Salud

Abordo todos los aspectos que determinan la salud. Escribo sobre Macrobiótica: una auténtica Escuela del Arte de Vivir como camino hacia la salud y la longevidad. Es una práctica universal que abarca una comprensión globalizadora de la relación del ser humano con su entorno, donde la alimentación es el principal aspecto de esa relación. Desarrollo temas relacionados con la comprensión del yin y el yang y su aplicación a la forma de comer, de sentir, de pensar, de recuperarnos de la enfermedad; en definitiva de encontrar el equilibrio de nuestra condición personal.

El horno microondas

Después de nuestra reciente publicación sobre La importancia del tipo de fuego en la cocina no podemos dejar de hablar de la cocina con microondas.

¿Cómo funciona un horno microondas?

Las microondas son una forma de energía electromagnética, similar a las ondas de luz o de radio. Se utilizan para emitir señales telefónicas de larga distancia, programas de televisión, información de ordenadores tanto en la tierra como en el espacio…

Cada horno microondas contiene un magnetrón, es decir un tubo en el cual los electrones son afectados por campos eléctricos y magnéticos de tal forma que se produce una emisión de ondas electromagnéticas que interactúa con las moléculas del alimento.

En los modelos comerciales, el horno tiene una potencia de entrada de alrededor de 1.000 vatios de corriente alterna. Cuando las microondas generadas desde el magnetrón bombardean a los alimentos, hacen que las moléculas del agua que contienen cambien su polaridad varios millones de veces por segundo. Y es precisamente la agitación que crea esa fricción molecular la que calienta los alimentos.

De todas las moléculas que son polares, el oxígeno de la molécula del agua es la que reacciona con más facilidad. Así es como se genera el calor al cocinar en el microondas, por fricción violenta de las moléculas de agua.

La propagación de la energía con ondas electromagnéticas es una forma de radiación, por lo que al calentar los alimentos en el horno microondas los estamos radiando.

Pensemos que entre las precauciones de su utilización los fabricantes nos insisten en el cuidado de que la puerta está bien cerrada para que no haya fugas ya que una emisión de baja intensidad de ondas electromagnéticas es especialmente peligrosa si el órgano sobre el que incide es el cristalino del ojo, ya que puede producir cataratas. Es igualmente peligroso para aquellas personas que llevan marcapasos, ya que se puede provocar alteraciones en la frecuencia de estos aparatos cardíacos.

Cualquier fuga de estas ondas supone una exposición miles de veces superior a la que estamos acostumbrados en la naturaleza, luego ya podemos intuir cómo afectarán esas radiaciones a los alimentos.

La intuición de nuestros mayores

Algunas personas mayores se mostraron muy recelosas ante la aparición de un horno que calienta los alimentos de “dentro a fuera”, es decir: el calor se genera dentro del alimento por fricción molecular, no hay una fuente de calor externa (leña, carbón, gas) como ha existido desde la invención del fuego.  La cocción por microondas comienza dentro de las células y de las moléculas donde hay agua, y es ahí donde la energía se transforma en calor por fricción.

En otros casos la intuición les permitía hacer afirmaciones como la siguiente: si asar un besugo en el horno tradicional cuesta 20 minutos y el microondas lo hace en un minuto, “algo debe tener”. Esa expresión es producto de la comprensión de una ley universal que dice: “todo lo que tiene cara, tiene reverso, y cuanto mayor es la cara, mayor el reverso. Toda “ventaja” conlleva aparejada una “desventaja” de la misma magnitud. Al considerar la rapidez con la que calienta, tener en cuenta que “la velocidad mata”.

Estudios sobre los efectos nocivos de los hornos microondas sobre la salud

Existe una amplia literatura sobre los efectos perjudiciales de esta forma de cocinar, de los que referimos un breve resumen.

Efectos sobre los alimentos

Según los últimos estudios realizados por institutos de consumo europeos independientes, los hornos de microondas pueden alterar la composición molecular de los alimentos.

Existen investigaciones que informan de una degradación estructural de los alimentos que da como resultado una disminución del valor nutricional de estos de entre un 60 y un 90 %.

