Alimentos: algo más que nutrientes I

En occidente consideramos a los alimentos como una suma ordenada de nutrientes y al contemplar solo ese aspecto no podemos manejarlos como poderosas herramientas en el mantenimiento y la recuperación de la salud, como veremos a continuación.

Suelo explicar en mis cursos, que la composición química es algo así como el nombre de los alimentos y sus características energéticas, serían los apellidos. Podemos ver los “apellidos” de los alimentos según su origen:

Alimento natural

Es aquel que ofrece la naturaleza en cada lugar y en cada estación. Hablamos de biocompatibilidad del alimento natural con nosotros mismos al referirnos a su correcta utilización por nuestro organismo. Hoy se sabe científicamente que la vitamina C natural procedente de las frutas y verduras frescas se absorbe mejor que la vitamina C de síntesis. Aunque el ser humano en la actualidad ha sido capaz de emular la naturaleza fabricando compuestos artificiales que, químicamente son idénticos a los que produce la naturaleza, debemos saber que bioenergéticamente no son lo mismo. Nuestro organismo no reconoce como suyos o propios a los productos que no son naturales y por tanto los reconoce como extraños. Para un correcto mantenimiento de la salud debemos tomar alimentos naturales, que serán de origen animal y/o vegetal. El único mineral que incluimos en la dieta en forma inorgánica es la sal, que se vegetaliza durante la cocción. Así pues descartaremos de nuestra alimentación cualquier alimento que lleve conservantes, espesantes, antioxidantes, vitaminas de síntesis, etc. porque son sustancias artificiales añadidas. Igualmente, eliminaremos de nuestra vida los refrescos, que son un cóctel químico y no contienen ningún ingrediente natural.

Alimento Biológico

Desde que el ser humano inventa la agricultura hasta prácticamente comienzos del siglo XX, el abonado ha sido siempre estiércol, es decir, orgánico, natural. Paralelamente a la mecanización de la agricultura se desarrollan los abonos químicos. Este “invento” supone un aumento considerable en la producción de alimentos y desde hace cincuenta años se usan de una forma masiva los conocidos nitratos. Esto significa que se añaden sustancias químicas a los suelos, concretamente nitrógeno, fósforo y azufre con la finalidad de obtener mayores cosechas.

¿Qué efecto tiene este hecho sobre la producción de alimentos?:

  • Disminuye el contenido en magnesio.
  • Aumenta desproporcionadamente el contenido en potasio, lo que lleva a una fuerte retención de agua. Así pues, concluiremos diciendo que un alimento natural cultivado con abonos químicos contiene menos elementos nutritivos y más agua. Se obtienen por ejemplo tomates más grandes pero más insípidos. Por eso debemos elegir alimentos cultivados con abonos orgánicos, naturales como el estiércol o el compost. Los alimentos producidos sin adición de abonos químicos se llaman biológicos y van acompañados de sus correspondientes avales de garantía.

Alimento Integral

Tradicionalmente los alimentos se han consumido integrales, es decir enteros o completos, solamente se desperdiciaban aquellas partes demasiado fibrosas, indigestas o duras en el caso de los vegetales. Por eso se pelan las naranjas o se cascan las nueces, por ejemplo. En el caso de los alimentos animales también se utilizaban todas las partes, vísceras, sangre, huesos, etc. Cuando como consecuencia de la mecanización de la agricultura y la incorporación de los abonos químicos comienza a haber excedentes y se empiezan a refinar los alimentos, consiguientemente se empiezan a desperdiciar elementos vitales.

¿Qué ocurre al refinar el trigo para hacer el pan blanco y al refinar el arroz?

  • Disminuye la cantidad de minerales, oligoelementos y vitaminas.
  • Desaparece la fibra esencial para un buen funcionamiento intestinal.
  • Desaparecen los ácidos grasos esenciales presentes en el germen.
  • Desaparece la energía vital o capacidad de germinación.

El refinado de los cereales nos deja un producto muerto y desequilibrado nutricionalmente. Hoy se sabe que la alimentación refinada es carencial y por eso se recurre a añadir o suplementar con vitaminas, calcio, magnesio, etc. No olvidemos que los suplementos suelen ser de síntesis y por lo tanto artificiales y no biocompatibles. No tiene sentido atiborrarse de pan blanco y azúcar y luego tomar suplementos de vitaminas y calcio. Si gozamos de buena salud es suficiente con que nuestros alimentos sean naturales, biológicos e integrales. Siempre que sea posible deben poder crecer en nuestra zona climática o proceder de un clima de iguales características que el nuestro. Nuestra dieta debe ser básicamente vegetariana, girando en torno a los cereales integrales y las legumbres y verduras. Estas últimas las tomaremos 2/3 cocinadas y 1/3 crudas. Las frutas y los alimentos animales serán platos ocasionales de acompañamiento. Los productos lácteos y la miel, como alimentos diseñados por la naturaleza para el desarrollo de un tipo de animal específico, serán considerados como un lujo. Si nuestra salud no es óptima, el alimento, además de natural, biológico e integral, deberá ser terapéutico.

Alimento terapéutico

Es aquel que tiende a restablecer el desequilibrio energético que ha producido la enfermedad. En la actualidad no se considera que los alimentos tengan efecto medicinal y es porque sólo se tienen en cuenta los aspectos de composición cuantitativa y no los bioenergéticos que veremos en la segunda parte.

Ya Hipócrates, considerado como el padre de la medicina, decía: “No le des al cuerpo por dos bocas, que tu alimento sea tu medicina y que tu medicina sea tu alimento”.

Continúa en el post:  “Alimentos: algo más que nutrientes II”

 

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