El sangrado de las encías

La gingivitis es una inflamación que aparece en las encías pudiendo producir sangrado cuando nos cepillamos. La causa más común se debe a los restos de alimentos que se quedan entre los dientes, cuando nuestra higiene dental no es buena.

En muchos casos, va acompañada de una periodontitis: infección bacteriana comúnmente llamada piorrea, donde se compromete la inserción de los dientes, la encía se retrae y puede llegar a dejar al diente sin soporte óseo, pudiendo provocar la pérdida de este.

La solución que se nos brinda desde la odontología pasa por el cepillado correcto y la toma de antibióticos para combatir la infección. Dos recursos, que como muchos sabéis, no son suficientes.

Si abordamos el problema desde la visión holística, debemos corregir el terreno que favorece las inflamaciones y las infecciones. Para ello debemos contemplar es aspecto funcional yin/yang de los alimentos que determina su comportamiento en el cuerpo.

Los alimentos yin debilitan al sistema inmune y favorecen las inflamaciones. Hablamos de azúcar, leche y derivados lácteos, café, chocolate, etc. Igualmente son yin los alimentos ácidos como el vinagre y el limón.

Cuando nos sangran las encías debemos evitar ese grupo de alimentos y hacer un cambio de hábitos alimenticios importante, que pasa por la inclusión de los cereales integrales, legumbres y verduras, como alimentos de consumo diario.

Es conveniente incluir además unos poderosos alimentos/medicamento como son: el miso, el gomasio, el tamari y la ciruela umeboshi que nos ayudarán subir las defensas y a corregir la acidosis del terreno.

Para completar el tratamiento, podemos utilizar una pasta dental salina, y por supuesto practicar una correcta higiene dental.

Alteraciones hormonales femeninas I

En la actualidad, una gran mayoría de mujeres de los países desarrollados sufre algún tipo de alteración hormonal. Es tan frecuente escuchar tengo hipotiroidismo, síndrome premenstrual, endometriosis, etc., que algunas personas lo consideran normal, cuando en realidad es un indicador importante de un estado de salud alterado.

Si echamos la vista un poco atrás, a la generación de nuestras madres y abuelas, observamos que no existía la plaga de endometriosis, infertilidad y ovarios poliquísticos que vemos cada día en la consulta.

Independientemente de los agentes causales externos, entre los que destacan el estrés y la contaminación ambiental, está presente en todos los casos una profunda transformación en los hábitos alimenticos de las últimas generaciones como explicamos a continuación.
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Ni azúcar, ni sustitutos

Muchas personas, después de haber leído acerca de los efectos perjudiciales del azúcar, quieren dejarlo y buscan sustitutos. Pero igual que cuando dejamos de tomar leche de vaca, no la sustituimos por otra, con el azúcar deberíamos hacer lo mismo.

La decisión muchas veces no es fácil ya que la industria alimentaria nos ofrece alternativas supuestamente saludables como:

  • edulcorantes químicos que no engordan
  • azúcares exóticos a los que se les atribuyen múltiples bondades
  • azúcares integrales que no tienen grandes diferencias con el blanco
  • panela que aunque es un alimento tradicional, sigue siendo azúcar
  • stevia que tiene efectos adversos que no se citan
  • alcoholes extraídos de la madera de abedul tolerados por los diabéticos
  • miel de abejas que puede producir reacciones alérgicas, etc.

Aunque algunos de los productos citados tengan más vitaminas y minerales que el azúcar blanco o sus azúcares sigan una ruta metabólica que no requiere insulina, no son alternativas para utilizar a diario en ningún caso.

Debemos reconocer el sabor natural de los alimentos sin necesidad de maquillarlos. La repostería casera, aunque la elaboremos con harina integral y grasas saludables, sigue siendo repostería, es decir un comestible que está muy lejos de las frutas y verduras de sabor naturalmente dulce.

Igual que la cafeína y el alcohol, los dulces los deberíamos dejar para ocasiones especiales en lugar de engañarnos buscando sustitutos.

La mejor estrategia para dejar el azúcar es enseñar al paladar a reconocer el sabor real de los alimentos.

Arroz con maíz dulce

Hoy os proponemos una receta sencilla para ir experimentando con los cereales como alternativa a los menús tipo “lechuga y pechuga”. ¡Buen apetito!

Ingredientes:

Lavamos el arroz en varias aguas y lo escurrimos en un colador. Del mismo modo, lavamos el alga kombu bajo el grifo. Ponemos en remojo el arroz y el alga con 6 boles de agua filtrada o embotellada durante 3 horas.  Cortamos la cebolla en dados y la salteamos en la sartén dos minutos a fuego vivo.

Escurrimos el arroz, reservamos el agua de remojo y lo añadimos  a la sartén lo rehogamos, incorporamos el maíz, el alga y a continuación, el agua que habíamos reservado. Lo llevamos a ebullición y añadimos las aceitunas. Ponemos la tapa y cocemos a fuego suave una hora y media. Ya en la mesa, lo decoramos con el perejil picado.

¿Por qué consumir cereales integrales?

Hoy hacemos una breve descripción sobre los cereales integrales, unos alimentos poco conocidos para algunos, que son la alternativa a la alimentación desnaturalizada actual.

Los cereales integrales son el alimento mejor adaptado a los seres humanos. Esta familia botánica está al final de la escala evolutiva en el reino vegetal, lo mismo que el ser humano lo está dentro del reino animal, es decir: son plantas muy evolucionadas.

Es fácil entender que contienen un equilibrio nutricional que se adapta perfectamente a nuestras necesidades, de modo que deben ser la base de todos nuestros menús si queremos gozar de una salud óptima.