Por ejemplo, el ácido fólico, una vitamina del grupo B básica para la formación de la sangre e importante para el desarrollo del sistema inmunitario y el crecimiento, desaparece en los alimentos tratados con microondas cinco veces más rápido que en los alimentos cocinados convencionalmente.

La riboflavina (vitamina B2) también disminuye mucho más rápido cuando se cocina en el horno microondas que con la cocción convencional; asimismo, existen pérdidas considerables en las vitaminas B1, B6 y en la C.

Del mismo modo, se altera la estructura proteínica de los alimentos. Cuando se pasteuriza la cerveza con un secador de microondas, aparece una nueva proteína en una concentración cinco veces superior a lo normal.

Por otra parte, la mioglobina, sustancia pigmentaria natural de la carne, tiende a desaparecer con la técnica de microondas.

En cuanto a los hidratos de carbono, en las patatas, se crean unas sustancias consideradas cancerígenas similares a los peróxidos. Las paredes celulares de coliflores y zanahorias aparecen completamente desagarradas, al contrario de lo que sucede con la cocina tradicional.

La radiación al provocar una destrucción y deformación de las moléculas de los alimentos y crea nuevos compuestos llamados “radiolíticos” que no existen en la naturaleza.

Si consumimos alimentos alterados, sería sensato preguntarse sobre el modo en el que esas sustancias modificadas van a afectar a nuestra propia estructura celular.

La doctora Lita Lee en su libro “Health Effects of Microwave Ovens” afirma que el horno microondas emite una radiación electromagnética que daña a los alimentos y convierte a las sustancias cocinadas en productos tóxicos peligrosos y carcinógenos.

Efectos biológicos

La exposición a la emisión de microondas también tiene un efecto negativo impredecible sobre el bienestar general de las personas.

Ya en los años 90 del siglo pasado, los doctores Hans Ulrich Hertel y Bernard H. Blanc de Instituto Federal Suizo de Tecnología y del Instituto Universitario de Bioquímica hicieron un estudio para observar la diferencia entre los valores sanguíneos de los sujetos que comían alimentos cocinados del modo tradicional y los que comieron los mismos alimentos cocinados en horno microondas.

Las diferencias fueron significativas: las personas que tomaban alimentos cocinados con microondas tenían disminuidos los valores de hemoglobina y colesterol, así como de linfocitos en relación con el grupo de control.

En otros estudios se ha detectado efectos fisiológicos negativos como pérdida de memoria, falta de capacidad de concentración, supresión del umbral emocional, enlentecimiento de los procesos intelectuales, sueño interrumpido, etc.

Reflexiones antes de utilizar el horno microondas:

El consumo continuado de alimentos cocinados en el horno microondas puede causar daño cerebral permanente como pérdida de memoria, de capacidad de concentración, inestabilidad emocional y reducción de la inteligencia.

Una alimentación basada en alimentos procesados en el horno microondas puede causar deficiencias en el sistema inmune y alterar la producción de hormonas sexuales. Del mismo modo se puede favorecer la multiplicación de las células tumorales en diferentes tipos de cáncer. Ya que se favorece la formación de radicales libres con el consiguiente aumento de los niveles de oxidación.

Podemos sufrir de desnutrición gracias a la reducción del valor nutricional que sufren los alimentos de partida, y además, nuestro organismo no puede metabolizar los productos desconocidos que se generan en los alimentos expuestos a la radiación de microondas y consecuentemente esas sustancias permanecen de forma indefinida en nuestro organismo.

Por lo tanto, si tenemos un horno microondas en nuestro hogar, debemos considerar si nos desprendemos de él o en el caso de utilizarlo, hacerlo de forma ocasional y prudente dado que los perjuicios superan con creces a los beneficios.

Escribiendo estas líneas me viene a la memoria el gran alarde publicitario que hizo uno de los mejores restaurantes de nuestro país, explicando que había modernizado la cocina poniendo todo tipo de aparatos eléctricos y de microondas para poder seguir ofreciendo un buen servicio a sus clientes y mantener la calidad de siempre, pero estando al día… ¡Sin comentario!

Igualmente invito a reflexionar a muchas parejas jóvenes que cocinan sólo en microondas, incluyendo el calentamiento de los biberones de sus hijos.

