Sobreconsumo de proteínas animales y arteriosclerosis I

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Tomar proteínas animales en exceso supone mucho más que la elevación del ácido úrico en la sangre o la descalcificación. Hoy compartimos una investigación de los años 70 que ha pasado inadvertida para la mayoría y que os puede dejar perplejos. 

Hábitos alimenticios actuales y sus repercusiones en la salud

En nuestro país, en los años posteriores a la guerra civil, la mayoría de los españoles eran delgados. Su presión arterial era baja, su sangre fluida y raramente aparecían elevados la glucosa, el ácido úrico o el colesterol. Dicho de otro modo: los españoles estaban hambrientos, delgados y fundamentalmente sanos.

En la actualidad, transcurridas varias décadas de sobrealimentación, la mayoría de la población es obesa y está enferma. De hecho, la mitad de los españoles muere antes de tiempo como consecuencia de la arteriosclerosis y/o el infarto de miocardio.

Durante muchos años ha prevalecido la opinión, incluso en los ámbitos científicos, de que los factores de riesgo en la obesidad eran la ingesta excesiva de hidratos de carbono y grasas. En ningún caso se contemplaba que las proteínas estuvieran implicadas en esta “enfermedad moderna”.

Tal planteamiento era el resultado de creer que los seres humanos no disponemos en nuestro organismo de estructuras de depósito para las proteínas excedentarias. Como las proteínas no se podían almacenar, debían ser quemadas completamente por el organismo, de modo que no provocarían perjuicio alguno.

Partiendo de dicha premisa y con la finalidad de disminuir los factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares, médicos, científicos y los Ministerios de Sanidad y Alimentación iniciaron hace varios años una serie de campañas de información en las que se pedía a la población, y aún hoy se sigue haciendo, que se alimentara de forma más sana. Se recomendaban menos hidratos de carbono, grasas o calorías, pero más carne y productos derivados de ella.  Esas recomendaciones han hecho que en las últimas décadas el consumo de hidratos de carbono haya descendido un 40 por ciento y el consumo de carne magra haya aumentado hasta un 80.

Resulta paradójico que después de más de 50 años, junto con al aumento del consumo de carne, la incidencia de las enfermedades cardiovasculares haya aumentado de forma importante, llegando a convertirse incluso en la principal causa de muerte en los países desarrollados.

El infarto de miocardio y la arteriosclerosis son las últimas grandes epidemias de los países industriales occidentales que no han sido vencidas todavía. Con una mortandad mayor a la de cualquier otra enfermedad, incluso que la del cáncer, su incidencia sigue en aumento.

El origen, la causa, prevención y tratamiento de estos padecimientos siguen siendo desconocidas. La investigación de los últimos 100 años ha conseguido recabar una gran cantidad de datos, sin embargo, ha sido de poca utilidad para los enfermos, ya que la causa de las enfermedades no puede ser explicada o aclarada mediante los resultados de tales investigaciones. Así pues, la terapéutica continúa siendo sintomática y no cura dichas enfermedades.

La membrana basal de los capilares sanguíneos

Hace más de 50 años se comprobó, mediante microscopía electrónica, que el agua y las moléculas de los nutrientes atraviesan la membrana de los capilares sanguíneos por filtración y difusión. También es conocido en los ámbitos médicos que en los adultos diabéticos y obesos la pared de los capilares está engrosada.

Hace más de 50 años se comprobó mediante microscopía electrónica que el agua y las moléculas de los nutrientes atraviesan la membrana de los capilares sanguíneos por filtración y difusión. También es conocido en los ámbitos médicos que en los adultos diabéticos y obesos la pared de los capilares está engrosada.

Continuará en el post: Sobreconsumo de proteínas animales y arteriosclerosis II

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