca el síndrome de la hiperpermeabilidad intestinal también conocido como síndrome del intestino agujereado.

El debilitamiento del sistema inmune

A continuación, enumeramos los aspectos determinantes en el debilitamiento del sistema inmune que producen la leche de vaca y la carne de cerdo:

  • El alto poder antigénico de las proteínas lácteas y en particular de la caseína, que, al no metabolizarse correctamente, «irritan» a nuestro sistema inmunitario. Este aspecto es el más importante y el más ignorado por la clase médica y está en la base de todas las manifestaciones alérgicas.
  • Las altas concentraciones de productos químico-agroalimentarios, tanto en la producción de alimentos como en su elaboración: nitratos, fosfatos, pesticidas, conservantes, antioxidantes, etc.
  • Las leches para consumo humano contienen cantidades importantes de hormonas, antibióticos y otros medicamentos suministrados a las vacas permitidos por la legislación.
  • El efecto de la manipulación de la leche para su posterior consumo como la pasteurización, uperización, esterilización, liofilización, etc. desnaturaliza un alimento que ya en sí mismo no es adecuado para el consumo humano, con lo que la situación empeora aún más.
  • El consumo de carne de cerdo. A causa del contenido en histamina y cuerpos imidazólicos, es responsable de favorecer la puesta en marcha de procesos inflamatorios y urticariantes como se ha observado en el laboratorio y en la clínica tales como: apendicitis, colecistopatías, flebitis, flujo vaginal o leucorrea (en mujeres), abscesos y flemones, así como enfermedades cutáneas del tipo: eczemas, dermatitis, forunculosis, urticaria, neurodermatitis y otras dermatosis. Muchas veces, la primera carne que damos al niño es jamón de York. No sabemos qué publicidad de los años 50 nos dejó la idea de que el jamón dulce es alimento para niños y para enfermos.

A esta lista añadiríamos el efecto de fuerte estimulación antigénica de las vacunaciones, los medicamentos, los contaminantes industriales, etc.

Teniendo en cuenta que en la actualidad el amamantamiento ha decaído de una forma espectacular y que el consumo de productos lácteos está aumentando de un modo alarmante en todas las etapas de la vida, entendemos que la incidencia de las alergias sea cada vez mayor, tanto en niños como en adultos. En la actualidad, la leche es el alimento más consumido en el hogar, cosa impensable hace dos generaciones, cuando no existían ni la refrigeración ni la industrialización de la producción láctea.

Una vez que hemos descrito los alimentos y contaminantes más perjudiciales para los alérgicos, debemos abordar qué tipo de alimentación recomendaríamos al paciente.

Fortaleciendo el sistema inmune

Ofrecemos unas pautas generales para iniciarse en una forma de comer que permite reforzar el sistema inmunitario y mejorar la salud.

  • Excluiremos de nuestra dieta los «comestibles» también conocidos como alimentos ultraprocesados: todo aquello que es elaborado, manipulado y fabricado para que pueda ser comido, embutidos, chocolate, caldos de verduras, croquetas congeladas, etcétera.
  • Evitaremos de forma particular, la leche y los derivados lácteos en todos los casos, aunque tengamos buena tolerancia digestiva y los alérgenos que nos afectan sean ambientales o químicos.
  • Prescindiremos de la carne de cerdo y cualquier alimento elaborado que lleve carne de cerdo, como embutidos, jamón, etc.
  • Debemos tomar alimentos naturales, es decir, aquellos que se producen en la naturaleza, tanto en el reino animal como en el vegetal, lo menos transformados posible.
  • Tomaremos alimentos integrales, particularmente los cereales. Cuando se refinan los cereales se pierden la mayor parte de los nutrientes esenciales como son las vitaminas, los minerales y en el caso que nos ocupa, los ácidos grasos poliinsaturados presentes en el germen.
  • Todos los alimentos que consumamos deben ser ecológicos, porque además de tener una mayor concentración de nutrientes están desprovistos de los peligrosos residuos de la química agroalimentaria (abonos, pesticidas, etc.).
  • Los cereales integrales representarán al menos el 50 % del volumen total ingerido, las verduras y o las frutas el 25% y el resto correspondería a las legumbres y/o el pescado.

Como todas las manifestaciones alérgicas cursan con inflamación, es muy importante incluir formas de cocción largas con fuego lento y una proporción generosa de arroz integral. Seremos moderados en el consumo de líquidos y prepararemos los platos más sazonados que sosos.

Estas pautas generales pueden ser suficientes para experimentar una mejoría sustancial de las manifestaciones alérgicas.