La importancia del tipo de fuego en la cocina

Tipo de fuego

 

 

 

 

 

 

 

En muchos entornos se afirma que los alimentos cocinados con fuego de leña son mejores nutricionalmente y que no hay nada comparable a un guiso hecho en una cazuela de barro. Vamos a ver que tanto el tipo de fuego, como el agua y el recipiente en el que cocinamos son determinantes en el resultado de lo que comemos.

Las personas partidarias del progreso a ultranza, de la modernidad a cualquier precio, suelen preguntar sobre la comprobación científica de tales afirmaciones. Pues bien, hace más de tres décadas el doctor Rudolph Hauschka en su obra “Ciencia de la Nutrición” describe unas investigaciones que dan la justificación a estas preferencias. Demuestran, sin lugar a dudas, que la calidad del agua está influenciada por el tipo de calor empleado para calentarla, así como por la clase de recipiente empleado.

El agua representa la envoltura más directa del alimento que cocinamos, el recipiente estaría en el centro del proceso y el calor sería la envoltura más exterior y a la vez la más penetrante.

Rudolph Hauschka realizó el experimento que vemos reflejado en la imagen superior:

Puso a hervir agua destilada en un condensador de reflujo, empleando diversos combustibles, como electricidad, gas, carbón, leña y paja. El agua se mantuvo en ebullición durante veinte minutos y luego se enfrió a 170 C.

Esta agua se empleó más tarde para germinar unas semillas de trigo. Los granos se pusieron a germinar en recipientes de porcelana que contenían el agua tratada tal como acabamos de describir. Al cabo de diez días se midió la longitud de las hojas y de las raíces para cada tipo de combustible.
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Las fases de la enfermedad en la Medicina Biológica II

La visión del doctor Reckeweg nos muestra cómo, cuándo se perturba el equilibrio interno el organismo pasa por diferentes fases con la finalidad de restablecer la salud. En las primeras etapas intenta eliminar las toxinas a través de mecanismos como la inflamación, dando lugar a los procesos agudos y, cuando estos fallan, las toxinas se almacenan dando lugar a las enfermedades crónicas.

Continuación del post: “Las fases de la enfermedad en la medicina Biológica I”

 Proseguimos describiendo de forma breve cómo la enfermedad debuta como aguda, luego se hace crónica para finalmente hacerse degenerativa.

Las fases humorales

Fase de excreción

No se la puede considerar una fase patológica puesto que representa al estado de eliminación fisiológica de los productos de desecho que produce el organismo para su correcto funcionamiento. Lo hace a través de los órganos y tejidos (orina, heces, sudoración, menstruación, CO2, ácido láctico, etc.).

Fase de reacción

Cuando la eliminación de toxinas es excesiva se produce una fase de reacción que puede cursar con fiebre, dolores moco, etc. Es la inflamación. En esta etapa nos encontramos con la mayoría de los desórdenes que terminan en “itis” (otitis, conjuntivitis, amigdalitis, cistitis, etc.).

Es muy importante respetar las eliminaciones y modularlas si son muy agudas, pero no suprimirlas. A modo de ejemplo, no es igual utilizar un remedio mucolítico que un expectorante; en el primer caso suprimimos el moco, y el segundo, favorecemos su eliminación. De modo que los medicamentos supresores van a provocar que el organismo neutralice las toxinas favoreciendo su deposición en los diversos órganos y tejidos.
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Las fases de la enfermedad en la Medicina Biológica I

Hoy compartimos una visión comprensiva del desarrollo progresivo de la enfermedad, más allá de darle un nombre y una prescripción de remedios sintomáticos, sean farmacológicos o quirúrgicos.

Según el Dr. Hans-Heinrich Reckeweg (1.905-1.985), heredero de la visión holística del Dr. W. Hufeland (1.762-1.836), la enfermedad no es sino el intento del organismo de defenderse de las toxinas tanto externas como internas. Para ello utiliza los mecanismos de excreción, reacción y deposición. Son los que se conocen como las fases humorales de la enfermedad en la Medicina Biológica y las enfermedades de ajusta en la Macrobiótica.