Representan la forma más natural de regular el tránsito intestinal gracias a su riqueza en fibra  ya que no tienen efecto irritante sobre la mucosa intestinal como ocurre con algunos laxantes.

Si estamos enfermos, usaremos sobre todo los cereales en forma de grano entero, ya que los copos, sémolas y harinas al estar parcialmente oxidados  nos aportan peor calidad de nutrientes.
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El polen de abeja

Hoy comparto con vosotr@s una información valiosa sobre el polen, suplemento nutricional que muchas veces está sobrevalorado.

Los granos de polen son las células masculinas del aparato reproductor de las plantas que están en los estambres de las flores.

Las abejas melíferas cuando vuelan de flor en flor para alimentarse del néctar, “recogen” el polen en una especie de cestas que tienen en las patas: las corbículas. Cuando llegan a la colmena lo almacenan en los panales; es un alimento básico para las larvas de las abejas. La mayoría de los animales no pueden alimentarse del polen porque carecen de las enzimas que permiten su digestión.

Es otro alimento milagro que se publicita como saludable; su composición es variable ya que depende del tipo de planta que se haya recolectado. Se nos dice que al ser una célula reproductora contiene todos los componentes esenciales para la vida, algo incierto ya que para eso ocurra necesita al óvulo.

Se nos vende como indicada para mejorar las migrañas, la diabetes, los resfriados, etc., sin advertir que puede producir reacciones anafilácticas graves.

La doctora Amanda Jagdis, de la Universidad de la Columbia Británica, y el doctor Gordon Sussman, del Hospital de St. Michael y la Universidad de Toronto, (Canadá) afirman que “La anafilaxia asociada al consumo de polen de abeja ha sido reportada en la literatura médica, pero muchas personas no son conscientes de este peligro potencial”.

Las reacciones anafilácticas después de la ingestión de polen de abeja han sido reportadas en personas sin antecedentes de alergias, o sólo con alergias estacionales. En un estudio griego, en el que los participantes se sometieron a pruebas de la piel para medir la reacción al polen de abeja, el 73 por ciento mostró reacciones positivas a la prueba cutánea, ante uno o más tipos de extractos de polen de abejas.

Crema de arroz

La crema de arroz es una de las formas menos conocidas de consumir este precioso alimento. Se puede tomar como desayuno, en etapas de convalecencia, cuando hay debilidad digestiva, etc. Descubre lo deliciosa que está en el paladar.

Ingredientes:


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Paella de arroz integral

Una alternativa a la paella tradicional, con mayor valor nutricional y más sabrosa. Las diferencias las marcan el arroz integral frente al blanco, así como la calidad bio de los ingredientes.

Ingredientes:

  • 100 gramos de apio en dados
  • 100 gramos de zanahoria en cubos
  • Una cebolla grande en dados
  • 200 gramos de calamares
  • 750 gramos de mejillones
  • 200 gramos de gambas
  • Un limón
  • Tres boles de arroz integral
  • Una tira de alga kombu
  • Una hebras de azafrán
  • Una cucharadita de sal marina
  • Tres cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra
  • Agua filtrada o embotellada

Ponemos en remojo el alga kombu con agua filtrada o embotellada la noche anterior.

Lavamos el arroz en varias aguas y lo escurrimos en un colador. Lavamos los calamares y los cortamos en anillas. Ponemos el arroz y el alga en una cazuela con seis boles de agua, (en la que incluiremos la del remojo del alga). Añadimos el azafrán y sal marina.

Llevamos a ebullición y cocinamos cuarenta y cinco minutos a fuego lento con tapa. Mientras se cuece el arroz, salteamos el apio, las zanahorias, las cebollas y los calamares en la paellera con una pizca de sal marina con dos cucharadas soperas de aceite de oliva.

Entre tanto, cocemos mejillones en agua con un poco de sal marina y los añadimos a la paellera. En una sartén sofreímos las gambas en una cucharada sopera de aceite de oliva y las reservamos  para adornar.

Cuando el arroz está casi cocido separamos el alga que reservaremos para otro uso y lo añadimos a la paellera, lo mezclamos con el resto de los ingredientes y mantenemos  la cocción unos 10 minutos más.

Decoramos con las gambas y el limón.

El aceite de palma

El aceite de palma, en los últimos meses, está en la boca de todos. La alarma creada en torno a su efecto nocivo es de tal magnitud, que varias cadenas de supermercados van a prescindir de este tipo de aceite en sus productos de marca blanca.

Es un ingrediente que está presente exclusivamente en los alimentos procesados, escondido bajo el nombre de grasas vegetales, aceite vegetal o estearina.

Existe la idea de que las grasas vegetales son buenas y las animales malas, por eso el etiquetado grasa vegetal no nos produce inquietud, sino más bien lo contrario. Las primeras se componen de ácidos grasos insaturados, que son esenciales, y las segundas contienen elevadas cantidades de ácidos grasos saturados, que son los que favorecen los problemas cardiovasculares.

Pero en este caso, a pesar de que la palma es un vegetal, su aceite tiene una elevada cantidad de ácido palmítico que es altamente saturado. Esto por sí sólo ya nos debería disuadir de consumirlo, pero a este hecho se suman las altas temperaturas que se utilizan para refinarlo que producen sustancias potencialmente cancerígenas y las que se utilizan durante la elaboración de las galletas, pastelitos, chips, etc., que lo contienen.

Ahora se está demonizando al aceite de palma, como ya se ha hecho en el pasado con el azúcar. Pero la mejor garantía de salud es dejar de pensar en los nutrientes y redescubrir lo verdaderos alimentos, los que no llevan etiqueta: los cereales, las legumbres, las verduras y frutas, las semillas, etc., es decir: los que no están procesados por la industria alimentaria.