Cuando la enfermedad avanza observamos daños estructurales a nivel celular: tanto a nivel de la membrana, de los orgánulos celulares, como del propio núcleo de la célula. Las diferentes manifestaciones son el resultado de los daños tóxicos que el organismo intenta compensar con el fin de restablecer en lo posible el equilibrio interno. Se manifiestan como impregnación, degeneración y neoplasia. Son las llamadas fases celulares en la medicina Biológica y las verdaderas enfermedades en la Macrobiótica.
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El desarrollo progresivo de la enfermedad II

Todas las enfermedades están íntimamente relacionadas y se manifiestan de formas fácilmente reconocibles a través de una gran variedad de síntomas que van apareciendo de forma progresiva mientras la enfermedad avanza. La interpretación de algunos síntomas inespecíficos en las primeras etapas de la enfermedad nos puede ayudar a cavar un pozo antes de tener sed, es decir: a prevenir de forma activa su aparición.

Continuación del post: El desarrollo progresivo de la enfermedad I

El principal requisito de la salud es no estar nunca cansado, es decir: tener una buena capacidad de recuperación tras el esfuerzo, sea físico o mental. Sin embargo, es muy común la necesidad de estimulantes para ponerse en marcha por la mañana o para resistir el estrés a lo largo del día. Por eso debemos estar alerta si estamos especialmente cansados.

A continuación hacemos una descripción de las diferentes manifestaciones de la enfermedad conforma se hace más profunda, enlazando con lo explicado en el post anterior.

Fatiga general

La enfermedad comienza con una sensación de cansancio físico y mental. Esta sensación se acompaña muchas veces de tensión muscular, micción frecuente, sudoración excesiva, estreñimiento…Comenzamos a perder nuestra claridad de pensamiento, nuestra percepción se hace menos activa, y nuestras reacciones son imprecisas.

En esta etapa, la merma de la vitalidad y de la energía se achacan al estrés, la edad… cuando son la expresión de una forma de comer inadecuada principalmente.

La recuperación de esta etapa es rápida. Un poco de descanso, una alimentación adecuada y algo de ejercicio, pueden ser suficientes.

Molestias y dolores

Cuando la sensación de fatiga se hace crónica, comenzamos a tener molestias ocasionales. Se pueden manifestar como dolores musculares, jaquecas, calambres… A veces tenemos dificultad para respirar, arritmias, temblores y fiebre.

En la esfera mental, podemos sufrir depresiones ocasionales, sentimiento general de inseguridad, preocupaciones excesivas…

La recuperación en esta etapa puede llevarnos de unos días a unas semanas, dependiendo de la carga tóxica que tengamos y de la capacidad de eliminación de nuestro organismo.

Enfermedades de la sangre

Al continuar el desequilibrio entre nuestra práctica dietética, la calidad de la sangre, incluyendo las células sanguíneas y el plasma, se hace inadecuada para mantener una relación armoniosa con nuestro entorno.

Aquí aparecen la acidosis, la presión sanguínea elevada o baja, la anemia, el asma, enfermedades cutáneas…

En la esfera mental, en esta etapa podemos manifestar nerviosismo, hipersensibilidad, depresión continua,  timidez… la pérdida del sentido de la dirección de nuestra vida, en una palabra.

La recuperación de estas manifestaciones es más lenta que en los casos anteriores, como es evidente. Por eso, cuanto más avanzamos en el alejamiento de la salud, el cambio en nuestros hábitos alimenticios debe ser más severo.

Desórdenes emocionales

Cuando nuestra sangre está cargada de toxinas, surgen con frecuencia desórdenes emocionales de forma expresa como mal humor, excitación, enfado, frustración y sentimiento general de desesperación. No somos capaces de afrontar los problemas de una forma objetiva.

Prevalece un sentimiento de temor general ante circunstancias desacostumbradas, y en el comportamiento diario aparecen con frecuencia expresiones defensivas u ofensivas. Los movimientos físicos se hacen también más rígidos; hay una pérdida gradual de la flexibilidad.

La recuperación de estos desórdenes lleva consigo unos cambios importantes en la forma de comer, así como un cambio de actitud mental. En este caso la ayuda de los profesionales es imprescindible.

Enfermedades de los órganos

Comienzan a surgir cambios estructurales a nivel de las células y los tejidos, mal funcionamiento de los órganos y manifestaciones de degeneración.

En esta categoría están la arteriosclerosis, la diabetes, los cálculos renales y biliares, algunos tipos de cáncer, la esclerosis múltiple, etc. Se hacen más evidentes una obstinación mental crónica, los prejuicios, la intolerancia y la rigidez general. También se pueden interpretar las circunstancias del entorno de una forma ilusoria.

La recuperación de este nivel de enfermedad requiere un periodo de tiempo largo, una práctica continua de una dieta adecuada, y un cambio en la forma de vida con una autorreflexión profunda.

Desórdenes nerviosos

Cuando la enfermedad sigue avanzando y ya están dañados los órganos, la tendencia degenerativa se dirige hacia los desórdenes nerviosos, comprendiendo parálisis física y enfermedades como la esquizofrenia y la paranoia. Comienza a verse la vida como algo negativo; se manifiestan con frecuencia tendencias al suicidio y a irrealidades destructivas. En esta etapa va ser muy importante, además de los cuidados de los profesionales, la ayuda de las personas del entorno.

La recuperación en este caso es más larga; se trata de recobrar la seguridad y la confianza, así como un punto de vista positivo de la vida.

Arrogancia

Una forma inadecuada de vida practicada durante años, conduce finalmente a la etapa final de la enfermedad, que se manifiesta a través de la arrogancia, el engreimiento y el desprecio por todo, aunque algunas de las etapas anteriores no hayan sido claramente experimentadas. Algunos de los síntomas comunes son la soberbia, el egoísmo, la vanidad, el autoelogio, la altivez…

La arrogancia es la última fase de la enfermedad y a la vez la causa de todas las otras incluyendo miserias e infelicidad. La cura de la arrogancia puede llevar mucho tiempo, pero puede darse instantáneamente experimentando una estimulación emocional o espiritual inesperada, generalmente como consecuencia de una gran dificultad o de un fracaso importante.

La cura de la arrogancia conduce inmediatamente a un espíritu de humildad y modestia. Restaura también el espíritu de apreciación por la vida a través del descubrimiento de la ignorancia acerca de la vida y las personas.

Cuando acontece esa transformación, se abre un nuevo camino que lleva a la práctica automática de una forma de vida en armonía con el Orden del Universo.

Aunque cada enfermedad pertenece a uno de los niveles señalados más arriba, todas están interconectadas: son las diferentes manifestaciones que se han ramificado de una raíz común: una inadecuada forma de vivir, que incluye hábitos de vida alejados del Orden Universal que se manifiesta a través de las leyes de la vida.

El desarrollo progresivo de la enfermedad I

Cuando nos diagnostican una enfermedad, muchas veces nos dicen cómo se llama y cómo se manifiesta, y existe la tendencia a confundir los síntomas con la propia enfermedad. No es común abordar las causas que nos lleva a enfermar. En este post vamos a profundizar en por qué se produce la enfermedad, para así poder aspirar a recuperar la salud más allá del consumo de fármacos.

Salud y enfermedad son dos manifestaciones del constante equilibrio a través del cual se expresa la vida.

La salud sería un estado de armonización activa con nuestro medio ambiente, un modo de disfrutar con muchas cosas y personas, una forma de constante creatividad y progreso.

La enfermedad es una condición que aparece cuando se altera ese equilibrio que es la salud; de modo que la definiremos como el intento del organismo de defenderse de las agresiones: agentes patógenos, condiciones ambientales o toxicidad interna.

Para comprender los mecanismos de la vida, en los que la salud es su máxima expresión, debemos considerar el cuerpo humano como un sistema de flujo controlado cibernéticamente. De manera que cuando penetran en el sistema sustancias tóxicas (microorganismos, contaminantes…), nuestro organismo reacciona activando sus mecanismos de defensa con la finalidad de restablecer el equilibrio de flujo alterado. Así la enfermedad sería la expresión de los mecanismos de defensa.

La enfermedad se va a instaurar de una forma progresiva conforme el flujo tanto de materia como de energía se vea alterado.  No es una condición de aparición súbita: no pasamos de estar bien hoy a estar enfermos mañana.

A continuación describimos las diferentes etapas en las que se manifiesta la enfermedad.

El mantenimiento de la salud

La excreción

El primer mecanismo que tiene nuestro organismo para mantener la salud es la capacidad de eliminación de toxinas. Para eso tenemos las vías emuntoriales:

  • a través de los intestinos eliminamos los residuos sólidos,
  • los riñones son los encargados de eliminar los líquidos y
  • nuestros pulmones eliminan los gases de la respiración.

De modo que cuando gozamos de buena salud, eliminamos de forma normal a través de la orina, las heces, el sudor, la actividad física, la expresión, las actitudes mentales… y las mujeres, además, a través de  la menstruación, el embarazo y la lactancia.

Si utilizamos la frase El cuerpo es el templo del espíritu en este contexto, podemos interpretar que el cuerpo es la casita donde vive el yo. Pues bien, si el cuerpo es nuestro hogar, los mecanismos de excreción se podrían comparar con el hecho de mantener la casa limpia después de llevar al contenedor de basura todos los residuos acumulados a lo largo del día.

La inflamación

La eliminación anormal o excesiva aparece cuando comemos inadecuadamente. Al aumentar la cantidad de residuos y/o de toxinas, nuestros órganos reaccionan inflamándose y dan lugar a fiebre, tos, diarrea, exceso de orina, sudoración, temblores, estremecimientos, pesadillas, conductas anormales…. Es muy importante interpretar la inflamación como el mecanismo de reacción que tiene nuestro cuerpo para eliminar los residuos.

De hecho antes de la aparición de los medicamentos los antinflamatorios que abortan la inflamación, los remedios populares eran expectorantes emolientes, purgantes… es decir favorecedores de la expulsión de residuos. De hecho hay expresiones populares que afirman: mocos es salud, porque lo que sale, no se queda dentro.

Si los excesos continúan y los riñones no son capaces de eliminar tanta carga tóxica, aparecen los problemas en la piel. Son manifestaciones comunes las manchas, pecas, lunares, verrugas… o el acné, dermatitis, eccema, psoriasis…

Si no corregimos nuestros hábitos alimenticios y utilizamos antiinflamatorios de forma continuada, bloquemos la reacción del cuerpo de eliminar las toxinas a través de la piel con lo que la enfermedad pasa al siguiente estadío.

La deposición

Cuando la inflamación se mantiene, y nuestra capacidad de eliminación  se colapsa, entramos en una nueva etapa que la que las toxinas se depositan almacenándose en órganos cada vez más alejados de las vías de eliminación.

Esta es la fase de acumulación o de deposición en la que se van a ver afectados cada vez más órganos del cuerpo.

Las primeras acumulaciones aparecen en la garganta, nariz, oídos y senos nasales, descendiendo poco a poco a los bronquios y los pulmones. Cuando las toxinas se alojan en el pecho dan lugar a las bronquitis y las neumonías. Otro lugar de acumulación en las mujeres son las mamas. Aquí se depositan los excesos de grasas y proteínas, dando lugar a los fibromas…

Conforme nos hacemos mayores, pueden aparecer acumulaciones de toxinas en la vesícula biliar o en los riñones: son los temidos cálculos. Los riñones pueden estar semi obstruidos por excesos de grasa o de sal.

Los órganos sexuales son también lugares de acumulación. En los hombres principalmente la próstata y en las mujeres los ovarios, el útero y las trompas.

Los depósitos de toxinas como los pólipos, nódulos, fibromas, adenomas, cálculos… se denominan benignos ya que en esta etapa del desarrollo de la enfermedad, todavía no se han dañado las estructuras celulares.

Retomando la comparación de mantener nuestro hogar limpio, esta fase representaría sacar las bolsas de basura al descansillo y no llevarlas al contenedor. En el rellano de la escalera se irían almacenando más y más bolsas, creando una condición insalubre.

Las fases celulares

Si los hábitos de vida erróneos continúan, las toxinas o los excesos van a alterar todas las estructuras de la célula, desde la membrana, pasando por las mitocondrias…  hasta el mismo núcleo celular. En esta fase aparecen las enfermedades degenerativas que son las principales causas de muerte en los países ricos.

Son manifestaciones de esta etapa las enfermedades cardiovasculares, muchas infecciones víricas, la cirrosis, el asma, el lupus y todas las formas de cáncer. Los daños estructurales que aparecen en las células en esta etapa son responsables de las alteraciones metabólicas que dan lugar a las enfermedades de peor pronóstico.

Esta visión que nos la aportan la Medicina Oriental y la Macrobiótica, es ampliamente corroborada por la Medicina Biológica occidental desarrollada por el Dr. Reckeweg.

Continúa en el post: El desarrollo progresivo de la enfermedad II

La relación sodio/potasio en los alimentos II

La materia y la energía son las dos caras de la moneda que conforman la vida y los alimentos son parte de ese todo, ya que proceden los animales o de las plantas que son seres vivos. Por eso debemos contemplarlos desde la materia que viene dada por su composición química y la energía que nos muestra su comportamiento en el cuerpo. Ese aspecto funcional es lo que conocemos como el Yin y el Yang.

Continuación del post: La relación sodio/potasio en los alimentos I

La visión occidental de los alimentos tiene en cuenta exclusivamente la composición química de éstos y nos lleva a pensar que podemos crear un equilibrio a nivel celular consumiendo alimentos muy concentrados en sodio acompañados de otros muy ricos en potasio, como por ejemplo melón con jamón.

Nada más lejos de la realidad, para mantener unas condiciones de equilibrio interno, la clave está precisamente en elegir en primer lugar aquellos alimentos en los que la relación sodio/potasio se acerca más a la del interior de la célula, como los cereales y las legumbres. Esta afirmación está refrendada por más de 35 años de experiencia clínica utilizando la dieta como principal herramienta en la recuperación de la salud.

La relación sodio/potasio en los alimentos

La relación entre estos dos elementos químicos en los alimentos nos permite abordar el concepto yin yang de la Medicina Oriental desde un punto de vista cuantitativo y por lo tanto fácilmente objetivable.

La energía yin está representada por los alimentos de calidad vegetal, ricos en potasio mientras que la calidad yang pertenece a los alimentos animales ricos en sodio.
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La relación sodio/potasio en los alimentos I

Hoy comparto con vosotros una aproximación a la comprensión yin yang de los alimentos, desde la química y la fisiología. Esta visión es de gran ayuda para contemplar los alimentos como herramientas imprescindibles en el mantenimiento y la recuperación de la salud.

El sodio

El sodio es uno de los elementos químicos más abundantes en el equilibrio celular y consecuentemente en nuestro organismo. Lo encontramos en los líquidos corporales en forma de cloruro de sodio sobre todo. Por eso la sal ha tenido tanta importancia en todas las civilizaciones.

La sal ha dado nombre a la palabra salario que viene del latín salarium que correspondía a la moneda de sal con la que se pagaba a los soldados romanos en la antigüedad.

En la Edad Media el rango social de un individuo se medía por el hecho de que su huésped lo sentaba más o menos cerca de la sal de mesa.

La función esencial del NaCl en los líquidos del organismo es mantener una adecuada presión osmótica. Es por eso que si se retira una célula viva de una solución fisiológica y se la mete en agua pura, se hincha hasta que revienta.

Las necesidades diarias de sal para una persona de 60 kilos oscilan entre 3 y 20 gramos, en función de la actividad física y el clima en el que se vive.

Los alimentos de origen animal son ricos en sodio, pero como en nuestra alimentación predominan los vegetales, la sal se ha añadido a nuestros platos desde el albor de los tiempos.
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El yin y el yang II

 

 

Continuación del post: El yin y el yang I

La difusión a nivel mundial de la compresión energética de todos los fenómenos se la debemos a Georges Ohsawa, fundador de la Macrobiótica. Todo existe y todo cambia de acuerdo con estos postulados que nos legó.

Difundió los conceptos yin y yang aplicados de forma práctica a cualquier manifestación del mundo conocido. Sus definiciones, en muchos casos, son opuestas a las de la visión de la Medicina China, y pueden parecer erróneas. Sin embargo no lo son, porque los conceptos que son yang estructuralmente, son yin en el plano funcional, y el nombre que se les da depende de si estamos contemplando la estructura o la función.

Enseñaba el principio único o principio último de funcionamiento del universo. El desarrolló los 7 principios y las 12 leyes que describimos a continuación.

Los 7 principios del universo infinito

  1. Todo es una diferenciación del uno
  2. Todo cambia
  3. Todos los antagonismos son complementarios
  4. No hay nada idéntico
  5. Lo que tiene cara tiene reverso
  6. Cuanto mayor es la cara, mayor es el reverso
  7. Todo lo que tiene principio, tiene final

De estos 7 principios emana una profunda comprensión acerca del funcionamiento del mundo y de las cosas que en el ocurren.

Los alimentos

El concepto del yin y el yang, que es universal, adquiere un interés especial cuando lo aplicamos a los alimentos: nos permite utilizarlos de manera precisa en el mantenimiento y la recuperación de la salud.

Yin es la expresión de la energía de la tierra, ascendente y expansiva. Es la que hace que crezcan las plantas hacia la luz, la que permite que se produzcan la diástole en el corazón, la energía expulsiva en el parto, la que está presente en las inflamaciones, etc.

yinyang2Tabla 1. Los alimentos y la energía

Los alimentos de naturaleza yin tienen efecto expansivo, son blandos, impulsores y enfriadores. Dan lugar a las fases agudas de la enfermedad (irritación e inflamación) y, cuando se comen en exceso, favorecen las infecciones, alergias, enfermedades autoinmunes e inmunodeficiencia. Nos referimos al azúcar, miel, edulcorantes, dulces, helados, leche y derivados, zumos, batidos, frutas tropicales, especias, alcohol, té, chocolate y café, entre otros.

Yang es la manifestación de la energía del cielo, descendente y contractiva. Es la que domina en la formación de las raíces de las plantas, la que permite la sístole del corazón, la que da lugar a la formación de depósitos de grasa en las arterias, etc.

Los alimentos de naturaleza yang tienen efecto contractivo, son duros, estancadores y calentadores. Facilitan los depósitos de toxinas en forma de nódulos, pólipos, miomas… y su exceso da lugar a muchos tipos de cáncer y a las enfermedades cardiovasculares. Hablamos de los huevos, quesos curados, embutidos, salazones, caza, carnes rojas, mariscos…

Los alimentos equilibradores son aquellos que crean las condiciones de la salud: regulan la homeostasis del medio interno, regulando la oxidación, la acidosis, la concentración de electrolitos y el equilibrio sodio/potasio.

Son los cereales integrales, las legumbres, el pescado blanco y azul, las verduras y frutas de clima templado, las algas marinas, las semillas oleaginosas y los frutos secos. Este grupo de alimentos debe ser predominante en nuestro menú diario.

Una alimentación adecuada supone combinar sabiamente los diferentes grupos de alimentos conociendo los efectos que producen en nuestro organismo. De modo que si somos frioleros y depresivos evitaremos los alimentos de naturaleza yin, pero si somos individuos pletóricos y tenemos una tendencia al estancamiento y a la acumulación de excesos en forma de  nódulos, pólipos, cálculos… reduciremos la cantidad de alimentos yang y aumentaremos básicamente la cantidad de verduras.

Para un correcto equilibrio es aconsejable ingerir sobre todo alimentos de energía neutra, es decir, equilibradores, tomado los de naturaleza extremo yin y extremo yang sólo de modo excepcional.

El yin y el yang I

La observación de los fenómenos nos muestra que cualquier transformación se genera a través de la interacción de dos fuerzas opuestas: el yin y el yang. Con esos términos se intentan definir los dos extremos de una polaridad que hallamos en todas las manifestaciones de la naturaleza.

Los ideogramas del yin y el yang ponen de relieve su significado básico, son los dos lados de una misma montaña, las dos caras de una moneda, una única entidad con dos aspectos unidos y opuestos al mismo tiempo.

Todas las descripciones del yin y el yang muestran una larga lista de situaciones antagónicas: así se dice que lo yin es lo frío, lo femenino, la tierra… y que lo yang es lo caliente, lo masculino, el cielo… pero en realidad, esas palabras tan solo son atributos o acepciones  del yin y el yang.

Nuestro ser está formado por una combinación de energías yin y yang en distinta proporción. Así, somos predominantemente extrovertidos o introvertidos, frioleros o calurosos, altos o bajos, mentales o físicos…
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